Hola a todos y todas! Gracias a los que leéis y comentáis y también a los que leéis y no comentáis! :D a ver qué nos depara este capítulo, vamos allá.
4. Frío despertar
Entreabrió los ojos. La luz del sol la cegaba. Volvió a cerrarlos. "Puff, ¡cómo me duele la cabeza!" Hizo un segundo intento de abrir los ojos. Consiguió ver el techo. Estaba en su habitación. O tal vez no. Miró un poco a su alrededor y vio que la habitación en la que estaba era más amplia y más elegante. Entonces se giró. Se quedó sin aliento. La reina Elsa descansaba a su lado cubierta por una sábana. Desnuda. Sei ahogó un grito. "No. No, no, no y no. No puede ser, no puede ser…" Elsa se movió ligeramente. "No te despiertes, no te despiertes por lo que más quieras. Voy a irme sigilosamente y aquí no ha pasado nada. Tú no te acordarás y yo me llevaré el secreto a la tumba." Pero resultaba difícil despegarse de la cama con esa bella imagen al lado. Aun así, hizo un esfuerzo y se incorporó. Estaba a punto de echar un pie al suelo cuando Elsa se despertó.
- ¡Qué haces aquí! – La reina se incorporó también cubriendo su cuerpo con la sábana. – Esto no puede ser…no…yo no…¡fuera de mi cuarto!
- Emm, espera Elsa, digo Majestad – hablaba atropelladamente – tenemos que pensar un momento.
-¡¿Cómo quieres que me calme?!
El hielo empezó a emerger del cuerpo de Elsa congelando primero la cama y luego las paredes.
- Tranquila Elsa, tranquila, respira. – Se decía a sí misma.
Sei esperó unos minutos a que se calmara.
- No sé tú, pero yo no recuerdo absolutamente nada. Lo último que recuerdo es que salí a tomar el aire.
- Yo tampoco recuerdo nada. Tal vez no pasó nada, simplemente… nos desnudamos y nos dormimos. – la cara de Elsa era de total imploración a cualquier ser Divino.
- Ya…claro. – Murmuró Sei.
Se quedaron en silencio un rato, sopesando posibilidades. "Confieso que estás tremendamente encantadora tan ruborizada y tan nerviosa, pero no pienso decírtelo." Pensó mientras miraba disimuladamente a la reina. Elsa, al percatarse de esto, formó un vestido en su cuerpo con un simple movimiento de la mano. "Aguafiestas…".
- Esto debe permanecer en secreto. – La aguda angustia de la reina era más que evidente en su rostro.
- Eso ni lo dudes, como llegue a oídos de Gorrot te aseguro que me manda a la punta de la Montaña del Norte de un guantazo.
Elsa se asomó a la ventana.
- Oh, es tarde. Hemos tenido suerte de que no hayan venido a despertarme para dejarme descansar después de la fiesta de ayer, pero posiblemente no tardarán. ¿A qué esperas para vestirte?
- Va a ser curioso que alguien me vea salir de la habitación de la reina con la ropa de anoche…
- Tienes razón, te dejaré algo, aunque no sé qué será peor…- fue al armario. – Toma mi ropa de montar. No tendría sentido que te vieran con un vestido ahora.
Elsa se dio la vuelta mientras Sei se vestía. "A ella nadie le va a decir nada porque es quién es, pero si a mi me ve alguien de la Compañía entrar así a mi habitación…estoy perdida." Se dirigió a la puerta.
- Bueno…Majestad, creo que tendríamos que hablar en algún momento de lo que nos pasó anoche. Algo raro pasó.
Elsa miraba por la ventana otra vez, sin dirigirle la mirada.
- Hablaremos de esto en otro momento. Ahora vete. – Dijo fríamente.
Estaba empezando a nevar en la habitación. Elsa estaba claramente nerviosa y muy molesta. Evidentemente había sido un shock para ella, que seguramente había llevado una vida tranquila en exceso. ¿Despertarse DESNUDA en su propia cama al lado de una CHICA DESCONOCIDA? Sería difícil de asimilar. Así que Sei decidió darle un tiempo antes de volver a abordar el tema. Pero en algún momento tendrían que abordarlo, porque algo había pasado y no pararía hasta descubrirlo. Cerró la puerta tras de sí. Por suerte el pasillo estaba vacío en ese momento, pero de pronto oyó unos pasos acercarse en uno de los extremos, así que echó a correr hacia el extremo contrario. Se escabulló por unas escaleras e intentó orientarse. No le sonaba nada de esa zona, si había pasado por ahí la noche anterior su cerebro no lo había registrado. Al final logró encontrar el pasillo de su habitación. No tenía la menor idea de dónde estarían todos en ese momento, ¿durmiendo? ¿De guardia? ¿En el pueblo? Ni si quiera sabía qué momento del día era. Decidió arriesgarse y caminar de la forma más natural posible. Entró a su habitación. Estaba salvada. Se dejó caer en la cama. "Esto es muy surrealista. ¡Con la reina! Si se lo contase a Rásgar se moriría de envidia. En fin, ha sido un grave error, tengo que averiguar qué pasó. Pero lo pensaré en otro momento porque estoy que me muero de cansancio".
¡PUM, PUM, PUM!- Llamaron a su puerta.
Saltó de la cama y se quitó atolondradamente la ropa de Elsa, la escondió y…no le dio tiempo a ponerse nada encima porque Rásgar entró en su habitación sin ningún tipo de miramientos.
- Hombre, por fin te encuentro.
- ¡Pero es que no te han enseñado modales! ¡No te he dicho que pases!
- Venga Sei, ¿ahora te haces la remilgada?
El susto la había alterado. Rásgar la había visto mil veces en ropa interior, así que no tenía sentido esconderse ahora. Buscó algo de ropa, unos pantalones ceñidos de cuero marrón y una prenda atirantada para la parte de arriba igual. Ni siquiera se molestó en ponerse una capa.
- ¿Dónde te has metido toda la mañana? Gorrot estaba un poco, por no decir muy, furioso. Anoche tampoco te despediste.
- Ya bueno, yo iba donde iba la reina, si ella desaparece pues yo también tenía que desaparecer. – Contestó evadiendo la primera pregunta por completo.
- ¿Dónde fuisteis? – Preguntó por curiosidad.
- Se agobió un poco, le dio una especie de mareo o algo así y la acompañé a despejarse… pero bueno, qué importa. ¿Qué tal vosotros? ¿Alguna novedad?
- No mucho. Gorrot estuvo hablando con un príncipe de las Islas del Sur, un hermano de ese Hans del que nos hablaste. Parece que quieren seguir teniendo buenas relaciones con Arendelle. Creo que se llamaba Jack.
- Aah, el príncipe con el que estuvo hablando la reina. Interesante. Bueno, ellos no tienen la culpa de que su hermano pequeño sea un estúpido. Pero entonces, ¿le pareció sospechoso o algo?
- En principio no, pero sí que hizo un comentario de que conocía a mucha gente "importante" de Arendelle. Así que está bajo leve sospecha. Por cierto, cuando estabas lanzando fuego desde la torre estuve muy cerca de la reina Elsa, ¡incluso hablamos! Le dije que llevaba un vestido precioso.
- Oh, ¿en serio? ¿Puedes ser un poco más cursi? – Dijo Sei mirando hacia otro sitio. "Pobre chico, emocionado porque intercambió tres palabras con la reina."
- Fue muy amable conmigo. Yo no he tenido la suerte todavía de custodiarla, ¿sabes?
- Ya te tocará aguantar sus eternas conversaciones banales con gente desconocida. – "Y su olor fresco y relajante, que te envuelve sin darte cuenta." Sacudió la cabeza. - En fin, ¿qué te parece si damos un paseo por los alrededores de la ciudad y nos relajamos un rato?
- Me parece que es la mejor idea que has tenido en mucho tiempo, amiga. – Le dio una palmadita en el hombro y salieron del palacio.
Hacía un día templado y el cielo estaba despejado. No se podía pedir más a un paseo por los campos verdes que rodeaban Arendelle. Al principio llevaban los caballos al paso, pero pronto los pusieron al galope sin rumbo alguno. Siguieron un camino que llevaba hasta un saliente que tenía al lado una cascada. Las vistas eran asombrosas. Sei se juró a sí misma que volvería a ese sitio para ver un atardecer. Se tumbaron en la hierba, sacaron un poco de pan y queso que habían comprado y comieron. Sei estaba muerta de hambre, lo último que había comido fue el canapé de la noche anterior. "Eso es lo que recuerdo, por lo menos, si comí algo más no tengo ni idea" y aunque una parte de ella le decía que tenía que estar nerviosa, el resto de sus partes estaban totalmente relajadas.
- Esto es vida. – Comentó Rásgar. – Estoy casi tan a gusto como cuando voy a visitarte a la cabaña.
- Allí estás tan a gusto porque la buena de Kandy te hace siempre tus comidas favoritas. – Dijo estirándose completamente sobre la hierba.
- También estoy a gusto cuando la haces tú.
- Eso es porque he aprendido de la mejor.
Estuvieron un rato en silencio, simplemente disfrutando del apacible momento. Por un momento se le pasó por la cabeza como un rayo contarle lo que había pasado, pero lo descartó rápidamente. "¿Qué le voy a contar? Si realmente no tengo ni idea de lo que ha pasado, sólo sé que he despertado en una habitación que no era la mía, ya está." Bostezó. Volvió a bostezar.
- ¿Has dormido mal o qué? – Preguntó Rásgar.
Sei sonrió para sus adentros. "No sé qué pasaría anoche, pero estoy agotada. Pasar la noche en los aposentos de la reina y no acordarse…qué triste".
