Nota: Otro más.
Año 3. Octubre de 1963
Molly miraba confusa el libro de Estudios Muggles sin saber como empezar el trabajo que le habían puesto.
La profesora les había mandado escribir sobre algo llamado felefono y alguna similitud que tenga que ver con el mundo mágico, y la verdad es que no sabía por donde empezar.
—Oye, Dorcas, ¿sabes qué parecido puede tener el felefono con algo de nuestro mundo? —preguntó.
La Hufflepuff levantó la vista del pergamino, el cual había estado en blanco desde que acabó de leer la información que venía en el libro, al igual que ella.
—La verdad es que también ando un poco pérdida. No me enteré demasiado bien su funcionamiento —confesó.
Molly suspiró.
—Entonces, ¿qué hacemos? Tenemos que hacer el trabajo.
—¿Por qué no le preguntamos a él? Parece llevarlo bastante bien —comentó Dorcas señalando delante de ella.
Miró hacia donde señalaba para encontrarse con Arthur, quien parecía estar sumergido en su trabajo.
Preguntarle era la mejor opción ya que, por lo que había visto, destacaba bastante en la clase; ganándose alguna que otra vez halagos de la profesora Sinclair. Por otra parte, no había vuelto a hablar con él desde el curso pasado, y le gustaría volver a hacerlo.
—De acuerdo —dijo al final.
Las dos se levantaron de la mesa y se acercaron hacia donde estaba.
—Hola, Arthur —saludó Dorcas—. ¿Te importa ayudarnos con el trabajo de Estudios Muggles?
Arthur las miró y sonrió.
—Claro —dijo—. ¿Qué es lo que no sabéis?
Molly y Dorcas se miraron durante un momento.
—Pues… más o menos todo —contestó Molly—. No sabemos que parecido puede tener con algo de nuestro mundo.
—Lo primero que tenéis que tener claro es como funciona un felefono —empezó—. Como se explicó en clase, es un objeto que sirve para comunicarse. Sin embargo, no puede hacerlo si no está conectado con un enchufe (una especie de cuerda), y dentro de este enchufe, pasa algo llamado eclecticidad, haciendo que funcione. ¿Me he explicado?
Ella y Dorcas asintieron con la cabeza, asombrada por la forma tan sencilla en que lo había explicado y el conocimiento que tenía de ello a pesar de no ser hijo de muggles.
—Y ahora —continuó Arthur—, ¿podéis decirme que utilizamos nosotros para comunicarnos que funcione de una forma parecida?
—La Red Flu, ¿no? —contestó Molly pensativa.
—¡Exacto! —exclamó Arthur con una sonrisa—. A partir de ahí, no creo que tengáis muchos problemas. Si es así, solo decídmelo.
—Muchas gracias —dijeron las dos.
Se sentaron en la misma mesa que él y se pusieron a hacer la tarea. Media hora más tarde, ya habían casi terminado.
—Yo me voy ya, Molly —dijo Dorcas levantándose de la mesa—. Tengo entrenamiento de quidditch.
—Nos vemos —se despidió Molly de ella, y siguió haciendo la tarea.
Cinco minutos después, ya había terminado.
—Por fin —susurró con un suspiro.
—¿Ya has terminado? —le preguntó Arthur a su lado.
—Sí —le sonrió—. Gracias. No lo habría terminado sin tu ayuda.
—No ha sido nada.
Molly le miró, dudando un momento antes de preguntar:
—Arthur, te… ¿te han vuelto a molestar alguno de los Slytherins?
—Bueno, no tanto como antes, pero siguen haciéndolo —contestó—. De todas formas, es normal con las cosas que están ocurriendo. Soy un Weasley, y por tanto es normal que no los agrade. Ya te comenté los motivos.
—Pero, ¿por qué no le dices nada a los profesores?
—Porque entonces no sería un Gryffindor, ¿no crees? —dijo guiñándole un ojo—. Algunas cosas, es mejor resolverlas solo —comentó más serío.
Molly se le quedó mirando, sin saber que decir, pensando que ese chico era una caja de sorpresas.
