Después de tanto tiempo desaparecida (?) me sorprendió y alegró mucho saber que había personas que aun comentaban y esperaban a que continuara este fic. Realmente se los agradezco muchísimo y pido miles de millones de disculpas por haber dejado el fic así.

Espero que después de tanto tiempo, disfruten del nuevo capitulo:

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¿Quiénes son?

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-¡Nagumo!

A causa de los cohetes que teñían el cielo de colores, nadie que no estuviera dentro de aquella casa blanca con rejas negras se habría enterado del grito que soltaron al unísono seis de las siete personas que había en su interior.

O mejor dicho, seis de las catorce personas.

….

Se negaba a creer lo que veía, era imposible. Algo tan ridículo, tan irreal, tan….

-¡¿Qué jodida broma es esta?!- el rugido que lanzó el mohicano logró devolverlo crudamente a la realidad. En la butaca frente a él, aun lado de la chimenea, Fudou se levantó de su asiento, con los puños apretados, sonrojado y con una expresión de furia en el rostro, dejando caer duramente a su mascota contra el suelo.

Fudou estaba acostumbrado a gastar bromas, no que se las hicieran a él. Porque esto no podía ser verdad, tenia que ser una sucia trampa que Nagumo preparó para todos; porque había escuchado el grito de los otros en el piso de arriba, él y Terumi no habían sido los únicos. No importaba lo que real que pareciera, era imposible que ese chico de rastas color miel y ojos sangre sea su mascota. No importaba el parecido entre los dos ni que haya aparecía recargado en su pecho en el preciso instante en que había dejado de sentir el peso del gato.

Era completamente ridículo.

Terumi desvió la mirada avergonzado al igual que Fudou, pues el caído estaba dando una vista demasiado intima de su cuerpo. El rubio suspiró temblorosamente, bajando la mirada hasta su mascota. Y a pesar de que no era momento como para llevarle la contraria al mohicano, no podía dejar que pensara equívocamente lo que creía. Porque no era imposible por más que lo pareciera, ni tampoco era una broma: ambos veían los mismos, ambos sintieron en sus manos la misma piel que cubría sus cuerpos, era real, era humana.

Eran humanos.

Hacia cinco minutos, Terumi había tenido a su gato Atsuya aferrado fieramente a su pecho; y ahora, no le quedaba otra opción mas que aceptar que en lugar de su agresiva mascota rosa, tenia sentado sobre su regazo a un chico no mayor de catorce de pelo rosa, piel blanca y ojos grises, apretando su camisa. Tenso, incomodo y desnudo.

Increíble. Simplemente, increíble.

Goenji no era de beber. Una copa, dos, tres como máximo pero sólo durante fiestas o cuando Fudou se ponía demasiado pesado y no quedaba de otra más que darle el capricho para que dejara de joderle la noche. Después de eso, nada más. Por lo que estaba casi seguro, de que esta noche no se había pasado en alcohol. Pero entonces, ¿de que otra forma podía explicar que de un segundo para el otro su pequeño fubuki se convirtiera en un adolescente pálido de ojos grises y cabello plateado, arrodillado frente a él con las mejillas rojas, la respiración irregular y completamente desnudo?

¿Desde cuando me volví un pervertido?

-Goenji…- aturdido, el nombrado miró en dirección a la bañera en la que se encontraba Endou recostado, con un chico de largo pelo azulado y ojos color marrón rojizo sentado en su estómago. El castaño tragó saliva, con las mejillas rojas y las manos apretando los bordes de la bañera- Goenji, dime por favor que estoy borracho y que el chico que tengo encima no es Kazemaru sino un producto de mi imaginación.

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El mayor suspiró temblorosamente cerrando los ojos y presionando con sus dedos el puente de su nariz; Endou al igual que el estaban exigiendo mucho. Nada de alcohol ni delirios ni bromas pesadas. Eran reales, de carne y hueso.

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Soltó lentamente el aire, que sin darse cuenta había estado conteniendo; no se iba a desmayar, no iba a gritar, ni tampoco iba a mirar hacia abajo. De ninguna manera. Porque Tsunami no era idiota, despistado y un poco lento, si, pero sabia que el chico de cabello castaño, de ojos zafiro, sonrojado y sin ropa era verdad. Y bueno, nunca había oído que cosas como estas fueran posibles, pero su adorable Tachi-chan era un pequeño humano ¿que se le iba hacer? Más que esperar una respuesta, Tsunami no podía hacer otra cosa.

Además de buscarle algo de ropa, claro está.

Por otra parte Hiroto no podía despegar la mirada de los ojos color negro que tenia en frente, que a juzgar por el sonrojo que tenia en sus morenas mejillas, ya se estaba comenzando a avergonzar de tanta atención. Hacia un minuto atrás, había tenido a Mido-chan sobre la encimera mientras él usaba su cuerpo como escudo para que no escapara y así poder buscar las pastillas en el compartimiento de arriba. Y de repente, se encontró con que en lugar de su mascota tenia a un chico, completamente desnudo, con cabello verde pistacho rodeando su cintura con las piernas, dejándolo indecorosamente pegado a él.

El primer reflejo fue echarle la culpa a Nagumo pero, ¿era realmente su culpa?

…..

En unos cinco minutos los cuatro faltantes se reunieron con los otros ayudando a sus antiguas mascotas a caminar, pues parecía que estas no eran capaces de sostenerse por si solos en sus piernas. Mientras iban acomodándose alrededor de la mesa, Nagumo fue dejando distintas prendas que sacó del ropero de Hiroto para que los otros tuvieran algo para poder ponerse, aunque estas cubrieran solamente lo justo y necesario. Nagumo se pasó una mano por el pelo esperando a que los demás empezaran a exigirle respuestas que no conocía. Y obviamente, Fudou fue el primero en atacar.

A primera vista, el mohicano era la imagen del chico malo, el rebelde que nada altera y que todo le vale una mierda; pero no era tan así. Fudou era bueno en la escuela, cuando se le daba la gana de presentarse, por lo que para él, todo tenia que tener una razón, un por qué y una explicación lógica. Y hoy, a las 1:30 de la mañana, en esas condiciones y con esos cambios, la única explicación medianamente lógica que pudo encontrar, era que le habían metido algo raro en la bebida y que mañana, después de que comprobara que su mascota siguiera siendo un gato común y corriente, le rompería el culo al que le hizo la broma.

Lastima que para encontrar al causante de todo eso, aun faltaba mucho tiempo.

-Es suficiente Fudou- dijo Goenji con seriedad colocando una mano sobre el hombro del mohicano; estaba cansado y lo ultimo que necesitaban era que el pelirrojo se sacara con tantas preguntas y terminaran peleando- Nagumo sabe igual de poco que nosotros.

-¿y porque no les preguntamos a ellos?- sugirió Tsunami distraídamente, observando de reojo a las siete nuevas personas reunidas en el suelo junto a la chimenea, pegadas al chico de rastas y al albino. Los muchachos se miraron entre ellos con duda; desde el cambio, ninguna de sus mascotas habían hablado ¿sabrían como hacerlo?

-¡Oigan! ¿Qué mierda son ustedes?- gruñó el mohicano con una expresión de fastidio en el rostro, mientras sus amigos suspiraban en silencio; ni en los momentos mas serios podía Fudou controlar su boca. Al otro extremo de la habitación, Suzuno y Kidou intercambiaron miradas, mientras los demás se apretaban un poco más a ellos, sin decir nada. Al no recibir respuesta, Fudou chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, exasperado- esto es una estupidez Tsunami, apenas se mantuvieron en pie mucho menos serán capaces de hablar, no son más que unos idiotas….

Pero antes de que Fudou siguiera diciendo todo lo que pensaba, como siempre hacia, algo negro, largo y filoso voló en dirección a él, cayendo a sus pies casi clavándose en sus piernas. Los muchachos miraron el objeto que resultó ser el atizador de la chimenea con asombro, mientras que los ojos color esmeralda del atacado brillaban con furia. Al levantar la mirada para buscar al culpable, se encontró con el chico de pelo rosa, arrodillado y con el brazo aun extendido, siendo sostenido por el chico de pelo plateado que lo miraba con miedo.

Atsuya lo había atacado.

-Claro que sabemos hablar Imbécil- sus ojos color plomo brillaban con fiereza por debajo de su ceño fruncido- si no fueras tan maleducado para dirigirte a los demás tal vez te hubiéramos contestado, estúpido infeliz.

Fudou apretó los dientes con las mejillas rojas de coraje, mientras recogía el atizador y lo cerraba con fuerza en su puño con todo la intención de moler a golpes al pequeño bicho raro. Al notar la amenaza, Suzuno y Kidou se levantaron al mismo tiempo posicionándose entre el mohicano y los otros cinco, que sujetaban al peli-rosa también dispuesto a pelear. Lejos de sentirse intimidado, Fudou se acercó con paso decidió a los otros, pero a unos pocos pasos de ellos, sintió que alguien lo sujetaba por los hombros mientras otro le quitaba su herramienta de la mano.

-Suéltame rubia, le voy a enseñar a ese pequeño anormal a respetar a los demás- siseó con veneno forcejeando contra el agarre de Afuro que apenas y podía sostenerlo, por lo que Tsunami y Endou se unieron consiguiendo con bastante esfuerzo, inmovilizar al mohicano.

-No puedes exigirnos respeto si no eres capaz de darlo- la voz del chico de rastas se escuchó por encima de barullos que los otros cuatro hacían, logrando que pararan de batallar. Era de un tono suave, calmado y con un tinte de autoridad. Fudou miró a los ojos a su antigua mascota y elevó una ceja, desafiante.

-No pienso respetar a alguien que no se lo merece- espetó con arrogancia pero un poco más calmado mirando directamente a los ojos color sangre de su antigua mascota; al notar que había dejado de forcejear, sus amigos lo soltaron poco a poco, pero alertas a que vuelva a exaltarse.

-¿Y tú que haz hecho para merecértelo?- los ojos de los seis amigos viajaron, sorprendidos, al chico albino que unas horas antes, había sido Suzuno. Su voz era fría y un poco rasposa, como si se comunicara mediante bajos siseos. Sus brillantes ojos de color metal escrutaban duramente sus rostros, deteniéndose un segundo en el atizador que aun sostenía Goenji, antes de volver a enfocarse en los ojos verdes del mohicano- Si lo que quieren es saber de nosotros, hablaremos. Pero no vuelvas a insultarlos ni a atentar contra ellos, porque vas a saber a donde te va ir a parar ese atizador- dijo con calma, dejando la sutil amenaza deslizarse lentamente entre los pequeños cambios de tono que hacía su voz al hablar- ¿te quedo claro?

Un silencio tensó inundó la sala, siendo interrumpido de vez en cuando por la explosión de los fuegos artificiales en el exterior. Fudou boqueó unos segundos, completamente indignado por el descaro con el que esa cosa se dirigía a él.

-¡¿Quién mierda te crees…?!

-Bien, haremos lo que dices- la voz de Nagumo cortó la frase del mohicano a la mitad. Ofendido, Fudou se volteó en dirección al otro dispuesto a discutir con él, pero se detuvo con las palabras bailoteando sobre su lengua sin llegar a soltarlas, al ver los ojos de su amigo. Nagumo, apoyado contra la pared junto al árbol de navidad, de brazos cruzados y el ceño fruncido le devolvió la mirada. Sus ojos dorados, los cuales lanzaban sutiles destellos de colores a causa de las luces que brillaban a su lado, lo miraban con seriedad y un tenue destelló de suplica. Fudou apretó los puños y se volvió en dirección a la mesa arrastrando con un chirrido la silla hasta dejarse caer sobre ella, sin decir nada más. Pocos segundos después, los demás se fueron acomodando alrededor de la mesa, con las copas y cubiertos olvidados sobre esta, seguido de los seis desconocidos que se quedaron pegados a la pared frente a ellos.

Mientras que para sorpresa de todos los presentes, el pequeño de cabellos castaños y ojos azules se sentó sobre las piernas de Tsunami, aferrado a su camisa y la cara pegada a su cuello. Tsunami, desconcertado y con las mejillas furiosamente encendidas, rodeó con sus brazos al menor por miedo a que se cayera, bajo la atenta mirada de los demás. Kidou y Suzuno suspiraron al mismo tiempo y Fudou arqueó las cejas, con un brillo peligrosamente interesado en sus ojos:

-eh, que no se te vaya a parar la tableta, amigo- advirtió con burla, provocando la risa en algunos de sus amigos. Tsunami apretó los dientes, sintiendo como el rubor le cubría todo el rostro. La mirada de "me las pagaras" del mayor, pudo haber enterrado a Fudou tres metros bajo tierra y un poco más.

-¿Vas a hablar o no?- la voz de Nagumo, seca y molesta, detuvo la diversión de sus amigos. Observaron con preocupación el rostro serio de Nagumo con los ojos oro fijos en los acero de Suzuno. Este, inmutable a la agresividad del pelirrojo, se encogió de hombros, dio una rápida mirada a su compañero de rastas y soltó un lento suspiro, antes de volver a mirar al otro a la cara, desafiante:

-Somos experimentos.

El silencio, pesado y desconcertante, cayó sobre ellos como un balde de agua helada provocando en todos un escalofrío de asombro. Por unos segundos, en los que los siete amigos parecieron haber aguantado la respiración, nadie se animo a hablar ¿Qué carajodiablosmierda significaba eso?

-¿e-experimentos?

-¡¿de que mierda estás hablando?!- soltó Fudou en un rugido, asustando a algunos, como Endou, Tachimukai y Fubuki. Hiroto, que era el más cercano al mohicano, lo tomó por el brazo, con fuerza, incitándolo a guardar silencio.

-¿Podrías explicarnos, por favor?- pidió el pelirrojo intentando mantener la calma. Tenía que intentar mantener las cosas a raya, antes de que todo acabara mal. Esta vez, Kidou fue quien comenzó a hablar, tranquilo y resuelto.

-no hay mucho que explicar- comenzó a decir, recorriendo con su mirada escarlata a los presentes, deteniéndose unos segundos más en Tachimukai aún aferrado al moreno. Tragó saliva disimuladamente, entornando los ojos mientras volvía la mirada al frente- fuimos secuestrados hace algunos años y estas personas nos utilizaron como conejillos de indias para sus proyectos- una sonrisa ladina surcó sus labios, mostrando la punta de sus colmillos y elevó su mano pálida de filosas uñas, dejando resbalar la manga del suéter blanco, permitiendo a los demás ver unas cuantas cicatrices en sus muñecas y antebrazos- básicamente, mutación genética. Obviamente, ellos no compartieron sus razones con nosotros, así que no tenemos mucho más por contar, salvo que en nuestra anterior "identidad" éramos concientes de lo que sucedía a nuestro alrededor.

- en resumen, tuvimos cuerpo animal y mente humana por un tiempo- agregó Atsuya con fastidio. A su lado, Fubuki frunció ligeramente el ceño, apretándole la mano, como reprimenda.

- ¿y que pasó? ¿Los mandaron a la calle por defectuosos?- escupió entonces Fudou con veneno. Por unos segundos, los ojos rojos de Kidou, fijos en los esmeralda del mohicano, destellaron con furia antes de entrecerrarlos, con expresión moribunda.

- nos llevaron a ese callejón para matarnos - corrigió Suzuno con aspereza, estremeciendo a los demás- algo salió mal en el ultimo experimento y estuvimos mucho más tiempo con nuestra identidad animal. Creyeron que el problema éramos nosotros y no la sobrecarga que ellos creaban a nuestro sistema- su voz era hostil y sus ojos glaciales, como puñales de hielo. Su rostro, pálido y de facciones casi infantiles, delicadas, se mantenía impasible, con sus finos labios y puños apretados como detonante de la rabia y frustración que corría como lava por sus venas- nos volvimos defectuosos, como tu dices, y ya no le éramos de utilidad. La salida más rápida era la muerte.

Los fuegos artificiales, las risas y alegría de los vecinos era casi una burla para el ambiente deprimente y denso dentro de aquella casa de paredes blancas. Los nuevos humanos, ausentes de su entorno, mantenían una expresión estoica sin mirar a ninguno de sus dueños a la cara; mientras estos, shockeados e inseguros, intentaban procesar la información dada ¿todo lo que Kidou le había dicho era verdad? Era tan difícil de creer, pero tan lógico, en cierta forma. Tsunami sumido en sus pensamientos, acarició distraídamente con cuidado los cabellos castaños de Tachimukai, cortos y sedosos, recibiendo como respuesta un triste ronroneo ¿Podían creer en su palabra?

Escuchar entonces a Nagumo hablar, fue igual que recibir un golpe en el estómago.

- Quiero que se vayan de aquí.

Todos voltearon a ver a Burn, parado a un lado de la puerta principal, con los puños y dientes apretados, sorprendidos. Fudou que era de quien podían esperar es reacción, parecía igual de desconcertado a los demás. Y Nagumo los entendía, pero no podía arriesgarse; chasqueó la lengua, con rabia y revolvió con rudeza sus cabellos rojos. Estaba asustado, malditos sean, tenía miedo de lo que podría pasar con sus amigos, ¿Qué pasaría con ellos si el hombre que Nagumo había espantado lo encontraba? Si reconocían a alguno por un descuido ¿intentarían llevarlos a ellos también para experimentar? Nagumo no lo permitiría, no dejaría que nadie lastime a sus amigos mientras pudiera impedirlo. Ellos eran lo único que le quedaba…

- E-espera Burn, ¿Por qué no lo piensas un poco? No podemos dejarlos salir a estas horas…- dijo Endou intentando hacerlo razonar; aun no podía entender del todo lo que estaba pasando, pero se sentía reacio a dejarlos solos de esa manera. Ellos habían sido sus mascotas, y puede que sonara un poco cruel en esos momentos, pero él le había tomado cariño a Kazemaru y estaba seguro que los demás también a los suyos, por muy poco que este fuera.

-Endou tiene razón, Nagumo- secundó Hiroto frunciendo ligeramente el ceño, jugueteando con la pulsera de plata que tenía en su muñeca izquierda, como acostumbraba hacer cuando estaba nervioso- ya es muy tarde, sería peligroso que los dejáramos fuera.

Goenji gruñó por lo bajo y colocó los codos sobre la mesa, recargando su cabeza en la palma de sus manos; ya todo ese asunto loco de experimentos y alteraciones genéticas comenzaba a darle dolor de cabeza. No le parecía buena idea que ellos siguieran allí, pero no podía decir sus razones. No al menos, con esos siete lo suficientemente cerca como para oírlo.

-Esperemos a mañana a que estemos todos más tranquilos- propuso entonces, enfocando la mirada en Nagumo. Dio una rápida mirada al reloj y frotó su rostro, cansado- ya es algo tarde y después de todo… esto, lo mejor sería descansar un poco.

Nagumo mordisqueó ligeramente sus labios, mirando de hito en hito el rostro de sus amigos y luego a sus antiguas mascotas. Algunos de ellos, como Fubuki, Midorikawa y Kazemaru los veían expectantes y con cierto temor, mientras que Atsuya los observaba a todos con furia y frustración. Por su parte, Kidou y Suzuno se mantenían con la mirada fija en el suelo, como a la espera de que sus verdugos dictaran su destino. Cerró los ojos y puños, con la mandíbula tensa y un cosquilleo preocupante en la boca del estómago y se dejó caer contra la puerta, completamente derrotado.

-hagan lo que quieran.

Hiroto, se puso en pie y lanzó un suspiro.

-¿Les parece bien que mañana en la mañana sigamos con esto?- preguntó mirando a los otros. Estos, indecisos, intercambiaron una mirada con Kidou y Suzuno, antes de asentir suavemente con la cabeza. Hiroto volvió a suspirar y sus amigos comenzaron a moverse. Tsunami con un poco de dificultad, siendo que al parecer Tachimukai se había dormido sobre él.

-Oye Hiroto…- llamó Afuro, con algunas de las copas de cristal en la mano. El nombrado se volteó a verlo, con las manos apoyadas en el respaldo de la silla en la que anteriormente estaba sentado- creo que lo mejor será que ellos estén en la habitación de invitados. Es decir, ahora que son más… grandes, nos resultará un poco incomodo estar todos amontonados ¿no crees?

-es verdad- reconoció el pelirrojo, observando a los mencionados; se fijó principalmente en Suzuno, recargado contra la pared y con Tachimukai algo adormecido entre sus brazos, rodeado por los otros. Para Hiroto, quedaba claro que el albino era como una especie de líder para los otros, pero al ver sus ojos acero, parecía como si eso fuera una carga demasiada pesada para sus hombros. ¿Cuántos años tendrían?- Endou, ¿podrías ir a buscar las colchonetas de tu casa? No tengo suficientes aquí.

-¿eh? Ah, claro- respondió algo distraído. Desde hacia un rato, había estado observando a Kazemaru indeciso en si podría acercarse o no a él. Había tantas cosas que le gustaría poder preguntarle, y aun no había podido oír ni una sola vez su voz- Fudou, ¿puedes ayudarme a traerlas?

-Nos resultaría más fácil dejarlos dormir en el sofá- comentó en un murmullo no justamente bajo, cuando pasó por su lado con los platos que utilizaron para comer los postres. Con suerte, mañana los lavaría; en esos momentos solo tenía ganas de dormirse y rogar porque todo sea producto del exceso de alcohol, que desgraciadamente no recordaba haber tomado, o una loca pesadilla- no recuerdo haber pasado un año nuevo tan malo…

-¿eso es una indirecta para nosotros?- cuestionó Atsuya, haciendo frente al mohicano. Este último frunció el ceño y soltó un bufido desdeñoso; en esos momentos, la voz de esa bola de pelos rosa se le antojaba muy chillona.

-Basta Fudou, no es necesario ese tipo de comentarios- le regañó Afuro, antes de darle una pequeña sonrisa a tu antigua mascota. Atsuya resopló por lo bajo, cruzando sus brazos con expresión refunfuñada.

-Nadie pidió tu opinión, travesti.

Afuro abrió la boca, sorprendido y un poco ofendido, sin saber realmente que decir, mientras Fudou a su lado, comenzó a descostillarse de risa.

-¡oh, por Dios, el cabroncito comienza a caerme bien!

-Atsuya, no digas esas cosas- le reclamó Fubuki con suavidad, jalando ligeramente del brazo al otro. Para ese momentos, al ver los ojos plomo de ambos, fieros los de Atsuya y tiernos los de Fubuki, todos podían decir con seguridad que eran gemelos- Lo siento mucho, Afuro-san- se disculpó agachando un poco la cabeza. Atsuya rodó los ojos y le lanzó una mirada agria a los otros dos, antes de jalar a su hermano en dirección a donde estaba los demás. Fudou y Afuro intercambiaron una mirada y el mohicano se encogió de hombros con una sonrisa burlona en los labios. El rubio bufó, elevando el fino mechón que cruzaba por su rostro antes de darse la vuelta y ayudar a Tsunami a cargar con las sabanas que serían para los nuevos invitados.

-Mañana será un largo día…

Para las tres de la madrugada aproximadamente, cuando ya casi no quedabas cohetes por tirar y las fiestas se celebraban dentro de las casas ajenas, las catorce personas dentro de la casa blanca de rejas negras y jardín pequeño, ya estaban acomodadas en ambos cuartos a medio camino del sueño; siete amigos acomodados en el suelo de la habitación del dueño de la habitación y siete personas, con cola y orejas similares a la de los felinos, amontonados tristemente sobre sus colchonetas azules intentando no pensar que sería de ellos al día siguiente.

…..

Cuando Fudou se despertó, a las once de la mañana, una hora sorprendentemente temprana para ser que hasta hacia unas horas era de día festivo, incorporó la mitad de su cuerpo, frotó con cansancio sus ojos esmeraldas y sonrió con socarronería tras el calor de sus manos. ¿Ese gato del infierno se había convertido en humano como los demás? ¿Alteración genética, peleas y experimentos dementes? Por Dios, la próxima vez no tomaría tanto a la hora de brindar…

- ¡E-endou-san, mi cola!

-Mmm, ¿eh?

-¡¿Cola?!

-Mira, son de verdad…

-¿Qué diablos haces? ¡No me jales de las orejas, cactus mal desarrollado!

-¡A-atsuya!

-¿en qué momento cambiaron de habitación?

-e-eh…

Fudou parpadeó unas cuantas veces, dio una rápida mirada a su alrededor y se dejó caer con un quejido de frustraciónhacia atrás, presionando su almohada contra su rostro, ya sin saber que pensar. No había sido un sueño...

Que jodida mierda.

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Muchas gracias por leer, haré todo lo posible para publicar más seguido. Que estén bien y espero nos leamos pronto.

¡Hasta la próxima!

Bel