Y aquí está el siguiente capítulo. Cómo dice el título, es un capítulo en el que los personajes se ponen hablar, así de simple. Sinceramente, no es uno de mis favoritos. :/ No porque no me guste, sino porque es... raro. O.o Admito que no he estado especialmente inspirada cuando escribí el capítulo... Creo que, sin querer, lo escribí como un pequeño intermedio en la historia. Creo que mi mente decidió escribir este capítulo para dar un pequeño descanso a la historia y prepararse para lo bueno. :) Sí, pronto habrá un 'BOOOM!' y después otro, y después otro... Así que avisados estáis! :P


El día siguiente pasó con mucha normalidad. Ezio y Helena siguieron entrenando a los novatos como el día anterior, con la única diferencia en que los jóvenes no pararon de suplicar a Ezio que les enseñara a llegar hasta el tejado. Él por supuesto se negó rotundamente. Por una parte porque Marco se lo prohibió y por otra porque él no quería pasarse dos días enteros enseñando a escalar a los novatos. Como casi siempre, Ezio paseó por las afueras de la casa y se sentó para observar la puesta de sol. Enzo se acercó por detrás y carraspeó para que se diera cuenta de su presencia.

- ¿No vas a preguntarme que vamos a hacer?

- Estás en el momento perfecto para explicármelo. – Enzo se sentó a su lado y suspiró.

- Veamos… Primero tenemos que ir a Forli y formar una alianza con la condesa de Forli.

- ¿Condesa? – preguntó Ezio con curiosidad.

- Caterina Sforza, muy conocida por sus habilidades estratégicas en batalla y por su poder.

- ¿Es guapa? – preguntó con una sonrisa divertida.

- También es conocida por eso, aunque dicen que tiene muy mal genio.

- No esta mal… - dijo riéndose. Se dio cuenta de que Enzo lo miraba de reojo y sabía por qué. – Solo estaba bromeando.

- Ya… - dijo sin parar de mirarle mal.

- ¿Después de Forli qué? – dijo intentando dejar el tema.

- Visitaremos a algunos aliados para informarles de la situación y después iremos a Venecia. Dijiste que tenías aliados allí.

- Sí. Tengo buena relación con el gremio de ladrones de allí.

- Bien. Hablaremos con ellos y les haremos algunos favores si quieren. Necesitamos su ayuda.

- No creo que les importe recibir algún favor. Serás fácil. – dijo Ezio muy seguro.

- Después espiaremos a algunos hombres que viven por allí y que podrían saber alguna información.

- ¿Y ya está?

- A no ser que se haga un cambio, sí.

- Un poco corto…

- ¿Corto? – repitió sorprendido. – Vamos a estar todo el tiempo de un lado para otro formando alianzas y haciendo favores. Eso lleva mucho tiempo.

- Los siento, solo estaba bromeando… Otra vez. – dijo pensativo.

- Estás un poco bromista. – dijo Enzo riéndose.

- Supongo… ¿Me puedes decir algo sobre mi entrenamiento especial?

- Marco me ha ordenado que te haga sudar. – dijo con una sonrisa divertida. – Quiere que mejores el físico y la resistencia.

- Me dijo que sería muy duro… - dijo con el ceño fruncido.

- Y lo será. Correrás como nunca lo has hecho y harás muchos abdominales, músculos…

- En resumen, que me vas a hacer sudar.

- Exacto. – respondió Enzo riéndose.

- Yujuuu… - murmuró Ezio con ironía. – Esto va a ser genial.

- Por cierto, te voy a vigilar. – dijo de repente muy serio.

- Lo has insinuado antes.

- No me refiero a eso, si no a otra cosa.

- No te entiendo. – dijo algo confundido.

- Me refiero a Helena. Estoy contento porque veo que ella esta realmente feliz contigo. Aún así te aviso que voy a vigilarte.

- ¿Estas insinuando que le seré infiel? – dijo incrédulo.

- Bueno, tú sabrás. Todas las historias que circulan sobre ti demuestran tu otra cara.

- ¿Y te basas en esas historias para pensar así de mí? – dijo de repente muy calmado.

- Cuando uno ha actuado así, puede volverlo a hacer.

- Tienes razón, puede. – dijo con una sonrisa. – Aunque se nota que no me conoces mucho desde el "después".

- ¿Después de qué?

- Después de conocer a Helena. Yo nunca la engañaré porque simplemente no puedo.

- Una cosa es decir y otra cumplir. – insistió Enzo.

- Estoy dispuesto a morir por ella. – dijo muy seguro. Enzo lo miró con lo miró a los ojos y sonrió.

- Entiendo…


Helena estaba sola sentada en la mesa de la cocina, mirando pensativa la ventana. Daniella entró en la allí y se sentó en otra silla.

- ¿Qué tal?

- Bien… Supongo. ¿Y tú?

- Bien. Un poco aburrida. – dijo dando un suspiro. - Así que te hiciste pasar por una cortesana…

- Y lo seguiré haciendo cuando vaya a Florencia.

- Ya que iré contigo y seguramente tendré que… - murmuró Daniella pero Helena la interrumpió.

- ¿Vas a venir conmigo? – preguntó sorprendida.

- ¿No te lo dijo Marco?

- No.

- Pues ya lo sabes. Como decía, seguramente tendré que hacerme pasar por una cortesana. Solo quería preguntarte cómo actúas y eso.

- Oh, bueno… Es un poco complicado porque hay que adoptar otra identidad y actuar de manera que no sospechen de ti en ningún momento.

- ¿Algún consejo ya que estamos aquí? – preguntó Daniella con curiosidad.

- Aguantarte las ganas de dar un puñetazo al primero que se te acerque. – respondió Helena muy divertida.

- Buena idea. – dijo la otra riéndose. – Sinceramente no sé cómo empezar…

- Hablaré con Paula. Seguro que se le ocurrirá alguna gran idea.

- Veo que confías mucho en ella.

- Siempre ha sido mi mejor amiga y sé que nos ayudará. Si consiguió hacerme famosa con mi identidad falsa, seguro que lo conseguirá contigo.

- ¿Y cómo lo haces? – preguntó de repente.

- ¿El qué?

- Conseguir información y todo eso.

- Oh… Bueno, sinceramente voy a tener que cambiar de táctica. Antes atraía a mis objetivos para después acabar con ellos, pero ahora se trata de conseguir información.

- ¿Tienes alguna idea?

- No sé… Supongo que seducirlos, emborracharlos… - miró a Daniella y vio lo que quería decir. – No, no tengo pensado acostarme con ellos.

- Menos mal. – suspiró aliviada. – Ya somos dos.

- Nunca me acostaré con ninguno de esos babosos… - dijo con cara de asco.

- ¿Tan horribles son?

- Créeme, algunos son realmente asquerosos. No sé como las demás cortesanas se las arreglan para soportarlos.

- Experiencia y paciencia. – respondió la otra con el ceño fruncido.

-Supongo, aunque creo que se quedan cortos.

- Bien, cambiando de tema… ¿Qué tal Ezio y tú? Parecéis muy unidos. – dijo con una sonrisa.

- Y lo estamos. Le quiero con toda mi alma.

- ¿Cuánto hace que estáis juntos?

- Bastante tiempo… - dijo pensativa y sonrió.

- ¿Qué?

- Me acuerdo de la primera vez que le vi. Pensaba que solo era un idiota que no sabia ni manejar una espada y que solo se dedicaba a conquistar los corazones de las jovencitas.

- Bueno, te ha ganado en un duelo y encima te ha conquistado. – dijo Daniella muy divertida

- Quien lo diría… - murmuró Helena riéndose. – Con el tiempo la visión que tenía de él cambió y ahora estamos juntos.

- Hablando de novios… Francesco te manda recuerdos.

- ¿Francesco? – repitió sorprendida.

- Sí, tu Francesco. Aún se acuerda de ti aunque no lo parezca.

- ¡Pero si han pasado muchos años desde que lo dejamos!

- Desde que lo dejaste. – corrigió Daniella. – Dios, no sabes cuanto me harté de él mientras estaba en Roma. Era desesperante.

- ¿Qué hizo?

- Aún sigue escribiendo poemas de "tu maravillosa y deslumbrante belleza".

- Oh no… - murmuró ella tragando saliva.

- Oh sí. Y tú no has tenido que soportarlo, pero yo sí.

- Pero aparte de eso, supongo que habrá mejorado, no?

- Siento decirte que no. Le han bajado de rango 2 veces y ahora no es más que un simple mensajero. Y en parte por culpa de esa obsesión hacia ti.

- ¿Sabes? Estás empezando a asustarme.

- Lo siento pero es la verdad. Más de una vez he pensado que un golpe en la cabeza le vendría bien… y ahora que lo pienso, en cuanto se entere de que estás con Ezio…

- Le dará un ataque. – finalizó Helena.

- O lo retara a un duelo a muerte "por tu amor". – dijo dando un suspiro. – Sigo pensando que darle un golpe en la cabeza sería lo mejor.

- Yo también. – dijo ella de la misma manera y se rieron.

- Este mundo está realmente loco.

- Y que lo digas.


Ezio siguió observando la puesta de sol, esta vez a solas. Enzo se había ido justo después de que Ezio le dejara claro que nunca engañaría a Helena y lo hizo con una sonrisa misteriosa. Ezio dio una largó suspiro y agachó la cabeza con gesto cansado.

- ¿Ezio? – miró por encima del hombro y vio a Helena.

- Hola bella. – dijo con una sonrisa. Ella se sentó a su lado y sonrió.

- ¿Observando la puesta de sol?

- Sí, aunque te estaba esperando.

- ¿Para qué?

- Ven. – se levantó y ayudó a levantarse a Helena. Después la cogió de la mano y la llevó por las afueras de las casa.

- ¿Dónde vamos?

- Ya lo verás. – pararon justo en la parte de la casa donde enseñaban a escalar a os aprendices y Helena lo miró confundida.

- ¿Qué hacemos aquí?

- Voy a enseñarte lo que hice la otra vez.

- ¡¿Qué? ¡¿Ahora mismo?

- Sí, ahora mismo. – dijo muy tranquilo.

- Pero ahora hay poca visibilidad y será difícil. – dijo muy insegura.

- Es más fácil de lo que piensas. Cuando llegues a la última ventana, tienes que coger impulso, lanzarte hacia arriba y agarrarte al saliente más cercano.

- ¿Y si fallo?

- No fallarás. Si tienes algún problema, estaré aquí para cogerte.

- Yo… Está bien. – dijo rendida. Se situó frente a la pared y suspiró. Empezó a escalar con lentitud, concentrándose con lo tenía que hacer. Cuando llegó a la ventana indicada, se quedó quieta, meditando su paso.

- Mantente tranquila. Tómate todo el tiempo que quieras. – dijo Ezio con tono tranquilizador. Helena cogió impulsó y inspiró profundamente. Entonces se lanzó hacia arriba y contuvo la respiración. Vio que estaba a unos centímetros de la ventana más alejada en un abrir y cerrar de ojos y se agarró rápidamente al saliente. Jadeó sorprendida y miró hacia abajo. Ezio la miraba con una enorme sonrisa y aplaudió.

- ¡Muy bien! – exclamó él. Helena sonrió, aún sin poder creérselo y subió hasta el tejado. Se sentó nada más sentir la firmeza del tejado y dio un largo suspiro. Mientras asimilaba lo que había hecho, Ezio subió al tejado rápidamente y la miró con una enorme sonrisa.

- Has estado genial.

- Gracias. – dijo ella con timidez.

- Ven. – dijo mientras caminaba por el tejado con cuidado y Helena lo siguió. Ezio se sentó en una zona dónde se podía ver la puesta de sol y también una vista de toda la Toscana. Helena se sentó a su lado y miró el paisaje que tenía delante.

- Así que me has hecho subir por esto…

- Pensé que te gustaría.

- Me encanta. – dijo ella con una sonrisa. Apoyó la cabeza en su hombro y miró la puesta de sol.

- He hablado con tu hermano.

- ¿Te ha explicado algo sobre lo que tenéis que hacer?

- Tenemos que ir de un lado para otro haciendo favores para hacer pactos, formar alianzas, espiar algunos hombres…

- ¿Y sobre ese entrenamiento especial que tienes que hacer?

- Marco le ha ordenado que me haga sudar. – dijo con una sonrisa divertida.

- ¿No me digas? ¿Y a que viene esa orden?

- Al parecer estoy un poco debilucho para él.

- Para mí no lo estás. – dijo ella seductoramente. – Aunque un poco poquito de músculo no te vendría mal.

- Ya veo… Y que te desnudarás de vez en cuando te vendría bien. – dijo con una sonrisa maliciosa.

- ¡Ezio! – lo advirtió dándole un codazo mientras él se reía.

- Solo es la verdad. Además, tú me has visto sin camisa.

- No es lo mismo. – replicó ella y sonrió. - ¿Siempre tienes que sacar tu vena pervertida?

- Qué le vamos a hacer. A mi mente retorcida le gusta jugar de vez en cuando. – dijo guiñándole un ojo.

- ¿Te dijo algo más aparte de eso? – preguntó intentando volver al tema de antes.

- Me dijo que me vigilaría. – dijo pensativo.

- ¿Vigilarte? – repitió sorprendida. - ¿Por qué?

- Él cree que puedo engañarte con otra.

- Yo… - balbuceó sorprendida. - ¿Realmente dijo eso?

- Sí. Comprendo que piense así porque tengo fama de conquista corazones…

- Pero tú no lo harías, verdad? – murmuró ella. Ezio la miró a los ojos y sonrió con dulzura.

- Nunca te haría daño. Además, no te engañaría con otra porque ninguna es como tú. Te quiero demasiado para hacerlo.

- Yo también te quiero demasiado para irme con otro hombre. – Ezio sonrió ampliamente y pasó un brazo por su hombro.

- ¿Sabes? Cuando te conocí, supe que no serías otra de mis muchas conquistas. Ya sabes, que sería algo definitivo – Helena levantó la cabeza lentamente y enarcó una ceja.

- ¿En serio? Recuerdo que tú no parabas de tirarme los tejos una y otra vez... Y después coqueteabas con otras chicas. - dijo con el ceño fruncido.

- Bueno, tengo facilidad para tratar bien a las mujeres y no puedo evitarlo. Aunque con una chica tan hermosa, encantadora y dulce como tú era, solo me fijaba en ti.

- Y también me hacías enfadar. – le recordó ella.

- Me gustaba verte enfadada. – dijo él muy divertido. – Ya te dije que estabas muy adorable cuando te ponías así.

- Ya lo sé… Era uno de tus particulares aficiones. – dijo mirándole de reojo. Entonces se puso pensativa.

- ¿Qué?

- No podremos celebrar tu cumpleaños. – dijo con el ceño fruncido.

- Oh… Bueno, ya lo celebraremos cuando nos volvamos a ver. – dijo Ezio con una sonrisa.

- Pero no será lo mismo. – dijo ella algo triste. - Además… Aún no sé que regalarte.

- Tienes mucho tiempo para pensarlo. De todas formas te prometo que cuando nos volvamos a ver, haré algo especial. No solo haré que mi fiesta de cumpleaños sea inolvidable para mí, si no para ti también.

- ¿Me estás diciendo que ya lo tienes todo planeado? – pregunto enarcando una ceja.

- Es posible. – dijo él guiñándole un ojo. – Sabes que se me dan bien las sorpresas.

- Por supuesto que lo sé. – dijo ella mirándole enigmáticamente.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

- Claro.

- El colgante que te dio Daniella…

- Es de mi madre. – respondió ella pensativa.

- ¿Qué le pasó? Dijiste que estaba roto y que desapareció.

- Daniella era algo así como la "matona" del grupo. Casi siempre estaba fastidiando a los novatos.

- Incluida tú. – dijo Ezio pero ella negó con la cabeza.

- No. Daniella me molestaba solo porque en algunos aspectos era mejor que ella. Ella quería siempre quería ser la Nº 1.

- Ya veo. Pero ayer dijo que se arrepentía de todo.

- Sí… No la he visto durante muchos años, pero fue muy sincera cuando dijo eso. – puso la mano dentro del cuello de su camisa y sacó el colgante. Lo miró y suspiró. – Una día Marco estaba entrenando a un grupo de jóvenes en el que estábamos ella y yo. Teníamos que hacer un recorrido bastante difícil en el menor tiempo posible y muchos fallaron la prueba. Solo Daniella y yo la superamos…

- ¿Pero? – murmuró Ezio.

- Pero yo la gané por unos segundos más y ella se puso hecha una furia. Me insultó de muy mala manera y me amenazó con hacerme la vida imposible. Después de eso me arrancó el colgante de mi cuello y lo rompió. Marco intentó detenerla, pero fue inútil. – dijo con el ceño fruncido.

- Vaya, si que era mala. – dijo Ezio muy sorprendido. – Normalmente alguien que ha actuado así no cambia con tanta facilidad.

- Lo sé. Por eso creo que algo le ha pasado para que haya cambiado tanto.

- ¿Crees que podréis ser amigas? – preguntó Ezio con una sonrisa.

- Aunque me costará un poco, creo que sí. – respondió ella un poco optimista.

- Bien. No hay mejor manera de terminar el día que siendo un poco optimista.

- Ya que estás así… ¿No podrías decirme algo más sobre esa sorpresita? – le preguntó con expresión angelical.

- No.

- Venga… - insistió ella haciendo morritos. Ezio se rió y le dio un beso.

- Solo puedo decirte que serás la mujer más feliz del mundo.

- Vaya, eso es prometer mucho. – dijo seductoramente. Ezio sonrió y se levantó.

- Deberíamos irnos. Ya es tarde.

- Está bien. Por cierto… ¿Cómo bajamos de aquí?

- Pues bajando.

- ¿Te has parado a pensar que esto esta un poco alto? – preguntó algo insegura.

- Lo sé, pero ayer bajé sin problemas. – se asomó al borde y retrocedió pensativo. – Aunque pensándolo bien… Sí, esta un poco alto.


Hago una pequeña nota sobre la útlima parte de la historia. ¿Cómo bajaron? Hay dos opciones:

1. - Como lo hizo Ezio en el anterior capítulo. Ir bajando muy, pero que muy lentamente, sin ver ni un pepino sobre dónde esta poniendo el pie y con un riesgo muy elevado de caer al suelo desde una buena altura. xD

2. - Posiblemente la habitación de la parejita estaba cerca y entrarían a lo Tarzán/ Batman/ Spiderman/ etc, etc, etc. xD NO dando una patada a la pobre ventana y entrar en plan "ALLÁ VOOOYYY!". xD No os confundáis (Aunque molaría. 8D) Ellos, bueno, por cortesía de Ezio, primero abrirían la ventana con cuidado, entrarían con cuidado, cerrarían la ventana con cuidado y Ezio, Helena y la ventana estarían contentos. xD (Lo sé, estoy loca. Lol).

Nos vemos pronto!