Las cortesanas salieron hacia un atrio formando un pasillo. La gente se apartó sorprendida y expectante por saber que ocurría. Ezio inspiró profundamente y ofreció su mano a Helena sonriente.

- ¿Preparada?

- Esa pregunta es un poco estúpida. – le dijo con una mirada pícara y aceptó su mano.

- Lo siento… "Madame". – dijo con una sonrisa seductora. Los dos salieron hacia la plaza y cruzaron el pasillo lentamente. La gente miraba a la pareja con una mezcla de sorpresa y asombro y hablaron entre ellos sin apartar la vista. Subieron al atrio y un hombre se puso al lado de ellos con una enorme sonrisa.

- ¡Damas y caballeros! ¡Tengo el honor de presentarles a Gabriella! – Helena se adelantó e hizo una reverencia elegante. Ezio se echó un poco hacia atrás para no quitarle protagonismo y vio a un grupo de mujeres que cuchicheaban entre ellas lanzándole miradas. Ezio sonrió al grupo y volvió a la presentación que, para su sorpresa, el hombre que estaba dando el discurso ya había terminado.

- ¡Qué siga la fiesta! – Helena habló con él antes de que se marchase y este asintió. Después se acercó Ezio con una sonrisa.

- ¿Vamos?

- Sí. Una cosa, ¿esto no será la presentación, no?

- No. Esto es solo el principio, después toca el baile. – bajaron del atrio y se pasearon entre los invitados acompañados del presentador de antes que impedía a los invitados que se acercaran más a la pareja.

- Ya. Así que ahora te haces llamar Gabriella... – dijo pensativo y sonrió. - Me gusta.

- ¿Ah, sí?

- Te da un toque más... – la miró de arriba abajo dándole a entender a que se refería y Helena le dio un codazo. - ¡¿Qué? No he dicho nada malo.

- No, no lo has hecho. – dijo con ironía. Observó entre la multitud y se fijó en un punto formando una sonrisa malvada. – Pero qué tenemos aquí...

- ¿Qué has visto?

- Francesco de Pazzi. – se puso de cara a él hasta estar a pocos centímetros y hizo como si saludara a los invitados. – Ese hombre es mío, así que ni se te ocurra ir a por él.

- ¿Tienes una lista de favoritos?

- Mmm... Por ahora solo ese.

- Bien. Tú te quedas con Pazzi y yo con los demás.

- Eso sí que no.

- Ya lo veremos. – dijo con una sonrisa maliciosa.

Una melodía empezó a sonar y el presentador alzó las manos con alegría.

- ¡Qué empiece el baile! – dijo con una sonrisa y se puso en posición de baile. Ezio también sonrió y la imitó, haciendo una pequeña reverencia antes de empezar. Helena soltó una risita e hizo una inclinación de cabeza.

- Tienes una habilidad especial para encantar a las mujeres.

- Siempre ha sido mi especialidad. – respondió guiñándole un ojo. Ezio y Helena bailaron lentamente junto con otras parejas que se unieron a ellos. Se fueron moviendo y Ezio se fijó en la sonrisa de Helena que le dio mala espina.

- "Ya está planeando algo". - pensó soltando una risita. La giró con una mano y la atrajo a él. – ¿En qué piensas?

- ¿Sabes cuantos hombres están deseando bailar conmigo ahora mismo?

- Me lo puedo imaginar... – miró a su alrededor y vio que todos estaban observándolos fijamente excepto algunas parejas que estaban bailando. – Pero ahora estas bailando conmigo.

- Sí. – se apartó de él y volvió a moverse siguiendo la música. – Pero después tendré que bailar con otros.

- ¿Ya quieres alejarte de mí? – dijo haciéndose el ofendido. – ¡Tus palabras me hieren como puñales clavándose en mi corazón!

- Tus arrebatos líricos no harán ningún efecto. – dijo conteniendo la risa. - Lo siento querido pero las cosas son así y no sé porque te quejas. Tienes toda la noche para bailar conmigo.

- Será posible... No me esperaba esto de ti Helena. – dijo volviéndose a hacer el ofendido.

- ¡Mira quién habla! ¿Crees que no me he dado cuenta de como mirabas a ese grupillo de mujeres?

- ... Ahí me has pillado. – respondió apartando la mirada. Los dos se rieron sin parar de bailar. Fueron moviéndose hacia el centro de la plaza bailando con gracia y elegancia. Helena volvió a acercarse a Ezio para susurrarle al oído.

- Aunque baile con otros solo te pertenezco a ti.

- Lo mismo digo. – dijo con una sonrisa. Siguieron bailando y las demás parejas se fueron apartando de ellos. La gente los rodeó observándoles maravillados por como bailaban también por la complicidad que mostraban los dos.


Desde un rincón Paula observaba la escena junto con lagunas cortesanas que habían preferido quedarse allí observando.

- No sabía que Helena supiera bailar tan bien. – dijo una de ellas refiriéndose Helena.

- Ya me gustaría estar en su lugar. – dijo otra con algo de envidia. Se oyó un suspiro y las dos cortesanas vieron a Paula que miraba encantada la escena.

- Es tan bonito que me estoy emocionando. – dijo ella emocionada.

- Oh, oh… - murmuró una cortesana alarmada.

- Paula se está emocionando. – dijo una como si estuviera avisando a las demás. Paula miró a las dos con cara de pocos amigos.

- ¿Tenéis algún problema?

- No. – respondieron las dos a la vez.

- ¡Pues a callar!


Helena y Ezio finalmente pararon de bailar tras estar un buen rato bailando y la gente les aplaudió. Ellos respondieron con una reverencia y de repente Helena se vio rodeada de hombres que discutían entre ellos para pedirle un baile. Helena miró a Ezio y se encogió de hombros.

- Nos vemos después.

- Vale. – dijo Ezio algo resignado. Se apartó del grupo y se fue al atrio.

- "Pero al menos me divertiré un poco". – se acercó al grupo de mujeres que había visto antes y ofreció su mano a una mujer rubia que llevaba un vestido azul y una máscara del mismo color. - ¿Me concede este baile?

- Por supuesto. – respondió ella con entusiasmo y las otras miraron celosas como los dos se alejaban. Mientras bailaban, Ezio miró entre la multitud en busca de Helena y la encontró bailando con un hombre al que no pudo ver su rostro. Entonces Helena se fijó en él y entornó los ojos al ver su "nueva" pareja. Ezio le lanzó una sonrisa de burla y los dos siguieron bailando hasta que por un segundo volvieron a mirarse y formaron una sonrisa de complicidad. Ezio paró de bailar para sorpresa de su pareja.

- ¿Ya te vas? – preguntó ella sorprendida y algo triste.

- Lo siento. – dijo con tono de disculpa y se despidió de ella con una sonrisa. Se giró y vio una silueta roja marchándose por donde habían salido al principio. Ezio la siguió rápidamente pero sintió una sensación extraña. Paró en seco y miró a alrededor. Vio a un hombre mirándole fijamente al que no pudo ver su rostro por culpa de una máscara. De repente el hombre desapareció y Ezio le buscó con la vista desconcertado pero sin mucho éxito. Decidió no darle importancia y se dirigió hacia su destino. Encontró a Helena un poco más lejos de donde había entrado esperándole.

- ¿Ahora dónde vamos?

- No lo sé. ¿Tienes alguna sugerencia? – Ezio se quedó pensando unos minutos y tuvo una idea.

- Conozco un sitio que te encantará. - Cogió su mano y la condujo por varios callejones pero los dos pararon en seco y se pusieron alerta.

- ¿Lo has notado? – preguntó Helena sin moverse pero mirándole por el rabillo del ojo.

- Sí. – respondió Ezio muy alerta. Se giraron a la vez y vieron a un hombre salir de la oscuridad. Ezio lo reconoció como uno de los invitados que había estado toda la noche detrás de Helena como si fuera un perro y que le había puesto bastante nervioso. No era muy alto y con algunos kilos de más que se notaban a pesar de su traje. El hombre se fue acercando a ellos con la vista fija en Helena pero Ezio se puso delante con los brazos cruzados y mirándole amenazadoramente.

- Disculpe pero me gustaría hablar con ella. – Ezio no se apartó y siguió mirándole amenazadoramente pero Helena le apartó suavemente con una sonrisa tranquilizadora.

- Tranquilo. No pasará nada. – Ezio se apartó a regañadientes y dejó que Helena hablara con él. - ¿De qué querías hablarme?

- Si no te importa, me gustaría que habláramos en un sitio más tranquilo y a solas. – dijo lo último mirando de reojo a Ezio.

- Claro. – se giró a Ezio que la miraba sorprendido. – Volveré enseguida pero vigila... Por si acaso.

Ezio entendió el sentido de sus palabras e hizo como si vigilara el callejón mientras Helena y el hombre se alejaban. Pararon en un puente en el que podía verse la luna al final del canal.

- Quería decirte lo mucho que me ha cautivado esta noche. Ha estado... impresionante. – dijo con un toque de emoción.

-Gracias messere...

- Fabrizzio Allegro pero puede llamarme simplemente Fabrizzio.

- Bien Fabrizzio. ¿Qué quieres de mí?

- Dentro de dos meses voy a preparar una fiesta en Florencia y sería un gran honor para mí que asistierais.

- Bueno, si no me surge ningún compromiso... Estaré encantada de asistir.

- ¡Oh, gracias! ¡Seréis la estrella de la fiesta y será impresionante!

- Pero le advierto que pondré ciertas reglas.

- Ningún problema. Cambiando de tema… Eres una cortesana después de todo, ¿no? – dijo con un tono que no le gustó nada a Helena.

- Eh... sí. – respondió algo nerviosa. – Aunque soy algo más "especial" por así decirlo. ¿Por qué lo pregunta?

- Oh, por nada. – Fabrizzio sonrió de una manera que tampoco le gustó a Helena. - ¿Puedo invitarla venir conmigo?

- No, gracias. Tengo que marcharme. – respondió rápidamente alejándose poco a poco de él. Estaba empezando a ponerse muy nerviosa por no decir histérica. – Tengo que asistir a otra fiesta.

- Oh, vamos. Te prometo que te divertirás mucho.

Fabrizzio se acercó amenazadoramente a Helena y ella se fue alejando de él hasta que ya no pudo hacerlo más. Se pegó a la pared de una de las entradas al puente y se preparó para reaccionar mientras él seguía acercándose con una sonrisa que no presagiaba nada bueno para Helena. De repente se quedó quieto y se desplomó en suelo mostrando a Ezio detrás que miraba el cuerpo enfadado.

- ¿Le has matado? – preguntó Helena mirándole alarmada.

- No, solo está inconsciente. Y que lo agradezca porque me habría encantado tirarle de cabeza al agua. – Helena lo miró sorprendida.

- Lo siento pero estaba poniéndome nervioso. Además no me gustaba nada la forma en la que te estaba hablando. – dijo muy molesto.

- Ya, a mí tampoco. – miró a Ezio agradecida. – Gracias.

- No ha sido nada. – cogió su mano y la arrastró. – Venga, te llevaré al sitio que te he dicho.

- Un momento. ¿Y qué hacemos con él? – preguntó señalando el cuerpo.

-Ya se despertará.

Volvió a arrastrarla mientras ella miraba el cuerpo insegura. Si tenía suerte él no recordaría nada y solo le dolería la cabeza durante un buen rato. Pararon delante de un edificio y Ezio se acercó a la puerta. Tras forzarla un rato la abrió y le cedió el paso a Helena.

- Adelante.

- ¿Esta casa es tuya?

- No. Solo la he tomado prestada. – la condujo por unos escalones hasta arriba. La casa era muy grande y estaba silenciosa y oscura.

- ¿Estás seguro de esto? Si viene el propietario tendremos problemas.

- Tranquila. No creo que venga hasta dentro de un buen rato.

- La última vez dije algo parecido y pasó justo lo contrario. – dijo algo insegura.

- Tú sígueme.

Pararon ante la puerta que había al final de las escaleras y Ezio la abrió. Lanzó una sonrisa a Helena y pasó la puerta arrastrándola a ella también. Si Ezio quería impresionarla lo había conseguido. Estaban en una terraza que parecía más un jardín por la cantidad de flores que tenía. Las había de todos los colores y daban un olor dulce al ambiente. También había enredaderas que se enroscaban por la pared cerca de la puerta y que también tenían flores en algunas raíces. Mientras Helena observaba el lugar, Ezio se acercó a las enredaderas para examinar una flor.

- ¿Qué te parece? – le preguntó él mientras examinaba la flor.

- ¡Es precioso! ¿Cómo has descubierto este sitio?

- Merodear por los tejados tiene sus ventajas. – intentó coger la flor pero no cedió para sorpresa de él. Tiró un poco más fuerte, pero tampoco tuvo éxito.

- "¡Pero qué demonios...!" – empezó a forcejear con la raíz usando casi toda su fuerza y estaba empezando a cabrearse con la florecita. Mientras Ezio se peleaba con las enredaderas, Helena se acercó a al balcón y observó la vista.

- ¿Sabes porque decidimos hacer la presentación este día?

- ¿Por el carnaval? – le preguntó mientras seguía peleándose con la enredadera. Estaba decidido a no dejarse vencer por una flor.

- Bueno, hay otra razón... Y creo que tendría que habértelo dicho antes. – dio un largo suspiro y se puso tímida.

- Hoy es mi aniversario. – De repente se oyó un ruido y Helena se giró desconcertada. Ezio había conseguido arrancar la flor pero también se había llevado un trozo de raíz que colgaba de ella. Ezio la arrancó de un tirón y se acercó a ella con una enorme sonrisa aunque algo acalorado.

- ¡Felicidades! – le dio la flor y le dio un beso en la mejilla. Pero la miró con disculpa. – No tengo ningún regalo.

- Estar contigo es el mejor regalo que me has hecho.

- Ya… Pero aún así me gustaría darte algo más.

- Bueno, si insistes... – se puso en la flor en la oreja y le miró pensativa.

- Pídeme lo que quieras y te lo daré. – Helena lo atrajo a él y le besó apasionadamente. Ezio se sorprendió pero le respondió y la abrazó por la cintura aunque ella se separó un poco y levantó su mano. Sujetaba uno de los collares que llevaba Ezio.

- Me conformaré con esto. – dijo ella mientras observaba el collar. Ezio se sorprendió al ver que no lo llevaba en el cuello y se rió. Siempre conseguía sorprenderle aunque fuera por muy poco.

- Bueno, sí quieres puedo darte otro regalo. – Helena le sonrió aceptando su propuesta y esta vez fue él quien la besó. Se besaron entre risas y caricias. Podrían así casi toda la noche. En definitiva era el mejor aniversario que había tenido Helena en toda su vida.