Ezio miró a su alrededor desde lo alto de la torre. Tenia una vista de toda Venecia y también del Palacio Ducal, su objetivo. Miró la máquina que esta apoyada en el comienzo de la plataforma que habían montado sus amigos ladrones además de la plataforma. Ezio se asomó al borde y tragó saliva.

- "Esto está muy alto… Demasiado alto."

Se acercó a la máquina y se preparó para el vuelo. Reunió el valor suficiente y corrió por la rampa hasta saltar al final. Al principio se asustó al ver como la máquina caía en picado hacia abajo, pero hizo fuerza y lo dirigió hacia arriba. Al fin consiguió estabilizarlo y siguió las hogueras que los ladrones habían puesto por toda Venecia hasta el Palacio Ducal. Mientras sobrevolaba Venecia, evitaba por todos los medios que las flechas de los guardias situados en los tejados lo alcanzasen y tuvo que golpear con las piernas a varios de ellos para no tener problemas. Cuando ya estaba cerca del palacio, una de las flechas alcanzó una de las alas de la máquina y Ezio se vio obligado a saltar. Saltó nada más cruzar las verjas que rodeaban los tejados del palacio y cayó sin ninguna dificultad. Mientras se incorporaba observó como la máquina se incendiaba y se precipitaba por todo el tejado, arrollando a dos guardias y después cayendo hacia la multitud. Vio como después se hundía en las aguas de Venecia y volvió a tragar saliva.

- "Leonardo me va a matar". – pensó Ezio. Decidió esconderse en algún lugar seguro de los tejados y esperó a que se hiciera de día.


Unas horas después...


Cuando amaneció, se preparó y corrió por los tejados. Asegurándose de que ningún guardia lo veía, se asomó y miró el patio interior. Grimaldi caminaba por las escaleras bastante nervioso.

- "Bien, esto será fácil". - pensó Ezio sonriente.

Corrió hacia una columna del tejado y la escaló. Desde arriba se lanzó hacia un guardia que vigilaba, aterrizando encima de él y clavándole la cuchilla. Después corrió hacia otra columna y se escondió detrás de ella. Cuando los dos guardias que vigilaban ya no miraban, corrió hacia ellos y los mató con las cuchillas. Antes de ser visto saltó hacia al patio y aterrizó en un carro lleno de paja. Un rastreador equipado con su lanza se acercó al carro, alertado por el ruido que había hecho el aterrizaje. Pero antes de que pudiera clavar su lanza en la paja, Ezio clavó su cuchilla en el cuello del rastreador y lo introdujo en el carro. Después salió de su escondite dispuesto a terminar su tarea.

- ¡Guardias! ¡Acabad con él! – gritó Grimaldi.

Los guardias corrieron hacia él con intención de matarlo, pero con rapidez acabó con todos ellos utilizando sus propias armas. Se acercó a Grimaldi mientras este retrocedía aterrorizado. Miraba a su alrededor en busca de ayuda, pero no encontró a nadie.

- Por favor, no me mates… - le suplicaba – Yo no...

Ezio clavó la cuchilla en su garganta y lo tumbó en el suelo.

- ¿Hace falta un asesino para matar a otro asesino?

- Lo hacemos porque creemos que es lo mejor. ¿No es cierto… Ezio? – dijo con una extraña sonrisa que desconcertó a Ezio.

- Yo no hago esto por mi mismo. Hago este sacrificio por un bien superior. Requiescat in pace.

Se incorporó lentamente y meditó unos segundos. ¿Cómo Grimaldi conocía su nombre y porque le habían inquietado tanto sus palabras? Agitó la cabeza y se quitó esos pensamientos de la cabeza. No era momento de pensar. Tenía que irse antes de que llegaran más guardias. Pero de repente notó algo extraño. Se sentía observado e inmediatamente recordó las palabras de Leonardo. Miró a su alrededor, pero no había nadie. Entonces miró hacia uno de los balcones que estaba detrás de él y allí estaba. Había alguien escondido en la oscuridad del interior. No podía verla bien, solamente pudo ver su mirada penetrante que miraba a Ezio profundamente... como si estuviera estudiándolo. Se acercó más hacía el balcón sin apartar la mirada de la figura y entonces se dio cuenta de que...

- ¡Está aquí! ¡Cogedlo!

Ezio se había quedado tan absorto mirando a esa misteriosa persona que no se dio cuenta de que los guardias habían habían entrado en el palacio por una de las puertas cercanas a él. Rápidamente corrió hacia la puerta que se había abierto que daban al exterior. Esquivo a los guardias y los despistó con una bomba de humo que le había prestado Leo. Vio unas cajas agrupadas cerca del agua y saltó por ellas. Se sumergió en el agua y nadó lo más rápido que pudo. Siguió nadando hasta estar lejos del palacio y se aseguró de que ya no había peligro. Se acercó a la superficie y corrió por las calles de Venecia hasta estar lo suficientemente lejos del palacio como para que no intentaran buscarlo. Dio por concluida su misión y decido visitar a Antonio y sus ladrones y después volver a Florencia. Mientras caminaba intentó recordar a aquella misteriosa figura. Aunque no era mucho, lo único que sabía es que esa persona era una mujer.