¡Emma!
Regina se despertó sobresaltada cuando la alarma de su teléfono se puso a sonar. Había pasado mala noche, apenas había dormido unas horas, la culpabilidad por haber herido a Emma la martilleaba. Habían pasado los minutos, las horas sin haber podido cerrar los ojos, solo acabó durmiéndose muy tarde, casi amaneciendo, e incluso sus sueños no le dieron tregua al ser muy agitados.
Pasándose una mano por sus cabellos despeinados, se levantó con algún que otro esfuerzo y puso la oreja en la puerta para verificar que la joven rubia no estuviera en el cuarto de baño.
Al no escuchar ruidos, abrió la puerta suavemente y suspiró de alivio al ver que estaba vacío. Se preparó rápidamente y bajó al restaurante del hostal para desayunar, esperando poder acabar antes de que Emma apareciese, ya que ante los acontecimientos de la noche pasada estaba muy incómoda como para cruzar su mirada.
Pero desgraciadamente para ella, la joven rubia también había pasado una noche agitada, lo que la había motivado para levantarse pronto. Regina la encontró sentada a la mesa del día anterior, bebiendo su chocolate caliente y tecleando en su móvil.
Una café caliente y un croissant estaban colocados en el lugar de Regina, lo que hizo aparecer una sonrisa en su rostro.
Separando despacio la silla, miro a Emma a los ojos
«¿Pu…puedo?»
«¿Hm? Oh, no lo siento, es el sitio del duende invisible con el que desayuno regularmente. Va a volver, solo se ha ido a comprobar que el carro mágico no estuviera en doble fila…»
Ante el aplomo de la rubia, Regina frunció el ceño, sin saber qué decir.
«Venga, le estoy tomando el pelo, siéntese, sabe bien que es para usted ese desayuno» dijo Emma sonriendo.
Turbada, Regina se sentó despacio, aspirando el olor del café que rápidamente le subió la moral.
«Gracias, agente Swan»
A pesar de sus agudos reflejos, la morena no tuvo tiempo de esquivar un trozo de muffin de chocolate que le golpeó la frente. Frotándosela para quitarse los restos de chocolate, miró a Emma con los ojos como platos.
«¿Qué…qué he dicho?»
«¡Piense!» respondió la rubia mientras bebía un sorbo de su chocolate.
«Euh…bien..he dicho gracias…gracias agente Swan…qué…»
La segunda bola de muffin le llegó a la nariz. El nuevo gesto de sorpresa de la joven hizo sonreír a Emma.
«Oh…ok, ya entendí…gracias Emma» dijo Regina sonriendo.
«¡De nada!» respondió la rubia hundiendo el diente en su dulce
«Emma, yo quería excusarme por lo…por lo de ayer, yo no…»
La joven paró secamente la conversación levantando la mano de manera autoritaria.
«No tiene que excusarse. No pasó nada, olvidémoslo, gracias»
Asintiendo con la cabeza, Regina dudó en intentar profundizar sobre el tema para empezar desde mejores bases, pero no quería molestar a Emma. Si quería hablarle, lo haría cuando ella lo necesitara. La morena no intentó saber más, pero al no querer que el desayuno transcurriese en silencio, intentó cambiar de tema.
«¿Por dónde comenzamos hoy?¿La señorita me visto como una anaciana Blanchard o la señorita Belle French, bibliotecaria en el edificio que aloja el reloj del pueblo?» preguntó mientras se tomaba su café, e intentaba adoptar una apariencia lo más indiferente posible.
«Deberíamos empezar por la maestra. Según nos dijo ayer la señorita Lucas, ella era muy cercana a la segunda víctima, quizás nos pueda decir algo más. Aparentemente Belle no la conocía mucho, Anastasia solo era una usuaria de la biblioteca, dudo que nos pueda dar más detalles…»
«Ok» respondió Regina dejando la taza sobre la mesa «espero que nos pueda dar más información porque hasta el momento no hemos avanzado mucho»
«Es verdad…pero necesitamos tiempo para analizar lo que ya fue encontrado por el sheriff para no dejar ningún cabo suelto» añadió Emma mientras se acababa su muffin.
Regina no puedo evitar sonreír
«Creo que él no va a apreciar que interroguemos a su santa e intocable novia»
Emma sonrió ante esas palabras
«Sin querer ser desconsiderada» continuó la morena «creo de verdad que el sheriff se toma las cosas muy a la ligera. No creo que se dé cuenta de que tiene dos muertos sobre las espaldas y que si nos logramos avanzar, sin duda habrá más»
Emma asintió haciendo una ligera mueca. Era verdad que el sheriff no parecía muy espabilado y comenzaba a dudar sobre sus competencias. Suspirando, se levantó para ponerse su chaqueta, imitada pronto por Regina.
Al pasar por delante de la barra, la rubia saludó a la camarera que estaba mucho más relajada ahora que todo había sido aclarado y ya no era sospechosa para las dos agentes.
«Hemos terminado, comeremos aquí esta tarde, que tenga un buen día señorita Lucas»
«Lo mismo les digo» respondió la joven sonriendo.
Sentada en su sillón recubierto con una tela de flores, Mary Margaret tenía los ojos bajos, mirando el suelo de baldosas marones como si pudiera ayudarle a encontrar las respuestas que esperaban las agentes del FBI.
«Señorita Blanchard, hace tres horas que estamos aquí, lo único que nos ha podido decir es que la señorita López amaba mucho los yorkshires y el té. ¡No nos sirve para nada!»
Regina gritaba caminando de aquí para allá, masajeándose vigorosamente las sienes para hacer pasar la migraña que le estaba empezando a nacer por culpa de la joven. El sheriff la había presentado como una amiga cercana de la segunda víctima, pero al final no tenía mucha información práctica que darles a las mujeres.
Habían escuchado historias de infancia, anécdotas, unas más interesantes que las otras, pero ningún elemento verdaderamente importante para ayudarlas a avanzar en la investigación, ni el más mínimo detalle que les permitiera dibujar el perfil psicológico del asesino.
Completamente perdida, la joven hacía lo que podía, pero al no saber controlar su estrés, no conseguía mantener la cabeza fría frente al aplomo y el control de Regina.
«Yo…no sé qué más decirles, les aseguro que…yo…en fin yo…»
Emma normalmente no era tampoco muy tierna, pero al ver a esa joven ser reprendida por Regina, sin motivo real, la incomodaba.
«Agente Mills, creo que la señorita Blanchard nos ha dicho todo lo que sabe, dejémosla respirar un poco»
«¿Agente Mills?» preguntó la morena frunciendo el ceño
«Regina…» dijo la bella rubia sonriendo «démosle un respiro, por favor»
Sentándose en el ajado sofá, Regina le hizo a Emma un gesto con la mano, dejándole el campo libre para que continuara ella el interrogatorio a la joven maestra.
La joven se puso de rodillas y miro a la pequeña morena a los ojos
«Escuche, no hemos venido a acusarla de nada, ahora lo sabe. Todo lo que deseamos es echarle el guante a la persona que ha asesinado a su amiga y al señor Fringe, nada más»
«Lo sé, agente Swan, yo…les he dicho todo lo que he podido recordar, pero como ya le he explicado a la agente Mills, yo no le conocía realmente ningún enemigo, ningún novio celoso o algo parecido. Estaba sola desde hacía meses, y no creo que mantuviera una relación secreta, me lo hubiera dicho, se lo aseguro»
Emma miró a su colega a los ojos, y Regina comprendió inmediatamente el mensaje. La joven maestra ya había sufrido suficiente por hoy, no sacarían nada más de ella. Su sexto sentido le indicaba que todo lo que les había dicho la joven era verdad, insistir en el interrogatorio no aportaría nada más que frustración y nerviosismo.
Con un gesto amable, la rubia tomó la mano de Mary Margaret y le murmuró que ya habían acabado con ella. Sin decirle adiós, Regina salió de la casa, seguida de cerca por Emma.
«Vaya, no le ha dejado pasar una» le dijo Emma subiendo al coche
«¿Por qué tendría que hacerlo? Es una sospechosa, no voy a ir con pies de plomo con ella» respondió Regina encogiéndose de hombros.
«Regina…ella no forma parte de los sospechosos, y aunque lo fuera, ¡confiese que usted no se ha andado con rodeos!»
La morena giró la cabeza y asintió despacio
«Sí…bueno…quizás, pero no lo puedo evitar, me exaspera, es algo físico, nada más verla me dan ganas de darle una bofetada»
Mientras decía eso, Regina se puso a mover las manos en todos los sentidos como si estrangulara a unos fantasmas.
Emma se echó a reír al ver a su compañera al límite de la crisis de nervios, todo por una joven a la que solo conocían desde ayer.
«Creo que tendremos noticias de su novio» añadió ella sonriendo, y arrancando el coche.
«Super…un idiota para defender a una idiota. Si se piensa bien , forman una buena pareja…» gruñó Regina poniendo mala cara.
«Una bonita pareja no sé, pero yo no le diría que no al sheriff» respondió Emma retorciéndose en su asiento, haciendo con las manos el gesto de amasarle las nalgas con las manos.
Regina no se tomó la molestia de contestarle, su gesto de asco hizo reír a carcajadas a la rubia, gesto que se le pegó en seguida a la morena, relajando la atmosfera en el coche de alquiler.
Colocando su mano sobre la de Regina, Emma la acaricio dulcemente
«Venga, no pensemos más en ellos por el momento, vamos a comer algo, yo invito» dijo ella girando la cabeza, apartando la vista de la carretera algunos segundos.
Regina se perdió en los ojos verdes de la rubia y su corazón se saltó un latido.
«Cómo rechazar tal invitación…»
