Tengo que decir, que no lo dije en el primer capítulo, que este es mi primer fanfic. Espero que lo disfrutéis tanto como yo! :)
2. El primer vistazo
Las puertas del comedor se abrieron. Entraron unos cuantos hombres y, tras ellos, ella. La que sin duda era la Reina de Arendelle, de la que tanto había oído hablar. Sei tuvo que reconocer que era atractiva. Tendría que darle la razón a Kandy. Pero había algo más, no sólo su belleza física, ella en sí desprendía un aura…mágica.
Rásgar se quedó embobado, tanto que Gorrot tuvo que darle un guantazo en la cabeza para que se comportase apropiadamente.
- ¡Ay! Es que esa mujer no es de este mundo, siempre lo he pensado.
Se levantaron e hicieron las reverencias pertinentes.
- Majestad, la Compañía de Misterios a su completo servicio. – El primero en hablar fue Gorrot.
- Es un placer tenerles con nosotros. Mis disculpas por hacerles esperar.
- No hay por qué disculparse, mi señora.
- Siéntense, por favor, estarán cansados después del viaje. Espero que la comida sea de su agrado.
La Reina mantenía una expresión agradable y una postura elegante con las manos entrelazadas en su regazo. Al verla de cerca Sei se fijó en que era muy joven, sobre todo para ser reina, al contrario de lo que le había parecido al verla entrar con tanta seguridad, como si llevase años dedicándose a eso de dirigir un reino.
Se presentaron al resto de la comitiva y el resto de la comitiva fue presentada a ellos.
Sorprendentemente la Reina Elsa se sentó en su lado de la mesa, cerca de ellos. Parecía una persona muy educada y algo distante. "Está claro que no puede abrirse a la primera de cambio a todo aquel que se le acerque".
Rásgar carraspeó.
- Viniendo hacia aquí nos hemos encontrado con su hermana, Anna, ¿verdad? Estaba algo nerviosa por su cumpleaños, dijo que faltaba poco y que esperaba regalos. – Puso su mejor sonrisa.
A Sei le pareció patético, haría mejor en actuar con naturalidad, como es él de normal.
- Sí, así es. Dentro de tres días celebraremos una fiesta por su cumpleaños. Estamos preparándolo todo, pero será difícil cumplir las expectativas de mi hermana. Por supuesto la Compañía está invitada al evento. – Les sonrió.
- Oh, de hecho nos será de gran utilidad asistir para el trabajo que nos concierne. Cualquier movimiento extraño puede ser una pista. – Comentó Gorrot.
- Ahora que lo dice, debo advertirles de que no le he explicado su verdadero cometido aquí a mi hermana, no se lo explicaré con detalle hasta que pase su cumpleaños, no quiero preocuparla innecesariamente. Si pregunta, pueden decirle que están aquí por motivos de seguridad simplemente.
- Qué considerada. – Sei se quedó con la cuchara a mitad de camino entre su plato y su boca. Había pensado en voz alta. Por primera vez sintió todo el peso de la mirada de Elsa sobre ella, y pesaba.
- Es lo menos que puedo hacer.
"Qué ojos más azules, ¿también son de hielo? En cuanto la conozcamos un poco le pediré que nos muestre esos poderes. Aunque con lo abierta que es lo mismo me manda de vuelta a la cabaña…". Hubo unos segundos de completo silencio. Menos mal que ahí estaba Gorrot para salvarlos.
-Emm, debo decir que está todo delicioso, majestad, ya casi no lo recordaba. He estado en Arendelle varias veces, pero la última vez que os vi a su hermana y a vos fue hace mucho tiempo, cuando aún eran pequeñas.
Elsa desvió discretamente la mirada. Algo la había perturbado ligeramente, pero supo mantener la compostura.
"Uuuh, algo pasa. Eso de que estuviesen tanto tiempo con las dichosas puertas cerradas no debió de ser bueno. Pero aunque veo el nerviosismo de la Reina no voy a intervenir, como buena regente tendrá que sobreponerse".
- Espero que le dejase buen recuerdo nuestro país.
- Desde luego.
La comida terminó de forma tranquila. Los cuatro se despidieron y se metieron en la habitación de Riuna a organizarse el trabajo.
- Y bien Sei, ¿qué opinas de la Reina? – Preguntó Riuna.
- Lo que yo decía, fría como el hielo que se supone que lanza.
- Visto lo visto creo que deberías ser tú, Riuna, la que se ocupe estos días de vigilar a la Reina Elsa. Pero con cuidado, sin agobiarla, lo más discretamente posible.
- Eso está hecho, Gorrot.
- Tú Rásgar vendrás conmigo al pueblo a buscar información. Y tú, Sei, deberás interrogar sutilmente a cuantas personas puedas de este palacio. Recordad que nadie sabe que estamos buscando el foco de una rebelión excepto los más allegados a la Reina. ¡Manos a la obra!
Los dos días siguientes se dedicaron a sus tareas. Sei ya había conseguido entablar conversación con el servicio de limpieza, los mayordomos y parte de los guardias. Lo único destacable que pudo obtener fue la historia de un tal Príncipe Hans que trató de matar a las dos hermanas y que fue enviado de vuelta a su casa, y un tal Duque de Weselton, que estaba obsesionado por inmiscuirse en los planes de comercio de Arendelle. "Me quedaré con esos dos nombres, por si acaso. Si ellos ya han tenido rencillas con este reino puede que sean ellos los que buscan la revancha".
Salió a la tibia luz de la tarde a los jardines del palacio. Eran tan verdes y llenos de frescura que Sei se sentía realmente cómoda. Respiró profundamente el aire puro que le llegaba de las montañas nevadas y se sentó en uno de los escalones. "Este lugar es idílico". Pero su paz se rompió al ver a una especie de bola de nieve andante, y peor aún, parlante.
- Pero qué…
- ¡Hola, soy Olaf y me gustan los abrazos calentitos! – La bola blanca se dirigía hacia ella.
- Yo soy Sei. Un placer conocerte creo…
- Sei, Sei, Sei. Sei a secas?
- Uhm, soy Sei de… ninguna parte, me temo.
- ¡Hola, Sei de Ningunaparte! Estoy buscando a Elsa, ¿la has visto? Tengo que enseñarle el regalo que le voy a hacer a Anna para su cumpleaños, a ver si le gusta.
- Te ha creado la Reina ¿verdad? – Comentó escrutando a la curiosa criatura.
- Sí, pero ¿has visto a Elsa? Tengo que enseñarle el regalo que le voy a hacer a Anna para su cumpleaños, a ver si le gusta.
- ¿Puedo verlo?
Olaf sacó la mano/rama de detrás de la espalda y le enseñó un colorido ramo de flores.
- Son todo flores primaverales, espero que a Anna le gusten tanto como a mí. – Dijo mientras absorbía todo el olor posible del puñado de flores.
- Seguro que le encantan, son muy bonitas. – Afirmó Sei sonriente.
- ¿Y tú qué le vas a regalar?
- ¿Yo? Pues…nada. No la conozco apenas así que no veo necesario regalarle nada la verdad. Pero puedo intentar hacer algún truco que la divierta en su fiesta.
- ¡Haz un truco! ¡Haz un truco!
Sei alzó un dedo hacia el cielo y salió disparado de la punta un veloz haz de chispas que estalló en lo alto en una especie de lluvia brillante.
- ¡Es fantástico! ¡Más, más!
- ¿A qué viene tanta euforia, Olaf? – La suave voz de la Reina Elsa les sorprendió a sus espaldas.
- ¡Elsa! Te presento a mi nueva amiga, se llama Sei de Ningunaparte, ¡y sabe hacer fuegos artificiales! Le vas a pedir que los haga mañana en la fiesta, a que sí.
Elsa miró a Sei algo extrañada. "¿Qué diablos mira? Puede que esté debatiéndose sobre qué le sorprende más, si el poder hacer fuegos artificiales o mi procedencia de Ningunaparte…" Pero era real, no pertenecía a ningún lugar en concreto, en todo caso a las montañas en las que había crecido. A la cabaña.
- Sería genial contemplar un espectáculo de ese tipo. Si te parece bien podría ser después de cenar, aquí en los jardines para que todos lo puedan ver. – Dijo la rubia amablemente.
- Será un honor, Majestad, intentaré hacerle la fiesta todavía más maravillosa a la princesa.
Elsa asintió. Luego Olaf le dio unos leves tirones en el vestido y empezó a hablarle de muchas cosas, entre ellas el ramo de flores para Anna, a lo que la Reina le respondió con elogios y buenas palabras. Se despidieron de ella, Olaf moviendo efusivamente sus manos y Elsa con un leve gesto de la cabeza. Sei los vio alejarse mientras se enfrascaban en un paseo apacible. Ahí estaban, dos seres tan diferentes y que se entendían a la perfección. Era extraordinario verlos juntos. Desde luego la reina no llevaba lo que se dice una vida corriente, igual por eso desprendía ese aura tan mágica.
