Nota: Otro más.
Año 2. Junio de 1963
—¿Qué te parece si vamos a la biblioteca? Todavía tenemos tiempo para coger información para el trabajo de Flitwick y quitárnoslo de encima —dijo Emily.
—De acuerdo —respondió Molly sonriendo.
En ese momento, ella no pudo evitar pensar en lo que había cambiado su relación con la chica desde el año pasado.
Puede que no fueran íntimas amigas, pero se llevaban bastante bien. Sin embargo, Clarisse no había cambiado en absoluto; y cuando estaba en la habitación con ella, la ignoraba todo lo que podía. Por lo menos le aliviaba saber que Alicia y Fiona no le hacían demasiado caso y hablaban con las dos por igual.
Estaban a punto de entrar en la biblioteca, cuando unas voces a su izquierda la hicieron pararse en seco en la entrada.
—Puedes ahorrarte tu bonita palabrería. Y me da igual lo pura que sea tu sangre, sois tan despreciables como los sangres sucias.
—¡Retíralo!
Se dio la vuelta para ir para hacia allí, cuando notó un tirón en su jersey impidiéndole caminar más.
—Será mejor que no vayas, Molly —dijo Emily—. Me han dicho que es mejor no meterse en el camino de Lestrange.
—Agradezco tu preocupación, pero no puedo dejar así las cosas.
Se soltó de su agarre y fue hacia donde estaban, decidida a solucionar las cosas.
Entonces, pudo ver que Lestrange, acompañado por Black, estaba discutiendo con Arthur Weasley.
—¡Ya basta! —chilló.
Los tres la miraron sorprendidos.
—¿Se puede saber que está pasando? Como no paréis ahora mismo se lo diré a McGonagall.
—Que miedo me das —comentó burlonamente Lestrange.
Bellatrix Black soltó una pequeña risa.
—No te metas, Prewett. Esto es algo familiar —dijo Bellatrix.
—Me da igual que seáis parientes o lo que sea. Está prohibido pelearse. Así que, ¡parad ahora mismo!
—¿Y qué pasa si no queremos? —dijo Lestrange metiendo la mano en el bolsillo de su túnica y sacando su varita.
—¡Ella no tiene nada que ver con esto! —exclamó Arthur, poniéndose entre Molly y él.
—Pues dile a tu noviecita que no se metan donde no le llaman —respondió Lestrange. Iba a continuar, cuando Pringle entró en el pasillo.
El celador, ataviado con su lúgubre túnica, le miró con una extraña sonrisa que le puso los pelos de punta, haciendo que Rodolphus palideciera un poco.
—Esto no quedará así, Weasley —se despidió, yéndose del pasillo con Bellatrix siguiéndole.
Arthur cogió de la muñeca a Molly para irse también, pero la voz de Pringle se lo impidió.
—Espero que no hayáis estado haciendo nada malo, chicos. Ya sabéis que los chicos que no cumplen las normas deben de ser castigados.
Molly miró temerosa a Arthur.
—No se preocupe —respondió Arthur—. Solo estábamos discutiendo sobre un asunto sin importancia.
—Eso espero —dijo Pringle—. Será mejor que vayáis a vuestra Sala Común. Dentro de poco será el toque de queda.
Y los dos se fueron de allí apresurándose a hacer lo que les dijeron.
Estuvieron andando durante un rato en silencio, hasta que Arthur habló:
—Gracias por lo de antes. No tenías que haberte molestado.
—No hay de qué —dijo ella—. Me sorprendió verte en una pelea. No te veo como uno de esos chicos que les gusta meterse en ellas. ¿Puedo preguntar que ha ocurrido?
Arthur suspiró.
—Se metió con mi familia —susurró mirando a otro lado.
Ella le miró sorprendida.
—Pero ¿no sois parientes? Al menos, eso es lo que ha dicho Black.
—Lamentablemente estamos emparentados, sí. Somos primos lejanos. Mi madre es una Black. Aunque eso no les importa mucho. Fue considerada una traidora a la sangre desde el momento en el que se casó con un Weasley —bufó—. Tonterías de ideales y pureza de la sangre, algo que se está valorando demasiado desde hace unos años.
Se pararon en frente del retrato de la Señora Gorda y entraron en la Sala Común.
Molly se quedó pensando en lo que acababa de escuchar, sin saber muy bien que decir.
—Lo siento —dijo al final.
—¿Te disculpas? —le preguntó sonriendo—. No tienes porqué hacerlo. Tú no tienes la culpa, son los demás los que no ven que los muggles son iguales a nosotros —subió un par de escalones de las escaleras que iban hacia la habitaciones de los chicos, y se dio la vuelta—. Me voy a mi habitación. Gracias otra vez.
Molly lo observó mientras que subía por las escaleras, y pensó en lo curioso que era el chico.
