Este capítulo es algo más largo, espero que lo disfrutéis. Y gracias por leer! La verdad es que como es mi primer fanfic todo es nuevo para mi, y los reviews me han hecho especial ilusión :D Ánimo y a leer!
3. La fiesta
El gran día llegó, pero el que para todos iba a ser un día festivo para la Compañía iba a ser de especial trabajo. Pasaron gran parte de la mañana debatiendo con los guardias que protegían el palacio cuáles debían ser sus posiciones, y haciendo turnos en las cocinas pendientes de que no se colase ningún veneno o sustancia sospechosa en los alimentos que se servirían en la cena. Incluso a la hora de comer se repartieron por el palacio, pendientes de cualquier movimiento sospechoso. El jolgorio de las fiestas y la confusión de gentes que se crea es un ambiente idóneo para actuar para los maleantes. Pero hasta el momento todo estaba limpio y sin rastro.
A Sei le tocó vigilar a Anna hasta la tarde. Así que fue en su busca, y la encontró saltando por los pasillos.
- Princesa Anna, ha llegado el día, ¡felicidades! – Sei le hizo una intensa reverencia.
- ¡Gracias! Pero puedes llamarme Anna, ellos se empeñan en referirse a mi como princesa por mucho que les digo que no hace falta, pero como creo que te veré mucho por aquí ya va siendo hora de deshacernos de la formalidad, ¿no crees?
- Me alegra oír eso, siempre he pensado que son protocolos innecesarios. Yo soy Sei, supongo que no recordarás mi nombre. – Dijo divertida, sabiendo que Anna necesitaba ese dato.
- Oh, vaya, estaba a punto de preguntártelo pero me daba, ya sabes, un poco de vergüenza.
- Es normal que no te acuerdes de todo el mundo que entra y sale de aquí, tranquila.
Acompañó a Anna a probarse el vestido que se pondría por la noche, más bien la ayudó a decidirse por uno.
- Te queda muy bien princes…digo, Anna. Seguro que deslumbras esta noche.
- Bueeeno digamos que es difícil deslumbrar teniendo a mi hermana presente. Ella podría tener a cuantos príncipes y apuestos caballeros quisiese pero prefiere permanecer sola. Yo siempre le digo que caerá en los brazos de quien menos espere. – Anna ya estaba sentada con una mujer preparándole un complejo peinado lleno de giros.
- A lo mejor sólo necesita tiempo. Por lo que he oído, pasasteis unos años duros. Tal vez sólo sea cuestión de dejar que las heridas se cierren, estabilizarse, y ya dejará paso a todo lo que tenga que pasar en su vida. Esa es mi humilde opinión, claro, tampoco soy una entendida en estos temas.
Anna se giró para mirarla. Pasó la mirada primero por su largo pelo moreno y el par de finas trencitas que llevaba, luego pareció fijarse en sus pómulos bronceados, relucientes, y por último se detuvo de nuevo a escrutar sus ojos.
- Puede que tengas razón. Sí, seguro que es eso. Quién sabe, tal vez sea esta noche la noche mágica, o tal vez dentro de un mes, o de un año, ¡o nunca!
Anna rio alegremente. Realmente a Sei le parecía que Elsa era un ser inexpugnable, impenetrable, que quien quisiese cortejarla tendría que tener mucha paciencia y que posiblemente tardaría años en conseguir abrir su corazón.
- ¿Puedo preguntarte algo? – Preguntó la princesa con expresión de niña pequeña.
- Claro, dime.
- ¿Por qué…te brilla la piel un poquito?
- Mmm… es algo con lo que he nacido, supongo que será un efecto colateral de los poderes de fuego que tengo. Centellean un poco desde dentro…- contestó con naturalidad.
- Ooh, curioso, me tienes que enseñar esos poderes.
- Todo a su tiempo. – Sonrió.
Por la tarde se palpaba la festividad en cada rincón del palacio. La gente del servicio iba de aquí para allá ultimando detalles puesto que los invitados de distintos reinos empezarían a llegar de un momento a otro. Por lo que parecía iban a llegar personas importantes de bastantes reinos cercanos y lejanos, ya que este era el primer cumpleaños de la princesa con las puertas abiertas quería celebrarlo a lo grande. La Compañía se reunió en la habitación de Gorrot. Eligieron una vestimenta de cuero negro y una capa ligera y elegante; aunque ellos seguirían trabajando a pesar de estar en la fiesta, tendrían que vestir con prendas más refinadas aunque igual de cómodas.
- A simple vista parece que va a ser una noche muy calmada, pero aun así tened cuidado con lo que bebéis, ¡tenéis que tener los sentidos despiertos! – Les advertía Gorrot. – Sei, hoy te concedo el honor de custodiar a la reina. Sé que no es lo más apasionante porque estará constantemente saludando a los invitados, pero Riuna y Rásgar tienen más experiencia en eso de olfatear sospechosos por ahí, así que ellos estarán haciendo la ronda por todo. Yo me encargaré de conversar con unos cuántos invitados que me intrigan.
- Estupendo…será apasionante, no me cabe duda…- dijo con sarcasmo.
"Genial. Va a ser divertidísimo vamos. Ya me estaba imaginando una noche de diversión y puede que algo de acción, pero despídete, va a ser una noche soporífera mirando como la reina habla con todo personaje que se le presente."
Cuando entraron en el Gran Salón ya había algunos invitados, todos perfectamente vestidos, y todos los miraban disimuladamente al entrar. Debían de llamar un poco la atención con sus ropas y su forma desenfadada de caminar. Anna los saludó desde lejos y fueron a su encuentro. Afortunadamente, Sei le había recordado el nombre de todos el rato que había estado con ella por la mañana.
- Gracias por venir, Gorrot, Rásgar, Riuna y Sei. – Esta última le hizo un gesto con la mano en señal de "bien hecho".
- Estás espléndida princesa, tu novio puede estar orgulloso. – La aduló Gorrot.
- Muchas gracias pero no es para tanto.- Sonrió sonrojada.- Oh, ahí llega mi hermana.
La reina hizo su aparición con un vestido, un porte y un caminar sobrecogedores. Los que no la habían visto antes quedaron fascinados en ese momento. Entre ellos, como no, Rásgar, que no podía quitarle los ojos de encima.
- Ya te dije que no se puede deslumbrar a nadie si está ella… - susurró Anna. Sei torció la cabeza. Puede que tuviese razón.
Ambas se dirigieron hacia donde estaba Elsa, una como hermana y otra como escolta. "Y aquí empieza la fiesta". Las hermanas se abrazaron. Sei hizo una reverencia.
- Hola, Sei de Ningunaparte. – Elsa sonrió pícaramente.
- Hola, Reina del Hielo- le devolvió la sonrisa.
- Veo que te ha tocado a ti protegerme de los bandidos esta noche.
- Sí, me vas a tener detrás de ti en todo momento. Pero no voy a entorpecer tus labores reales, no te preocupes.
Al momento empezaron a acercarse invitados, a saludar, halagar, reverenciar, todo lo inimaginable. Pronto se llenó la enorme sala de gente, y los sirvientes empezaron a pasar con bandejas con copas de vino y otras bebidas. "Oooh vino, necesito un trago. No, no, nada de alcohol. Tienes que estar alerta. Pero por aquí todo va bien. La reina Elsa habla educadamente con todos los que se acercan a ella, es muy paciente y calmada, no sé cómo puede mantener la compostura todo el rato. ¿Quién querría rebelarse en su contra? A pesar de ser muy reservada se muestra cálida con la gente. Tal vez le teman a sus poderes, o más bien a cómo los pueda usar." Una voz la sacó de sus pensamientos.
- ¡Sei, Sei! – Era Olaf el que tiraba de su capa. – Te aburres.
- Hey, Olaf, perdona, estaba enfrascada en mi mundo interior
- ¿Tienes un mundo interior? Guau, me lo tienes que enseñar.
- Bueno no es eso exactamente, me refiero al mundo de mis pensamientos, que no se ve, sólo yo puedo "oírlos" porque sólo yo estoy dentro de mi cabeza. – Notó cómo Elsa les echaba una mirada rápida antes de volver a girarse hacia un invitado.
- Vale, entiendo. Creo que yo también tengo un mundo interior.
- ¡Pues claro! Todos lo tenemos. Pero bueno, ¿querías algo?
- Quería recordarte lo de los fuegos artificiales.
- Me acuerdo, no se me va de la cabeza. Disfruta de la fiesta mientras tanto porque va a salir bien. ¿Le has dado ya tu regalo a Anna?
- Luego, pero shhh.
- Shhh…
Se despidieron y vio al muñeco de nieve perderse entre la gente.
- Veo que os entendéis bien. – Parecía que la reina tenía un momento de respiro.
- Vamos Majestad, ¡aprovechad para picar algo ahora! – Sei aprovechó que pasaba un camarero a su lado para quitarle la bandeja llena de comida y ofrecérsela a Elsa ante la atónita mirada del hombre.
Elsa se rio abiertamente con ese movimiento espontáneo.
Ambas picaron lo que pudieron, pero a la reina se le acabó pronto la paz ya que se acercó un apuesto joven. "Igual tiene razón Anna después de todo, y esta será la noche mágica". Desde luego el chico era educado y trataba con todo el respeto del mundo a Elsa. Se llamaba Jack, y provenía de algún lugar del sur. Estuvieron un buen rato hablando mientras Sei observaba cómo atardecía a través de las ventanas.
Al fin, Elsa le dio la señal de que subiese a la torre más alta del castillo. Olaf la guiaría. Anunciaron a todos los presentes que saliesen al jardín. Anna parecía entusiasmada, porque evidentemente eso no se lo esperaba.
Sei y Olaf llegaron a la torre más alta. Debajo de ellos podían ver a la multitud de gente que se agolpaba en el patio del palacio, y se mezclaron con gente que venía del pueblo que se acababa de enterar de que algo iba a ocurrir. "Espero estar a la altura"
- ¿Preparado, Olaf?
- Más que nunca en mi vida.- La miraba con cara de expectación absoluta.
- Que empiece la función.
Como había hecho con el muñeco de nieve dos días antes, empezó alzando el dedo índice al cielo, y dio comienzo al espectáculo de chispas y fuego. Fue disparando haces de chispas que impregnaban el cielo estrellado de colores anaranjados. Luego les dio formas: en espiral, en forma de olas, en forma de abanico, incluso consiguió dibujar en el aire el símbolo de la nieve, como guiño a la reina Elsa y al resto del pueblo de Arendelle; con esto se ganó montones de aplausos que pudo oír desde ahí arriba. Intercalaba llamaradas de fuego con chorros de chispas que cambiaban de un tono rojo intenso a un amarillo muy claro. Llegó un momento en el que apenas daba abasto a lanzar fuegos artificiales con ambas manos. Para finalizar, sopló, y salieron de su boca unas pequeñas chispas centelleantes que flotaban y descendían suavemente hacia la gente. A medida que soplaba se iba cubriendo la pequeña porción de cielo que rodeaba el palacio de esas bellas luces tintineantes. Realmente era un espectáculo digno de admirar. El extenso público prorrumpió en fuertes aplausos.
- Bueno, creo que ha quedado bastante bien. Ahora veremos qué opinan. – Le dijo a Olaf, pero Olaf estaba con la boca abierta, atónito.
- Ha sido…ha sido…no sé qué decir por una vez en mi corta vida.
Bajaron y salieron al patio, donde todavía estaba todo el mundo bajo las luces tintineantes que quedaban. Se dirigieron hacia las dos hermanas.
- ¡Ha sido maravilloso! ¡No puedo describirlo! – Anna la agarró eufóricamente. – Muchísimas gracias, lo has convertido en un cumpleaños insuperable. Gracias a ti también Elsa, por pensar en todo.
La menor se acercó a darle un beso en la mejilla a su hermana mayor. Esta sonrió.
- Sei tiene todo el mérito. Ha sido una grata sorpresa descubrir tus poderes. No sabía que hubiese más gente…
- Vuestros poderes son opuestos, ¡podéis luchar! ¡O fundiros! – Olaf habló de repente. Y su comentario descolocó a las tres chicas.
"¿Luchar? Algo muy malo tendría que pasar para que eso sucediese. Pero ¿fundirnos? Jajajaja ¿qué demonios quiere decir eso, Olaf?"
A partir de ahí la noche se llenó de alegría para Sei, muy lejos de ser la noche soporífera que ella esperaba. La gente se acercaba para felicitarla por los fuegos. Conoció a mucha gente. Casi se olvidó de que su tarea ahí era vigilar a Elsa, pero ella también estaba animada y todo marchaba perfectamente. De vez en cuando se cruzaba con algún miembro de la Compañía, y se saludaban animadamente, aunque le pareció percibir un ligero enfado de Gorrot, supuso que por haber abandonado su puesto y haberse dedicado a lanzar fuegos artificiales, pero no le importó. "Este sitio es acogedor, mucho. Son gente entrañable. Me hubiese gustado tener una familia así…" La reina le sacó de su ensimismamiento.
- Perdona, sólo quería decirte que voy a entrar dentro, por si quieres acompañarme.
- Claro, sí, perdón Majestad, estaba en…
-…en tu "mundo interior", ¿no? – Elsa alzó una ceja y se giró para entrar al palacio.
Sei sonrió ante ese comentario. "A esta mujer no se le escapa una." Una vez dentro, Elsa cogió una copa de vino y Sei algo de comer. Vio a lo lejos a Olaf llegar lleno de entusiasmo y entregarle el ramo de flores a Anna. Fue a comentárselo en voz alta a la reina cuando el bocado que se había metido en la boca se le fue por otro lado al tragar. Tosió y tosió, pero no conseguía apartarlo de su garganta. En un intento desesperado le arrebató la copa a Elsa y se bebió de un trago todo el vino que quedaba. Tosió un poco más y por fin se liberó del sufrimiento.
- Buff…qué agobio…malditos canapés…si no le importa, Majestad, voy a salir a tomar el aire un momento.
- Claro, no te preocupes. – Respondió Elsa.
Salió al patio y respiró despacio. Permaneció unos minutos así hasta que su cuerpo volvió a la normalidad. Oía el bullicio de la fiesta tras ella, pero…cada vez lo oía más lejano. Su cuerpo empezaba a responder con movimientos lentos. Abrió los ojos, veía con menos nitidez. Su mente giraba a una velocidad de vértigo, lo que le provocó un leve mareo. Se apoyó en la pared del palacio. "Qué me está pasando." Pero poco a poco empezó a recobrar la energía, demasiada. Sus ojos veían con redoblada nitidez, y su cabeza pensaba con el triple de certeza. Notó cómo una parte de su ser se desvanecía. Miró hacia el interior del palacio y lo último que vio fue a la reina Elsa mirándola con ojos penetrantes. Y sin más, su Yo consciente se hundió en la oscuridad.
