Los siguientes días pasaron con total normalidad, con la excepción de que Ezio tuvo que solucionar varios problemas con los guardias. Desde que destrozó el almacén de pólvora de los Medici, la vigilancia de los guardias había aumentado y también los rumores sobre quién había provocado el incidente, entre ellos Ezio. Tuvo varios problemas para pasar desapercibido, pero tras ocuparse de las personas que le inculpaban todo volvió a la normalidad. Se dirigía tranquilamente al taller y cuando llegó se encontró con una sorpresa. Helena estaba en el taller junto a Leonardo.
- ¡Buenos días Ezio! – lo saludó Leonardo y señaló a Helena – Ha venido para pedirte un favor.
- ¿Un favor? ¿De que se trata?
- Hacer un pacto que, además, te beneficiará. – le dijo ella con una sonrisa.
- ¿Un pacto? ¿Con quién?
- Con cortesanas.
- … ¡¿Cortesanas?
- Pareces sorprendido…
- Es que es… Eh… Un poco extraño.
- Pues por lo que me ha dicho Leonardo pensé que te gustaría – dijo ella mientras Ezio le lanzaba una mirada asesina a Leonardo, aunque este lo ignoró.
- Ignoraré eso que has dicho… ¿Y tengo que negociar con ellas?
- De eso me encargó yo.
- ¿Y entonces que hago yo?
- Simplemente cumplir con su parte.
- … No entiendo.
- Lo explicaré todo desde el principio. Iremos al burdel esta noche y hablaré con la "madame" de las cortesanas. Yo hablaré con ella y negociaremos el pacto.
- Tengo una duda: ¿Por qué ellas?
- Porque tengo cierta amistad con ellas y, por lo tanto, el pacto será más fácil.
- ¿Y…?
- Y porque te serán de mucha ayuda en el futuro. – dijo algo exasperada.
- Ya. ¿Y entonces yo que tengo que hacer?
- Tendrás que cumplir con lo que ellas pidan.
- Con lo de cumplir lo que me pidan me ha sonado muy mal… - dijo con una mirada sospechosa.
- No creo que pidan eso. – dijo ella riéndose.
- ¿Dónde nos reuniremos?
- Cerca del burdel, si no me encuentras espera un poco.
- Bien. Nos vemos esta noche. – dijo Ezio mientras se dirigía a la puerta – Voy a hacer unos cuantos negocios.
Ezio se marchó, dejando a solas a Helena y a Leonardo.
- Tengo que admitir que es muy bueno.
- Sí y en mi opinión la misión que le pusiste era demasiado fácil.
- Sí. Quizá le he subestimado un poco...
- Quizá, aunque me temo que esta noche se va a entretener mucho.
- ¿Por qué?
- Los dos vais a un burdel y aunque solo sea para hacer un pacto, me preocupa un poco. Es un sitio lleno de mujeres y ese siempre ha sido uno de sus puntos débiles.
- Tranquilo Leo, ya me encargaré de que no se entretenga. – dijo ella con una sonrisa maliciosa y se despidió de Leonardo.
Unas horas después...
Ya de noche, Ezio esperaba apoyado en un edificio a que Helena apareciera. Tras llegar al burdel, la buscó durante unos minutos, pero no logró encontrarla. Como le dijo ella antes, se situó en un edificio cercano para esperar y finalmente apareció. Llevaba una capa negra que tapaba su largo vestido y ocultaba su rostro con la capucha. Si no fuera por el vestido, habría podido pasar perfectamente por una asesina. Ella se acercó a él.
- ¿Vamos?
- Claro – dijo mientras la seguía – ¿Por cierto, de qué conoces a la jefa de las cortesanas?
- Desde muy joven ella ya ejercía como cortesana y empezó ser un gran reclamo entre los hombres. Pero por culpa de su popularidad sufrió mucho.
- ¿Por qué?
- Un general del ejército florentino la raptó y la violó. La pobre sufrió mucho daño por su culpa. Pero al fin se libró de él y desde entonces se dedica a proteger a las cortesanas para que no sufran lo mismo además de ser la dueña del burdel.
- Ya. ¿Y qué tiene que ver esto contigo?
- ... Yo maté al general.
- ¿Lo mataste?
- Sí, fue en una misión hace ya mucho tiempo. Cuando acabé con él, ella consiguió librarse de aquél infierno y desde entonces está en deuda conmigo...
- Vaya, es una historia... Sorprendente.
- Lo sé.
Llegaron a la entrada del burdel que estaba vigilada por dos cortesanas. Estas al principio los miraron con el ceño fruncido, pero en cuanto vieron a Helena se entusiasmaron.
- ¡Vaya! ¡Cuánto tiempo sin verte! – dijo una de ellas.
- Lo mismo digo Julia. – respondió ella con una sonrisa. - ¿Está Paula?
- Sí, está dentro si quieres verla. ¿Por cierto, quién es el caballero? – dijo mientras miraba a Ezio seductoramente.
- Yo...
- Mi acompañante – dijo Helena apresuradamente mientras lo arrastraba al interior del burdel. Era un edificio pequeño y el interior estaba adornado con cortinas, adornos elegantes,... y casi todo de color rojo. En el salón donde se encontraban estaba lleno de cortesanas. Algunas arreglándose el vestido, el pelo,... Otras que conversaban con algunos hombres con actitud seductora y otras que hablaban entre ellas y miraban con curiosidad a Helena y a Ezio, sobre todo a él.
- Ezio, sé que es difícil. Pero por favor, controla tus impulsos.
- ¡¿Cómo? - No le dio tiempo a protestar cuando Helena se acercó a una con una enorme sonrisa mujer y la abrazó.
- Me alegro tanto de verte, Paula.
- Yo también querida. – respondió esta con una sonrisa dulce.
- Te presento a mi acompañante, Ezio Auditore.
Paula lo miró él y sonrió. A pesar de que la edad empezaba a notarse en su rostro, tenía una belleza delicada y majestuosa y en sus ojos se veía bondad y firmeza, pero también mostraban el sufrimiento que ella padeció en el pasado. Su cabello largo estaba formado por una gruesa trenza que llegaba hasta su cintura. Después de verla de arriba a abajo, entendió porque de joven era tan "popular". Su figura estaba llena de exuberantes curvas y su porte era elegante y majestuoso. Llevaba un vestido muy ajustado a su cuerpo de color rojo y un manto del mismo color que cubría su cabeza. Ezio pensó que a pesar de su edad todavía seguía siendo hermosa, aunque por lo que le había contado Helena, los hombres ya no tenían ninguna oportunidad.
- Encantada de conocerte, Ezio.
- Yo también. – dijo él haciendo una pequeña reverencia que hizo sonreír a Paula.
- Seguidme por favor. – dijo ella mientras los guiaba a una sala que solo tenía una mesa con sillas y se sentaron.
- Bien. ¿Qué queréis?
- Queremos hacer un pacto, una alianza con vosotras – dijo Helena. Ezio siguió tranquilamente la conversación, aunque algo incómodo. Aunque no había nadie más en la habitación, sentía que lo estaban observando por todos los sitios.
- ¿Qué tipo de pacto?
- Vuestra ayuda a cambio de lo que pidáis.
- ¿A cambio de lo que pidamos? – repitió Paula pensativa.
- Sí.
- ... Está bien – dijo mientras dirigía la mirada a Ezio – Tres guardias del ejercito vinieron el otro día y trataron bastante mal a algunas de mis cortesanas. Estaban bastante ebrios y quizá fue lo que provocó ese comportamiento, pero aún así no perdono que les hagan daño.
- ¿Y queréis que acabe con ellos? – preguntó Ezio.
- ¡Oh, por favor no! – exclamó Paula alarmada. - Tan solo quiero que tengan claro que aquí ya no son bienvenidos.
- Ya. ¿Por dónde suelen ir?
- Si no me equivoco, ahora estarán en alguna posada molestando y bebiendo como cerdos. Si necesitas ayuda, mis cortesanas te pueden dar más información.
- Bien, me encargaré de ellos.
- Ezio, si no te importa, me quedaré aquí hasta que vuelvas. – dijo Helena y miró a Paula. - Tengo que hablar con Paula sobre algunas cosas.
- Claro.
Salió de la habitación y se dirigió a la entrada del burdel para salir. Mientras tanto vio a dos cortesanas al lado de la entrada que le sonreían. Este se paró un segundo y las miró seductoramente.
- Vuelvo enseguida chicas.
