Helena se dirigía en silencio hacia su objetivo. Había seguido la pista a un grupo de nobles que habían empezado a actuar de forma muy sospechosa. Siempre hablaban en susurros, como si tuvieran miedo a ser descubiertos y se reunían en sitios muy ocultos, normalmente en el interior de las catacumbas. Ella había conseguido acceder al lugar sin ningún problema a pesar de la vigilancia que habían puesto para ocultarlo. Con solo el sonido de sus botas al caminar llegó a su destino. Estaba en un pasillo muy estrecho y oscuro, con la entrada de una habitación al fondo y se acercó sigilosamente. Un grupo de hombres estaban reunidos en torno a una mesa con algunos guardias vigilando. Antes de espiarles se aseguró de que su equipo estaba preparado. Llevaba una camisa negra muy ajustada con varias protecciones en los brazos y unos guantes. Los pantalones estaban sujetos por un cinturón que también sujetaba un cuchillo. También llevaba un brazalete con cuchilla que Leonardo había inventado para ella y un pañuelo que le ocultaba medio rostro. Cuando terminó de prepararse se acercó un poco más a la habitación y agudizó el oído.

- No podemos seguir así. Si no hacemos algo nos descubrirán. –dijo uno de ellos con bastante nerviosismo.

- Ya lo sé, pero hasta que ellos no nos den una nueva orden no podemos hacer nada.

- ¡¿Y porque tenemos que esperar? ¡Cada vez nos cuesta más pasar desapercibidos y no pienso esperar a que me descubran!

- Por favor, calmaos. Tenemos que pensar nuestro siguiente movimiento con tranquilidad.

- Tienes razón. Ya sabemos que se está complicando demasiado esta situación, pero si no obedecemos ya sabéis que nos espera. – tras terminar de hablar se formó un profundo silencio.

- Está bien. – dijo finalmente unos de ellos con resignación. - ¿Qué tenemos que hacer?

- Nos han dicho que por ahora no haremos un gran movimiento, así que nos han ordenado que ayudemos al duque de Urbino a reunir seiscientos hombres.

- ¡¿Seiscientos hombres? ¡¿Para qué quieren un ejército?

- Ya lo verás... Lo único que puedo decir es que está relacionado con los Medici.

- "Esto no me gusta nada... ¿Qué estarán planeando?"- pensó ella con preocupación.

- ¿Algo más que tengamos que hacer?

- Bueno, últimamente estoy notando algo extraño.

- ¿A qué te refieres?

- He notado que alguien nos está vigilando y me preocupa que fastidie nuestros planes. Así que quiero que estéis muy atentos y que actuéis con mucha precaución y, sobre todo, si notáis algún movimiento extraño no dudéis en llamar a los guardias.

- De acuerdo, entonces tendremos que...

Helena se alejó de la habitación en silencio. Después de oír el aviso que había dado ese hombre, tuvo la sensación de que tenía que marcharse de allí. Caminó por el pasillo y salió a un lugar muy amplio. Recorrió todo el camino que había hecho antes con algo de prisa pues tenía un mal presentimiento y no se equivocó. Cuando ya había recorrido unos cuantos metros, se encontró con unos guardias que, en cuanto la vieron, fueron directamente a por ella. Helena reaccionó rápido y corrió hasta encontrar la salida. Con su buena reacción y su velocidad consiguió alejarse bastante de ellos pero no le sirvió de mucho. Nada más salir se encontró con más guardias que ya la estaban esperando.

- ¡No dejéis que escape!

Corrió lo más rápido que pudo e intentó despistarles cambiando de dirección muchas veces, pero fue inútil. Aunque era muy rápida los guardias cada vez se acercaban más y tuvo que buscar otra alternativa. Vio unas cajas apiladas al lado de un edifico muy pequeño y corrió directamente hacia ellas. Se subió encima de las cajas ágilmente y escaló por el edifico hasta llegar al tejado. Siguió corriendo y miró a su espalda. Pensaba que con la escalada podría sorprenderles pero también se equivocó. Aunque un poco más lejos, los guardias habían conseguido llegar hasta arriba y corrían directamente hacia ella. Estaba empezando a desesperarse un poco pero siguió corriendo y saltando por los tejados en busca de una nueva alternativa. Finalmente se paró al borde de un tejado. El edifico que tenía delante estaba un poco alejado y era su única vía para escapar, ya que rodear la zona le daría problemas. Miró hacia abajo y vio que no había nadie. Se alejo un poco para tomar carrera y respiró hondo. Los guardias estaban a punto de alcanzarla, así que no le quedaba más remedio. Corrió todo lo más rápido que pudo y saltó hacia delante. Consiguió cogerse a un saliente pero tenía problemas para sujetarse. Oyó como los guardias ya habían llegado e hizo un esfuerzo por escalar el edificio, pero todo se complicó cuando dos de ellos sacaron un arco y le dispararon. La mayoría de las flechas no la alcanzaron pero una impactó en su pierna, provocando que se desequilibrara y cayera en el suelo. En el impacto de la caída su hombro se había llevado un fuerte golpe. Le dolía bastante pero hizo un esfuerzo por levantarse. Partió la flecha, que seguía clavada en su pierna y se puso en pie con bastante esfuerzo. Se metió en un callejón y fue cojeando por allí hasta que se escondió para tomar un descanso. Estaba muy agotada y el hombro y la pierna le provocaban un dolor insoportable.

- Tengo que salir de aquí... – dijo ella con gesto de dolor.


Ezio seguía mirando por la ventana y Leonardo le explicaba sus nuevos proyectos para el futuro mientras dibujaba en un papel. Había terminado de construirle su pistola y se había quedado sin nada que hacer, así que se había puesto a hacer bocetos mientras hablaba. Ezio estaba bastante aburrido y estuvo a punto de decirle a Leonardo que se marchaba cuando oyó que alguien llamaba a la puerta.

- ¿Ezio, podrías ver quién es?

- Claro. – respondió él dando un bostezo. Se acercó tranquilamente a la puerta y la abrió. No le dio tiempo a ver el exterior cuando la persona que había llamado se cayó encima de él. Rápidamente la cogió y se asustó al ver quién era. Helena gemía de dolor mientras se cogía su hombro derecho y sin poder mantenerse en pie a causa de la herida. Ezio la cogió en brazos y la llevó rápidamente dentro del taller.

- ¡Leo!

- ¿Qué ocurr...? – no terminó la pregunta en cuanto la vio. - ¡¿Pero qué...?

-¡Haz algo!

Leonardo miró a su alrededor, entró en una habitación y le hizo a señal a Ezio para que le siguiera. Había una cama y una mesa con varios frascos y botellas.

- Ponla encima de la cama. – ordenó mientras se acercaba a la mesa y preparaba todas las medicinas.

Ezio la tumbó con mucho cuidado y la observó. Ella seguía retorciéndose de dolor mientras se cogía el hombro y él pudo ver que por uno de los lados de la pierna todavía seguía clavada la flecha.

- ¿Quién le ha hecho esto? – preguntó él con preocupación y con un atisbo de ira en la voz.

- No lo sé, pero dejémoslo para después. Ahora sal de la habitación y deja que me encargue yo de esto.

Ezio salió de la habitación y se sentó delante de la ventana. Aunque intentaba calmarse, en su interior estaba llenándose de ira. Ira hacia quién le había hecho daño a Helena. Buscó algo que hacer para calmarse y vio en la mesa el boceto que estaba haciendo antes Leonardo. Se acercó y lo observó atentamente. Era un boceto bastante extraño con diferentes rostros de hombres. La técnica era muy buena pero los rostros eran bastantes feos. Pasaron unos minutos y Leonardo por fin salió.

- ¿Cómo está?

- Bien. Su hombro ha sufrido un fuerte golpe pero se le pasará. Aunque me temo que su pierna tardará un poco más recuperarse. Le he dicho que se quede aquí hasta que se recupere.

- ¿Puedo verla?

- Claro. De hecho quiere verte aunque me gustaría que la dejarais descansar un poco.

- No tardaré mucho.

Ezio entró en la habitación en silencio. Helena estaba tumbada en la cama con mejor aspecto en comparación de unos momentos antes. Había sustituido su traje por un camisón blanco y aunque estaba oculto, podía verse el vendaje que le cubría medio brazo. Ella le sonrió cuando le vio aunque en su sonrisa se notaba el cansancio acumulado por la misión.

- ¿Cómo estás?

- Por suerte bien. Aunque he estado peor.

- ¿Quién te ha hecho esto?

- No estoy segura pero después de lo que he visto puedo hacerme una idea.

- Y al menos ya sabes cómo son.

- Sí, y como actúan. Si me hubiera preparado más no me habría pasado nada.

- Puede, pero lo importante es que estás bien. Por cierto, Leonardo me ha dicho que querías verme.

- Sí. Tengo que decirte algo muy importante. – dijo ella mientras observaba la habitación. - ¿Puedes cerrar la puerta?

- ¿Para qué?

- Es muy importante.

Ezio cerró la puerta y, cuando volvió, notó en ella algo diferente. Parecía nerviosa.

- ¿Ocurre algo?

- ... Prométeme que esto no se lo dirás a nadie. Ni siquiera a Leonardo.

- Lo prometo.

- Bien. Mientras él me curaba he estado pensando sobre esto y me surgió la necesidad de contártelo. ¿Sabes algo sobre mi pasado? – Ezio asintió – Pues entonces habrás imaginado porque me convertí en una asesina, ¿no?

- ¿Por venganza?

- Sí, pero hay otra razón. Aunque la venganza era una buena razón estuve a punto de no convertirme en una asesina. No era suficiente para mí y justo cuando iba a rechazar la propuesta, apareció la otra razón. Tuve la sensación de que si me convertía en uno de ellos recibiría algo, como un regalo.

- ¿Aceptaste ser una asesina solo porque tenías la sensación de recibir algo a cambio? – preguntó muy sorprendido.

- Ya sé que parece una tontería, pero fue así. Durante mucho tiempo intenté descubrir que era ese "regalo" y nunca lo conseguía...

- Hasta que por fin lo has descubierto. – ella asintió - ¿Y qué es?

- Eh... Pues...

Ella bajó la mirada y se calló. Ezio se extrañó pero esperó pacientemente, aunque la notaba algo diferente. Seguía callada con la mirada clavada en sus manos pero parecía nerviosa.

- ¿Ocurre algo? – preguntó él preocupado.

- No, nada... ¿Puedo decírtelo en otro momento? Estoy muy cansada y me gustaría descansar. – dijo ella intentando sonar cansada, aunque el nerviosismo se notaba en su voz.

- Claro. Si necesitas algo llámame.

Ezio salió de la habitación un poco extrañado por el comportamiento de Helena pero no le dio importancia. Se encontró a Leonardo que seguía dibujando el boceto. Entonces tuvo una idea.

- ¿Leonardo, puedo quedarme esta noche aquí?