Nota: Aquí dejo el resto.
Año 5. Diciembre de 1964
Enfadada, Molly salió de la habitación escuchando todavía las risas de sus compañeras de cuarto. No entendía que había de malo en ser amiga de Arthur. No lo conocían tan bien como ella, no eran nadie para juzgarle.
Bajó por las escaleras, y se sentó en uno de los sillones junto al fuego de la Sala Común. A esa hora, no había demasiadas personas allí, pero se alegraba de que todavía estuviera encendida la chimenea.
Abrió el libro que había cogido, y se puso a leer; pero cuando pasó un rato, se dio cuenta de que todavía no había pasado de la primera página, sin parar de pensar en lo que acababa de ocurrir.
La verdad era que no le importaba lo que pensara la gente de ella, pero le molestaba que hablasen mal de sus amigos. Era cierto que tenía fama de raro por sus gustos, pero tampoco era para que dijeran eso. Estaba segura de que cualquier chica se fijaría en él.
Pensó en Arthur, y sonrió.
Le gustaba pasar tiempo con él. Desde finales del año pasado, habían empezado a pasar más tiempo juntos. Descubrió que era una persona muy agradable y estudiosa (aunque alguna que otras veces le gustaba hacer el vago). Pero también descubrió que a ella le gustaba la cara de concentración que ponía cuando no entendía algo, el brillo en sus ojos por la emoción y las numerosas pecas que recorrían su cara. Cuando hacían los deberes juntos, a veces se distraía y se dedicaba a contar cuantas tenía.
Notaba que se estaba distrayendo demasiado en clase, que le gustaba sentarse casi al fondo para poder observarle. Cuando estaba con sus amigas, se preguntaba que estaría haciendo en esos momentos; y cuando estaba con él, absorbía cada palabra que salía por su boca.
Y pensó con un suspiro que el problema no era solo que le gustase su compañía, sino que se estaba enamorando de él.
