Al día siguiente Ezio fue hacia el taller de Leonardo con bastante prisa. Había encontrado unas páginas de un códice con un lenguaje bastante extraño y pensó en Leonardo para que le ayudara. Pero también tenía que hablar con Helena sobre su encuentro con el misterioso asesino y esa era la causa de su prisa. Pero al llegar a la puerta del taller oyó una voz femenina que le resultó familiar. Llamó a la puerta y al abrir se encontró a Leonardo pintando y a Helena a su lado hablando con él.
- ¡Hola Ezio! – saludó Leonardo con una sonrisa. – Estaba hablando con Helena.
- Pues me viene bien porque tengo que hablar contigo. – ella le miró sorprendida.
- ¿Ha ocurrido algo? – preguntó ella preocupada.
- Ahora te cuento. Leo me gustaría que me hicieras un favor. – se acercó a él y le dio las páginas del códice. Leonardo las cogió y la examinó curioso. - ¿Podrías traducir esto?
- Por supuesto. – le respondió él con una enorme sonrisa y se acercó a una mesa llena de papeles. Ezio cogió una silla y se sentó junto a Helena que le miraba interrogante.
- ¿Qué ha pasado?
- Anoche uno de los asesinos de la hermandad mató a uno de nuestros objetivos.
- ¿Un asesino? – repitió sorprendida. - ¿Estás seguro?
- Bueno, vestía de blanco e iba encapuchado así que pensé que pertenecía a la hermandad.
- Ya. – Helena se quedó callada y muy pensativa.
- Bueno. ¿Qué opinas?
- Oh, eh... Por ahora dejémoslo ahí.
- Vale. – respondió él decepcionado. Se esperaba otra respuesta.
- Pero si vuelve a ocurrir dímelo enseguida. – le dijo de repente muy seria.
- Vale. – volvió a responder pero esta vez sorprendido. Notaba algo muy sospechoso en la forma de actuar de Helena.
- Bien. ¿Y que son esos documentos que le has dado a Leonardo? – preguntó ella acercándose a su amigo.
- Encontré estas páginas en el escritorio de mi padre y como no entendía...
- Pensaste que yo podría descifrarlo. – respondió Leonardo antes de que terminara. – Y te lo agradezco. ¡Me encanta descifrar códices!
- Ah, de nada. – respondió con una sonrisa.
- ¿Puedo verlos? – le preguntó Helena a Leonardo. Este asintió y le dejó examinarlos mientras buscaba algo entre los papeles. Helena examinó las páginas con el ceño fruncido. – Vaya, es un lenguaje muy complejo.
- Sí, está codificado y me costará un poco descifrarlo.
- Te ayudaría pero me temo que no se me dan bien estas cosas.
- Y yo que pensaba que sabías hacer de todo. – dijo Ezio con tono burlón.
- ¡Mira quién habla! ¡Ni siquiera has intentado escribir al revés!
- Tengo mejores cosas de hacer. – replicó mirándola de reojo - ¿Sabes escribir al revés?
- Sí. – Ezio se sorprendió y miró a Leonardo interrogante.
- A mí no me mires. Yo no he hecho nada.
- Fui yo misma quién aprendió. – Ezio volvió a mirar a Leonardo y este asintió.
- ¡¿Tú misma? Pues sí que te aburres.
- Ezio te quiero pero tus aficiones son patéticas.
- ¿Qué quieres que haga? Me gusta divertirme. – respondió él con una sonrisa.
- Ya lo sé de sobra.
- Volviendo al tema. – dijo Leonardo interrumpiéndolos a los dos. – Ya me encargo yo de esto. Hay algo que me ha llamado la atención y me gustaría investigar las páginas a fondo.
- Pues mientras tú te diviertes yo vigilaré la ciudad. A ver si puedo encontrar algo relacionado con el asesino. – dijo Ezio dirigiéndose a la puerta.
- Yo me voy. Tengo que prepararme para esta noche.
- ¿Otra fiesta?
- Mucho mejor que eso. – le dio un beso en la mejilla y se acercó a la puerta. – Nos vemos mañana.
Ezio vio como se marchaba y se acercó a Leonardo al recordar una cosa.
- Leo, tú sabes a qué se dedica ahora Helena, ¿no?
- Sí. – respondió él dando un largo suspiro.
- Y bien, ¿qué piensas?
- Mientras no le pase nada puede hacer lo que le dé la gana. – dijo él volviendo a las páginas.
- No pareces sorprendido.
- He pasado tanto tiempo con Helena y ha hecho tantas cosas sorprendentes que ha conseguido no impresionarme.
- Ya.
Ezio se despidió de Leonardo y se paseó por la ciudad. Quizá él también se acostumbraría, pero le gustaba que Helena siempre consiguiera sorprenderle.
Francesco de Pazzi salió del edifico y se paró en la puerta. Un hombre bastante mayor salió tras él y le dio un documento.
- Guarda muy bien esto Francesco. Es muy valioso para el Maestro.
- Lo sé. – cogió el documento y se lo guardó. – Puedes estar seguro de que nadie me lo quitará.
- Bien. Ya nos veremos en la próxima reunión.
- Adiós amigo.
El hombre cerró la puerta y Francesco miró que no había nadie. La noche era fría y no había nadie por allí. Pazzi se encaminó por la calle y se metió en callejón que siempre utilizaba como atajo para llegar a su casa. Mientras caminaba tuvo la sensación de que alguien le seguía y miró varias veces a su espalda sin encontrar a nadie. A cada paso que daba la sensación se intensificaba y empezó a ponerse nervioso. Caminó más rápido deseoso de llegar a su casa y casi estaba corriendo. Llegó hasta la plaza del mercado y se paró junto a la estatua para tomar un respiro. De repente oyó un ruido y se puso en guardia mientras sujetaba la empuñadura de su cuchillo.
- ¡¿Quién está ahí? – gritó desafiante. De la oscuridad salió una figura que le costó reconocer. Llevaba una capa y no pudo ver su rostro hasta que su imagen se aclaró y la pudo reconocer. Era Helena, Gabriella para él. Llevaba la máscara de la otra vez y su sonrisa hechizaba a Francesco.
- Ah, si eres tú – dijo él aliviado.
- Siento haberle asustado señor Pazzi.
- Oh, tranquila. Aunque me sorprende verla por aquí. ¿Qué haces a estas horas por aquí?
- Me gusta pasear por la noche además quería hablar contigo... Si tienes tiempo, claro. – le dijo ella enigmáticamente.
- Por supuesto. ¿Y de qué quieres hablarme?
- Cuando conozco a un hombre me gusta saber cosas de él y siempre intento saberlo todo. En tu caso eres un hombre rico, de buena familia y con muy buenos negocios, ¿no? – dijo con una sonrisa misteriosa.
- Bueno, la verdad es que me siento muy orgulloso de mi familia y de mi trabajo.
- Sí pero por otra parte eres un hombre muy poco respetado, incluso odiado y con una larga lista de antecedentes muy graves. – dijo mientras se acercaba a él con un atisbo de maldad en su sonrisa. - ¿Me equivoco?
- Eh... Sí, es verdad pero hay una razón para eso.
- ¿Lorenzo de Medici?
-¡¿Cómo sabes...? – preguntó Francesco desconcertado.
- Sé muchas cosas, muchas que no podrías ni imaginar. Sé que intentaste arruinar a los Medici por todos los medios, sé que intentaste matarlos a todos ellos y a toda la gente que les rodeaban.
- ¡Merecían morir! ¡Ellos arruinaron mi vida y les he hecho pagar! – repuso con furia y sacó su cuchillo. – Y yo que pensaba que eras una simple cortesana con algo más de popularidad y de talento que las demás pero me he equivocado. No sé como sabes todo eso pero no me queda otra opción. Aunque antes respondeme a esta pregunta: ¿Quién seres? – Helena se rió y le lanzó una mirada provocativa.
- ¿Tú qué crees? – Francesco se quedó callado unos segundos y de repente se lanzó a por ella levantando el cuchillo. Con un gritó de furia fue a clavárselo pero ella lo esquivó con rapidez y levantó su mano hacia el cuello de Pazzi. Él sintió como se le clavaba la cuchilla del brazal de Helena y se cogió el cuello mientras caía al suelo. Helena lo miró fijamente impasible y se quitó la máscara de un tirón.
- Si creías que habías acabado conmigo te equivocas.
- Tú… - murmuró Francesco al reconocerla pero finalmente se quedó inmóvil.
- Requiescat in pace. – Cerró los ojos de su víctima y le quitó el documento que él guardaba. Limpió la cuchilla y se dispuso a marcharse cuando sintió una sensación extraña. Se giró y vio a un hombre encapuchado vestido de blanco. Al principio pensó que era Ezio pero después se dio cuenta de que no era él y pensó en lo que le dijo en el taller. ¿Sería el extraño que había visto Ezio la noche anterior?
- ¿Quién eres y qué es lo que quieres? – El hombre no contestó y siguió observándola. Helena se enfadó. No entendía porque había hecho esa pregunta si sabía perfectamente a que había venido el extraño. – Siento mucho que hayas fracasado esta noche. No voy a cambiar de idea y no lo pienso hacer, que os quede bien claro a ti y a todos ellos.
El asesino se acercó a ella amenazadoramente y Helena se puso en guardia pero de repente paró y echó a correr después de mirar a un lado. Helena se desconcertó por la repentina acción del individuo y vio a un hombre corriendo hacia el asesino y al que sí pudo reconocer.
- ¿Ezio?
Efectivamente. Ezio estaba persiguiendo al asesino y estaba decidido a no volver a dejarle escapar. Dado que había sorprendido a su objetivo, estaba mucho más cerca de él que la otra vez y tenía mucha más ventaja. Finalmente vio una oportunidad y saltó encima del asesino tumbándole al suelo. Lo giró para sujetarle y por primera vez vio su rostro. Era un poco más mayor que él, de tez clara pero algo morena y ojos de un azul muy claro… Que le resultaron familiares. Entonces el asesino lo golpeó y se lo quitó de encima con facilidad. Ezio se sujetó el vientre dolorido y vio con rabia como se volvía a escapar.
- ¡Maldita sea!
- Déjalo. – Helena se acercó a él por detrás observando cómo escapaba el asesino.
- Se me ha vuelto a escapar. – murmuró decepcionado.
- Tranquilo, dentro de poco le volverás a ver.
- ¿Por qué?
- Vamos a hacer una visita a la Hermandad. Quiero solucionar esto de una vez.
Pareces enfadada. ¿Tiene que ver con lo que no me querías contar?
-Sí. "La Casa" está muy cerca de Florencia, así que partiremos mañana.
Ezio acompañó a Helena hasta el burdel y después se marchó a casa muy pensativo. Al ver el rostro del asesino algo le desconcertó. Había algo en él, además de los ojos, que le resultaba familiar y no le conocía de nada.
