Tras esa noche Ezio empezó su trabajo. Habló con todos los oradores que encontró y también contactó con algunos hombres para que hicieran lo mismo en otras ciudades como un pequeño favor pero no le sirvió de mucho para sacar información. Paula seguía negándose a darle detalles y Helena hacia todo lo posible por evitarle. Cuando intentaba verla Paula se ponía por el medio y ponía como excusa que tenían mucho trabajo y que ya hablaría con ella. Ezio estaba empezando a cansarse con tanta excusa y tontería.

Una noche decidió plantarse en la habitación de Helena y amenazó con no irse de allí hasta que no le dijeran qué estaba pasando. Helena le respondió con tranquilidad que simplemente tenía que escuchar a los oradores y empezaría a entender un poco las cosas. Ezio le hizo caso a regañadientes y fue rondando por las calles. Se sentó en un banco, cerca de uno de los oradores al que había sobornado y escuchó atentamente. Hablaba de una fiesta muy importante que se celebraría en Venecia en la plaza San Marcos. Pasaron unos días y otro orador hablaba de que solo aquellos que reciban una invitación podrán asistir a la fiesta. Un día Ezio estaba escuchando a uno de ellos y no se dio cuenta de que Paula se había acercado a él.

- ¿Se han resuelto tus dudas?

- Siento tener que decirte que no. – dijo claramente decepcionado.

- Pues quizá ahora sí que se resuelvan.

Hizo una señal a un hombre que estaba cerca del orador. Este asintió y se acercó a él. Le dijo unas palabras al oído y le dio unas monedas antes de alejarse. El orador asintió y se guardó las monedas rápidamente.

- Últimamente se ha ido informando sobre una fiesta que tendría lugar en Venecia. – dijo el orador. – Dicha fiesta será una presentación de una dama única cuya belleza es infinita y solo aquellos que han sido invitados podrán verla. – Algunos hombres miraron con curiosidad al orador aunque hacían como que no les importaba. – Así que rezad para ser los afortunados ya que solo podrá ser vista en público en esa fiesta.

Ezio no sabía qué decir. Había escuchado atentamente las palabras del orador y tenía la sensación de estar más confundido que antes.

- ¿Qué tal ahora? – le preguntó Paula.

- A ver si lo he entendido. ¿Vas a convertir a Helena en la cortesana más popular de toda Italia con una simple fiesta?

- Sí.

- ¡¿Y ya está? – exclamó sorprendido. - ¿Cómo puedes estar segura de su éxito si todavía no hemos hecho nada?

- Porque lo sé. Los invitados de la fiesta serán los nobles más importantes de Italia y futuros objetivos. La mayoría, por no decir todos, no son precisamente santos y te puedo asegurar que caerán bajo el encanto de Helena sin ningún problema.

- ¡¿Pero cómo puedes estar segura? – insistió él sin convencerse.

- ¡Oh, vamos Ezio! ¡Tú precisamente lo sabes mejor que nadie! Dime, ¿no te parece atractiva, dulce,...?

- Sí, ¿por qué?

- ¡Por eso mismo! Ellos buscan a una mujer como ella para... Ya sabes a que me refiero. Como cortesana es simplemente perfecta.

- Ya, entiendo. Aunque no me hace mucha gracia.

- ¿Por qué? – preguntó sorprendida.

- La simple idea de que esté con otros hombres no me hace mucha gracia. – Paula se rió al oír eso y Ezio la miró con mala cara. - ¿De qué te ríes?

- De nada. Mira, antes de que unos esos hombres le pongan la mano encima ya estarán muertos. Te lo aseguro

- Creo que ya sé de qué va todo esto.

- Mira que bien. Una cosa, ¿si tenías tantas dudas por qué no leíste una de las cartas que te di para que hicieras los tratos?

- No lo sé. ¿Por qué tendría que haberlo hecho?

- Bueno, si yo quisiera saber algo lo habría hecho. Además, no te dije nada para que no lo hicieras.

- Oh, no lo había pensado.

- Da igual. Nos vemos en Venecia, Ezio.

- ¿También tengo que ir?

- ¡Por supuesto! Ya te dije que tendrías un papel muy importante en todo esto así que ni se te ocurra fallar. ¡Con el Carnaval y la presentación de esa noche será inolvidable!

Se despidió de él con una enorme sonrisa y dejó solo a Ezio.

- "Espero que salga bien esta... fiesta". – pensó dando un largo suspiro.

Los oradores siguieron con su trabajo, informando sobre los detalles de la fiesta en Florencia, Roma y otras ciudades. Entre ellas estaba por supuesto Venecia, dónde se estaba preparando la llegada del Carnaval. Los mensajeros ya habían empezado a repartir las invitaciones y la gente estaba ansiosa por saber si serían algunos de los afortunados.

Finalmente, llegó el día. Todos los accesos a la plaza San Marcos se cerraron y los guardias solo permitieron el acceso a los que tenían invitación. La plaza estaba llena de gente, que bailaba y disfrutaba de la fiesta. La plaza estaba decorada con luces de colores y estandartes de color rojo y negro con el símbolo de una rosa en el medio. Los bufones alegraban la noche con trucos y malabares junto a los músicos que tocaban melodías alegres. Todo marchaba bien a la espera de que diera comienzo la presentación.


Mientras tanto...


Ezio terminó de vestirse y se miró al espejo. Llevaba un disfraz parecido a su traje de asesino pero de color negro y mucho más ceñido. Relieves y tonos de color dorado y rojo adornaban su traje, dándole un toque más llamativo. Pequeños relieves de color rojo adornaban su máscara que también era negra y le ocultaban medio rostro aunque con la sombra de la capucha tenía casi todo el rostro oculto. Mientras se miraba se admitió que le gustaba como le quedaba.

- Se han lucido con el disfraz. – murmuró con una sonrisa.

Salió del edificio dónde estaba que se hallaba en uno de los accesos a la plaza dónde tenían que prepararse. Vio a un grupo de mujeres, todas vestidas con el mismo traje blanco adornados con tonos dorados. Estaban acompañadas por hombres vestidos con el mismo traje que era parecido al de Ezio pero de color blanco y no tan llamativos. Ezio observó sorprendido a las parejas y vio que se acercaba Paula desde un rincón.

- ¿Preparado?

- ¿Preparado para qué? – preguntó sorprendido.

- Bueno, tú eres el acompañante de Helena. Quizá tendría que habértelo dicho.

- Quizá. – repitió con ironía. – Bueno si soy su acompañante supongo que habrá un baile, ¿no?

- Sí. Será maravilloso. Con ese baile todos quedarán prendados de la belleza de Helena. – decía mientras miraba por detrás de Ezio y la sonrisa se le ensanchó. – Incluido tú.

- ¿Ah, sí? ¿Y por qué?

- Míralo tú mismo.

Ezio se giró y abrió los ojos de par en par. Si él mismo tuviera que describir en una palabra a Helena en ese momento, no encontraría la palabra adecuada. Llevaba un vestido largo de color rojo que resaltaba cada curva de su cuerpo y tenía algunos tonos dorados que lo adornaban. Era de palabra de honor y en medio llevaba un broche dorado con el símbolo de los estandartes. También llevaba un corsé que resaltaba al máximo su busto y adornado con pequeños relieves oscuros que dibujaban sus curvas. La falda se abría en una cascada de tela roja que llegaba hasta el suelo y no se ceñia tanto. Finalmente llevaba una máscara con los mismos tonos de su traje que solo le cubrían medio rostro y que mostraba con su elegante recogido. Se acercó a él con una sonrisa y lo miró de arriba abajo.

- Te queda muy bien el disfraz. No me lo había imaginado tan ceñido. – dijo lo último con un tono malicioso.

- Y tú simplemente estas maravillosa. – le dijo mientras la miraba asombrado.

- ¡Ay, qué bonito! – exclamó Paula emocionada. – Bueno, os dejo solos. Dentro de poco os toca, así que preparaos.

Paula se marchó rápidamente y Helena dio un profundo suspiro. Ezio aún estaba asombrado. No sabía si era por el traje o por otra cosa, pero estaba increíblemente bella.

- ¿Estás nervioso? – le preguntó con una sonrisa.

- No sabría decirte… ¿Y tú?

- Un poco. – sonrió algo nerviosa. – Estar delante de tanta gente me da un poco de vergüenza.

- Pues conmigo no pasarás vergüenza. – le dijo con dulzura. Helena le sonrió y le dio un beso en la mejilla.

- Contigo es imposible pasar vergüenza.

- ¿Estáis preparados? – les preguntó un hombre disfrazado.

- Sí. – respondió Helena. - ¿Cómo están las cosas por allí?

- Todas las personalidades de Italia están presentes, así que ya puedes lucirte.

- Tranquilo, ya me encargaré de eso.

El hombre se marchó rápidamente y Helena se acercó al grupo de mujeres.

- Chicas, es hora de lucirse. Demostradles lo que valéis. – les dijo con un tono malicioso.

- Tranquila. Si esto me sirve para hacerme un poco más famosa ya pueden prepararse.

El grupo se preparó entre risas y cuchicheos mientras Helena volvía con Ezio que la miraba extrañado.

- Son cortesanas. – dijo entendiendo sus dudas.

- Ya. Bueno, supongo que empezaremos con el baile.

- Sí. Ezio, esta noche será inolvidable. – le dijo con una sonrisa misteriosa. – Te lo prometo.