Ducha fría
Sentada en frente de Emma, Regina no pudo evitar una mueca de asco al ver a la joven tragarse su hamburguesa como si no hubiera comido desde hace días.
«¡No comprendo cómo puede comerse ese horror!»
«Oh, es..mmm…muu beno, chincheramente» intentó articular la joven rubia señalando su plato lleno de papas fritas «¡Debería probar!»
«¿Para morir antes de los 35 años? No, gracias, yo estoy bien…le dejo ese cúmulo de grasa con mucho gusto»
«Usted…» Emma tragó de manera poco seductora «debería de verdad probar y alegrarse. ¡Deje la lechuga para las tortugas y conejos y coma una comida de verdad!»
«Gracias por su consejo, lo pensaré si las ganas de suicidarme poco a poco me llegan un día» respondió la morena tragándose su ensalada, y haciendo que Emma estallara en risas con sus palabras.
«Es muy agradable cuando quiere» señaló dulcemente la rubia mirando a Regina a los ojos.
«No se tome a mal el hecho de que yo…no haga esfuerzos por simpatizar, agente Swan» respondió la morena muy sinceramente «A pesar de su reputación, parece ser alguien muy amable, pero…tengo por costumbre no confraternizar demasiado con mis compañeros»
«¿Le puedo preguntar por qué?» se arriesgó a preguntar la mujer
«Digamos que tengo mis razones…es personal»
Emma no insistió más. Creyó ver pasar un atisbo de tristeza por los ojos de su compañera, pero Regina volvió en seguida a su máscara de mujer fría.
Muy en el fondo, Regina se maldecía de ser tan poco calurosa con Emma, la apreciaba, más de lo que quisiera, pero…Cuando iba a explicarse, la joven camarera llegó para tomar el resto del pedido
«Un batido de vainilla y un chocolate caliente, por favor» respondió Emma, mientras que Regina pidió un sencillo café solo.
«Perfecto, señoritas, ahora mismo se lo traigo»
«¡Señoras!» dijeron a la vez las dos agentes, a la defensiva.
«Oh, perdón…señoras» se corrigió Ruby algo sorprendida.
Emma miró a la morena que parecía contrariada
«No sabía que estuviera casada»
«Ya no lo estoy» respondió Regina con tristeza. Ante la cara de asombro de la rubia, añadió «Un error de juventud…el divorcio vino rápidamente. No deseo hablar de eso»
«Oh, sorprendente..» dijo Emma con una sonrisa
«¿Y usted? ¿Casada también?» preguntó la morena mirándola fijamente a los ojos
«Desgraciadamente sí…tampoco es algo de lo que me guste hablar…»
«Pero…¿aún lo está?»
«Sí» respondió la joven, sus ojos llenándose de lágrimas ante la simple mención de su matrimonio.
Al ver la desazón provocada en su colega, Regina se mordió el labio, y le tendió una servilleta de papel.
«Tome. Yo…lo siento, no quería…»
«No es nada» respondió la rubia secándose los ojos delicadamente
Ruby llegó unos minutos más tarde con el postre de Emma y las bebidas calientes, cortando toda conversación. Dejó todo sobre la mesa y retrocedió para volver a la barra, pero Regina la cogió de la mano.
«¿Señorita Lucas? Quédese unos minutos» pidió con una sonrisa que podía ser de todo menos calurosa.
Sorprendida, la joven morena asintió con la cabeza y se sentó al lado de Emma.
«¿Puedo hacer algo por ustedes?»
«Sí» respondió Emma con un tono más simpático que el de su colega. «Desearíamos hacerle algunas preguntas sobre la muerte de Gus Fringe. Y ya que el restaurante está vacío, pensamos que no la entretendría mucho en su trabajo»
«Oh…euh, bien, pero tengo que fregar los platos, limpiar las mesas, si no mi abuela no se pondrá muy contenta»
«No se preocupe» respondió Regina bebiendo su café, hundiendo su mirada en la de camarera «no le quitaremos mucho tiempo»
Efectivamente el interrogatorio no duró mucho. Ruby había sido considerada sospechosa por el sheriff al comienzo de la investigación, porque la tarde del asesinato ella tenía una cita con el joven Gus, pero rápidamente había sido descartada, porque la joven se tuvo que quedar en el restaurante, y había como diez testigos que podían corroborar la versión de la camarera.
Emma y Regina llegaron al acuerdo de que Ruby no había tenido nada que ver con el asesinato, pero ellas deseaban interrogarla para saber más de la víctima, para conocer su pasado y la naturaleza de su relación con la joven para poder realizar un retrato robot "mental" del asesino.
«No salíamos juntos» había respondido Ruby con lágrimas en los ojos. «Le conocía desde hacía algunos meses, pero era la primera vez que me invitaba a cenar. No pude llegar a la hora prevista a causa de la gente que había en el restaurante. Granny me pidió que hiciera algunas horas extra, así que terminé más tarde de lo previsto y…cuando llegué al lugar, él ya no estaba»
La joven lo había intentado llamar al móvil, pensando que estaría enfadado porque ella no había aparecido, pero no obtuvo nunca respuesta. El cuerpo de Gus había sido encontrado algunas horas más tarde en el puerto cortado en dos, cada trozo a veinte metros de distancia, dejando un mal recuerdo al estibador que había encontrado el cadáver. Después de haber vomitado todas las tripas, logró llamar a la policía que en seguida acordonó la zona.
La autopsia practicada al día siguiente indicó que la muerte había tenido lugar alrededor de las 21:00, hora en la que el muelle estaba completamente desierto, ya que la actividad portuaria en ese pueblo acaba al final del día.
Todavía bajo la impresión, Ruby no podía hablar de eso y no pudo contar mucho más a las jóvenes, ni sobre Gus ni sobre sobre las posibles personas que podrían desear su muerte.
Las mujeres mencionaron rápidamente el caso de la joven Anastasia, pero Ruby no la conocía mucho. Habían estado juntas en primaria, pero no se veían fuera de la escuela, no compartían ni hobbies, ni amigos y sus modos de vida eran muy diferentes.
Sin embargo, Ruby no le conocía enemigos, y no había oído hablar de que la joven estuviera depresiva o enferma hasta el punto de querer suicidarse, lo que llevaba a creer lo que la investigación demostraba, que había sido empujada desde lo alto del reloj.
La bella camarera pudo volver a su trabajo, algo contrariada por ese nuevo interrogatorio. En cuanto a las dos jóvenes, pensando que el día ya había suficientemente largo, decidieron ir a encontrarse con Morfeo.
Deseándose mutuamente buenas noches, entraron en sus respectivas habitaciones y se prepararon para acostarse. Regina tomó su ducha tranquilamente, disfrutando del agua caliente durante largos minutos, en cuanto a Emma, ella se echó en la cama, encendió la tele y esperó encontrar algo que ver para poder dormirse pensando en otra cosa que no fuera la investigación…y su casa.
La rubia esperó a que el ruido de la ducha parase para levantarse e irse a desmaquillar, pero escuchó que tocaban en la puerta del cuarto de baño.
Abrió despacio, y apareció la cabeza de Regina en medio de una nube de vapor, las mejillas rojas a causa del calor de la ducha.
«Discúlpeme, agente Swan, la mujer de la limpieza ha olvidado ponerme una toalla para la cabeza, ¿podría coger al suya?»
«Sí, claro» respondió la joven sonriendo, cogiendo la toalla blanca doblada sobre la cómoda «pero con una condición…llámeme Emma, y no más agente Swan»
Algo contrariada, Regina asintió con la cabeza «Muy bien…Emma»
Abriendo completamente la puerta del cuarto de baño, la morena entró en la habitación de su compañera, que no pudo evitar posar sus ojos en las formas voluptuosas que se escondían bajo una toalla blanca un poco corta, a la altura de los muslos, dejando aparecer unas piernas perfectas.
Alargando el brazo para coger la toalla que le tendía Emma, Regina notó que la que tenía alrededor del cuerpo se le bajaba un poco, parándose justo en el nacimiento del pecho. Agarrándola a tiempo, para evitar encontrarse desnuda ante su colega, la morena enrojeció ligeramente y dio unos pasos hacia delante.
Emma había dejado de respirar, sus bellos ojos verdes miraban a Regina que caminaba hacia ella, devorándola con la mirada de arriba abajo. Tendiendo el brazo para darle la toalla, la rubia no pudo evitar seguir las líneas del cuerpo de esa soberbia morena, deteniéndose en sus largas piernas, subiendo hasta sus caderas, perdiéndose algunos instantes contemplando su pecho, que ella imagina firme y suave, apenas cubierto por la toalla.
Después su mirada se perdió en la de Regina, que agarró la toalla y comenzó a secarse el pelo suavemente.
Emma se sorprendió sintiendo escalofríos al observar a esa magnífica mujer, su rostro tan atrayente, sus cabellos negros como la noche…
«¿Emma? ¿Emma?...»
«¡AGENTE SWAN!»
La rubia se sobresaltó y salió de sus pensamientos. Regina estaba a pocos centímetros de ella, sacudiéndola delicadamente por los hombros.
«¿Todo bien, Emma? Parecía ida»
«¿Eh? Oh, perdón, no es nada…el cansancio»
La joven retrocedió despacio, no podía confesarle a su compañera que durante unos segundos se había encontrado fantaseando con su cuerpo perfecto, imaginándose que le quitaba poco a poco la toalla para disfrutar de sus curvas perfectas…
«Comprendo» respondió la morena terminando de secarse el pelo «Lo siento, la dejo dormir»
«Eh, no, no, no es nada, ¡puede quedarse!»
Emma se mordió la lengua, maldiciéndose de haber respondido tan rápido. Ella no quería que Regina se diera cuenta de lo que le había pasado por la cabeza.
«Muy amable, pero también estoy cansada, ¡me voy a la cama!»
Al volver la cabeza, la mirada de Regina se posó en la foto que había en la mesilla de noche de Emma.
«Oh, ¿es su marido? Y ese pequeño, ¡qué guapo es! Tiene sus ojos, Emma» dijo ella tomando la foto «¿Es su hijo?»
En segundos, Regina vio desparecer la sonrisa de la bella rubia. Toda alegría abandonó su rostro y su mirada se volvió oscura. Emma cogió la foto de las manos de la bella morena, y la volvió a dejar delicadamente en la mesilla de noche.
«Buenas noches Regina»
El tono era inapelable.
Consciente de haber cometido un error, Regina intentó excusarse sin realmente saber por qué, pero la rubia ya se había dado la vuelta, fingiendo que buscaba algo en su bolso.
La puerta del cuarto de baño se cerró despacio, dejando a las dos mujeres tristes, cada una en un lado. Regina se acostó apenada por haber herido a su colega una vez más, mientras que Emma se echó de través en su cama sollozando.
