Capítulo 2

Cuando él "hombre herido", como ahora había decidido llamarlo después de tanto referirse a él de esa manera, cruzó las puertas que conducían al quirófano, Rukia se separó de él. En el trayecto hacia el hospital había recuperado un poco de calor corporal, aunque la bala en su pecho le impedía sacar su vida por completo del peligro.

-señorita, necesito que llene este formulario- pidió una de las enfermeras que había acompañado al "hombre herido" hasta el otro lado de la puerta.

-¡oh! No, no puedo, no lo conozco, yo solo… lo encontré- la enfermera asintió y comenzó a alejarse –pero… si ocurre algo con él- la enfermera volteó -¿puede comunicármelo, por favor?- después de unos segundos de pensarlo, la enfermera asintió y se alejó.

Rukia se dirigió a la sala de espera, parecía que iba a ser una larga noche.

-0-0-0-0-0

Ya estaba cabeceando debido al sueño que la estaba abordando. Llevaba casi tres horas en la sala de espera, y aun no tenía noticias del sujeto. Vio pasar a la enfermera que le había pedido que le informara y se le acercó.

-disculpe- la enfermera volteó –¿no sabe cómo sigue el hombre que traje?- la enfermera la vio dudosa de no saber de qué hablaba, pero después de un segundo la recordó.

-sigue en quirófano, sí sé algo más se lo comunicare- respondió la mujer.

-de acuerdo, gracias- Rukia no sabía si soportaría más tiempo despierta, así que decidió ir a la cafetería por un café.

Mientras iba hacia el lugar, su celular comenzó a sonar e inmediatamente lo busco en su bolsa. El identificador de llamadas le decía que era Hiyori, así que prefirió contestar lo antes posible antes de que la rubia se preocupara.

-¿Rukia? ¿Sigues viva? ¿Aún no te han descuartizado?- se escuchó la preocupada voz de Hiyori del otro lado de la línea.

-sí, que yo sepa sigo entera- respondió mientras se inspeccionaba.

-ese pervertido no ha intentado nada contigo, ¿verdad?-

-ni siquiera lo conoces, ¿y ya lo estas llamando pervertido? ¿Por qué piensas que lo es?- preguntó con diversión.

-es hombre, todos los hombres son unos degenerados en busca de carne inocente a la cual corromper-

-¿no te parece que estás exagerando?- una gota de sudor resbaló por su sien.

-¡claro que no, enana!- espetó la rubia con molestia de que dudara de ella.

-eso me recuerda…- hizo una pausa de unos diez segundos -¡deja de decirme enana!- le gritó, causando que las personas que estaban en su camino la voltearan a ver y un par de enfermeras le dijera que guardara silencio.

-pero lo eres, no puedes negarlo-

-no lo negaré… pero tampoco lo afirmaré. Aunque en todo caso, la más enana de las dos eres tú, señorita "uno treinta y tres"- sabía que Hiyori estaría molesta en ese momento –y otra cosa, que tú y Shinji sean unos depravados sexuales, tanto dentro como fuera de la cama, no significa que todos los demás los sean-

-¡eres una…!- Rukia colgó antes de terminar de escuchar la oración completa, sonriendo con burla.

-estoy muerta- sabía que la pequeña rubia la mataría tan literalmente como se podría tomar.

Cuando volviera a Karakura la esperaría un largo interrogatorio seguido de su asesinato. Mientras tanto, trataría de aprovechar sus últimos momentos de vida. Y lo primero en su lista era ese café.

-0-0-0-0-0

-señorita, señorita- una enfermera la zarandeaba delicadamente, intentando despertarla.

Se talló el rostro con las manos, ¿en qué momento se había dormido, antes o después de terminar el café? Volteó a donde había dejado el vaso de café y lo vio vacío. Había sido después.

-¿sí?- preguntó con voz algo somnolienta.

-el joven ya salió de la operación. Fue un éxito- Rukia sonrió con satisfacción.

-¿Cuándo poder verlo?- preguntó.

-el doctor lo dirá- respondió.

Rukia preguntó dónde podría encontrar al doctor y la enfermera señaló hacia un punto del pasillo por donde estaba transitando el susodicho. Corrió hacia él.

-disculpe doctor, ¿Cómo se encuentra el hombre herido que traje?- el medico la miró dudoso de saber a quién se refería.

-a este hospital llegan muchos pacientes heridos, señorita ¿podría ser más específica?- preguntó, metiendo sus manos en los bolsillos de su bata.

-es que no sé cómo… el hombre que traje, tiene una herida de bala… según tengo entendido lo acaban de operar- el doctor pareció ubicarse.

-¡oh! Si, ya recuerdo-

-¿puedo ir a verlo?-

-lo siento, aún está muy débil como para una visita, quizás en un par de días-

¿Un par de días? No tenía un par de días.

-0-0-0-0-0

No dejaba de ver su teléfono celular, en cualquier momento le llamarían y le dirían que el "hombre herido" había despertado. Ya que debía volver para que la universidad no le llamase la atención le hizo jurar al doctor y a la enfermera que le llamarían apenas supieran si había despertado. Tenía tantas preguntas que hacerle ¿Cómo llego ahí? ¿Por qué estaba herido? ¿Quién quería dañarle? Y la más importante ¿Cuál era su nombre?

-¡vamos, enana! Llamaran cuando deban llamarte- Hiyori la despertó de sus pensamientos por quinta vez en el día. Pero estaba segura que si ella estuviera esperando la llamada de los médicos desde hace cuatro días estaría peor que ella.

-¿y qué tal si no lo recuerdan?- preguntó la morena.

-no creo que olviden a una loca y enana amenazándolos- sonrió la rubia.

-¡oh! Le parece que hice algo mal, ¿señorita hobbit?- contraatacó la morena con burla, a lo que la rubia apretó los puños.

-no sé cómo no te he matado aun- se preguntó Hiyori.

-porque sin mi tú y Shinji se gastarían todo el dinero en condones y no tendrían nada para la renta- señaló la chica.

-eso no es…- la rubia lo meditó un segundo -¡cierra la boca!- sabía que Rukia tenía razón, pero no se la daría.

-te conozco mejor que nadie- en respuesta, Hiyori le lanzó un balón de baloncesto, el cual la morena esquivo con rapidez.

Hiyori no sabía por qué le había pedido a Rukia que le ayudara a recoger los balones del gimnasio ¡eso le correspondía a los holgazanes alumnos! Pero aun así, agradecía que Rukia, siendo maestra de la universidad, fuese a ayudarla con sus deberes de maestra de educación física después del trabajo a pesar de que la universidad y la secundaria quedaban lejos. Era su mejor amiga. Pero jamás se lo diría, aún tenía orgullo que mantener.

–necesitas más que eso para golpearme- se burló Rukia mientras le sacaba la lengua.

El sonido del celular la distrajo y Hiyori no desaprovecho la oportunidad. Le lanzó otro balón, y esta vez acertó. La morena se sobó el hombro en el que le dio y ahora fue el turno de Hiyori de reírse de ella.

-parece que todo lo que necesito es una llamada telefónica, enana- Rukia le iba a responder, hasta que notó que el número era desconocido, ella nunca recibía llamadas de números desconocidos… desde que anotó todos los de sus compañeros de trabajo que la pretendían, claro.

-¿Hola?- habló un tanto dudosa, y después de unos segundos en su rostro apareció una extraña mezcla entre sorpresa y emoción -¿en serio?- preguntó –sí, estaré ahí en unas horas ¿de acuerdo?... bien, gracias por todo- una sonrisa adornaba su rostro cuando colgó.

-¿Qué ocurre?- preguntó Hiyori por su actitud, en ese momento se suponía que debía decirle Gnomo, hobbit, o cualquier cosa despectivo hacia su estatura.

-despertó- respondió. Por fin podría tener respuesta a todas sus preguntas.


Aquí está la continuación prometida. Espero que les guste y si quieren dejen comentarios, no soy muy dada a pedirlos, pero me gustaría saber que les parece la historia. Bueno, bye.

Namikaze Hanoko fuera...