Ezio sentía que le iba a estallar la cabeza en cualquier momento. Le dolía tanto que no podía abrir los ojos ni podía moverse. No se acordaba de nada de lo ocurrido en la noche anterior, solo sabía que tenía un dolor insoportable de cabeza y que estaba muy cansado. Abrió los ojos lentamente para despejarse un poco pero los volvió a cerrar molesto. Estaba en una habitación grande y la luz del sol entraba por la ventana, cegándole. En una silla tenía la parte de arriba del disfraz junto con su traje de asesino y la armadura. Ezio se tapó la cara con el cojín intentando evitar la luz. Solo quería dormir y que se le pasará el dolor de cabeza pero entonces oyó voces.
- Envíale esta carta y asegúrate de que nadie la lea, ¿entendido?
- Sí signora.
Ezio intentó reconocer las voces pero estaba demasiado cansado para hacer eso. Se volvió a tapar con el cojín y entonces oyó unos pasos que se acercaban a él.
- ¿Así que ya te has despertado? – dijo una voz femenina. Apartó el cojín y vio a Helena sentada en el borde de la cama y mirándole divertida.
- Me duele la cabeza. – dijo mientras trataba de incorporarse.
- No me extraña después de la noche que tuviste.
- ¿Qué ocurrió?
- Tampoco me sorprende que no te acuerdes de nada. Túmbate y relájate un poco. – le ayudó a tumbarse y corrió las cortinas de la ventana. - ¿Qué es lo último que recuerdas?
- Eh... Después de darte mi regalo hablamos un rato y... Ya está.
- Vaya. No pensaba que te hubiera afectado tanto. Bueno, el caso es que vino el propietario de la casa y tuvimos que salir de allí saltando por el balcón.
- ¡¿Saltando? – exclamó alarmado pero se maldijo al haber hecho eso. Su cabeza sufrió un pinchazo muy fuerte y hizo una mueca de dolor.
- Tranquilo, gracias a ti bajamos escalando. Bueno, yo te cogía del cuello mientras tú bajabas. Cuando bajé al suelo, no sé cómo, te diste un buen golpe en la cabeza. Pero te levantaste como si nada y volvimos a la fiesta.
- Tengo mucho aguante. - dijo haciéndose el creído pero sujetándose la cabeza.
- ¿Ah sí? Pues me parece que ahora ya no tienes tanto aguante. – replicó cruzándose de brazos.
- Ya verás como dentro de un rato estoy bien.
- Ya verás cómo pasan dos días y todavía te sigue doliendo.
- ¿Te importaría continuar lo que me estabas contando?
- Volvimos a la fiesta y estuvimos bailando sin parar hasta que te ofrecieron una copa de vino y sin querer te pasaste un poco.
- ¿Un poco? No creo que sea para tanto.
- Pues después de ver el estado de "felicidad" en el que te encontrabas sí que era para tanto. Te tuve que sacar de allí inmediatamente porque no te podías mantener en pie. Te llevé hasta esta habitación y te dormiste nada más tumbarte. Por cierto, deberías ver la cara que pusiste mientras dormías. ¡Estabas tan adorable! – Ezio se tumbó dando un largo suspiro. Ahora entendía porque estaba tan dolorido.
- ¿Algo más?
- Eh... No. – ese pequeño silencio hizo dudar a Ezio.
- ¿Estás segura de que no ocurrió nada más?
- Si te refieres a que si ocurrió algo más interesante relacionado contigo te puedo asegurar que no.
- ¿Y qué es eso ocurrió relacionado contigo?
- Nada interesante.
- Helena dímelo.
- Ya te he dicho que no es nada importante, así que déjalo.
- Vale. – respondió resignado. Se fijo en el cuello de Helena y vio que llevaba su collar – Veo que te ha gustado mi regalo.
- No había mucho donde elegir pero me gusta. – se tocó el collar con una sonrisa.
- ¿Sabes cuándo es mi aniversario?
- Dentro de dos meses.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó sorprendido.
- Me lo dijo Leonardo.
- Como no...
- Me tengo que ir. Tengo que preparar las cosas para el viaje de vuelta a Florencia. Duerme un poco si quieres.
Le dio un beso en la frente y se marchó de la habitación rápidamente. Ezio cerró los ojos para relajarse un poco pero los volvió a abrir. No quería pasarse el día durmiendo solo por un dolor de cabeza. Se levantó y la cabeza le dio un fuerte pinchazo.
- Este va a ser un día muy largo. – maldijo con una mueca de dolor.
Pasaron dos días y ellos ya estaban en el barco de vuelta. Ezio estaba observando el mar en la cubierta con el dolor de cabeza incordiándole. Ni siquiera el hecho de llevar capucha lo calmaba. Empezaba a mosquearle un poco que Helena tuviera casi siempre razón. Se giró y se apoyó en la barandilla dando un largo suspiro. Se fijó en un niño pequeño que discutía con su hermano mayor. El mayor tenía unos diez años y el otro cinco.
- ¡Déjamela! – le dijo el pequeño a su hermano levantando las manos hacia él.
- Espera. – le respondió el otro apartando una pelota pequeña que sujetaba con una mano. Se la dio y el pequeño la cogió feliz.
- Ten cuidado. No quiero que la pierdas. – El niño jugueteó con la pelota feliz y en un movimiento torpe se la cayó al suelo. La pelota rodó hasta donde estaba Ezio y el mayor miró enfadado a su hermano.
- ¡Nico! ¡Te dije que tuvieras cuidado! – exclamó el hermano mayor del chico. Ezio cogió la pelota mientras el niño pequeño se acercaba a él.
- Toma. – le dio la pelota con una sonrisa y el niño la cogió algo tímido.
- Gracias señor.
El niño se marchó corriendo hacia su hermano que le miraba enfadado y le regaño cuando llegó junto a él. Ezio se rio al imaginarse que esos niños eran él y su hermano. Federico estaría regañándole por cualquier cosa mientras él le ignoraba.
- ¿En qué piensas? – le preguntó Helena que estaba a su lado mirándole curiosa.
- Pensaba en mi hermano Federico. – dijo sin apartar la vista de los dos niños. – Cuando era pequeño siempre intentaba imitarle y lo único que conseguía era meterme en problemas.
- Típico de ti. – respondió ella entre risas.
- Muy gracioso. ¿Tienes algún hermano?
- Sí. Mi hermano mayor, Enzo. Jugué pocas veces con él pero era muy protector conmigo. Allá dónde iba siempre lo tenía detrás para vigilarme.
- Es bueno tener un hermano así.
- Sí, quizá por eso le recuerdo con tanto cariño. Ojalá pudiera haber pasado más tiempo con él.
- ¿Qué le ocurrió?
- No lo sé. – respondió triste. – Desapareció cuando mi casa estaba en llamas. - Helena se quedó pensativa con una mirada triste, cosa que no le gustó a Ezio y decidió cambiar de tema.
- ¿Qué haremos a partir de ahora?
- Yo solucionaré unos problemillas que tengo desde hace tiempo y tú puedes hacer lo que te dé la gana.
- Bien. Por fin algo de libertad.
- Espero que no falles. No me gustaría tener que vigilarte.
- Tranquila. Te prometo que no te no te defraudaré.
Las calles estaban oscuras, al igual que toda Florencia, y era muy difícil ir por allí por la poca visibilidad pero no tenía opción. El hombre siguió corriendo con todas sus fuerzas sintiendo cada vez más cerca al asesino. Su compañero estaba unos metros más delante de él y tenía esperanzas de que le ayudara pero se equivocaba. Ezio siguió a sus víctimas sin signos de cansancio a pesar del largo tramo que había recorrido y tenía intención de acabar su tarea cuanto antes. El más cercano tropezó y cayó al suelo. Se arrastró mirando a Ezio horrorizado.
- ¡No! ¡Por favor, no me mates! – alzó las manos pidiendo clemencia pero fue inútil. Ezio le clavó la cuchilla en el cuello y cerró los ojos de su víctima.
- Requiescat in pace. – Se incorporó rápidamente y vio que su otro objetivo se alejaba. Corrió hacia él lo más rápido que pudo y vio unas cajas apiladas al final de la calle. Ezio tuvo una idea y subió por ellas. Después saltó por unas barandillas con agilidad. Su objetivo estaba empezando a disminuir la velocidad a causa del cansancio y Ezio aprovechó el momento para acercarse más. Saltó unas cuantas barandillas más y se preparó para saltar encima de su objetivo cuando ocurrió algo inesperado para él. Un individuo salió de un lado y se tiró encima de su objetivo tumbándole al suelo. Ezio bajó al suelo de un salto y se acercó lentamente desconcertado. Los dos hombres forcejearon en el suelo unos segundos hasta que se incorporó el extraño y Ezio tuvo la oportunidad de verle mejor. Vestía de blanco y también llevaba una armadura como la de Ezio con la única diferencia de que el no llevaba capa. Uno de sus pectorales tenía un símbolo que Ezio no alcanzó a ver con claridad, pero lo que más llamó su atención fue que iba encapuchado y llevaba un brazal parecido al suyo. ¿Era un asesino? Mientras el individuo se incorporaba Ezio se fijó en que su víctima no se movía. El "asesino" acababa de matar a su objetivo y eso no le hizo ninguna gracia. De repente el extraño echó a correr y Ezio le siguió rápidamente enfadado.
- ¡Eh! ¡Espera! – Intentó seguir su ritmo pero era muy rápido y le costó mucho acercarse a él. El individuo giró a un lado y se metió por un callejón. Ezio le siguió y paró al ver que había desaparecido. Le buscó con la mirada pero no encontró nada. - ¡Maldición!
Volvió a su casa enfadado por dos razones: no había conseguido coger al extraño y encima mata a su objetivo en plena misión, cosa que no le hacía gracia. Pero también estaba desconcertado ya que no estaba seguro de quién era. ¿Era un asesino? No lo sabía, pero Ezio tuvo la sensación de que volvería a encontrarse con ese individuo.
