Ya llega el siguiente capítulo. Gracias otra vez por leer y por comentar :) se agradece. Este capítulo empieza donde acabó el anterior, pero desde el punto de vista de Sei. Vamos, al ataque!
11. Mares de cariño.
SEI
Se había quedado en la taberna con Rásgar después de que la reina se marchase, pero ya no era lo mismo. Notaba un vacío a su alrededor, le faltaba algo, faltaba algo inmensamente agradable que había llenado la tarde. Faltaba Elsa. Sintió en su vientre una especie de decepción, y no era que no estuviese a gusto con su amigo, que sí lo estaba, simplemente la presencia de Elsa era de mayor envergadura.
Su amigo la miraba desde el otro lado de la mesa, parecía estar intentando descifrar la expresión de la cara de la chica.
- ¿Y a ti qué te pasa que tienes esa cara de dolor de muelas? Espero que no le hayas puesto esa cara de muermo a la reina durante toda la tarde. – Dijo pidiendo una cerveza.
- No. He sacado mi repertorio de caras bonitas, no te preocupes. – Contestó con ironía.
- Entonces, ¿qué te pasa?
- No me pasa nada, es el alcohol, que ya empieza a aplanarme, nada más.
- Te conozco desde hace mucho, y sé que algo ha pasado. ¡Pero podemos intentar remediarlo pidiendo cerveza! – Gritó el rubio con alegría. - ¡Por favor, otra más por aquí!
Sei pensó que ya había tenido bastante con el aguardiente, pero no le iba a decir que no a la cerveza.
- Está bien, pero sólo una.
- Vamos, ¿acaso hay algo que te quita el sueño? ¿O…es alguien? – Preguntó el chico.
- Puede ser. No lo sé ni yo…
- Wowowo, ¡has encontrado el amor en Arendelle! Esto sí que es una sorpresa. ¿De quién se trata?
- ¿Amor? ¡Claro que no! Psss… eso es mucho decir. - Lo miró torciendo el gesto.
- No tienes de qué preocuparte. Eres muy atractiva, ¿quién puede resistirse a alguien como tú?
- La pregunta es si yo podré resistirme a ese alguien. – Dijo entristecida dando vueltas a su jarra.
"Ni siquiera yo sé lo que siento, y si lo supiese tampoco te lo diría, amigo. Es un tema delicado." Le estaba cogiendo cariño a Elsa, y se estaba dando cuenta ahora. Esa atracción que sentía por la reina podía ser sólo admiración, o puede que fuese algo más. Estaba un poco confundida. Rezaba por que no fuese así y fuese mera admiración, porque si no tendrían problemas. Ella estaba perdiendo el control sobre el fuego y no quería imaginarse qué pasaría si ese cariño hacia Elsa fuese a más, sería peligroso, podría hacerle daño. Así que tomó la decisión de no darle importancia y guardar ese pequeño sentimiento en algún rincón de sus pensamientos, oculto.
En ese momento se fijó en dos figuras encapuchadas que entraron sigilosamente y se sentaron en la barra de la taberna. Una era un poco más alta que otra. Los observó durante un rato, parecían estar buscando a alguien. Algo le resultaba familiar de ellos…¿y si era Jack?
- Rásgar, ahí hay dos sospechosos. Deberíamos acercarnos un poco, a ver si podemos escuchar algo.
Fueron discretamente hasta la barra, a unos metros de ellos, pero con el bullicio y la música del lugar era imposible oír algo. Se acercaron un poco más, hasta estar casi encima de ellos, y algo pudieron escuchar…
- Debería estar aquí, nos dijo que estaría aquí. – Susurró un hombre, apenas imperceptible.
- Iremos al castillo. – Susurró una voz más aguda.
"Oh, no, buscan a Elsa". En ese preciso instante apareció Kristoff y se acercó a ellos, llamándolos casi desde la puerta.
- ¡Hola, Sei, Rásgar! ¡Qué alegría veros por aquí! – Gritó alzando los brazos.
"Muy inoportuno, Kristoff". Con los gritos del rubio los encapuchados se percataron de que tenían detrás a los miembros de la Compañía. A Sei no le dio tiempo de reaccionar y recibió un duro codazo en el estómago que la dejó sin respiración. Los sospechosos salieron a toda prisa del local.
- Vamos tras ellos. – Dijo Sei intentando enderezarse.
Sei y Rásgar salieron corriendo, y Kristoff, aunque perplejo, los siguió. Recorrieron varias calles del pueblo persiguiendo a los encapuchados, pero eran presas difíciles. Finalmente, tras una larga carrera, el golpe en el estómago hizo a Sei detenerse, muy a su pesar, pero consiguió lanzar una llamarada de fuego hacia las espaldas de los desconocidos, incendiando sus capas mientras huían. Los perdieron de vista.
- ¿Estás bien, Sei? – Preguntó Rásgar intentando calmar su respiración.
- Sí, sí. ¿Por qué se nos escapan siempre? A Gorrot no le va a gustar esto.
- ¿Se puede saber quiénes eran esos? – Kristoff estaba confundido.
- Creemos que estaban buscando a Elsa, pero no sabemos para qué, puede que secuestrarla o…matarla. – Dijo Sei. – Deberíamos ir al castillo cuanto antes.
ELSA
Para cuando llegó al castillo ya había conseguido disipar un poco los efectos del alcohol en su ser. Le hubiese gustado irse a la cama a descansar, pero recordó que le había prometido a Anna cenar con ella. Fue al gran comedor, la cena ya le estaba esperando y Anna estaba en la mesa.
- ¿Tarde de relax, Elsa? – Preguntó la pelirroja con cara curiosa.
- Algo así. La verdad es que ha sido una tarde de lo más placentera. Hacía tiempo que necesitaba algo así. – Trató de decirlo con toda la normalidad que le fue posible.
- Ya veo. ¿Has ido con Sei?
Elsa asintió.
- Se os ve bien juntas. – Comentó Anna con normalidad.
Después de cenar Anna se empeñó en que Elsa hiciese una pista de hielo en el hall para divertirse un rato, sólo para ella y Olaf. Al final Elsa cedió ante el capricho de su hermana y congeló el suelo del hall. Gerda y Kai también se unieron al momento de diversión. Elsa, aunque estaba cansada, también patinó un rato. Mientras deslizaba un pie y otro, notó esa sensación que empezaba a hacerse tan familiar en la que una marea de imágenes se conectaban y la asaltaban a toda velocidad.
Flashback
Su cuerpo todavía tenía ligeros espasmos. Notaba el cuerpo de Sei temblar sobre ella, por el cansancio, la agitación y el frío que ella misma empezaba a desprender. Sus respiraciones agitadas se mezclaban. La viva mirada de la joven morena buscó la de la reina.
- No pensarás que esto ha acabado aquí, ¿verdad? – Le dijo entrecortadamente.
Elsa cogió aire, y sin decir nada tumbó el cuerpo de la morena en la cama. Volvió a empezar el sutil baile entre las dos, entre suspiros y jadeos, haciendo deambular sus manos y sus labios por cada rincón del cuerpo de la otra. La cama de Elsa empezaba a quedarse pequeña. Era un ritmo irrefrenable pero acompasado, que las envolvía sin darse cuenta. Así, entre dulces caricias y movimientos cargados de pasión, vieron emerger a través de la ventana triangular las primeras pinceladas del amanecer.
Se dejaron caer en la cama. No tenían ni idea de cuántas horas habían pasado. Sei estaba tendida en la cama, ligeramente cubierta por la sábana, en silencio, sólo se oía su respiración excitada. Tenía un cuerpo precioso. Las pequeñas gotas de sudor resplandecían sobre su piel, y su pecho subía y bajaba sin parar, intentando sosegar su respiración. De repente Elsa notó su mirada sobre ella. Sei se incorporó ligeramente para mirarla más de cerca.
- Eres perfecta. – Le susurró en la oscuridad.
Elsa se sonrojó.
- Tú me ves perfecta.- Se acercó y le dio un casto beso en la frente.
- Veo muchas cosas en ti. – Sonrió cariñosamente.
- Ha sido una experiencia nueva para mí. – Confesó tímidamente mientras le acariciaba la mejilla a Sei.
- Entonces espero haber estado a la altura de lo que una reina se merece.
Elsa se rio ante ese comentario, pero le resultó de lo más halagador. Permanecieron un rato tumbadas, sin decir nada.
- Entonces, ¿estás bien? – Preguntó Sei acariciándole la trenza.
- Sí, estoy de maravilla. Aunque me está empezando a dar vueltas la cabeza…no sé, me noto algo rara. – Trató de hacer una bola de nieve con una mano y apenas salieron unos pequeños copos.
- ¿Qué les pasa a tus poderes? – Entonces Sei también intentó hacer chispas con una mano y sólo aparecieron unas volutas de humo…
- Tal vez lo mejor sea que descansemos y cuando durmamos unas horas volvamos a intentarlo.
- Igual es lo mejor, sí, yo también estoy un poco mareada…pero yo creo…que esto no es normal, ha tenido que pasar algo.
De repente oyeron un golpe fuera de la habitación. Se asustaron. Elsa se levantó y se acercó a la puerta. Se asomó y vio a Gorrot alejarse por el pasillo, de espaldas a ella.
- Es Gorrot. No sé si habrá oído algo.
- Espero que no. A lo mejor nos ha estado buscando. Bah, no importa. Ven aquí conmigo. – Dijo Sei dando un golpecito en la cama para que Elsa volviese a su lado.
Se taparon y se acurrucaron la una junto a la otra, sin vestirse. Dejaron que sus confusas mentes se sumergieran en el profundo letargo del sueño, confiando que las reconfortase y reparase sus poderes. En ese momento no querían pensar en otra cosa que en quedarse así, como estaban.
Fin flashback.
El corazón de Elsa palpitaba con fuerza en su pecho. No fue capaz de mover un músculo cuando toda la pista de hielo que había formado y de la que estaba disfrutando junto a Anna, Gerda, Kai y Olaf, se derritió súbitamente, dejando la sala sin un atisbo de hielo. Pero Elsa estaba absorta, navegando en los tiernos recuerdos que acababa de revivir, derritiéndose en mares de cariño.
Anna la miró, desconcertada, pero parecía que se estaba dando cuenta de lo que acababa de pasar. Se acercó a su hermana mayor.
- Elsa, ¿se puede saber qué te ha pasado ahora? Has tenido otro de esos recuerdos, ¿verdad? ¿No se supone que tienes que congelarlo todo en vez de derretirlo? – Preguntó intentando traer a su hermana de vuelta a la Tierra. – Hey, Elsa, ¿te importaría responderme?
- Sí, Anna. – Respondió pausadamente. – Han sido esos recuerdos. Pero esta vez me ha sorprendido. Ha sido…bonito…
Anna emitió un silbido.
- Entiendo. De hecho, creo que ya lo entiendo todo. – Puso una mano en el hombro de la rubia. – Lo que pasa es que te estás encariñando con ella.
- ¿Encariñando? ¿Yo? ¿Con quién? – Elsa pareció volver bruscamente a la conversación y esa expresión la había pillado por completa sorpresa.
- Con Sven… - Anna puso los ojos en blanco. - ¿Pues con quién va a ser? ¿Con cuánta gente te has acostado últimamente?
- ¡Anna! Baja la voz. – Elsa tapó a toda prisa la boca de su hermana. - No hace falta que se entere el resto del palacio.
- Vale, vale, bajo la voz. Pero es verdad lo que digo. Te atrae esa chica.
Elsa bufó.
- Lo que pasa es que, por lo que parece, fue una noche intensa, y eso nos ha unido de alguna forma.
En ese momento entraron Rásgar, Kristoff y Sei por la puerta. Elsa la miró, la miró como si sólo hubiese entrado ella. Una oleada de afecto recorrió cada rincón de su cuerpo. Quería ir con ella. Pero fue ella la que se acercó a Elsa.
- Elsa… - intentó decir algo pero no le salían las palabras.
- Sei, ha sido maravilloso. – Elsa sonrió, aplacando los nervios de la otra.
Sei sonrió también, mucho más relajada.
- Esto es muy confuso, no sé. A lo mejor te estoy cogiendo cariño y todo, Majestad. – Sei se rio nerviosamente.
- Si sólo fuese cariño…- Elsa oyó murmurar a Anna detrás de ella.
"Yo también te estoy cogiendo cariño, Sei"
De pronto, una flecha pasó rozando la cintura de Sei, rasgándole la camiseta. Elsa se asustó. Vio a Sei girarse en la dirección en la que había venido la flecha y vieron a un encapuchado en lo alto de una ventana. Lanzó otra flecha en la dirección en la que estaban las dos, no estaba claro a cuál de las dos iba dirigida. Sei la quemó con un movimiento de la mano. En otra ventana apareció otro arquero encapuchado, y en otra ventana otro. Lanzaban flechas a toda velocidad. Elsa cubrió a Anna, Kai, Gerda, Kristoff y Olaf con bloques de hielo para protegerlos, ella podría defenderse. Vio a Rásgar intentar llegar hasta los encapuchados mientras Sei quemaba flechas a diestro y siniestro e intentaba atacarles con bolas de fuego. Pero no llegaba a todas. Elsa vio cómo una flecha iba en su dirección, hacia el cuello. No dudó en salir en su ayuda y congelar la flecha en el aire. Los poderes de Elsa y Sei eran demasiado fuertes para ellos, y se retiraron a toda prisa. Nadie tuvo fuerzas para seguirlos.
- Bueeeno, ha faltado poco, ¿eh? – Dijo Anna. - ¿A quién demonios querían matar?
- A Elsa, seguramente. – Respondió Kristoff pasando un brazo por el hombro de Anna.
- Yo creo que no les hubiese importado quitarse a cualquiera de en medio con tal de tener el camino libre hasta la reina. – Comentó Rásgar.
- ¿Estás bien, Sei? – Preguntó Elsa mirando el corte que llevaba en la cintura.
- Sí, sí, pero gracias a ti. Me has salvado la vida, Elsa…
- No podía dejar que te mataran.
Se quedaron mirándose unos segundos que parecieron horas, hasta que el resto las sacó de su ensimismamiento. Kristoff acompañó a Anna a su dormitorio, Rásgar acompañó a Gerda y Kai, y Sei hizo lo mismo con Elsa.
Caminaron en silencio hasta la puerta de la habitación. Elsa quería expresar algo a la chica pero no sabía qué, tal vez la gratitud por esforzarse en perseguir gente que intentaba matarla, o tal vez decirle que se estaba convirtiendo en alguien importante para ella.
- Ha sido un día intenso. – Comentó Elsa simplemente. "Esto no es exactamente lo que pretendía decir, pero ¿qué le digo?"
- Sí, vamos a coger la cama con muchas ganas hoy, será cuestión de tumbarnos y quedarnos dormidas. Hay que ver el trabajo que me da este reino. – Dijo Sei bromeando.
- Y yo te agradezco que estés ahí. Sei…sabes que no soy muy dada a hablar sobre este asunto pero…ha sido muy bonito lo que hoy hemos revivido. – Elsa notó cómo el calor se apoderaba de sus mejillas.
- Ya…ha sido demasiado bonito. – Sonrió, con esa sonrisa tierna que empezaba a derretir a la reina.
- Bueno, vamos a descansar. Nos lo merecemos. – Dijo Elsa abriendo la puerta de su dormitorio. – Deberías mirarte esa herida.
Sei se tocó la cintura.
- No te preocupes, es un simple arañazo.
Sei ya se estaba dando media vuelta para irse cuando Elsa habló.
- Buenas noches, guardiana de mi reino. – Dijo en un susurro.
- Buenas noches, reina de mis sueños. – Respondió la morena en otro susurro, girándose de nuevo para mirarla.
Se miraron unos segundos.
Elsa no sabía si lo había dicho en tono irónico o si tendría parte de verdad. Prefirió pensar que ambas cosas.
Ya me diréis qué os parece, y qué pensáis que puede pasar a partir de ahora. Nos vemos próximamente! :D
