Bien, esta es la segunda y ultima parte. :)
Ya casi estaba acabando mi turno y me alegré por ello. Estar en la morgue no era mi actividad favorita, no me gustaba ver como tantos humanos perdían la vida en cuestión de segundos. Como ellos eran tan... vulnerables. El destino podría hacer lo que quisiera con ellos, podría elegir entre miles de formas para matarlos. Y lo hacía, todos los días. Dos humanos morían por segundo mientras nosotros eramos inmunes a todo.
Suspiré, ¿por que debía ser así? No era justo. Ni que ellos murieran, ni que nosotros no.
-¿Dr. Cullen?
Dejé a un lado mis pensamientos y me concentré en la enfermera, que arrastraba una camilla donde una mano femenina se hacía notar bajo la sábana blanca.
-¿Otra mujer?-Pregunté con el ceño fruncido y, hoy habían sido muchas.
La enfermera asintió. Otra vez, ¿por qué debía ser así?
-Suicidio.
-¡Dios!-Exhalé.-¿Saben la razón?
La enfermera suspiró, y su rostro se entristeció una vez más al volver su mirada hacia la camilla. Negó con la cabeza.
-Nadie vino a reconocer el cuerpo.-Negó con la cabeza.-Una lástima.
-Si.-Coincidí.-Puedes irte, yo cerraré cuando termine.-Le dije mientras ella se iba. Se le notaba cansada, y yo a simple vista también parecía estarlo. Pero las ojeras se producían en nosotros debido a la sed, esa mañana no había cazado.
-De acuerdo, Dr. Cullen. Hasta mañana.
Se fue, y yo quedé frente a la camilla, sin tener la más mínima sensación de que reconocería a la mujer tan pronto la viera. Entonces, cuando tiré de ella, me quedé petrificado.
Esme, Esme Platt. La niña de ojos verdes y espíritu libre que conocí apenas diez años atrás ahora descansaba inerte sobre la camilla. Estaba cubierta de sangre y tierra, supe al instante como se suicidó.
Se suicidó, esta muerta. Mi ángel ha muerto.
Un nudo se formó en mi garganta mientras mis ojos se nublaban.
-No debí dejarte sola, mi ángel.-Susurré sin saber si me escucharía.-No debí confiar en que los humanos cuidarían de ti. Siempre han encontrado la forma de matar a los seres más inocentes del mundo, pero jamás creí que llegarían a ti.
¡Y que forma tan siniestra! Empujarla al suicidio, ¡empujar a este hermoso ángel al suicidio!
Ella era tan fuerte, estaba tan llena de vida... ¿Que pudieron hacerle? ¿Como fue que llegaron a romper su corazón, romper su alma?
Los ojos me ardían y una ira ciega me invadió, me sentía tan impotente ahora que ella ya no estaba ahí. Quizás sucedió, quizás no, pero comencé a sentir la ponzoña acumularse en demasiada cantidad en mis ojos, hasta el punto de colapsar y dejar caer gotas, como lágrimas.
Lágrimas de vampiro, que hasta el momento no se habían conocido.
Aun así, solo cayeron dos, porque tan pronto apoyé mi cabeza en su pecho comencé a distinguir un débil golpeteo que sin dudas era su corazón.
Me sorprendí, era imposible que sobreviviera. Sus huesos estaban rotos, había poca sangre y muchas hemorragias internas. No sobreviviría.
A no ser que...
-Te convierta.-Susurré, mirándola, como si llegara obtener su respuesta. Ojala pudiera saber si ella querría estar conmigo para siempre, pero el tiempo se me acababa.
Sea como sea, no podía dejarla morir. Quise pensar que la forma en que se ataba a la vida tan febrilmente era simplemente porque quería seguir viviendo. No podía pensar que ella había decidido irse, por si misma.
Me incliné hacia su cuello, apartando los cabellos rojizos de este, pensando en como ya no podía dejarla. Deposité un beso allí, y me acerqué a su oído.
-Perdóname.-Susurré.
Su corazón me marcó como el tiempo se acababa, entonces sin detenerme en más pensamientos, clavé mis colmillos en su cuello y rogué porque no sufriera demasiado.
Y sobreviviera.
Cuando estuve seguro de que la ponzoña la alcanzó a tiempo, la tomé en brazos y me la llevé.
No me molesté en pensar en las personas del hospital y su reacción al ver la camilla vacía. No me importaba, tan pronto ella despertara los tres nos iríamos lejos.
Edward. ¿Como reaccionaría él ante esto?
Deposité a Esme con suavidad a lo largo del asiento trasero de mi auto, corrí de forma sobrehumana hacia la puerta del conductor y me alejé de allí lo más rápido posible.
Solo pensaba en ella, en sus gritos de dolor y sufrimiento, mientras la ponzoña la destruía por dentro en el proceso de la transformación.
Llegué más rápido de lo que pensé. Edward pudo saber que pensaba incluso antes de que cruzara la puerta, y me miró con el ceño fruncido antes de detenerse en Esme, y enamorarse al ver su rostro como todo el mundo lo hacía.
Era verla y saber quien era, saber como ella actuaba. Simplemente, despertaba eso en tu corazon que no sabías que existía hasta conocerla a ella.
-Entiende, no pude dejarla ir.-Expliqué mientras corría a mi cuarto y la recostaba sobre mi cama.
-No iba a decirte nada, Carlisle.-Murmuró a mis espaldas.-Solo... eres libre de hacer lo que quieras.
Pude sentir como se alejaba, pero mis ojos seguían fijos en Esme.
-Iré a cazar, volveré luego.
Se fue, entonces yo pude darme tiempo a ordenar mis pensamientos.
Seguía sintiendo el shock del inicio, el verla sin vida sobre la camilla me había matado, casi de la misma forma en que morí al saber que aun tenía una pequeña oportunidad de salvarla.
Morí y reviví junto con ella, entonces lo supe.
Ella es, y sería siempre, mi vida. Sin ella, solo puedo existir.
...
Nadie, absolutamente nadie se merecería estar en esta situación. Realmente es un sufrimiento que no se compara con nada, ni siquiera con el infierno por el que ella pasaba en estos momentos. O quizás si, ¿como podía saberlo?
Ese último pensamiento solo hizo aumentar mi culpa interior, que me revolvería el estómago como un ciclón si pudiera sentir algo allí.
Una mano se posó en mi hombro, estaba tan distraído que me habría sorprendido de importarme algo además del estado de Esme.
-Tranquilo.-Murmuró Edward detrás de mi.-No tienes porque sentirte tan culpable, haz hecho lo correcto y no hay forma de que no sobreviva, ¡solo escucha ese corazón!
La miré y me concentré en esos latidos desbocados. Sonreí al saber que por lo menos ahora no estaban a uno de extinguirse... para mal. Ahora, cuando su corazón dejara de latir, sería para por fin dejar que sus ojos se abrieran y me mirasen. Y podría volver a sentirme vivo.
-Lo se, Edward, se que ahora esta a salvo.-Tomé su mano.-Y no siento miedo de que no pueda soportarlo porque sé que lo hará solo...-Suspiré y me volteé a verlo.-Solo tengo miedo de que me odie por mandarla a nuestro infierno antes de despertar de nuevo en la vida que decidió dejar, ¿que pasa si no es esto lo que quiere?
Edward suspiró y apretó mi hombro en señal de apoyo.
-¿Sabes? Pensé que yo sería el primero de nosotros en enamorarse.-Rió.-Y que tú no sabrías como consolarme cuando me deprimiera y... ahora los roles se han invertido.
Suspiré, me reiría con él si mi mente no fuese atormentada por cada grito que Esme dejaba ir. Tres días soportando este infierno, para para volver a un mundo que ella misma decidió dejar, y yo desconocía las razones.
¿Y si yo acabo de matarla definitivamente? ¿Si al convertirla, maté su alma? ¿Y si ella quería simplemente volver al cielo, con los demás ángeles como ella?
-No pienses así, Carlisle.-Edward volvió a frotar mi hombro, pero no me ayudó a sentirme mejor.
-Es que quizás es la verdad. Yo no podía dejarla morir, pero era eso lo que ella quería. ¿Y si al morderla la condené a una existencia llena de dolor, el mismo dolor que la empujó al suicidio? No medí esto cuando la mordí, actué con egoísmo.-Bajé la mirada al suelo, con el ceño fruncido por la confusión, ojala pudiera saber si me ama.
-¿No lo hiciste porque la amabas?
Volví mi vista hacia Esme, contemplándola una vez más. ¿Sería que la misma chica de la que me enamoré seguía esperando por mi? ¿Detrás del rojo de sus ojos neófitos existirían esas gemas verdes que no comparaba con nada?
-La amo como jamás amé a nada ni nadie en este mundo-Contesté.-, lo supe tan pronto la vi. No sabía nada acerca de ella y quizás aun no la conozca del todo, pero se que amaré siempre todo en ella. Absolutamente todo.
Edward sonrió de oreja a oreja.
-Entonces, no te preocupes.-Sus ojos se fueron hacia ella por una fracción de segundo y le sonrió.-Sus pensamientos se vuelven claros.
Sonreí al oír eso, e iba a preguntarle que pensó, pero con un gesto me hizo saber que no me lo diría. Comenzó a alejarse hacia la puerta.
-Os dejaré intimidad, ya casi termina la transformación.-Me guiñó un ojo, estaba a punto de salir por la puerta entonces regresó hacia mi rápido y peinó mis cabellos.-No actúes como si estuvieras nervioso, créeme, las chicas quieren chicos seguros.
-No te tomes muy en serio el cambio de roles, Edward.-Contesté arqueando una ceja.
-Debía hacerlo, lo siento.-Rió, en lo que se volvía para abandonar el cuarto.
Puse ojos en blanco.
-Presentamela luego.-Murmuró desde la puerta, y pude oírlo sin esforzarme demasiado. No presté atención a su forma de decir "luego", pero me pareció que guiñó el ojo una vez más.
Dejé de pensar en Edward tan pronto se fue y me volví hacia Esme. Su corazón latía con mucha más rapidez que antes, lo cual me hizo saber que se acercaba el momento en el que cesaría para siempre. Me permití recordar como latía cuando tenía dieciséis, cuando estaba llena de vida. Otra vez no pude evitar preguntarme que le habían hecho a ese dulce ángel para empujarlo a la muerte.
Me estremecí, entonces su corazón comenzó a saltarse latidos, y luego se detuvo por completo.
No volvería a escuchar ese sonido nunca más...
Me coloqué junto a ella y tomé su mano, esperando a que sus ojos se abrieran. Y lo hicieron, y miraron hacia el techo antes de que su cabeza se inclinara ligeramente y se encontrara conmigo.
Se que es estúpido, pero albergaba la pequeña esperanza de que la melanina de sus ojos siguiera intacta, y siguieran siendo verdes. Extrañaría ese color, y mucho, al igual que su corazón. En fin, toda su humanidad.
-¿Carlisle?-Preguntó parpadeando repetidas veces para enfocar la vista, aunque un vampiro no tenía dificultades con ella.
No esperaba verme, era obvio. Tampoco esperaba encontrarse a si misma en una cama, en la misma en la que ella suponía que yo debía dormir.
-Esme.-Suspiré sin ser consciente siquiera, mientras ella se incorporaba rápidamente y se sorprendía de si misma.
-¿Donde estamos?-Preguntó desconcertada al notar lo que claramente era un dormitorio. Solo pude pensar en ese "estamos" que suponía un "nosotros".-¿Estoy... viva?
Seguí mirándola fijo, como si de repente fuese incapaz de hablar.
Su belleza siempre había sido única, perfecta, pero los últimos diez años habían cambiado en gran parte a la pequeña de aquella vez. Y ahora estaba su transformación, que simplemente se había encargado de perfeccionar a esa hermosa mujer que fue de humana.
Porque todos los vampiros son perfectos, pero pocos son hermosos. Y Esme lo era, por fuera y por dentro, desde siempre y para siempre. Y esa belleza me había enmudecido por completo, mientras ella me observaba esperando una respuesta.
-No estamos muertos-Murmuré, y tomé su mano.-, pero tampoco estamos vivos.-Me miró confundida.-Y te lo puedo explicar todo si me dejas, pero por favor no me interrumpas hasta el final.
"Cuando puedas golpearme e irte" Pensé.
Esme suspiró y asintió, por lo que procedí a contarle toda nuestra historia. Lo que tuve que hacer, porque (si, me arriesgue con eso también), como es nuestra vida y como manejar los primeros meses.
-Será difícil pero te adaptarás-Acaricié su mejilla, entonces ella cerró sus ojos y sonrió.-, porque yo se que eres fuerte.
Frunció el ceño.
-No lo soy.-Replicó fijando sus ojos en mi de nuevo.
Tomé su rostro entre mis manos.
-Si lo eres, siempre lo has sido.-Me acerqué más a ella.-Soportaste los insultos de tu padre, tu corazón soportó hasta el último segundo la transformación, sin mencionar la caída que habría matado a cualquier humano. Cualquier corazón se hubiera rendido pero el tuyo se aferraba a la vida con una fiebre inimaginable. Porque esa niña que conocí sigue dentro de ti, y ella no renunciaría a la vida tan fácilmente, yo lo sé.-Besé su mejilla en un acto impulsivo del cual no me arrepentí.-Ella es fuerte... Tú eres fuerte.
-Pero...
Coloqué dos dedos sobre sus labios.
-Todo tiene un límite, nadie soporta el dolor para siempre. Quiero pensar que este fue demasiado intenso para ti cuando decidiste irte.-Sus labios se sentían suaves, ahora más que nunca deseaba besarlos. Pensé en ella, en lo bien que parecía estar.-¿Sientes sed?
Se llevó las manos a la garganta.
-Mucha.-Respondió.
-Ven-Tomé su mano y ambos nos incorporamos de la cama.-, cacemos juntos.
Sonrió, al igual que yo, amó ese "juntos".
...
Quizás era la forma en que su cabello rojizo volaba cuando corría, como su piel brillaba con los rayos del sol o como se volvía tan... salvaje al entregarse a sus instintos de neófita, pero algo hizo que un sentimiento de deseo comenzara a hacerse presente en mi.
La vi arrojarse sobre un venado mientras yo acaba de beber la sangre de un lince. Me acerqué a ella, que llevaba un vestido que Edward consiguió, aun no se como. Estaba manchada de sangre y sus cabellos estaban desordenados, pero aun así se veía hermosa.
Sonreí y, cuando ella volvió a incorporarse, tomé su mano. Me acerqué a su oreja y susurré en ella:
-Ven conmigo.
Vi como capturaba su labio inferior con sus dientes.
Corrimos juntos, tomados de la mano, sin siquiera mirar al frente. Nos miramos, y ambos sonreímos al mismo tiempo.
-¿A donde vamos?-Preguntó.
Aceleré el paso para que pudiésemos llegar a tiempo.
-Ya lo verás.
Seguimos así hasta que identifiqué el lugar que buscaba: el árbol más alto. Comencé a escalar y le indiqué que hiciera lo mismo. Me observó, pude ver en sus ojos como descubría mis intenciones. Nos colocamos el uno junto al otro en una rama, mirando hacia el horizonte, donde comenzaba a ponerse el sol.
-Me trajiste aquí apropósito.-Dedujo mientras yo dejaba atrás mis nervios y rodeaba su cintura con mi brazo, para mantenerla cerca de mi.
-Quería que vieras el atardecer con tus nuevos ojos, tu nueva forma de mirar. Recuerdo que los amabas, quiero que sigas amándolos aun más.-Sostuve su mentón para que me mirara a mi unos segundos.-Y... también creo que mi primer atardecer sería mucho más especial contigo a mi lado.
-¿Nunca has visto uno?-Preguntó sorprendida.
-No desde esta altura. Se que te lo prometí, pero jamás escalé un árbol para hacerlo.-Expliqué.-No le veía sentido si tú no estabas conmigo.
"Tú eres mi sol." Pensé, y su forma de sonreír me hizo pensar que quizás ella había leído ese pensamiento.
Ambos miramos caer el ocaso, y no volvimos a hablar hasta que los últimos rayos se extinguieron. Entonces, Esme se volvió hacia mi.
-Fue hermoso.
-Si.-Coincidí.
-Pero he visto algo mucho más hermoso.-Agregó en susurro, posando su mano en mi mejilla.
-Yo también.-Murmuré atrayendola más hacia mi.
Y la distancia se esfumó por completo mientras por fin unía mis labios con los suyos, y ambos se acariciaron con anhelo del otro durante ese primer beso simplemente perfecto.
Sus labios eran como rozar las nubes, se sentía como si hubiese contenido el aliento desde que desperté como vampiro y solo con los besos de Esme pudiese volver a respirar. Como amar a alguien, como necesitar a alguien...
La deseaba, la necesitaba... la amaba.
Nos separamos, aunque sus dedos seguían enredándose en los cabellos de mi nuca y mi mano seguía acariciando su cintura.
-Te amo, Esme.-Susurré, manteniendo ese amor entre nosotros, como si fuese un secreto.
-Yo también te amo, Carlisle.-Confesó ella sus sentimientos, haciendo que todo lo demás dejara de existir.
De repente mi existencia vacía volvía a sentirse cálida, volvía a brillar el sol en mi noche eterna, convirtiéndola en un día infinito. Mientras Esme estuviese conmigo, se sentiría como un día soleado, no importa donde estuviéramos.
Y ahora sabía que ella se sentía igual, que ahora yo también era el sol de alguien. Y no pude sentirme más dichoso y feliz ante esa idea.
Poder ser su sol, poder amarla y saber que ella me amaba a mi. Y nada más importaba. Porque luchábamos contra las razones más lógicas para separarnos con la más indiscutible desde comienzos de la vida: nos amábamos. Y mientras hay amor, lo demás no importa.
Ambos nos olvidamos del mundo mientras nos uníamos en besos y caricias, y nos amábamos sin necesidad de palabras. No llegamos tan lejos, pero no es como si me importara. Estar con ella era suficiente para mi.
El amor es siempre el mismo, cuando es real. Puedes sentirlo en dos jóvenes adolescentes que se aman y también en dos ancianos que pasaron toda una vida juntos. Y ahora sabía que los vampiros también podían sentirlo, y que hasta nosotros disponemos de un alma gemela.
Quizás debí esperarla todo este tiempo, quizás por eso tuve que transformarme. Al fin le encontraba sentido a mi existencia monótona, y ese sentido era Esme.
Sonreí ante la idea del fin de la espera, y el fin de mi búsqueda. Ahora ella estaba conmigo, y yo con ella. Y la espera valió la pena.
-¿Aun no has visto un amanecer?-Pregunté besando su nuca, ya que ahora ella estaba sobre mi regazo.
Negó con la cabeza.
-Nop.-Respondió marcando la "p" al final.
Sonreí.
-Quedémonos a esperar el que viene en unas horas.-Besé la comisura de sus labios cuando ella se volteó a verme.-Quedémonos aquí para siempre, Esme. Donde estamos solos los dos y se siente bien.
Sonrió contra mis labios antes de depositar un casto beso en ellos que me dejó con ganas de más. Comenzó a peinar mis cabellos rubios.
-Eres el mejor amanecer de mi vida, Carlisle.-Susurró sonriéndome.
-Y tú el mio.-Respondí antes de besarla.
Y nos quedamos allí hasta que el sol nos bañó en luz, entonces volvimos caminando sin prisas hacia la casa, donde Edward podía estar esperándonos... o no.
Estreché a Esme contra mi costado y sonreí, del solo hecho de tenerla conmigo. Para poder protegerla de todo, para poder calmar su dolor y hacer que lo olvide y, sobretodo, para poder amarla...
Desde ese instante hasta el final de los tiempos, en lo que dudara nuestro "para siempre".
Ok, este es el final de este pequeño fic. La verdad, inició siendo una forma de desahogo y bueno... quedó así, lamento que sea tan corto. Igual, gracias por todos los reviews, en especial el de Isabellaar.
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Besos,
Vale.
