Hola a todos ¿Cómo están? Sigo viva por si alguien dudaba, por lo que le pido miles de millones de disculpas / la escuela ya me tiene bastante cansada y no me deja nada de tiempo TT_TT

Pido perdón-otra vez- por no subir los dos capítulos que prometí- sin contar de que dudo demasiado de cómo me salio este capitulo u.u- pero me esforzare por actualizar mas seguido.

Sin más que decir, disfruten de mi nuevo capitulo:

Año nuevo… ¿Vida nueva?

Una hora después de haber logrado que el golpe de Hiroto bajara, que Tsunami se terminara de vestir y los gatos estuvieran tranquilos, todos se acomodaron alrededor de la mesa de cristal de Nagumo con una taza de chocolate caliente dejando a sus mascotas jugando con bolas de lana de colores en unos de los cestos, grandes, de ropa limpia del pelirrojo. Mientras acababan las porciones del pastel de crema que había comprado Endou en la tienda de al lado, discutían como llevarían el cuidado de los gatitos ya que mientras ellos estuvieran en la preparatoria, los tendrían que dejar encerrados en la casa de alguno de ellos.

-Bien, para evitarnos estos problemas nos turnaremos…- dijo Nagumo llamando la atención de todos.

-¿Turnarnos?

-Bueno, nosotros dos no podremos tener por mucho tiempo a las bestiecitas encerradas en el departamento.- dijo Fudou refiriéndose al excesivo cuidado que Nagumo y él tendrían que tener para que el encargado no los descubriera.

-Entiendo-asintió Hiroto dándole un sorbo a su taza-de todas formas, no creo que hubiera servido si los mantuviéramos separados por demasiado tiempo.-los demás lo miraron extrañados.

-¿Porque lo dices?- cuestiono Endou llevándose un trozo de pastel a la boca. Hiroto sonrió mirando en dirección a los gatitos. Mientras Suzuno vigilaba, por muy curioso que suene, a Fubuki y Atsuya, los demás se habían dormido acurrucados junto al gato albino.

-Porque parece que le tienen mucho cariño a tu mascota Nagumo.- el pelirrojo siguió la mirada de su amigo y no pudo evitar asentir, dándole la razón. Una sonrisa algo socarrona decoro sus labios; era algo difícil de explicar, pero Suzuno tenia un aire de autoridad, tal vez por la frialdad que destellaba de sus ojos grises o la fiereza con la que enfrento al imbecil que había intentado matarlos.- es como si solo pudieran depender de él….- Nagumo levanto la mirada fijándose en los ojos color esmeralda del otro, pero desvió su atención a su plato un poco avergonzado entendiendo lo que Hiroto quería decirle.

Como nosotros también dependemos de ti.

Carraspeo un poco, tratando de bajar la vergüenza.

-Entonces, ¿Por cuanto? ¿Una semana cada uno?

-Por mi esta bien.- murmuro Goenji encogiéndose de hombros. Los demás asintieron y Nagumo sonrió.

-Perfecto.

…..

Dos meses después….

19:45 hrs.

-Pásame las luces- parado sobre un pequeño banquito de plástico, Goenji colocaba luces de diversos colores alrededor del imponente árbol verde que decoraba una de las esquinas de la sala, junto al ventanal. A los pies del árbol, Endou iba desenredando poco a poco los cables cuidando de que ninguna bombilla este rota o que el mismo rompiera; a su alrededor, Nagumo y Afuro terminaban de colocar los adornos, el primero en la parte superior y el otro alrededor de la base; en la cocina, Fudou y Hiroto terminaban de preparar la comida para la fiesta mientras que sentado en la alfombra gris con la espalda apoyada en el sillón de color negro, Tsunami cuidaba de los gatos, con Tachimukai durmiendo en su regazo.

Gracias a Dios que están dormidos, pensó con alivio mientras acariciaba el suave pelaje de su mascota, observando los diversos colores dentro de la caja. En tan solo dos meses, los gatos habían crecido más de lo pensado al punto de que en esa caja, ya quedaban bastante apretados; aunque este detalle parecía no incomodarles, ya que la mayoría del tiempo estaban acurrucados contra el gato blanco de Nagumo, Suzuno.

-Ya esta listo…- dijeron Goenji y Nagumo a la vez mientras admiraban su obra. Con cuidado, Tsunami tomo a tachimukai dejándolo en el interior de la caja, mucho más grande que la otra, junto a los otros, mientras se acercaba al mismo tiempo que Fudou y Hiroto salían de la cocina, hacia la masa brillante. Gracias a la chimenea y la poca luz proveniente del exterior, con los copos de nieve cayendo sobre el jardín, dentro de la sala se podía apreciar una escena dulcemente acogedora para ellos.

Desde afuera, se podían oír tenuemente los cohetes que los niños y algún que otro adulto soltaba al cielo. En realidad, la navidad ya había pasado hace algunos días, pero un día antes, en el que todos se habían reunido en la casa de Hiroto para los preparativos por año nuevo, sus mascotas por alguna razón se habían descontrolado: repentinamente habían escapado de los brazos de sus amos corriendo a sus anchas por la casa del pelirrojo, aparentemente buscando una salida. Entre el correteo, habían roto algunos platos, vasos, cuadros con fotografías de los siete juntos o individualmente y entre Atsuya, Midorikawa y Kazemaru habían quedado enredados dentro del árbol de navidad logrando que este cayera a causa de tanto jaloneo.

Suerte que la chimenea no estaba prendida, fue el comentario de Fudou mientras recogía los restos de las esferas de colores que habían decorado las hojas del árbol. A pesar del pésimo humor de todos, no pudieron evitar darle la razón.

Al final, tuvieron que ir por las luces que guardaba Endou en el armario y los adornos olvidados que descansaban dentro de una caja, en el sótano de la casa Tsunami. Por lo menos el árbol había quedado intacto, a pesar de la perdida de alguna que otra rama, y podrían disfrutar de el hasta fin de año. Pero aun así, los muchachos se sentían un poco inquietos con respecto a los gatos: luego de navidad habían empezado a actuar de una forma extraña. La mayoría del tiempo intentaba escapar al menor descuido, aunque esto se debía principalmente por parte de Kidou, Kazemaru, Atsuya con el curioso echo que Suzuno era el causante de todo. En cuanto a los otros, parecían más inseguros y a veces, daba la impresión de que no estaban en buen estado. Solían quejarse por las noches a demás de que parecían crecer, aunque no con la misma rapidez que los otros cuatro, de una manera alarmante.

21:00 hrs.

Mientras colocaba los cubiertos y platos en la mesa de caoba, Endou lanzaba fugitivas miradas al reloj. Solo quedaban tres horas más y ya seria año nuevo; por alguna razón eso lo entusiasmaba demasiado. El mismo se había preguntado la causa y llego a la conclusión de que talvez podía deberse a los nuevos integrantes de la familia con los que compartía las fiestas.

¡Fuera de la cocina hamburrientos, no probaran nada hasta que terminen de preparar la mesa!- levantando su castaña mirada, Endou vio a Tsunami y Nagumo siendo empujados por Fudou, lejos de la cocina. Rió un poco cuando los vio haciendo muecas raras y refunfuñar por lo bajo- ¡y no crean que no los escuche!- repentinamente, del interior de la habitación, habían volado dos trapos que les dio a cada uno en el rostro. Con una sonrisa calida en el rostro, el castaño no pudo evitar pensar que a pesar de las peleas e insultos que a veces se gritaban, ellos, junto con los gatos, era su familia. Y quería que siempre sea así.

-¿Ya acabaste Endou?- junto a el, Terumi lo observaba expectante con un libro de tapa dura bajo el brazo. Endou rodó los ojos con una sonrisa en el rostro; no importaba el día que sea o el lugar donde descansara, si tenia que esperar, Afuro siempre andaba con un libro diferente, o el mismo si le gustaba mucho, bajo el brazo. Con un suspiro asintió con la cabeza mientras echaba otra ojeada al reloj. Afuro también sonrió apretando el libro contra su pecho. Él también estaba algo inquieto.

Luego de unos cuantos reproches, quejas y carcajadas, todos se reunieron en la mesa comiendo la cena que Hiroto y Fudou habían preparado. Técnicamente, todos sabían cocinar, pero para casos importantes como esos, ellos dos hacían un buen equipo creando nuevas comidas o agregando un nuevo sabor que a simple vista, cualquier persona dudaría en comer. Una vez todo acabado y con la mesa ya limpia, se acercaron al gran ventanal para poder ver los primeros cohetes.

23.30 hrs.

Todos con una copa en la mano, hablaban y reían de cosas triviales tratando de evitar cualquier tema triste, mientras disfrutaban de algunos de los postres que habían preparado sus dos amigos cocineros. Pero la llegada de Fudou, con expresión cansina y más huraña de lo normal, les dejo claro que este día, también tendrían problemas.

Será mejor que suban y revisen a sus gatos- empezó con voz enojada, dirigiéndose a Tsunami y Hiroto- parece como si estuvieran a punto de morirse- intercambiando una mirada preocupada, los dos se dirigieron a las escaleras, en dirección a las habitaciones. Cuando se volvió a los restantes, estos notaron que entre brazos, trataba de retener a Kidou que se movía con enojo gruñendo por lo bajo con el pelo erizado. A juzgar por las mejillas rojas, el mohicano había tenia dificultades para atraparlo, sin contar el rasguño que sangraba en su blanco cuello- excepto el de Nagumo que deje encerrado en la habitación, los demás se escondieron.

Con un suspiro, todos se separaron dejando a Fudou sentado en una de las butacas junto a la chimenea haciendo fuerza con Kidou a la espera de que Goenji fuera al baño en busca del botiquín, fijándose de paso si Fubuki o alguno de los otros estaba oculto allí dentro.

23.34 hrs.

Tsunami y Hiroto

Sin contar la sala de estar y la cocina, que era también el comedor, la casa de Hiroto contaba con cuatro habitaciones más: dos habitaciones, una para invitados- aunque los únicos que venían eran sus amigos y siempre acababan durmiendo en su habitación- y su cuarto, ubicadas a cada extremo del estrecho pasillo; el baño ubicado en medio y la azotea por la que subían mediante una escalera que podían flexionar hacia abajo. Según las indicaciones del mohicano, en la habitación de Hiroto solo se encontraba Suzuno así que decidieron empezar por la habitación de los invitados. La cual estaba abierta.

Una vez dentro de la habitación buscaron con la mirada a sus mascotas. A simple vista no los vieron y la idea de que pudieran haberse escapado por alguna de las ventanas, los alerto.

Pero antes de poder siquiera salir, Tsunami se detuvo en el umbral de la puerta, cuando Hiroto le coloco una mano sobre el hombro, haciéndole señas para que guardara silencio. Durante unos segundos permanecieron ambos callados, tratando de oír por encima de las explosiones de los cohetes en el exterior. Con algo esfuerzo, pudieron oír unos suaves maullidos, largos y lastimeros, que le partieron el corazón a ambos: era Tachimukai.

-Tachi…- llamo el mayor mientras recorría despacio la habitación, buscando entre los huecos que dejaban los muebles. Al no encontrarlo desde ese punto, se agacho bajo la cama.- Aquí están.

Sin importarle que llevara sus vaqueros nuevos, el pelirrojo se arrodillo junto a su amigo, levantando un poco la cobija para poder ver mejor; acurrucados junto a unas cajas y un viejo balón de fútbol, encontraron a Tachimukai y Midorikawa temblando. Siendo quien más cerca estaba, Tsunami estiro su brazo, acercándolos con cuidado hacia ellos. Una vez con los gatos en brazos, Tsunami pudo sentir la respiración acelerada del gatito castaño, como Hiroto pudo oír los gemidos de Midorikawa.

-Llevémoslos a la cocina, talvez tenga algo que pueda ayudarlos- pidió Hiroto un poco inseguro. Había oído que hay pastillas que toman los humanos que también podían ingerir los animales, pero no sabía cuales eran ni que era lo que les causaba tanto malestar. ¿Fiebre? ¿Dolor de estomago? no podía saberlo, pero él y tsunami ya se estaban desesperando.

-Esta bien, vamos- asintió el mayor dirigiéndose apresuradamente en dirección a las escaleras. En el camino, casi choca contra Nagumo que iba en dirección a la habitación de Hiroto.

23.40 hrs.

Goenji

-Siendo solo una persona, ¿para que necesitara Hiroto tanto espacio?- pensó Goenji, observando un poco descolocado el mundo blanco y azul que parecía ocultarse tras la puerta del baño. Y es que esa no era la primera vez que entraba, pero realmente no sabia para que tanto lugar; es decir, con ese espejo, que ocupaba una buena parte de la pared, lo bien cuidado que estaba… hasta podría ser el baño que toda chica desearía tener. Bien, tal vez era un poco exagerado pero…

-En esa bañera podrían entrar hasta tres personas…- apenas dijo esas palabras Goenji sintió la necesidad de darse una cachetada, al pensar para qué le serviría una bañera tan grande. Por Dios estaba hablando de Hiroto, él no seria capaz de hacer algo así. ¿Verdad?

Recalculando.

Esta vez, Goenji si se dio una palmada en la frente. De acuerdo, no más brindis anticipados para él. Tratando de alejar los ideas que realmente dudaba que Hiroto hiciera alguna vez en su vida, y si las hacia esperaba que el pelirrojo no sienta la necesidad de contárselo a él, comenzó a buscar el botiquín para Fudou y si había alguno de los animalitos ocultos por ahí.

A pesar de que al principio no estaba muy emocionado con la idea de tener una mascota, dos si se cuenta a Atsuya aunque técnicamente le pertenece a Terumi, comenzó a tomarlo cariños a ambos; aunque para ser exactos, con el gato rosa fue mas costumbre que cariño ya que el desgraciado tenia la puta costumbre de arañarlo, morderlo o cruzarse entre sus piernas para hacerlo caer, cada vez que intentaba acercarse a fubuki. Y bueno, a Goenji no le hacia ninguna gracia recibir ese trato de una estúpida bola de pelos chicloso, aunque no podía decir los mismo que sus amigos.

Los bastardos se descostillaban a costa suya.

-Tal vez sea así con todos…- le había dicho Tsunami, cuando les toco ir a buscar a sus mascotas a la casa del mayor después de la escuela. Ese día cuando ya se estaban preparando para irse, Atsuya se había zafado de los brazos de Afuro y se había prendido a su cara con garras y dientes,- y en serio, el hijo de su madre le había clavado los colmillos en una de sus mejillas y estuvo a centímetros de arrancarles los ojos con las garras- cuando tomo al gato plateado entre sus brazos y lo había echo ronronear de gusto cuando le acaricio el pelaje.

Por petición de Fudou, que se divertía de lo lindo con los arranques de salvajismo de Atsuya, habían puesto en prueba la teoría de Tsunami. Todos se habían colocado alrededor de Atsuya y Fubuki yendo uno por uno a tocar al gato plateado. Al final, Fubuki quedo más esponjado de lo normal, y para asombro de todos, los demás solo consiguieron un movimiento convulsivo de cola y un que otro gruñido, siendo Goenji el único al que sintió deseos de lastimar cuando volvió a acercarse.

-Yo que tu dormiría con un ojo abierto en la noche, shuu-chan- se había burlado Fudou. Y aunque en ese momento solo se limito a bufar en modo de respuesta, en la noche, realmente tuvo que cuidarse. Porque de alguna forma, Atsuya conseguía de vez en cuando colarse en su cuarto, cuando Afuro salía o se quedaba hasta tarde leyendo en la sala.

Goenji reprimió un escalofrío al recordar lo que tétrico que había resultado despertar y descubrir en un rincón de su habitación un par de ojos grises observándolo de entre las sombras. Atsuya había resultado ser un gato bastante escalofriante, desde el punto de vista de Goenji.

Sofoco un grito cuando vio una bola de color indefinido acurrucado en el interior de la bañera. Se acerco con cautela, frunciendo el ceño al reconocer el color plata en esa bola de pelo.

Los encontré.

23:45hrs

Endou

-No están en la sala, ni el comedor, tampoco en la habitación de Hiro…- enumero Endou por lo bajo mientras subía las escaleras. Junto con Terumi habían revisado toda la planta baja y solo habían podido encontrar a Atsuya oculto tras la heladera, gruñendo y con el pelo erizado, aunque con la respiración acelerada. Endou había observado con asombro la calma con la que el rubio soporto los arañazos y mordidas del gato rosa, hasta que se calmo, parcialmente, quedando algo adormilado entre los brazos de su dueño quejándose por lo bajo.

Al final, decidió seguir en el piso de arriba por su cuenta dejando a Afuro junto con Fudou a la espera del botiquín de primeros auxilios ya que ambos tenían unos rasguños bastante profundos. Endou realmente se estaba inquietando, no sabia mucho sobre gatos pero tenia serias dudas de que un gato de unos pocos meses haya podido crecer tanto. Es decir, ¿que tan normal era que tu gato, pueda tener ese tamaño en dos meses y, además, tener la fuerza- agresividad- suficiente como para conseguir, literalmente, arrancarte la cara a pedazos?

Gracias a Dios, él no tenía esos problemas con Kazemaru.

Cuando llego al último escalón se detuvo algo indeciso; Fudou había dicho que en la habitación de Hiroto solo estaba Suzuno y en el cuarto de invitados podía oír algo de movimiento a pesar del estruendo de los fuegos artificiales, por lo que supuso que allí estaban Tsunami y Hiroto. Así que…

-Solo queda el baño- dijo en un suspiro mientras se desviaba un poco a la izquierda y, aunque sonara demasiado infantil, cruzo los dedos dentro del bolsillo de su campera, y rogó porque Kaze estuviera allí.

Por favor.

23:53 hrs.

Endou y Goenji

-¿Encontraste a alguno?-Goenji asomo la cabeza desde el compartimiento que había tras el espejo, viendo a Endou bajo el umbral de la puerta. Cuando cerro la puertita con el botiquín de primero auxilios en la mano, pudo ver de reojo a Nagumo dirigiéndose a la habitación de Hiroto, y al dueño de casa junto a Tsunami casi chocar con el primero; al ver sus rostros, Goenji entendió que Fudou no lo había dicho por decir. Los gatos de esos dos estaban realmente mal.

-Si, aquí están Kazemaru y Fubuki-respondió el peli-crema haciéndose a un lado, permitiéndole ver a los dos felinos acurrucados dentro del cesto de ropa sucia, vació, que guardaba Hiroto. En otra ocasión, Endou le habría reprochado al otro por su desconsideración pero al ver en el estado que parecía estar esos dos, pensó que por esta vez se lo podría dejar pasar.

-Tendremos que hablar con Hiroto, tal vez tenga algo que podamos darles- murmuro Goenji y Endou lo miro dudoso. Gracias a que su padre era un reconocido medico, y como tal esperaba que su hijo siguiera sus pasos, Goenji tenía cierta experiencia en cuanto a medicinas, lesiones y otras cosas que el castaño ni siquiera conocía. Pero ya no hablaban de seres humanos, ¿podría haber algo que pudieran tomar? Pero a esas horas, en ese día específico no conseguirían dar con un veterinario y no tenían más opciones. Con un leve asentimiento el castaño se acerco al canasto tomando con cuidado a ambos gatitos.

-Dios, que mal están- Endou apretó los labios sintiendo el frenético pulso de ambos gatos en sus manos, luchando por respirar. Pero antes de poder acercarse a la puerta, el castaño grito, entre sorprendido y adolorido, cuando Fubuki le mordió con fuerza el antebrazo, provocando que lo soltara.- goenji, atrápalo.

El nombrado dio un brinco en su lugar. Asombrado se dio la vuelta para cuestionar el alboroto del castaño, pero lo único que vio fue a Fubuki en el aire con las garras extendidas hacia delante en dirección a su cuello. Con un grito ahogado, Goenji se echo para atrás chocando con la puerta hasta cerrarla, soltando el botiquín para atajar con los brazos el ataque de Fubuki.

-Oye, ya cálmate. ¡Fubuki, basta!- pero era imposible mantenerlo quieto, fubuki parecía haber enloquecido; y no solo él. De reojo pudo ver a Endou tratando de sujetar de alguna forma a Kazemaru, pero este se removía una y otra vez arañando y mordisqueando, al igual que el gato plateado. Goenji apretó los dientes cuando escucho un sonido hueco provenir de la bañera cuando Endou callo dentro de ella con el gato azul en brazos, luego de que este le rasguñara la frente aflojándole la banda naranja que tenia en la cabeza- ¡YA BASTA!- sin pensar sujeto con mas fuerza de lo pensado a su gato por debajo de los brazos, inmovilizándolo. Con la respiración agitada miro directo a los ojos de Fubuki; y lo que encontró lo dejo completamente descolocado.

Los ojos normalmente grises pálidos, brillaban al punto que parecían ser plateados. Pero lo realmente desconcertante era los sentimientos que parecía ocultar tras ellos fusionándose con sus gemidos: dolor, tristeza, desesperación.

Lagrimas.

¿Los gatos pueden llorar?

23:56

Fudou y Terumi

-¡Esto es imposible! ¡Gato de mierda, quieto!- Afuro cerro los ojos frunciendo el ceño; siempre regaño el lenguaje que empleaba el mohicano pero esta vez no podía reprocharle, él también estaba comenzando a hartarse. Había conseguido que por diez minutos, ambos gatos estuvieran medianamente tranquilos, pero todo había vuelto a descontrolarse por una razón que ellos no conocían.

El rubio gruño por lo bajo cuando sintió el tirón de las garras de Atsuya entre su pelo. En los dos meses que llevaban juntos, con Fubuki y Goenji, el gato rosa demostró ser más inteligente de lo que pensó, ya que había conseguido saber los lugares en los que mas daño le hacían a él y Goenji. Y también resulto ser bastante posesivo en cuanto a Fubuki.

Un maullido muy agudo logro erizarle el vello del cuello y los brazos. Asombrado, enfoco la vista en Fudou e hizo una mueca de dolor; tanto por el como por el mohicano. Mientras Atsuya clavaba sus uñas en su pecho, Fudou se esforzaba por alejar a Kidou de su cuello, del cual seguía emanando un hilo de sangre. Afuro cerro los ojos tratando de no prestar demasiada atención al dolor que recorría su cuerpo; estaba cansado, arañado, mordido y seguramente sangrando. Y aun así se negaba a soltar a su mascota.

Por muy ridículo que pudiera sonar, Terumi estaba casi seguro que Atsuya tenia sus razones.

Estoy loco.

23:59

Nagumo

-No creo poder trepar hasta ahí- pensó lanzando un gruñido. Cuando encontró a Suzuno oculto bajo la mesa de luz de Hiroto, Nagumo se aseguro de cerrar bien la puerta en caso de que su mascota decidiera escapar. Pero una vez que se volteo en busca del gato, descubrió un rayo peludo dirigirse en dirección al ropero. A pesar de la frustración que sintió al ver correr a Suzuno, Nagumo no pudo evitar pensar que era increíble la velocidad y la habilidad con la que el gato albino había logrado trepar a la parte superior del mueble, ocultándose entre los buzos y vaqueros del dueño de casa.

Luego de unos tres minutos de escrutarse mutuamente con la mirada, Nagumo llego a la conclusión de que a pesar de la expresión agria, que tan acostumbrado estaba a recibir, Suzuno no estaba en buen estado: parecía costarle trabajo poder respirar bien, gruñía por lo bajo y tenia el pelo erizado, como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Por primera vez en los meses que llevaba conviviendo con Suzuno, Burn sintió lastima por él. Con un suspiro tomo el baúl que tenia Hiroto a los pies de la cama y lo arrastro hasta la puerta del ropero, esperando poder llegar hasta el gato.

-Que ridículo- siseo en su interior apretando los dientes. El gato se arrinconaba cada vez más dentro del mueble y Nagumo tenia que hacer equilibrio en puntillas de pie sobre la superficie de madera para apenas poder rozarlo. Gracias a Dios, nadie podía verlo en esa posición. Cuando sintió un tiran en el brazo, Nagumo bufo y se estiro todo lo que pudo hasta poder dar con algo suave. Rogando en su interior por que sea el gato, Burn tiro con fuerza escuchando a Suzuno arañar el interior del mueble.

-Te tengo…- murmuro con una sonrisa de victoria en los labios. Pero un jadeo escapo de su boca, cuando Suzuno se volteo y le clavo con fuerza garras y dientes en la muñeca. En un intento por desprender al gato de su piel, Nagumo dio un paso atrás perdiendo el equilibro, cayendo de espaldas al suelo.

Pero antes de poder tocar el suelo, noto algo raro en el rostro de Suzuno, que lo miraba fijamente a los ojos. Parecía más grande, más pesado, más humano..

Tiene los ojos azules.

00:00

Año nuevo

Las explosiones de los cohetes tronaban con fuerza en el exterior. Las diversas luces de colores iluminaban el interior de las casas, la mayoría con familias y amigos, abrazándose, llorando y riendo por la llegada de un nuevo año, de una nueva etapa en la vida de cada uno.

Pero ellos siete no pensaban en eso.

Nagumo gimió por lo bajo, sintiendo una punzada de dolor correr desde su nuca hasta la parte baja de su espalda. Se sentía algo mareado y el peso extra que tenia sobre el apenas le permitía respirar. ¿Se le había caído el ropero encima? Adolorido, abrió los ojos viendo directamente el techo blanco de la habitación, sintiendo algo suave cosquilleándole en el cuello y la mandíbula. ¿Suzuno era ese peso extra?

-pero es demasiado hasta para él- Con una mueca de dolor, tomo con una mano la bola de pelo y poco a poco fue incorporándose. Pero antes de poder siquiera sentarse, noto algo haciendo presión en su estomago. ¿A caso eso era un…? Asombrado dirigió la mirada hacia abajo topándose con un chico de pelo blanco casi gris, piel blanca y ojos fríamente azules-grisáceos.

Y además, que estaba desnudo.

Por unos segundos ninguno se movió ni hablo. Nagumo simplemente no podía creer lo que veía. Esos ojos se le hacían tan conocidos; pero era imposible. No podía ser su gato, era completamente ridículo. Era…

-¡Nagumo!- a pesar del estruendo de los cohetes, Nagumo pudo oír perfectamente el llamado de sus amigos. El pelirrojo volvió a mirar al chico frente a él, y pudo ver que a pesar de que seguía con los fijos en él, parecía algo incomodo.

Linda forma de empezar el año.

Hola otra vez ._./ ¿Qué les pareció? Ya tengo la mitad del próximo capitulo, el cual será mucho mas largo pues lo que verán es por lo que comencé a escribir este fic c': bueno espero que estén bien y espérenme, pronto subiré la continuación :DD

¡Hasta luego!

Bel