6. Un asado para recordar

Pasaron unos días bastante tranquilos en Arendelle. Todo había vuelto a la normalidad excepto su reina, que se dejaba ver más bien poco y parecía un tanto alterada. Evidentemente, Sei sabía a qué se debía ese estado de ánimo tan susceptible, pero había decidido hacer caso omiso a la reina hasta que accediese a colaborar en la búsqueda de explicaciones de lo que les había pasado la noche de la fiesta. "Esa mujer tan arrogante y orgullosa, no pienso ir arrastrándome hasta ella hasta que se digne a dirigirme la palabra, ¡o la mirada!" Pero aunque la morena trataba de mantenerse ocupada y no pensar demasiado en el asunto, no dejaba de preocuparle el hecho de que las habían drogado. Así que una mañana que coincidió con Gorrot en la guardia por los alrededores del palacio se animó a contarle algunos detalles de aquella noche.

- Hay un par de cosas que quería comentarte, Gorrot.

- Te escucho atentamente, querida Sei.

La joven organizó lo mejor que pudo las ideas en su cabeza y se concentró en poner cara de seriedad.

- Ya os comenté que la noche del cumpleaños de la princesa se había mareado un poco la reina, ¿recuerdas?

El hombre de pelo canoso asintió. Sei rogó para que no encontrase ningún atisbo de duda o mentira en su cara. Él la conocía demasiado bien.

- Pues…- pensó en el vacío que tenía en su mente de aquella noche y en el breve recuerdo que vino a su cabeza de la habitación de Elsa, pero no se atrevió a dar tanta información, sólo lo justo y necesario. - Me ha contado recientemente que cree que la drogaron de alguna forma, porque no recuerda nada de la noche desde que empezó a marearse. A lo mejor tendría que habéroslo comentado antes pero…no sé por qué no le he dado demasiada importancia…

Eso último no había sonado muy creíble, pero teniendo en cuenta la naturaleza despreocupada de Sei todo era posible. La mirada estoica de Gorrot no reveló ni disgusto ni ira, directamente parecía estar pensando en el siguiente paso a seguir con esos nuevos datos en juego.

- Es una información muy valiosa, desde luego, sobre todo si le sumamos que hubo un intruso, al que estuvisteis a punto de capturar en el fiordo, que intentó colarse en sus aposentos. – Dijo meditativo. – Quien quiera que fuese el que intentó envenenar a la reina tenía a alguien infiltrado en la fiesta.

Hablaron un rato más sobre el tema mientras recorrían la muralla de lado a lado. Aunque había contado la mitad de la verdad, Sei no se había quedado tranquila del todo. No sabía si lo que concernía a su propia intoxicación era importante o no, pero de momento así se iba a quedar. Se cruzaron con Anna y Kristoff, que volvían al palacio para ir a buscar a Elsa y su séquito para pasear por Arendelle.

- ¿Por qué no nos acompañáis? – Preguntó Anna entusiasmada. – Os enseñaremos los rincones más bonitos de la ciudad.

- ¡Claro! Además conozco una taberna donde hacen un asado…riquísimo. – Comentó el rubio casi relamiéndose.

"Parece un chico agradable." Pensó Sei. Y los cuatro volvieron al palacio a recoger a la reina y sus acompañantes.

Elsa hizo su aparición con paso pausado pero resuelto, tan elegantemente vestida como siempre. La seguían algunos de los consejeros con los que habían comido el primer día los miembros de la Compañía. Incluso Rásgar y Riuna se animaron a acompañarles en el paseo. Elsa saludó educadamente a todos, incluida Sei, que se quedó con cara de total desconcierto. "Llevas días ignorándome y ahora me saludas como si nada…". Pero la morena entendía perfectamente la situación y las razones de la reina para actuar así, y le respondió con la misma cortesía. El nutrido grupo se encaminó apaciblemente a recorrer las calles de Arendelle. Mucha gente los saludaba con admiración, otros vitoreaban a la reina, había un ambiente encantador. Sei se fijó en lo amables y cercanas que se mostraban la princesa y la reina con su pueblo, era evidente que el pueblo las amaba y que ellas lo agradecían. Anna saludaba a todo el mundo, no parecía la princesa, sino una habitante más. Por su parte, Elsa, era inconfundiblemente la reina, Sei no sabía si había nacido con ese semblante sabio y majestuoso propio de un gobernador o había aprendido a adoptarlo, pero le sentaba de maravilla. "Es como si hubiese nacido ya preparada para gobernar, pero algo me dice que bajo esa capa dura y helada que la mantiene firme hay algo más". Por fin llegaron a la taberna de la que tanto hablaba Kristoff, y ahí les dispusieron una enorme mesa para todos.

- No me digáis que no está delicioso, notad cómo cruje la grasa…mmm – Kristoff estaba retransmitiéndoles cada bocado que daba a los que compartían su lado de la mesa. Anna puso los ojos en blanco.

- Seguro que no te sabría tan delicioso si en vez de un pato fuese un reno…

El rubio la miró y luego miró su plato.

- Bueno, mientras no sea mi reno me parece bien. – Y le dio otro ávido bocado a su pieza de carne.

Anna resopló. "Son una pareja graciosa" pensó Sei riendo y mirándolos divertida.

- Me extraña que no te hayas traído a Sven a este paseo, no puedo creer que lo hayas dejado solo, no sé si sabrá vivir sin ti….

Las voces empezaron a sonar distorsionadas, se alejaban. Sei estaba perdiendo poco a poco el sentido de su cuerpo. Su memoria le estaba lanzando, otra vez, imágenes abruptamente, y no hubo forma de ver otra cosa que los recuerdos que le llegaban a su pensamiento presente.

Flashback

Elsa se separó suavemente de los labios de Sei y le tocó la cara con las manos.

- No es tu primer beso. – Afirmó la rubia.

- Es mi primer beso… con una reina, y eso no es fácil de conseguir. – Sonrió pícaramente.

Volvieron a besarse con energía, dejando que sus manos recorriesen cuidadosamente el cuerpo de la otra. A pesar de tener un mínimo control de sí misma, la parte prudente de Sei la obligó a tocar solamente partes neutrales del cuerpo de la reina, esperando una señal para ir más allá. Pero las manos de Elsa también se movían con brío. El largo beso se hizo más profundo, tanto, que sus respiraciones empezaron a agitarse, pidiendo algo más. Elsa rodeó a Sei con los brazos y la guió hasta la cama. Entonces, percibiendo la señal, fue esta la que tomó las riendas de la situación. Tumbó a la chica de hielo en la cama y se recostó sobre ella, sin dejar de besarse. Sus manos recorrieron los blancos brazos de la chica y pudo sentir el frío y fino tacto de su piel, parecía terciopelo. Nunca había tocado una piel tan tersa y delicada. Pero no se detuvo, de ahí pasó a sus piernas, subiendo por el corte que tenía el vestido de Elsa en un lado. La joven reina cerró los ojos y dejó que su cuerpo fuese desenvuelto poco a poco, como un regalo que lleva mucho tiempo esperando a ser abierto. A medida que la morena descubría el cuerpo que tenía debajo se quedaba más fascinada, era verdaderamente bello. Terminó de quitarle el vestido congelado todo lo delicadamente que le permitió su creciente deseo interior, y se quedó pasmada mirando esa imagen que tenía delante, era impoluta, real, auténtica, parecía un sueño. Elsa la sacó de su letargo atrayendo su cara hacia sí y empezando a desabrocharle la capa y los cordones de la camiseta con rapidez. Palpó la daga que la de la Compañía llevaba en un lado de la cadera.

- Supongo que esto lo llevas por si alguien me ataca esta noche con sus garras. – Elsa sostuvo la daga, juguetona. – Tal vez deberías usarla contra ti misma.

- Tal vez debería poner mis garras sobre ti de una vez.

Tiraron la daga al suelo y rodaron por la cama. Ya no era momento de delicadezas, la excitación que recorría a ambas tenía que salir por algún sitio y cuanto antes.

- Enséñame tus garras, y ruge.

Fin flashback

La voz ardiente de Elsa fue lo último que oyó en su cabeza antes de volver a centrar su cerebro en la taberna en la que se encontraban. Esa voz permaneció unos segundos resonando en sus recuerdos. "…Elsa, oooh, Elsa, esto no me lo esperaba para nada". Miró a la reina, que estaba en el otro lado de la mesa. Era evidente que acababa de revivir lo mismo porque sus cubiertos, su silla y su lado de la mesa estaban congelados, su cara estaba completamente roja y rehuía cualquier mirada que se centrase en ella, sobre todo la de Sei. Esta, por su parte, se encontraba tan alterada en su interior que no sabía si reír o salir corriendo. Le ardía la piel. Se miró el brazo y vio cómo resplandecía más de lo normal. Pero poco a poco consiguió recuperar un poco la compostura. No podía perderse esa escena de una Elsa totalmente sofocada, y eso era complicado en la Reina de Hielo.

- Elsa, ¿estás bien? – Preguntó Anna, preocupada.

- Sí…es sólo que…estaba enfrascada en mi mundo interior. – Miro de soslayo a Sei en busca de ayuda. La morena alzó una ceja con una sonrisa socarrona.

"Para ser tan reservada en el día a día esa noche estabas muy…suelta". Vio la cara de la reina ruborizarse todavía más. Había captado el mensaje perfectamente.

- ¿Pensabas en cosas interesantes? – Preguntó Rásgar inocentemente.

Antes de que la azorada Elsa pudiese responder, Sei salió en su ayuda.

- Todo mundo interior es interesante. No seas grosero, Rásgar, no se le puede preguntar a la reina de Arendelle así como así por todo lo que se le pasa por la cabeza. Seguro que tiene muchas cosas en las que pensar.

Elsa hizo un leve movimiento de cabeza en señal de agradecimiento.

Terminaron de comer el delicioso asado. Kristoff tenía razón, estaba exquisito. De vuelta al castillo, Elsa se puso al lado de Sei y le susurró:

- Creo que tenemos que hablar.

Y volvió a la vanguardia de la comitiva. "Sí, porque estos recuerdos me van a acabar matando si siguen apareciendo cuando menos lo esperamos, no es fácil ver esas cosas y luego tener que seguir una conversación con normalidad, como si nada hubiera pasado".