Hola otra vez y gracias a todos otra vez! :) Vamos con el siguiente, espero que os guste, al ataque!
5. Las aguas del fiordo
Estaba oscureciendo cuando Rásgar y Sei volvieron al castillo. Empezaban a encenderse las luces de las casas del pueblo y las del propio palacio. Dejaron los caballos que les habían prestado en las cuadras y se dirigieron a una pequeña puerta lateral que daba a las cocinas. Allí se cruzaron con Gerda, la sirvienta más allegada a las hermanas que se había encargado de cuidarlas desde pequeñas.
- Aquí está la mujer más hermosa de este reino. – Dijo Rásgar en voz exageradamente alta.
La rechoncha mujer se acercó secándose las manos con un trapo y con cara de medio reproche, medio diversión.
- Y aquí está el más cantamañanas de los invitados. – Le sacudió con el trapo en el brazo. - ¿De dónde salís vosotros dos? Vuestro amigo Gorrot os ha estado buscando.
Rásgar y Sei se miraron alarmados.
- Hemos ido a conocer un poco el entorno, tiene muchos rincones interesantes este país, y no estoy dispuesta a irme de aquí sin conocerlos. – Contestó Sei con sinceridad.
- Ya…y os vais…¿sólos? – La mujer los miraba inquisitiva, sin duda alguna estaba saliendo su lado cotilla.
- Sí, los dos solitos. ¿Qué?¿Qué pasa? – Preguntó Rásgar ante la mirada de sorpresa de la mujer.
Sei cruzó los brazos y miró al suelo riéndose.
- Lo que Gerda insinúa es que somos más que amigos, Rásgar.
- ¡Ah, no! ¡Por supuesto que no! ¡Si somos como hermanos!
- Es cierto, sólo amigos.
- Ya…me alegro porque creo que no haríais buena pareja. Seguro que acabaríais siendo un matrimonio mal avenido.
Los tres estallaron en risas. Se habían cruzado tantas veces con la mujer en los pocos días que llevaban allí que les había bastado para cogerse cariño mutuamente. Pero los dos jóvenes notaron algo alrededor, un movimiento rápido.
- Silencio, ¿has oído eso, Sei?
La chica no respondió. Miró hacia los lados. Nada. Lanzó una llamarada de fuego al aire para ver con mayor claridad en la oscuridad, y en los pocos segundos que duró el fuego, lo vio. Una figura oscura había subido de alguna manera a un balcón del primer piso y estaba intentando subir al tejado de arriba, muy cerca de la ventana de la reina.
- ¿Pasa algo? – La voz de Gerda resonó en el silencio del patio.
La figura abandonó súbitamente su propósito, si es que no lo había conseguido ya, volvió sobre sus pasos y saltó de vuelta al patio, a unos cuantos metros de distancia de ellos. Echó a correr velozmente en dirección a la muralla. Rásgar y Sei no se lo pensaron y lo siguieron a toda velocidad, seguidos por los guardias del palacio que vigilaban esa zona y lo habían visto. Parecía que el bandido iba a chocar con la muralla, pero en el último momento saltó, y con el impulso de la velocidad que llevaba, consiguió trepar hasta lo alto de la muralla. Los jóvenes de la Compañía no se quedaron atrás y treparon ágilmente. Los guardias, por el contrario, necesitaban su tiempo para impulsarse unos a otros, y sí que se quedaron rezagados. El encapuchado siguió huyendo a lo largo de la muralla, hasta que llegó al final de esta, rodeado por las aguas del fiordo. No tenía escapatoria.
Cuando estaban a unos metros del encapuchado lo vieron lanzarse al agua.
- Maldita sea, ¡qué hace! – Gritó Rásgar.
Pero Sei no se detuvo. "Ni de broma me quedo en tierra a contemplar cómo se escapa". Y se lanzó al agua tras él.
- ¡Nooo! – Oyó el alarido de su compañero antes de chocar contra las frías aguas.
Sumergirse en esas gélidas aguas era delicado para su elevada temperatura corporal fruto de sus poderes, era un contraste muy grande. Aun así, salió a la superficie y buscó con la mirada al susodicho. Lo localizó alejándose deprisa. "A por él". Pero algo la hizo frenarse de pronto. Su cabeza se estaba colapsando, un mar de imágenes sin sentido la desbordaban. Repentinamente, su memoria le lanzó información de forma brusca:
Flashback
Vio a la Reina Elsa mirándola con ojos penetrantes desde dentro del Gran Salón. Por alguna razón no estaba asustada por el mareo y el malestar…al contrario, estaba más decidida que nunca. Se miraron durante unos segundos interminables, suspendidos en el tiempo. Sei empezó a caminar, firme, hacia el interior, en dirección a la rubia, sin quebrar ni un ápice la intensa mirada que las unía. Elsa la esperaba con un gesto imperturbable. Sei no se detuvo hasta el último momento, quedando frente a frente, muy cerca la una de la otra. Pero la expresión de las dos seguía inmutable. No había palabras, no hacían falta. Se estaban entendiendo a la perfección. Sólo existían sus miradas y el torbellino de sensaciones que se escondían tras ellas. La gente bailaba a su alrededor, pero no los veían, algunos las miraban, pero no importaba. Elsa se giró y comenzó a caminar en dirección a la salida del Gran Salón, apartando poco a poco la mirada de esos hondos ojos oscuros. Sei dibujó una leve sonrisa en la comisura de sus labios, y la siguió. Recorrieron así varias salas y pasillos del palacio, la reina por delante y la protectora por detrás, sin dirigirse la palabra. Llegaron a un pasillo desierto, con grandes ventanales, y se detuvieron frente a una puerta.
- ¿Son estos vuestros aposentos, Majestad? – La voz de Sei sonaba seria y lejana.
- Así es. Pensaba que tal vez te gustaría conocerlos.
- Es una idea maravillosa.
Apenas había terminado de hablar cuando Elsa abrió la puerta, la agarró y tiró de ella hacia dentro. Entonces Sei no pudo aguantar más. Cogió a Elsa y la estampó contra la pared todo lo suavemente que le permitían sus renovadas energías. Volvieron a conectar sus miradas durante unos breves segundos, y como si sus ojos hablasen, se perdieron en un profundo beso.
Fin flashback.
Sei volvió en sí poco a poco, todavía flotando sobre las aguas del fiordo. Estaba turbada, aturdida, confusa. "¿Qué significa esto ahora? ¿A qué viene?" Su memoria había empezado a rellenar esos huecos vacíos que tenía de la noche anterior con la información que estaba consiguiendo recuperar y organizar. Lentamente fue tomando conciencia de dónde se encontraba. "El fugitivo, ¡no!" Miró por todas partes pero no vio ni rastro. Había conseguido huir. Le invadió la rabia por completo. "Si no fuese por esos malditos recuerdos habría atrapado al encapuchado, ¡aaaagg!" Gritó internamente.
- ¡Sei, Sei, ¿estás bien?! ¿Qué haces ahí parada?– Empezó a llegarle la voz de Rásgar desde lo alto de la muralla. Obviamente no le iba a contar lo que se le acababa de pasar por la cabeza, tenía que inventarse algo.
-…sí, estoy bien. Pero el cambio de temperatura tan drástico me ha dejado un poco…atontada. Me he quedado sin fuerzas para seguir al ladrón…o asesino, o lo que sea.
- Buff, pues te has empapado para nada. No te preocupes, lo cogeremos, y si no a él, a su jefe. Ya verás.
La chica fue nadando hasta las rocas que había al pie de la muralla. Acordaron encontrarse en la puerta en la que habían dejado a una patidifusa Gerda. "Nos besamos, ¡nos besamos! Elsa no va a volver a dirigirme la palabra nunca jamás. No creo que ese lado fogoso de la reina salga a la luz muy a menudo…nos drogaron, pero, ¿por qué?" Entraron los dos en el castillo en dirección a las habitaciones de la reina, para comprobar que no había pasado nada, pero a medida que se acercaban notaron cómo descendía la temperatura. "Tú también lo has revivido, eh Elsa. Y estás muy nerviosa".
Toc, toc, toc.
Rásgar llamó a su puerta con suavidad.
- Majestad, somos de la Compañía, queríamos asegurarnos de que se encuentra bien.
- Estoy bien, gracias. – Oyeron su voz implacable al otro lado de la puerta.
Sei y Rásgar se miraron encogiendo los hombros. "Estaba claro que no nos iba a abrir, visto lo visto."
- ¿Estáis esperando a que os abra la puerta? Tiene esa mala costumbre de vez en cuando…- dijo una irónica Anna, que apareció por el pasillo. – Ya me ha contado mi hermana vuestro verdadero propósito en Arendelle. Espero que tengáis suerte con la búsqueda. ¡Si puedo ayudaros en algo estaré encantada!
"Qué adorable eres, Anna. ¿Podéis ser más diferentes tu hermana y tú?"
