Peeerdón si no he descrito mucho a Sei, en el siguiente capítulo sí que hay una descripción más detallada. Básicamente es opuesta físicamente a Elsa: Elsa rubia, Sei morena; Elsa ojos claros, Sei oscuros; Elsa piel blanca, Sei piel más morenita. Para que os hagáis una idea. Aquí va nuevo capítulo, que lo subo hoy porque es mi cumpleaños y me hacía ilusión y ya está :D. Espero que os guste!

9. La habitación de los secretos.

ELSA

Llegó a su habitación y se encerró. Se llevó las manos a la cabeza, dando vueltas de un lado a otro. De repente se fijó en su enorme cama con dosel. "Fue aquí". Volvió a ponerse nerviosa. "¿Pero qué me pasa? No, la pregunta es, ¿qué me pasó aquel día? No tiene sentido…". Llamaron a la puerta. "Si eres tú, Sei, no te voy a abrir, tenlo claro".

- ¿Elsa? Soy Anna, hazme el favor de dejarme pasar o tiraré esta puerta abajo.

"Anna…no sé si voy a saber responder a tus preguntas."

Elsa abrió la puerta a regañadientes y dejó pasar a una pelirroja muy airosa y contrariada.

- ¿Se puede saber qué te pasa últimamente? – Medio gritó sentándose en la cama de golpe. - Pensaba que estos meses habías conseguido recuperar el control de tus poderes, pero de repente te evades y acabas descontrolada perdida y ¡pum! Congelas tu alrededor y nos cae una ventisca. No entiendo nada.

Elsa se llevó una mano a la frente, intentando tomar una decisión a toda velocidad: "¿se lo cuento o no se lo cuento?". Llegó a la conclusión de que no merecía la pena guardar por más tiempo ese secreto, al fin y al cabo, Anna era su hermana y ya le había guardado un secreto durante años que casi acaba matándola.

- Está bien. Te voy a contar lo que ha pasado pero Anna, por favor, no te escandalices, y no vayas corriendo a contárselo a nadie. – Elsa le suplicó con la mirada. Se giró un poco para no tener a su hermana de frente, le costaba mirarla a los ojos.

- Vamos, Elsa, ¡puedes confiar en mí!

- Pues…resulta que…la noche de tu fiesta alguien me echó algo en la bebida y…bebí, y Sei también bebió accidentalmente y…- empezó titubeando, pero pensó que lo mejor era no alargar las cosas y terminó la frase del tirón.- debió de sentarnos fatal lo que fuera que nos echasen porque acabamos acostándonos.

Elsa miró un momento a su hermana. Anna tenía la mirada clavada en Elsa. Pasaron unos segundos.

- ¡¿QUE, QUEEEEEEEE?! ¿PERO CÓMO QUE ACOSTÁNDOOS? SI TU NO…A TI NO…¿QUEEE?

- Anna, tranquilízate. Sé que suena muy raro, y yo tampoco lo entiendo, pero fue lo que pasó. – Elsa trataba de calmar a su hermana con gestos de las manos. – Al día siguiente no nos acordábamos de nada pero poco a poco nos están viniendo los recuerdos…a trozos, y a la vez. Por eso a veces me ves evadida y de repente pierdo el control de mis poderes.

- Pero Elsa, ¡congelaste Arendelle entero porque yo quería casarme con un hombre al que acababa de conocer! ¡Y ahora vas tú y te acuestas con la primera forastera que pasa por aquí! – La cara de Anna era de incredulidad absoluta.

- ¡No era consciente de lo que hacía, nos drogaron!

- Vale, vale, espera que lo asimile un momento. – Anna cerró un par de segundos los ojos. – A ver. Os drogaron, y ¿se sabe quién y para qué?

- Todavía no, estamos en ello.

- ¿Y si fue ella?

- No. No lo creo. No…no creo que ella sea así.

Anna se quedó mirando el ligero rubor que apareció en las mejillas de su hermana.

- Vaaaya, o sea que confías en ella. Está bien saberlo, yo me fio de tu criterio.

Se quedaron unos minutos en silencio.

- Vaya, la verdad es que me cuesta creerlo. Ella tiene que estar en las nubes ahora mismo…¡con una reina! Uuuh – Dijo Anna divertida.

- No tiene gracia. - Elsa le lanzó una mirada de reproche.

- Bueno algo de gracia sí que tiene. Con lo que tú eres, llevarte a la cama a alguien así como así…pero me parece bien, ella es muy guapa y todo eso y… - A Anna parecía divertirle muchísimo esa situación.

- Ya basta. No va a volver a ocurrir.

- Supongo que antes has desatado una ventisca porque estabais recordando algún momento importante de la noche…- Anna tenía una sonrisa de oreja a oreja en su cara.

- ¡Anna! – Elsa estaba completamente roja y los copos de nieve empezaban a descender del techo.

- Vale, ya paro. – Anna se dirigió a la puerta. – Gracias por contármelo, Elsa. Si necesitas algo sólo tienes que decírmelo, estoy aquí para lo que quieras.

Elsa miró la sonrisa sincera de su hermana.

- Gracias, Anna. Sé que puedo contar contigo.

Anna estaba a punto de salir por la puerta cuando hizo un último comentario.

- Espero que te hiciese pasar una buena noche al menos…- le dedicó una pícara sonrisa y se fue.

"Espero no arrepentirme de habérselo contado…aunque ya casi lo estoy haciendo."

SEI

Estaba camino de la biblioteca, iba a buscar algún libro con el que entretenerse durante un rato y olvidar esa tórrida escena que acababan de revivir en el patio. Esta vez le era imposible quitársela de la cabeza, había sido demasiado apasionada.

Se sentó en su sillón favorito de la sala con un libro de poesía en las manos, mirando hacia la ventana; empezó a leer una página que abrió al azar:

Intento cambiar mi rumbo

para poder olvidarte y

desprenderme de tu mundo.

Recordó la sensación de tener a Elsa debajo, rozando su cuerpo suave.

No me sueltan tus sentidos,

no me es fácil este asunto.

Mi dolor ya está abatido

Sintió sus delicadas manos recorrer su piel ardiente.

de tanto sentir tus manos

o tus labios coloridos

o tu calor sobrehumano.

Vio sus ojos azul profundo perderse en los suyos.

Cerró el libro de golpe. "Es inútil. ¿Qué demonios hago aquí? Haga lo que haga no voy a poder concentrarme. ¿Y si voy a sus aposentos y hablamos de esto y ya está? Igual así puedo olvidarme del tema."

Se encaminó a los aposentos de la reina, ahora sí se sabía el camino. Vio a Anna salir de la habitación con una gran sonrisa en la cara. Dio un respingo cuando vio a Sei acercarse, pero su sonrisa se hizo incluso más amplia.

- ¡Hola, Sei! ¿Vas a hacer una visita a mi hermana? – Preguntó juntando las manos, juguetona.

- Sí. Parecía un poco alterada hace un rato así que…voy a ver qué tal está.

- Está un poco nerviosa, pero tal vez tú puedas hacer algo. – Anna entrecerró los ojos con una mirada traviesa. – Es toda tuya. ¡Adiós!

Sei la miró extrañada mientras se alejaba por el pasillo. "No me digas que se lo ha contado…¡Anna es incapaz de ocultar un secreto como ese! Habrá que confiar en ella"

Llamó a la puerta de la habitación.

- ¿Quién es? – La voz de Elsa sonaba débil.

- Soy yo, Sei.

-…lo siento, es mejor que no te abra la puerta.

- Pero no pasa nada, sólo quería comentar algún detalle de estos nuevos recuerdos. ¡Creo que anularon nuestros poderes! – Era raro mantener una conversación con una puerta de por medio.

- Yo también lo creo. Pero por si acaso es mejor que no entres, por tu bien, puedo volver a perder el control de los poderes.

- Está bien. Pues…ya hablaremos. Adiós, Elsa.

Se dio la vuelta y volvió por donde había venido. Entendía perfectamente los motivos de la reina para no dejarla pasar. Ya había congelado el corazón de Anna una vez por perder el control, tenía miedo de volver a hacerlo, y bien podría pasar por la presencia de Sei.

"Creo que tengo que hacer algo para animar a la reina, después de todo, soy yo la que le está dando estos dolores de cabeza, aunque sea sin querer. ¿Qué le puedo hacer?" Estuvo un rato pensando mientras paseaba por el castillo cuando se asomó a una ventana que daba a los jardines y vio al príncipe Jack con un enorme ramo de flores en la mano, seguramente para la reina.

"Con eso no la vas a conquistar, Jack" Aunque había una pequeña parte de sí misma que no estaba tan segura. Vio también a Gorrot y Riuna cuchichear discretamente mientras miraban al príncipe cruzar los jardines. Sei supuso que estarían tramando algo para descubrirle, aunque realmente la que más sospechaba de él era ella misma. "¿Qué quieres de Arendelle, Jack, sólo a la reina o algo más?"

Entonces apareció Olaf.

- ¡Hola, Sei de Ningunaparte!

- ¡Olaf! Es genial que hayas aparecido porque quería consultarte algo.

- Algo, ¿sobre qué? – Preguntó intrigado.

- Algo sobre tu persona favorita.

- ¡Oh, Elsa! Dime, ¿qué quieres saber?

- Creo que últimamente está un poco angustiada o abatida por el trabajo o algo, y había pensado en hacerle algo para animarla, ¿qué opinas?

- ¡Que es una idea maravillosa! Aunque el príncipe Jack se te está adelantando, le va a dar un ramo de flores muy bonito.

Sei lo miró escéptica.

- ¿De verdad crees que un ramo de flores la va a hacer feliz?

- No lo sé, pero son bonitas. – Dijo Olaf con sinceridad.

- Bah, tonterías. Lo que hay que hacer es animarla de verdad. Tengo varias ideas, pero no estoy segura si le van a gustar. No son cosas tranquilas como le gustan a ella…es más de acción.

- Elsa es una mujer de acción, aunque no lo parezca.- Observó el muñeco de nieve.- Pero también es calmada y amable y cálida, y…

- Vale, vale, vale. Me ha quedado claro. – Sei se agachó para ponerse a la altura de Olaf. – Entonces, ¿te apetece ayudarme?

Olaf abrió los ojos de par en par.

- ¡Claro que sí!

Este capítulo ha sido corto, pero los siguientes serán más largos yo creo. Quedan muuuchas cosas por pasar aún jeje. Un saludo a todos! Nos vemos en el siguiente :)