Gracias otra vez por leer y comentar! :D Aquí os dejo el siguiente capítulo, disfrutadlo!

8. Más allá de las estrellas.

En los días siguientes a Sei le costaba conciliar el sueño, y muchas veces, cuando conseguía dormirse, se despertaba bruscamente con pensamientos desordenados. La mayoría de esos pensamientos estaban relacionados con Elsa. Desde que los recuerdos de la noche que pasó en la habitación de la reina la asaltaban no paraban de interferir en sus momentos de descanso, a pesar de que la última vez fue en la taberna comiendo asado. Más de una noche se despertaba con la piel abrasando, a causa de sus poderes, que empezaban a cobrar vida aun sin ella permitirlo. "Esto es nuevo, vamos. ¿Desde cuándo pierdo yo el control de los poderes? Tengo que apaciguarme." Así que cogió la costumbre de levantarse temprano, antes del amanecer, y visitar la gran biblioteca del castillo para ojear los libros como una niña pequeña rebosante de ilusión. Cada libro era una aventura, y esa sala estaba plagada de aventuras distintas, siempre había una idónea para cada día. Cuando se quedaba en la biblioteca salía sobrada de fantasía e inspiración. Otros días le apetecía más actividad y salía al patio o a los jardines a hacer ejercicio físico o con las armas. "Total, ya que duermo mal, por lo menos aprovecho el tiempo". Esa era su filosofía últimamente. Un día de esos en los que se levantó temprano, mientras recorría los oscuros y silenciosos pasillos en dirección al patio, se encontró con Olaf.

- ¡Hola, Sei de Ningunaparte!

- Shhh, no grites que la gente está durmiendo. – Susurró Sei poniéndose un dedo en la boca.

- ¿Otra vez no puedes dormir? – Preguntó preocupado.

- Otra vez no puedo dormir, pero me estoy adaptando a levantarme a estas horas, al final siempre hay alguien despierto.- "Ahora que lo pienso, ¿los muñecos de nieve parlantes duermen?"

- ¿Dónde vas hoy? ¿Al patio a dar saltos y volteretas?

- Sí. Pero… - miró con una sonrisa malévola a Olaf. – Se me ocurre otro sitio que podríamos visitar antes…

- ¿La habitación de Elsa?

- ¡¿Qué?! ¡No!

Olaf era un profundo seguidor de la reina y la apreciaba muchísimo, al fin y al cabo ella lo creó, y aprovechaba cualquier momento para ir a hacerle una visita.

- Estaba pensando en… ¡las cocinas! Seguro que hay cosas dulces y deliciosas esperando a que alguien se las coma. Además, podemos gastarle alguna broma a Gerda.

Sei echó a correr hacia las cocinas seguida por Olaf. No había nadie todavía, pero Gerda y los cocineros no tardarían en aparecer por ahí. Comió chocolate hasta no poder más, dejando las reservas casi a cero, bajo la entusiasta mirada de Olaf. Entonces Sei cogió el delantal de Gerda y escribió con chocolate: si te doy los buenos días, dame un toque en el trasero. Los dos rierony se fueron de allí corriendo. Estaban en plena huida cuando se toparon con la reina, ya casi en las puertas del patio. "Aquí viene la causante de mis insomnios…"

- ¿Adónde vais tan deprisa vosotros dos? – Inquirió expectante.

- Venimos de…

- Sei le ha pintado el delantal a Gerda – se anticipó Olaf echándose a reir.

- Gracias por delatarme. Sí, venimos de allí, ¡pero va a ser divertido! Me muero por comprobar si alguien cumple lo que pone en el delantal. – Una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de Sei.

- Yo me andaría con cuidado, luego os perseguirá por todo el castillo con el zapato – Afirmó Elsa riéndose y tapándose ligeramente la boca con una mano. Olaf y Sei también rieron.

- ¿Tampoco tú puedes dormir, Elsa? – Preguntó Olaf, preocupado otra vez.

- Hay algunos asuntos que me desvelan estas últimas noches, pero nada de qué preocuparse, Olaf. – Lanzó una fugaz mirada a Sei y luego sonrió a Olaf con cariño. – Os dejo, tengo cosas que atender. ¡Y tened cuidado!

Se despidió con un gesto de la mano y se fue por un pasillo. "Está bien saber que ya somos dos personas y media con insomnio, porque a esta cosa de nieve no sé cómo llamarla. ¿Está la reina durmiendo mal por mi?" Por un momento se sintió halagada pensando que ella le quitaba el sueño a la reina de Arendelle, pero enseguida apartó ese pensamiento de su cabeza. Salieron los dos al patio y Sei empezó a estirar todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, sintiendo como se estiraban y relajaban. Al poco rato se le unieron Gorrot y Riuna, que estaban tratando de adquirir esa costumbre de levantarse pronto, aunque ellos sí podían dormir por las noches. Un rato después se unió Rásgar. Los cuatro empezaron a practicar entre ellos con las espadas y las dagas, hacían giros muy rápidos y saltos ágiles; era difícil seguir todos sus movimientos. La acción que estaban dando al patio llamó la atención de algunos que pasaban por allí, entre ellos Anna, Kristoff y Olaf. Olaf aplaudía sin parar, y Anna animaba gritando cosas como: "vamos, ¡dale fuerte!" o "Ahí, ahí, ¡no te dejes!" Y por mucho que Kristoff le dijese que dejase de meter baza en los combates, ella seguía a lo suyo igual de entusiasmada. En algún momento llegó Elsa y también se quedó mirando, pero no por mucho tiempo, porque volvía a tener una visita…esa visita. El príncipe Jack hizo su aparición a primera hora de la mañana en el patio. Allí se encontró con Elsa y la saludó formalmente, entregándole una rosa. La joven la cogió, agradecida. Sei estaba en pleno combate con Rásgar en ese momento, pero al ver a la pareja entre la gente no pudo evitar despistarse durante un segundo, y fue ese segundo el que aprovechó su compañero para buscarle las rodillas y tirarla el suelo de espaldas. "Aaag, maldición. Ha sido un miserable e inoportuno despiste, y todo por culpa de ese…en fin, ahora no va a haber quien aguante a Rásgar…"

- ¡Ja! Gané. Sabía que podía contigo. – Dijo el chico castaño con superioridad.

- Claro, claro. Has tenido suerte de que me haya despistado un momento. – Puntualizó ella divertida, mirando de reojo al príncipe y la reina. – Anda, ayúdame a levantarme como buen vencedor que eres.

- Te ayudo. Pero te advierto que esto requiere un premio.

- ¿Qué clase de premio? – Preguntó mientras se quitaba el polvo de la ropa.

- Uno que el vencedor elija, o sea, yo. ¿Qué te parece una visita a alguna taberna de Arendelle? Pagas tú, por supuesto.

- Mmm, me parece injusto que esto se establezca cuando ya ha acabado la pelea…pero me gusta el plan, así que cuando quieras nos vamos a brindar con lo que sea que se beba en este reino. – Se dieron la mano cerrando el trato.

- Oooh, ¡mira Kristoff! ¡Es Elsa! ¡Con un chico! – Gritó Anna, que se había girado un momento y había visto a su hermana a sus espaldas charlando con Jack a unos metros de distancia.

- Vamos, no la espíes Anna. Ya te contará lo que te tenga que contar.

- Es muy guapo, pero creo que es el hermano de Hans…me gustaría saber qué está haciendo aquí. Espero que mi hermana vaya con cuidado.

- Tu hermana sabe lo que hace, no se deja impresionar tan fácilmente. – Afirmó Kristoff.

Sei se alegró de ese comentario. Seguro que Elsa estaba alerta en todo momento.

- No se preocupe, princesa. – Dijo Gorrot.- Tenemos controlado a ese joven príncipe, por si acaso.

- Me parece una gran idea, eso me deja más tranquila.- Contestó ella sonriente. – Pero no deja de parecerme guapo e ideal para ella…

En ese momento salió Gerda con su delantal puesto, pero parecía que no se había percatado de lo que había escrito en él.

- Buenos días, muchachos, me han dicho que estabais dando un espectáculo y he salido para verlo. – Dijo la simpática mujer con expectación.

Entonces fue Rásgar y le dio un toquecito en el trasero, y se puso a silbar.

- ¡¿Pero qué demonios haces?! – Entonces cayó en la cuenta de lo que llevaba en el delantal. – Eres un pésimo bromista, ahora entiendo por qué me ha mirado entre risas medio castillo, ¡te vas a enterar!

Se quitó un zapato y empezó a golpear a Rásgar. Aunque evidentemente no le estaba haciendo mucho daño.

- ¡No, no! No he sido yo, Gerda, ¡lo digo en serio! ¡Auch! ¡Ay!

Sei no podía parar de reírse, pero por precaución se distanció un poco.

- ¡Ha sido Sei! Ha sido idea suya. – El inocente de Olaf la estaba delatando de nuevo con una enorme sonrisa, pensando que les hacía un gran favor diciendo quién había sido.

"Maldito muñeco, te voy a derretir algún día". Entonces Gerda dejó a Rásgar y empezó a perseguir a Sei por todo el patio. Pero esta no podía parar de reírse. Al final acabó riéndose todo el patio, Sei se fijó que incluso la reina las había visto y se reía tapándose la boca con la mano. Pero todo se tornó turbio en plena carrera, nuevos recuerdos afloraban a su mente, y de nuevo volvía a ser incapaz de controlarlos:

Flashback

Tenía a la reina desnuda entre sus brazos, y era un espectáculo maravilloso. No habían encendido ninguna luz, sólo la plateada luz de la luna que entraba por los ventanales cubría sus cuerpos. No sentía el calor de sus poderes, sentía otro tipo de calor, más humano, más carnal, más salvaje. Notó el cuerpo de Elsa apretarse contra su vientre tímidamente. Estaba sonrojada, pero a la vez parecía estar segura de lo que hacía. Sei se movió ligeramente sobre ella, intentando establecer una danza que Elsa disfrutase. Y lo consiguió. La rubia enseguida se perdió en el vaivén del movimiento y las caricias, olvidando todo lo que había alrededor, olvidando todos sus sentidos, y sobre todo olvidando su corona. Se dejó llevar y dejó que su cuerpo se arquease y retorciese, acoplándose al ritmo que llevaba la morena y haciendo que ella también suspirase con cada movimiento. Sus manos recorrieron cada parte de la otra, resbalando placenteramente en aquellas zonas donde la humedad se desprendía. El ritmo empezó a tornarse más frenético, más incontrolable. Sei enredó sus dedos en el pelo platino de Elsa y los perdió entre sus mechones, mientras ella le rodeaba la cintura con las piernas y le agarraba el cuello con fuerza. La locura las envolvía y revolvía. No tenían ni idea de cuán rápido o lento pasaba el tiempo, pero llegó el momento en que ambas cerraron los ojos y un placer intenso las invadió, y las llevó volando hasta el cielo, hasta las estrellas, hasta más allá.

Fin flashback

Lo primero que pudo ver Sei al reaccionar fue una ventisca de nieve volar en todas direcciones. En su cara se estamparon multitud de copos y la nieve se estampó contra su cuerpo con fuerza, derribándola. Levantó la cabeza algo aturdida todavía por el intenso recuerdo. Vio a Gerda detrás de ella cubierta de nieve. Todo el patio estaba cubierto de nieve, y en medio estaba Elsa, impecable, pero muy, muy nerviosa. La intensidad de lo que acababa de revivir la había desbordado por completo y había perdido el control de sus poderes. Permaneció unos segundos ahí de pie, vulnerable, con las manos abrazándose el cuerpo. Miró a su alrededor preocupada, y salió corriendo en dirección al castillo. Anna la siguió. Todos los presentes fueron recuperándose del susto, incluido Jack, que se quedó quieto mirando la puerta por la que se había ido la reina.

- Vaya con la reina. – Comentó Rásgar saliendo de detrás de la columna. – Sus cambios de humor son apoteósicos.

- No me quiero imaginar cómo será una pelea con su futuro marido…¡pobre hombre! – Apuntó Riuna.

- ¿Crees que tendrá un futuro marido? ¡Lo puede matar!

- Debe de ser horrible no poder tener ni un amante por miedo a matarlo con tus poderes. – Dijo la chica con compasión.

- Pero Sei sí que puede, ella ha estado con mucha gente y no…¡ay! – Esta vez fue la propia Sei la que le dio un guantazo a Rásgar.

- Ya vale de contar intimidades. No he estado con tanta gente como crees…

- Es verdad, Sei, ¿por qué tú no quemas a nadie en momentos…íntimos? – Preguntó Riuna con curiosidad.

- Porque yo no he estado encerrada más de media vida en mi cuarto reprimiendo mis poderes, y me he hecho a ellos y ellos a mí. – Miró a la ventana de la reina. – Elsa todavía no se ha hecho con ellos.

- Uuuh, o sea que "Elsa" todavía no los controla… ¿desde cuándo la llamas por su nombre? ¿Os habéis hecho amiguitas? – Se burló Riuna arqueando una ceja.

Sei maldijo su despiste mentalmente, todavía estaba impactada por la fuerza de las emociones de los recuerdos que acababa de tener, y no estaba dispuesta a que sus compañeros la mareasen.

- Bueno, Elsa es su nombre, ¿no? Os dejo, tengo que mirar unas cosas en la biblioteca y por hoy ya he cumplido aquí fuera. – Y se encaminó al interior del palacio.

Su piel ardía y brillaba mucho. "No sé qué me pasa, cada vez me resulta más difícil soportar las emociones que despiertan esos recuerdos en mí. Además, estoy empezando a perder el control de mis poderes, aunque no tanto como Elsa…pobre chica. Pero ha sido…realmente…oh, ha sido impresionante…para qué me voy a engañar. No me extraña, Elsa, que estés así de escandalizada." Sonrió, tratando de buscarle el lado positivo a la experiencia.