Un comienzo difícil

Las dos jóvenes salieron del edificio del FBI, cada una con su expediente bajo el brazo, mirándose por encima del hombro, la una a la otra. Ninguna palabra fue intercambiada hasta que llegaron al parking.

«Bien» dijo Regina «¿Nos vemos en el aeropuerto? ¿A las 18:00? Tenga mi tarjeta, llámeme cuando esté allí»

«Ok, me va bien» respondió la rubia cogiendo el papel «Eso me deja tiempo para preparar mis cosas y comenzar a leer el caso» añadió ella encogiéndose de hombros.

«¡Ne se retrase, agente Swan!»

Regina se paró para buscar sus llaves, dejando a Emma continuar su camino refunfuñando, haciendo muecas imitando a la morena

«No se retrase, ñiañiañia…agente Swan…ñiañiañia…y ¿tu hermana, se retra…»

«Dios mío, pero ¿qué es esto? Pero, mierda, ¿qué…?»

Emma se dio la vuelta rápidamente, sorprendida de la manera en que Regina le hablaba, pero su cerebro comprendió muy rápido que no era a ella a quien se dirigía…o sí, pero sin saberlo.

Con los ojos desorbitados, al borde de un ataque cardíaco, Emma se acercó despacio a la morena que estaba delante de su coche, con lágrimas en sus ojos. Impresionada, estaba de pie, con las llaves en la mano, la carpeta de la investigación a sus pies, las hojas desparramadas a los cuatro vientos. Su soberbio y flamante nuevo coche estaba rayado de lado a lado y la parte de delante se inclinaba por el lado del conductor, la rueda completamente deshinchada.

Oscilando entre la incomprensión, las ganas de estallar en llanto y la cólera, Regina era presa de enormes temblores. Acercándose dulcemente, Emma apoyó su mano sobre el brazo de compañera, sintiéndose muy mal.

«Encontraremos…a quien haya hecho esto, no se inquiete Regina. Voy a llamar a un taller, vendrán a reparar la rueda»

«Yo…es nuevo, ni siquiera tiene una semana…hace tres años que llevaba ahorrando para pagarlo y en mi primer día aquí, me lo destrozan…yo…no entiendo»

«Seguramente ha sido alguien celoso» dijo la rubia, mordiéndose la mejilla para llamarse ella misma al orden. ¡Qué zoquete que podría llegar a ser! Si lograra controlar su cólera de vez en cuando. Había logrado destrozar a su compañera en apenas diez minutos, la investigación comenzaba de una manera poco alentadora…

«Venga, Regina. ¿Sabe lo que vamos a hacer? Vamos a llamar a la grúa y yo la acerco. Ellos vendrán a ocuparse del coche, su seguro se hará cargo de la ralladura y cuando volvamos de Storybrooke, tendrá un coche completamente nuevo»

«Pero es nuevo…»

Emma pudo leer la angustia en los ojos de la bella morena. No pensaba que una mujer de apariencia tan fría podía aferrarse tanto a un amasijo de hierro…De repente, la morena frunció el ceño, un rictus que daba miedo se dibujó en su rostro

«Si encuentro al que ha hecho esto…¡Le juro que lo mato! ¡Le arranco el corazón y se lo hago tragar! ¡Lo corto en pedacitos y lo quemo! ¡Cada parcela de su alma conocerá el dolor! ¡Le voy a enseñar lo que es meterse con Regina Mills!»

El cambio repentino de comportamiento hizo temblar a Emma. Transpiraba fuertemente, su corazón latía descompasadamente. La reputación de Regina era bien conocida, ella sabía muy bien que si la bella morena se enterase de que ella era la responsable de lo de su coche, Gold tendría papeleo que hacer…un entierro requiere muchos formularios que rellenar…

«Acepte mi ayuda Regina…¡Sería un placer, sinceramente!»

«Gracias, agente Swan, pero debe ocuparse de usted, no pierda tiempo llevándome, cogeré un taxi» respondió la morena apartando de manera seca su brazo de la rubia.

«No diga tonterías, yo la llevo, y la recogeré esta tarde para ir al aeropuerto, ¡se lo debo!»

«¿Perdón?» respondió Regina, sorprendida ante esa afirmación

«Euh…yo…quiero decir, después de todo he entendido que yo soy su castigo, así que puedo llevarla después de este desastre»

Regina suspiró y asintió despacio

«Si usted quiere…muy amable, gracias»

Emma respiró profundamente mientras se dirigía a su coche seguida de Regina. Mentalmente hizo una lista en su cabeza. Primero, llamar a la grúa, después dejar a la morena en el hotel. Y tan pronto como Regina cruce el umbral de la puerta, llamar a la chica de seguridad del edificio para que borre por accidente la cinta de video en la que se ve a Emma rayando el coche…eso le costara una buena botella… pero no tenía elección.

El trayecto en coche hasta el hotel de Regina no fue muy alegre. La rubia se culpaba de haber arruinado el coche, la morena estaba enfadada, apenas lleva tres días en esa ciudad y ya los problemas se amontonaban.

Le había costado dejar Nueva York, pero además saber que iba a formar equipo con una de las peores agentes le daba ganas de gritar. No es que Emma fuera mala en su trabajo, ella tenía un número impresionante de casos resueltos, y a menudo con brío, pero era un alma libre que no hacía sino lo que le daba la gana. Y después de lo que había podido ver en unos minutos en el despacho del director, esa reputación era merecida.

Ese tipo de comportamiento la exasperaba horriblemente, ella tenía pánico de esas personas demasiado egocéntricas que no se daban cuenta de que sus actos no llevaban a nada, sino al caos. Por momentos ella tenía ganas de arrancarles el corazón y lanzarlos al fuego.

Al darse cuenta de que se enervaba por sí sola, Regina se abofeteó mentalmente, después de todo, esa joven le había echado una mano sin pensarlo, ¡no debía ser tan mala!

Después de algunos minutos de camino, el escarabajo amarillo se detuvo delante del hotel, dejó a la bella morena y se marchó tan rápido como había llegado.

Después de haber sobornado a la vigilante que se ocupaba de la video vigilancia del edificio del FBI, Emma se dirigió a su apartamento y metió sus cosas, cogidas al azar, en una maleta. Sabía que Neal había salido a comprar y que no tardaría en regresar, y no quería en absoluto cruzárselo.

Dejó una rápida nota, explicando que debía marcharse y dudó en firmar con "besos" o "hasta pronto". Se contentó con un "hasta más tarde", lo que ya era bastante educado para él.

La joven pasó el resto del día en el coche, estudiando el caso que le había endosado el director mientras se tragaba dos hamburguesas. Al llegar la hora, se dirigió al hotel de Regina, quien la ya la esperaba en la calle, con su maleta a los pies.

Al ver a la joven abrir el maletero con la ayuda de un martillo y un destornillador, la morena frunció la nariz, preguntándose cómo a su compañera podía gustarle circular con esa chatarra. Pero como mujer bien educada que era, no dijo nada, después de todo, ese coche caminaba, mientras que el suyo estaba parado en el parking.

El trayecto hasta el aeropuerto se hizo en el más absoluto silencio, así como el embarque. Una vez instaladas, Emma comenzaba a cansarse de esa frialdad entre ellas, e intentó romper el hielo

«He leído casi todo el expediente» dijo ella mirando a Regina «Es un poco sórdido, espero que lo resolvamos rápido»

«Aja» fue la única respuesta de la morena, hundida en la lectura de una revista que había cogido antes de embarcar.

«Ok» respondió la rubia en voz baja «¿ponemos en común lo que hemos leído?»

«Ahora no, por favor» respondió Regina «He tenido un largo día, la noche pasada no dormí…necesito descansar, lo veremos mañana a primera hora, si usted quiere»

«Sí…» asintió la rubia «¿Por qué no?»

Regina retomó la lectura de la revista, esperando que su compañera la dejara en paz el resto del viaje, pero sus esperanzas fueron pronto aniquiladas.

«¿Me quito los calcetines para el masaje de pies o prefiere que me los deje puestos?» dijo Emma sonriendo, intentando relajar la situación.

Ante la oscura mirada de su compañera, la rubia se hundió en su asiento suspirando.

«Y si aprovechamos el vuelo para conocernos mejor» dijo ella con una sonrisa, al ver llegar el carrito de las bebidas

«No, gracias, no me interesa» respondió Regina, sin alzar la mirada.

«Wow, ¡menuda siesa!»

La frase había salido sola, Emma se mordió el labio y giró la cabeza, esperando que Regina no hubiese escuchado.

«¿Disculpe?» preguntó la morena girando la cabeza hacia un lado

«Decía, ¡wow, pistachos!» respondió la rubia cogiendo un paquete de aperitivos salados del carro empujado por la azafata.

La morena frunció el ceño y dejó su revista sobre el asiento, acordándose de las palabras de Gold cuando esperaban a Emma en el despacho. "Ella es enervante, fatigante, pero hace un buen trabajo" Al menos las dos primeras eran verdad…

Apoyando la cabeza en el respaldo, miró por la ventanilla, y solo vio las luces iluminando la noche, y esperaba que el día de mañana fuera mejor que el que se acababa. No tuvo tiempo de cerrar los ojos cuando recibió una decena de pistachos sobre la cabeza.

Al darse la vuelta, vio a una Emma Swan, la cabeza entre los hombros, el paquete de los aperitivos en la mano, completamente estallado. Con una mueca en el rostro como una niña de dos años pillada con las manos en la masa, Emma intentaba disculparse

«Jooo, lo siento, no lograba abrirlo y…»

Regina giró otra vez la cabeza suspirando. Quizá si la estrangulaba mientras dormía, nadie se daría cuenta…