Capítulo 3 - Intrusos en el departamento

Al día siguiente, luego de regresar de su trabajo John pasó a la tienda de mascotas.

El doctor siempre había querido adquirir un perro pero el detective siempre se había negado. Pero ahora que el detective había hecho grandes cambios en el 221B solo para molestarlo, era su oportunidad para igual mover una de sus piezas y comenzar a fastidiarle también.

Necesitaba demostrar que Sherlock no era el único que podía llevar la situación con tanta naturalidad.

Fue así como John decidió llevarse a casa a un pequeño Bull dog inglés de nombre Gladstone. Alegre por su nueva adquisición antes de llegar a casa dio un par de vueltas al parque con el perrito. Hacía mucho no había tenido uno y de verdad que deseaba tenerlo, no se había sentido tan feliz en los últimos días, sí que el perro a veces resultaba ser el mejor amigo del hombre.

La alegría desapareció en cuanto entro al 221b, su plan de molestar a Sherlock se había arruinado pues ahora quien terminaría en verdad enojado sería el doctor, al encontrarse con el detective que tenía una reunión en la pequeña sala con algunos de sus red de vagabundos, y no le molesto el hecho de que fuera gente a su casa, total, él no era asocial.

Lo que molestó al médico fue que llevara justamente a los vagabundos más insoportables que podría tener.

Una bola de alcohólicos soberbios, vulgares y fastidiosos que gustaban de hacer bromas pesadas.

Se encontraban todos bien borrachos lanzándose unas carcajadas aturdidoras junto con el detective que tampoco se encontraba en buen estado, entonces vio en la mesa algo que más le había hecho hervir la sangre. Cocaína.

Esa endemoniada droga que Sherlock solía a usar en leves cantidades a escondidas estaba ahí como cualquier cosa, entonces entendió que esos tipos no estaban borrachos, sino drogados. Pues no detecto nada de alcohol a su alrededor, sino la misma sustancia, entre otras como marihuana.

Rápidamente sin decirle palabra alguna a Sherlock se llevó consigo a Gladstone hasta su habitación y miro muy dudoso su número telefónico.

No sabía si llamar a la policía o no, entonces fue con un contacto de fiar, que si bien iba a retenerlo no le metería tras las rejas mucho tiempo por portar drogas.

- Lestrade te necesito en Baker Street inmediatamente, clave roja, avísale a Mycroft también – JW.

John no abrió para nada la puerta de la habitación y se siguió entreteniendo con el pequeño Gladstone en lo que llegaban sus "refuerzos". Se dio cuenta de la llegada de los hombres en cuanto escucho desde el cuarto el gran furor que se ocasionó en la sala.

Gritos de un Sherlock drogado y agresivo se escuchaban hasta que el inspector sin piedad alguna sobre el tipo le planteo un gran golpe aprovechándose de la debilidad del mismo. Se llevaron a todo el montón de vagos a Scotland Yard junto con el afamado detective.

Cuando se sintió un profundo silencio, John pudo escuchar el vibrar de su teléfono el cual miro con media sonrisa.

Lo cuidaré, y haré que solo lo tengan aprehendido un par de días mientras confiscamos todo el departamento, pero no te prometo mucho John. Lamento tu situación con Sherlock y más como tomo las cosas. Espero todo mejore, creo en ustedes – Lestrade.

Pasaron los dos días que el inspector había prometido. Cuando Sherlock regreso al departamento tenía una expresión de un hombre de hielo con mucha ira acumulada que hizo estremecer a John del miedo, sin embargo este no se doblego y lo saludo con tanta alegría como siempre.

- Vaya, me alegro volvieras como Greg lo prometió, necesito presentarte al nuevo miembro de la familia – comento cargando al pequeño Bull dog. Sherlock miro con sus cejas fruncidas al doctor y al perro, además de que su mirada era intimidante, profunda como la de un león que va por su presa. John decidió llevar al perrito a un lugar seguro y regreso con el detective.

- No deberías estar molesto, si llamé a la policía de Scotland, a Greg y tu hermano fue porque tu solo te lo buscaste, mira que llamar a esos vagabundos drogadictos a mi casa, eres un imbécil Sherlock, pero esto sobre paso los limites – explico indignado ahogando el nudo en la garganta que se le volvía a formar como el día en que terminaron.

- Bien, si tanto te incomoda mi estilo de vida entonces múdate – sugirió con severidad, John abrió sus ojos asombrado, luego le miro igual de molesto.

- NO, a ver, ¿por qué no te largas tú? – Sugirió apretando sus puños.

- Este es mi hogar desde antes de que llegaras, tengo derecho a quedarme, y tú puedes quedarte, pero si ya no soportas más mi estilo de vida, o como soy, entonces vete – le recordó.

La forma en que dijo esas palabras hizo que el doctor dejara escapar un par de lágrimas de sus ojos las cuales seco cuanto antes disimuladamente con la manga de su chaqueta.

- NO, no me iré, no eres tan importante, si me voy será por otra cosa, no por ti – fue todo lo que alcanzo a decir antes de que su voz terminara por quebrarse y saliera de ahí cuanto antes.

El detective observó como John se alejaba pero sus piernas no le dejaban seguirle, había quedado inmóvil de la culpa. En realidad no quería decir aquellas cosas, pero el coraje, orgullo y la tristeza tapada con indiferencia le hicieron decir esas cosas. Sherlock no quería que John se fuese, de hecho ni si quiera quería haber terminado con él.

Pero creía que solo le hacía más daño estando en su vida. No iba a poder hacerlo completamente feliz, así que lo "mejor" era dejarlo ir poco a poco. Primero terminando, luego haciéndole que se mudara tarde o temprano.

Los últimos tres días fueron de puro silencio. Su "juego" de molestar al otro inquilino había terminado, el intento de dar celos unos a los otros igual había dejado de ser divertido. Ahora todo era un prolongado silencio incomodo, nunca se habían tratado con tanta formalidad.

Los "Hola John" animados de Sherlock se convirtieron en cordiales "Buenos días WATSON", así como John igual había dejado de nombrar por su primer nombre al detective, respondiendo con un seco "Buenos días Holmes".

Y aunque ninguno de los dos deseara lo que estaba ocurriendo sino todo lo contrario, pero su condenado orgullo no los dejaba olvidar las cosas e intentar regresar.

- Sabes Watson – comento Sherlock en el desayuno mientras su compañero leía un periódico, este levanto al vista dando media sonrisa, aunque todo fuera más formal y cortante, al menos ya no había discusiones, e incluso hasta parecía que Sherlock se llevaba bien con Gladstone - ¿Qué ocurre? – dijo este, entonces Sherlock se levantó del sofá y se encamino a uno de sus libreros como que a buscar algo.

- Aún tengo las entradas para la obra que íbamos a ir a ver juntos, ¿recuerdas?, lo compramos hace un par de meses, pensaba que quizá, pese a todo lo que ha pasado, ¿aun así te gustaría ir conmigo?, entenderé si no – platico con una inusual humildad, saco los boletos de entre los libros y le entregó uno al doctor.

John vio que esa podría ser su oportunidad de volver a revivir buenos momentos con Sherlock y quizá hasta de volver. Así que ocultando su emoción para no mostrarse tan obvio acepto la invitación del detective, guardándose el boleto en el bolsillo.

- Es esta noche, a eso de las ocho, tengo entendido que sales del trabajo a las cuatro, seguro tendrás tiempo de cambiarte, debemos ir con camisa y corbata – comento un poco titubeante, John asintió para demostrar que había comprendido y le dio una media sonrisa nuevamente.

Cuando John por fin llego de su trabajo (estaba esperando todo el día a que ya diera la hora del concierto de la orquesta), rápido entro al 221b con buenos ánimos, pero en lugar de encontrarse con un Sherlock esperándole, solo vio una nota sobre la mesa nueva que había comprado Sherlock días atrás.

Me surgió un caso, te veo allá – SH

John quedo un poco decepcionado por eso, pero eso no le impidió a ducharse de todos modos y encaminarse al teatro.

Llegó al lugar con una media hora de anticipación, y en todo ese tramo de tiempo no vio por ningún lado al detective, quizá se había retrasado, entonces preocupado empezó a marcarle pero no había respuesta, todo era enviado a buzón. El reloj ya marcaba las 7:50, y el sujeto de la entrada presionaba a John para entrar, John no quiso entrar sin Sherlock, así que continúo esperándolo.

- Señor, pero si no accede a la puerta B a las 8:00 cerraremos y no dejaremos entrar a más personas – John suspiro resignado, tratando de ser optimista pensó en que quizá el detective ya estaba dentro esperándole y la razón de que no contestara las llamadas podría ser que exigían apagar los celulares. Asintió débilmente al encargado y entró al teatro solo.

Con una profunda tristeza observo que el asiento de a lado perteneciente a Sherlock estaba vacío.

Ahogo su ira y lágrimas para después, enfocándose en la trama de la obra, que para colmo era una tragedia de William Shakespeare.

Aprovecho que otros espectadores sollozaban un poco debido a la tématica, para el también desahogar un poco aquellos sentimientos acumulados.

No iba a resistir más esa tortura, esa era su única oportunidad para tratar de enmendar todo y Sherlock no había aparecido.

Por tanto el rubio tomo una decisión - Mañana mismo me mudo de Baker-, dijo para sí mirando el suelo del teatro.

Con suerte mañana subo el último capítulo, muchas gracias a las personas que lleguen a leerme, espero sean tan amables de dejarme un comentario. Saludos