Adiós Storybrooke

David parpadeó, la luz intensa le molestaba demasiado para mantener los ojos abiertos. Después de algunos segundos de aclimatación, su vista se enfocó y su mirada se encontró con el rostro de Mary Margaret, los ojos llenos de lágrimas.

Sin darle tiempo a decir una palabra, la joven se lanzó sobre él y lo estrechó en sus brazos sollozando. Intentando devolverle el abrazo, el sheriff gimió de dolor. Su hombro le dolía horriblemente y su respiración era dificultosa. Después de unos segundos, la joven retrocedió.

«No intentes moverte, y sobre todo, déjate la mascarilla, todavía la necesitas» le explicó ella sosteniéndole la mano «¿Te acuerdas de lo que pasó?»

El hombre respondió que no moviendo su cabeza.

Sabiendo ya lo que se iba a encontrar, la pequeña morena no se sorprendió. Cuando fue a abrir la boca para contarle todo lo que había pasado, fue inmediatamente interrumpida por la llegada de Emma y Regina.

Al ver al joven despierto, la bella rubia gritó de alegría y se acercó a él para abrazarlo delicadamente. Regina fue más discreta y se contentó con darle un beso en la mejilla, y susurrándole «Bienvenido a casa, David»

Al ver la mirada de sorpresa del joven, sonrió dulcemente, porque comprendió que su sorpresa se debía a su labio hinchado y un morado amarillento en su ojo.

«Mary te explicará» murmuró la joven retrocediendo despacio, colocándose al lado de Emma en las sillas colocadas alrededor de la cama, y cogiendo la mano de la rubia entre las suyas.

La pequeña morena se volvió a colocar al lado de su novio y le habló despacio.

«Estás en el hospital, David. Recibiste un disparo de Greg Mendel, el asesino en serie al que las chicas y tú estabais investigando. ¿Te acuerdas del caso?»

El hombre movió la cabeza asintiendo, se acordaba perfectamente.

«La bala perforó tu pulmón derecho» añadió la joven acariciándole la mano «Perdiste mucha sangre. Emma te encontró y pidió auxilio»

David giró su cabeza hacia Emma y le sonrió dulcemente. La rubia le respondió con una cálida sonrisa y un guiño.

«Se te operó de urgencia, duró más de diez horas» le siguió explicando Mary «Estás fuera de peligro, pero todavía estarás algunos días mal, y será necesario que conserves la ayuda respiratoria hasta finales de semana. Has estado sedado durante cinco días…»

La continuación de la charla duró varias horas. Mary Margaret, Emma y Regina le explicaron cómo había ido la continuación de la investigación, relatándole el secuestro de Regina, los descubrimientos de Emma, la complicidad del alcalde de Storybrooke que dormía en prisión desde hace una semana, esperando su juicio que se avecinaba agitado debido al palmarés de su hermano.

David sonrió cuando Regina le anunció que el asesino no causaría más daño a nadie, sin extenderse sobre el final de la historia, porque no quería revelarle las torturas físicas y emocionales que había sufrido.

Emma tomó el relevo y compartió con él noticias mucho más agradables, como el hecho de que ella y Regina estaban oficialmente juntas y que desde hace algunos días vivían en una nube de felicidad. Habían esperado a que el joven se despertase para marcharse, y este hecho lo conmovió mucho.

Decidieron dejar a Mary Margaret y a David solos, así que Emma y Regina besaron al joven, cada una por un lado, y haciendo una señal con la mano, le indicaron que volverían a visitarlo al finalizar el día antes de dejar Storybrooke.

«¡Estoy tan contenta de que se haya despertado!» dijo Emma mientras abría la puerta de la habitación.

Desde que se habían encontrado en la bañera, Regina se había mudado a la habitación de Emma, solo sirviéndose de la suya para dejar las maletas y el material informático. Desde ese momento, sus noches habían sido cálidas y tiernas, poniendo en ejecución sus ideas, una más picante que la otra.

Emma había sabido ponerse rápidamente a la altura, algo torpe en un principio, pero Regina había sabido darle confianza y devolver el gusto por la vida.

«Se puede decir que Storybrooke ha cambiado nuestras vidas» murmuró la morena sonriendo, con los ojos llenos de lágrimas

Emma la tomó por la mano y le acarició tiernamente la mejilla

«Tú has cambiado mi vida…»

Intercambiando un tierno beso, la morena estrechó a su compañera en un abrazo que le hinchó el corazón. Rápidamente, Emma sintió deseos, mucho menos platónicos…

«Bien, ¡en dos horas nos vamos! ¡No hay tiempo que perder!»

Sin decir más, empujó a Regina con la mano abierta. La morena cayó hacia atrás, en la cama, soltando una carcajada, sabiendo muy bien lo que su bella rubia tenía en mente.

Emma se sentó a horcajadas sobre su amante y deslizó sus manos por su vientre. Subiendo despacio, le acarició los pechos por encima de su suéter con una mirada picarona.

«Hmmm, si supieras de lo que tengo ganas» murmuró mordiéndose la lengua.

No hizo falta más para que la sangre de Regina hirviera. Incorporándose, agarró a la rubia por el cuello y la atrajo hacia ella. Mordisqueando sus labios para pincharla, ella perdió rápidamente el control cuando la rubia pidió el acceso a su boca con la punta de su lengua. Una dulce batalla comenzó, cada una quería llevar ventaja sobre la otra, mordiendo, lamiendo los labios de la otra, sus lenguas enredándose en una sensual danza.

Con un gemido de frustración, Emma decidió dejar la boca de la morena para atacar su cuello, mordiéndola y lamiéndola suavemente hasta llegar al escote que dejaba al descubierto la blusa blanca, y con un golpe seco, arrancó los botones uno a uno. Sorprendida, la morena abrió desorbitadamente los ojos y se dispuso a reprochárselo, pero cuando vio cómo se mordía el labio con un brillo de lujuria en sus ojos, solo pudo animarla.

«Continua…tengo ganas de ti» murmuró con voz ronca.

Sin hacerse de rogar, Emma desabrochó el sujetador de la morena y lo lanzo al fondo del cuarto. Los dos pechos de su amada estaban ya hinchados de placer, los pezones erectos solo esperaban una cosa, que la rubia los mimara.

Su mano derecha se abalanzó sobre uno, e inclinándose sobre el otro lo tomó con su boca. Lamiéndolo ávidamente, comenzó a mordisquearlo sensualmente mientras miraba a su amante a los ojos. Regina ya jadeaba de placer, acariciando los cabellos de su amada, empujándola a descender más abajo, mucho más abajo. Era rápido, pero lo deseaba. Su compañera había demostrado un talento particular cuando se trataba de lamer su entrepierna, quería que se ocupara de ella, ahora.

Emma había comprendido rápidamente el mensaje y no pudo evitar sonreír. Comenzó a bajar por el vientre de Regina, depositando miles de besos a lo largo del recorrido, llegó a la altura del ombligo. Conociendo ahora los puntos débiles de su amante, sacó la punta de su lengua y lo rodeó, hasta llegar a la cinturilla de su pantalón, arrancándole espasmos de placer por todo el cuerpo a su compañera.

Presa de un deseo particular, Emma se detuvo algunos segundos, hecho que arrancó un gemido de frustración a la morena.

«¿Qué estás haciendo?» preguntó con un resoplido

«Chuuut…déjame hacer» respondió la rubia con gesto pícaro.

Desabrochando el cinturón de Regina, bajó el pantalón milímetro a milímetro, hasta sacarlo completamente. Ascendiendo despacio, acariciándole las pantorrillas, los muslos, Emma puso su boca sobre la ropa interior de Regina.

«Hmmmm, estás completamente mojada, querida» susurró deslizando su lengua por las costuras del pedazo de tela.

«¿De quién es la culpa?» murmuró la morena, loca por la excitación, esperando una liberación que tardaba en llegar.

Poniendo sus manos a cada lado de las bragas de su compañera, Emma las fue bajando despacio hasta que la morena decidió mover las piernas para acelerar el movimiento, lo que hizo reír a la rubia.

Enderezándose, Emma se sacó el suéter por encima de su cabeza, desabrochó rápidamente su sujetador y lo tiró a los pies de la cama. De pie, por encima de Regina, hizo deslizar su pantalón, y lo envió al fondo del cuarto. Sin demora, su tanga siguió el mismo camino, dejando a la vista los labios hinchados de su sexo, ya mojado por la excitación.

Regina se pasó la lengua por los labios al comprender lo que su compañera tenía en mente.

Agarrándola por los tobillos, la atrajo hacia ella, haciéndole comprender que no soportaría un minuto más. La rubia se dejó caer dulcemente y se colocó encima de su compañera en posición inversa. Acariciando delicadamente las pantorrillas de su amante, deslizó sus manos hasta la entrepierna de la morena y depositó un beso sobre su ingle, arrancándole nuevos espasmos de placer.

¡Regina ya no aguantaba más, necesitaba más, mucho más! Agarrando el muslo de la rubia, la atrajo hacia ella de manera que el sexo de Emma quedara sobre su rostro.

Apoyando sus manos en las nalgas redondeadas de su compañera, alzó la cabeza y besó el sexo húmedo que solo esperaba esas atenciones. Después de algunos lánguidos besos, comenzó a lamer los labios íntimos de su amada, saboreando con delectación la miel que de él manaba.

Emma fue presa de un temblor de placer y jadeando alzó la cabeza. Apoyando su mano sobre el sexo de Regina, separó los labios con la punta de los dedos y comenzó a prodigarle el mismo tormento que la morena le estaba infligiendo a ella.

Rápidamente el cuarto fue invadido por los gemidos, gritos de gozo y jadeos de placer. Las dos mujeres comenzaron una guerra sin piedad, cada una lamiendo el sexo de su amante, hundiendo sus lenguas en la oquedad caliente y húmeda, mordisqueando el clítoris erecto e hinchado, deslizando un dedo o dos en la gruta íntima que palpitaba al ritmo de las penetraciones.

Balanceándose ligeramente hacia un lado, las dos mujeres intercambiaron, durante largos minutos, caricias sobre los muslos, las nalgas, amasando y arañando una el cuerpo de la otra entre gemidos de éxtasis.

Después los movimientos de las lenguas se hicieron más discontinuos, las penetraciones con los dedos se aceleraron más y más.

Emma fue la primera en sentir que el orgasmo se acercaba, pero decidida a no correrse antes que Regina, aceleró el movimiento de su lengua sobre el hinchado clítoris de la morena.

Regina, habiendo iniciado ya el viaje hacia ese punto de no retorno, hundió su lengua entre los labios carnosos de la rubia y la clavo en el hueco de su gruta, devorando golosamente su sexo mientras dibujaba pequeños círculos sobre el clítoris de la rubia con su pulgar. Llevándose mutuamente a un placer que iba in crescendo, las dos mujeres se liberaron a la vez, dejando que el orgasmo las invadiera a la vez.

Después de algunos minutos durante los cuales tuvieron la sensación de flotar en una nube, Emma se colocó en la misma dirección que su compañera, estrechándola fuertemente contra ella en un tierno abrazo.

Un ligero sollozo salió de su boca, lo que hizo sobresaltarse a Regina que se giró rápidamente, y posó sus labios en los de la rubia. Sabiendo lo que podría estar causando su malestar, no dijo nada, contentándose con acariciar los cabellos de Emma y cubriéndola de besos.

«No quiero volver» murmuró suavemente la rubia «Estoy muy bien aquí, contigo…solo nosotras dos, nadie que nos juzgue o que nos diga que lo que hacemos no está bien»

Estrechándola hacia ella, Regina dejó un beso en su frente mientras acariciaba su espalda desnuda.

«Lo sé, mi amor. Pero créeme, nadie nos juzgará, no dejaré que nadie te haga daño, lo prometo»

Emma sonrió tiernamente con su rostro hundido en el cuello de la morena.

«Cuando regresemos, iré a ver a Neal, y le explicaré todo. Será difícil, pero yo lo necesito…y él también»

Regina se separó un poco, enjugando las lágrimas de su amada con la yema de sus dedos.

«Estaré contigo, lo haremos juntas. Y después, seremos las más felices del mundo, créeme»

La sonrisa de Emma se agrandó, su corazón latiendo con un dulce calor. Esa mujer era todo lo que ella siempre había deseado. Hoy sabía que su vida sería maravillosa a su lado, y sería para el resto de sus días.

Apoyando su mano sobre la mejilla de Regina, la atrajo despacio hacia ella y le dio un tierno beso.

«Te amo Gina»

El corazón de la morena se saltó un latido. Emma acababa de confesarle sus sentimientos por primera vez. Sin poder contener sus lágrimas, cerró los ojos y besó a su vez a la rubia

«Te amo Emma»

La mirada de Emma se posó sobre el rostro de Regina que dormía apaciblemente con la cabeza apoyada en la ventanilla. El vuelo de noche iba a llegar pronto a destino, y con el fin de ese viaje una página de sus vidas se habría cerrado. Habiéndose despedido de Mary Margaret y de David dos horas antes del embarque, les habían prometido mantenerse en contacto y volver a visitarlos una semana o dos más tarde, dejando tiempo para que el joven se restableciera tranquilamente.

Enternecida por el semblante sereno de su compañera, la rubia no pudo evitar contener una lágrima de alegría pensando lo que había cambiado su vida ante la aparición de esa mujer. Habiendo salido de Boston hace solo unos días con una vida sombría, perdida en un túnel sin salida en el que era incapaz de vislumbrar una luz, hoy estaba locamente enamorada de su compañera, esta nueva relación le había devuelto las ganas de vivir, y sobre todo el deseo de avanzar y de hacer todo lo posible para que esa nueva etapa de su vida comenzara en las mejores condiciones posibles. Y por desgracia, esa transición implicaba una cosa, el divorcio… Perdida en sus pensamientos, Emma no vio que Regina se había despertado y que la llamaba dulcemente.

«¿Emma?...¿Emma, cariño?» murmuró la morena apoyando su mano sobre la de la rubia, haciéndola sobresaltarse.

«Oh, perdón, discúlpame, yo…estaba pensando»

«Ya lo he visto, sí» respondió Regina sonriendo.

La voz del comandante anunciando que el avión iba a aterrizar cortó la conversación. La morena sabía muy bien lo que preocupaba a Emma, pero no sabía cómo abordarlo. No quería importunarla, desde su salida de Storybrooke, ella esperaba que fuera su compañera la que diera el primer paso para abordar el tema.

«Pensaba en Neal» suspiró la rubia tristemente «Mañana tendré que hablarle de ti…de nosotras…y no sé por dónde comenzar»

«¿Mañana?¿No quieres volver a casa ahora?» preguntó Regina un poco sorprendida.

«No…no tengo ganas de pelear hoy, he pasado un buen día y quiero que acabe de la misma manera, a tu lado bajo las sábanas» respondió Emma sonriendo.

«Entonces, esta noche olvídalo todo» dijo la morena besándole el dorso de la mano «Mañana por la mañana hablaremos de todo eso, y te acompañaré a tu casa, ¿de acuerdo?»

La rubia asintió y posó sus labios en los de su compañera para demostrarle que estaba de acuerdo.

«¿Has tenido la misma pesadilla?» preguntó delicadamente Emma pasándole una tostada a su compañera.

La noche había sido larga para las dos mujeres. Una vez en casa de Regina, esta le enseñó la casa a Emma, y tenía en la cabeza muchas cosas no muy católicas, pero el cansancio de todo el día las condujo rápidamente a la cama. Y pronto cayeron en el sueño, pegadas una contra la otra, pero las pesadillas recurrentes de la morena había despertado a Emma a cada hora.

«Sí…siempre la misma» respondió Regina bajando la mirada «Lo siento, no te dejé dormir en toda la noche»

«No es grave» respondió la rubia cogiendo su vaso de zumo de naranja «Eso me permitió abrazarte y observarte mientras te dormías»

Regina no pudo evitar sonrojarse y bajó la mirada.

«No comprendo por qué tengo ese sueño…siempre el mismo, siempre sobre esa mesa en la fábrica, con Mendell que me explica su plan»

«¿No comprendes por qué?» preguntó Emma con los ojos abiertos como platos «Claro, porque solo fuiste secuestrada y golpeada por un asesino en serie. Casi te tortura, te viola y te degüella, pero aparte de eso, todo está bien» dijo ella moviendo los brazos en todos los sentidos.

Regina no puedo contener una carcajada ante el gesto de indignación de su compañera.

«Eso ya lo sé, cariño…pero enfermos como ese ya he visto muchos, no creo que sea solo eso. Tengo la sensación de que mi mente intenta decirme algo, pero no logró descifrarlo…»

«Bien, pues vas a decirle a tu mente que sería muy amable de su parte que te dejara dormir o al menos que te despertara con escenas guarras, que eso sirve para algo» respondió Emma sacándole la lengua.

Regina comenzó a reírse de nuevo y lanzó su servilleta hacia su compañera que la esquivó con un movimiento de cabeza.

«¿Estás segura de que no quieres que te acompañe?» preguntó la morena con un tono preocupado.

«Sí…tengo que hacerlo sola» respondió Emma clavando su mirada esmeralda en los ojos marrones de su compañera.

«Te amo Regina, te amo con todo mi corazón» murmuró dulcemente «Y si hoy he llegado hasta aquí, si he logrado reunir el valor para acabar con todo eso, es gracias a ti, y nada más que a ti…pero debo hacerlo sola, por honestidad hacia Neal y para sentirme finalmente libre»

Regina posó delicadamente sus labios en los de la rubia y la besó tiernamente, transmitiéndole toda la pasión y el amor que sentía hacia ella. Después de unos segundos, Emma rompió el besó y posó su frente en la de la morena. Con un último suspiro, sonrió apartando un mechón de cabello del rostro de su colega y salió del coche.

Con lágrimas en los ojos Regina la vio desaparecer, perdiéndola de vista cuando entró en el jardín de su casa.

Su espera duró dos horas. En su cabeza desfilaban todos los escenarios posibles, desde una pelea violenta hasta una charla calmada, de una escena de ruptura con platos volando por la sala hasta el escenario más terrible que pudiera imaginar, Emma cambiando de opinión y terminando la conversación desnuda bajo las sábanas con Neal. Ante ese pensamiento, las náuseas la atraparon y la obligaron a salir del coche para tomar algo de aire.

Volvía sobre sus pasos cuando vio un coche salir del garaje de la casa de Emma, derrapando en la calle y arrancando a toda marcha hasta desaparecer a lo lejos.

Algunos segundos más tarde, Emma apareció en la calle, arrastrando una maleta tras ella y una mochila sobre sus hombros.

Regina no pudo contenerse más tiempo y echó a correr hacia ella, estrechándola en un abrazo desesperado. Después de unos segundos, Emma retrocede despacio y acarició la mejilla de la morena.

«Ya está hecho» dijo con expresión triste «Se lo he contado todo…todo, mi deseo de dejarlo desde hace meses, el hecho de que ya no lo amo, el odio que siento…»

La rubia dejó de hablar y Regina de respirar. En su interior, el estrés hizo rápidamente aparición, a la velocidad de un caballo a galope. Su corazón se encoge, sus latidos se iban acelerando a medida que sus emociones la invadían. Con todo su cuerpo temblando, solo esperaba una cosa, solo una. Con sus ojos llenos de lágrimas, esperó algunos segundos, después Emma la besó tiernamente.

«Le he hablado de ti…de nosotras. Lo sabe todo. Sabe que lo dejo por ti, que te amo y que quiero construir una nueva vida a tu lado»

El corazón de Regina se saltó un latido y la morena estalló en sollozos. El miedo a verse rechazada dejó lugar a una alegría inmensa, que la invadía completamente.

Sin darle tiempo a decir nada, Emma la tomó una vez más en sus brazos y hundió su rostro en la cabellera de la morena. De pie, en la acera, las dos mujeres permanecieron largos minutos abrazadas una a la otra, saboreado ese momento de ternura que solo ellas podían compartir.

Soltando dulcemente el abrazo, Regina tomó las manos de Emma y depositó un rápido beso sobre sus labios.

«Ven…vamos a casa»

Hola chicas, este fic se acaba. El próximo capítulo será el epílogo a esta historia. Espero que hayáis disfrutado de esta aventura. Y ya nos veremos. Acordaos de que todavía sigue Nuevo comienzo, y pronto empezaré otro, tengo que decidirme por cuál de los varios que tengo para elegir.