12. Un rincón del mundo
Recomiendo leer este capítulo con paz y relax, para que podáis llenaros de inspiración y sentirlo de verdad! Esa es la gracia. He escrito este capítulo con la intención de trasladar al lector a esa situación todo lo posible, no sé si lo habré conseguido, espero que algo sí. Bueno, como veáis jeje, yo sólo recomiendo lo que yo haría ;)
Sei se despertó algo dolorida por el golpe que recibió en el estómago unos días atrás y el rasguño en la cintura. Como siempre últimamente, su primer pensamiento del día fue la reina Elsa, hoy había tocado una viva imagen de ella enredada en las sábanas blancas de sus aposentos.
"Definitivamente los recuerdos de aquella dichosa noche me van a acompañar el resto de mi vida, parece."
Fue a la biblioteca a leer un rato. Había dejado un libro de misterio y romance a medias, y quería acabarlo esa mañana porque estaba intrigada, pero se encontró en el sillón en el que se sentaba habitualmente un libro con la encuadernación en granate. Se titulaba "Un rincón del mundo". Lo abrió y vio algunas páginas con bellos paisajes silvestres. "Lo leeré". Pero algo se desprendió de una de las páginas, era una nota. La cogió del suelo y leyó:
Sei, espero que leas esto. Esta tarde, sigue el río corriente arriba, hasta que llegues a un bello rincón del mundo.
Y ahí acababa la nota. No tenía ni idea de quién podía ser, pero estaba claro que era para ella. Dudó un instante si acudir o no, porque podía ser una trampa, pero ¿y si era alguien que necesitaba ayuda? ¿Y si alguien necesitaba hablar en privado? ¿Y si era Elsa? "¿Elsa? ¡Tonterías! Está demasiado ocupada…debería dejar de pensar en estas cosas".
Por la tarde se encaminó a las afueras de la ciudad y se adentró en el bosque, buscando el río al que supuso que se refería la nota.
Una suave melodía empezó a llegar a sus oídos como una brisa. Se la traía el viento. Era muy tenue, tanto que creyó que era su imaginación, pero le seguía llegando. No podía resistirse a escucharla más de cerca, la llamaba de alguna forma, era algo que no podía dejar escapar. Tiraba de ella como un firme hilo invisible, arrastrándola bosque adentro hacia un lugar profundo y desconocido.
Avanzó entre la maleza y las flores silvestres, siguiendo más a su corazón que a la leve melodía que apenas percibía. Pero parecía que iba por el buen camino y empezó a oírla más de cerca. Un tono de voz contundente y melodioso, una mujer. Si era alguien que se había alejado de la civilización para buscar paz y tranquilidad, Sei no se la iba a arrebatar, pero tenía que ver quién era, aunque sólo fuese durante un segundo; ¿y si era la propietaria de la nota?
Le llegó el sonido de un arroyo, mezclado con la tibia melodía, y al acercarse más escuchó el sonido del agua golpeando el río…¿una cascada? Llegó al río y lo siguió corriente arriba un tramo, y cuando pasó los últimos árboles altos, alzó la vista y se encontró con que estaba frente a una estrecha cascada. Vio en lo alto que había un saliente y una pequeña explanada de hierba. Era la misma cascada en la que había estado días atrás con Rásgar, jurándose a sí misma que volvería para ver un atardecer. Tal vez había llegado el día.
Se acercó sigilosamente para no ser descubierta. Ya oía la voz con claridad, era bella, y parecía estar entonando una canción algo melancólica y nostálgica, como si anhelase algo con fuerza pero algo le impidiese tenerlo. "¿Tal vez le han partido el corazón a una joven doncella?" Pensó Sei, curiosa. Pero al asomarse entre los arbustos se quedó sin respiración ni pensamientos. Era la reina Elsa en todo su esplendor. Se quedó paralizada. No se lo esperaba. Elsa no se había percatado de la visita. Estaba sentada inocentemente en una roca junto al pequeño lago formado al pie de la cascada, con los brazos rodeándose las rodillas. No llevaba su atuendo cotidiano y majestuoso, sino uno sencillo y del más puro y resplandeciente blanco. Al tener las piernas encogidas, el vestido se le encogía y se le arremolinaba en la parte alta del muslo, dejando al descubierto la piel blanca que a Sei le resultaba lejanamente familiar. Su brillante trenza rubia platina caía hacia un lado, acomodada en su hombro descubierto. Se había quitado los zapatos y tenía los pies mojados de haberlos tenido metidos en el río. Su expresión era de resignación y candidez a la vez.
La imagen era bucólica, indescriptible, con una musa perdida entre los bosques como protagonista. Un paraje verde salpicado con flores de varios colores, rodeado por espesos árboles que parecían proteger ese bello rincón del mundo. El agua caía desde lo alto de la cascada como queriendo unirse al momento. Y el río, en medio, aportaba su eterno canto, combinado con el tímido canto de la reina de ese reino.
Posiblemente quería pasar desapercibida para cualquier habitante de Arendelle, y por eso había cambiado de vestuario, pero Sei estaba convencida de que si alguien la descubría allí, la raptaría o se quedaría embobado mirando hasta el anochecer, casi casi como le estaba pasando a ella…no podía despegarse de allí, sus pies no arrancaban, ni siquiera sus manos atinaban a mover ni un músculo, y mucho menos sus ojos, que no soltaban esa estampa tan hermosa. Por un momento tuvo la fugaz idea de darse media vuelta discretamente y dejar a la reina en la paz que seguramente estaba buscando. Pero supo que no era eso lo que iba a hacer, en ningún momento realmente se había tomado en serio su cabeza esa idea. De alguna forma sabía, sentía, que ese lugar le pertenecía, que sólo podía estar allí en ese momento, que sólo quería quedarse allí y no salir en mucho tiempo. Ya no le importaba lo que pudiese pensar o decir la propia Elsa cuando descubriese que se encontraba allí, porque sabía…sabía que no le iba a molestar. Era ella la que había escrito la nota. Ahora lo sabía con certeza.
Se dio cuenta de que su propia piel estaba completamente reluciente, sus poderes se despertaban y revolvían dentro de ella, bramando. Dio un paso adelante y salió de entre los arbustos, con miedo de incendiarlos. Avanzó pausadamente, sin prisa, dejándose embriagar por el frescor de la tarde, y sobre todo, sin perder de vista el perfil de la joven rubia hacia la que se dirigía. Elsa no había dejado de cantar, y tenía la cara levantada hacia el cielo con los ojos cerrados. Pero pronto se percató de que no estaba sola. Se giró hacia donde venía Sei, y lejos de asustarse, siguió cantando sin miedo alguno. Sus miradas se encontraron en el aire. Sei estaba segura de que si los ojos pudiesen hablar, en ese instante estarían teniendo una conversación de lo más interesante.
Elsa la miraba mientras se acercaba, como si llevase esperando a esa invitada mucho tiempo, casi toda la vida. Se puso en pie, ajustándose el vestido blanco.
- No deberías estar sola aquí. – Dijo Sei.
- Por eso te he hecho venir. – Contestó Elsa.
Sei se quedó de pie, mirándola a un metro de ella, sin decir una palabra más. Le tendió la mano, no sabía muy bien para qué, pero eso era lo que le pedía el cuerpo en ese momento, sólo quedaba dejarse llevar, y en ese preciso instante entendió esa expresión a la perfección. Elsa respondió elegantemente, posando su mano en la de la morena. Por un momento salió vapor de esa unión. Ambas sonrieron. Sus cuerpos estaban algo acelerados y sus poderes con ellos. Estaban en silencio, sólo mirándose. Sei se descalzó rápidamente, para estar en igualdad de condiciones con su compañera. Le agarró de la cintura con la otra mano y la meció ligeramente, pidiéndole silenciosamente permiso para bailar. Elsa respondió positivamente otra vez, poniendo su mano en el hombro de la chica.
Sei no sabía en qué momento de su vida había empezado a ser tan gentil, y mucho menos en qué momento le había apetecido bailar así tan de repente. Parecía que el momento simplemente lo pedía, y ella no iba a reprimir sus deseos por muy sorprendentes que fuesen.
Elsa empezó a tararear una canción para poner fondo a su baile.
Curiosamente, Sei no pisó a Elsa en ningún momento, ni Elsa a ella, por supuesto. Al ser de la misma altura, sus miradas se cruzaban constantemente, y una leve sonrisa se dibujaba en sus rostros. Era una sensación muy agradable, sujetar la mano y el cuerpo de Elsa, rodeadas de tanta belleza, tanta paz, tantos sentimientos…se detuvo un momento, le soltó la mano para ponerla sobre el fino tirante de un hombro, y la miró directamente a los ojos azules. En ellos encontró seguridad. Deslizó el tirante por el brazo de la reina, y lo mismo hizo con el otro tirante. El vestido impoluto resbalaba como la seda por el delicado y frágil cuerpo de Elsa. Sei supuso que la chica estaba poniéndose algo nerviosa, porque había aparecido escarcha en la hierba que las rodeaba, y ella misma no se quedaba atrás, porque su cuerpo abrasaba, y Elsa lo tuvo que notar cuando recorría su piel junto a los tirantes, pero no dijo nada, se dedicaron a admirar la estela de vapor que iban dejando los dedos de Sei a medida que rozaba la fría piel de Elsa.
Al fin el vestido cayó en la escarcha, y seguido su ropa interior. A pesar de que Sei tenía esa vaga sensación de familiaridad con el cuerpo que tenía delante, no dejaba de resultarle fascinante. Ahora era su turno, y Elsa no se amedrentó. Se deshizo suavemente de la camiseta de lino que llevaba, y luego le desabrochó los pantalones y los dejó caer. Estaban totalmente ruborizadas. Se miraban a la cara, pero sus sentimientos y sus anhelos viajaban más allá. Sin embargo, Elsa parecía no estar segura de tener todo bajo control en lo que a sus poderes se refería. Su expresión era de temor, de temor a sí misma, y se abrazó y retrocedió tratando de concentrar todas sus fuerzas en mantener calmada la tormenta de su interior. Pero la escarcha creció hasta los árboles de alrededor y la orilla del río.
"No, Elsa, no te asustes, no pasa nada, confía en mí." La tierna mirada de Sei pareció apaciguarla un poco. La morena dio un paso y la escarcha se derritió bajo sus pies. No quería otra cosa en el mundo que acercarse a Elsa, aunque solo fuese un poco, veía en ella el mejor refugio para su imprudente e impetuosa alma. Elsa le daba equilibrio. Dio otro paso.
- Tranquila, Elsa…
Poco a poco se acercó, y pegó su cuerpo al de Elsa, la rodeó con ambos brazos, abrazándola con cariño. Sintió la inquietud y la desazón de Elsa desvanecerse y la escarcha del suelo desapareció poco a poco. Los brazos de Elsa la rodearon a ella también, y le acarició la nuca bajo la melena oscura en señal de agradecimiento. Una nube de vapor volvió a emerger de su contacto. Permanecieron un rato así, sintiéndose mutuamente.
De repente, Sei se separó y se giró para meter un pie en el estanque que formaba la cascada. "Está frío, pero me acostumbraré. Ella no lo va a notar… como buena Reina de Hielo". Dio un par de pasos, y siguió avanzando hasta que el agua le llegó a la cintura. Elsa la miraba embelesada desde la orilla. Por fin se decidió a dar el paso de sumergirse casi hasta el cuello. Desde ahí, sonrió pícaramente a la rubia y le hizo un gesto con el dedo índice para que fuera hasta ella. Elsa pareció dudar un segundo, y luego avanzó hasta quedar a unos metros de la otra chica.
- Parece que está fría. - comentó Elsa sonriente.
- No mucho…¿por qué dices que lo parece? – inquirió Sei extrañada.
- Tu cuerpo lo dice…
Sei se puso roja al instante. "Será posible…la reina recatada y reservada…¡jum! Te la devolveré." Mientras tanto, Elsa se reía a carcajada limpia.
- Muy graciosa. – Sei entornó los ojos con ironía. En realidad sí le había hecho gracia. – Yo que tú tendría cuidado, o cuando menos te lo esperes utilizaré mis cálidos poderes en tu contra.
- Espero verlo, te haré frente con gusto.
La regente se acercó algo seductora a la joven morena, le rozó los labios con un dedo y se alejó de nuevo, dejándola desconcertada. Pero Sei se lanzó y la cogió por detrás, jugando. De repente se sintieron demasiado cerca. Elsa giró la cara para mirarla, dejó de intentar escabullirse de sus brazos. Ya no se reían, sólo se miraban. Sei pudo ver como la determinación que solía acompañar a la reina se esfumaba durante unos segundos mientras se dejaba dominar por sus instintos, y durante esos segundos, sus labios se acercaron a los de Sei, sin titubear. Fue un beso lento, jugoso y profundamente deseado. Nada tenía que ver con los besos rápidos y trepidantes que habían revivido de la noche de la fiesta. Detrás de este beso había algo más.
- Todo ha cambiado. – Susurró Elsa al separarse.
- Ha cambiado para bien.
- Es raro, has aparecido así sin más, y has conseguido ganarte mi confianza y…
- …y tu corazón. – Terminó la frase sonriendo pícaramente.
- ¡No seas engreída! – La reprendió Elsa, todavía de espaldas a ella. – Te has ganado un hueco en Arendelle, nada más.
Pero Elsa también se rio. Sabía de sobra que Sei se había ganado algo más que un hueco en Arendelle. Ya no se lo podía negar a sí misma.
Estuvieron un rato nadando y jugando con el agua, con la precaución de mantener un poco las distancias para no perder el control de los poderes. Hasta que vieron que el sol empezaba a ocultarse en las montañas. Todo se estaba tornando de un tono anaranjado muy intenso.
- ¡Atardece! Vamos a verlo desde lo alto. – Sei salió del agua y cogió su ropa, que se puso aceleradamente, seguida de Elsa, que salió del agua con elegancia y formó un vestido azul de hielo al instante. A Elsa parecía hacerle gracia el entusiasmo que ponía Sei en muchas cosas, pero sobre todo en cosas en las que una persona cualquiera no se fijaría, como un atardecer. – Tenemos que encontrar algún sitio rápido para subir hasta ese saliente, de ahí se verá mejor. Pero claro, no creo que sepas escalar…hay que buscar un camino.
- ¿Disculpa? Yo puedo llegar por mis propios medios y no me hacen falta tus habilidades de escalada en absoluto. – Respondió Elsa llena de orgullo con la cabeza bien alta.
- Perdone, alteza, se me olvidaba que estaba hablando con la reina de Arendelle. – Se inclinó en una exagerada reverencia. – Adelante, muéstreme el camino.
Elsa estiró ambos brazos y lanzó dos enormes chorros de hielo de los que fue surgiendo una preciosa escalera congelada que ascendía impecablemente hasta el saliente. Luego giró levemente la cabeza y miró con superioridad a la morena, mientras empezaba a subir por la escalera. Sei se había quedado pasmada. "Pues van a tener razón los nietos de Kandy, los poderes de Elsa son mejores que los míos". Suspiró entre resignada e impresionada. Puso un pie en la escalera.
- Ah, ah. Creí que subirías escalando. – Elsa se detuvo un momento para burlarse de la chica.
- Y lo iba a hacer, hasta que he descubierto las dotes de una maravillosa mujer que va a ser amable y va a compartir su escalera conmigo. – Contestó Sei poniendo cara de inocencia.
Desde lo alto de la cascada pudieron ver cómo el sol se ocultaba y la naturaleza le decía el último adiós a la luz hasta el día siguiente. Sei se sintió satisfecha por haber cumplido su propia promesa de ver un atardecer desde allí.
Sintió que algo había cambiado. Todo había cambiado. Sentía una intensa unión con Elsa. Y aunque no había habido sexo fue el momento más erótico y apasionado de su vida.
No sabían qué iba a pasar ahora con ellas, sólo sabían que estaban muy a gusto juntas. Pero de momento tendrían que ir con cuidado hasta aclarar el asunto de los presuntos rebeldes o asesinos que estaban tramando algo en contra de Elsa. Bajaron por la escalera de hielo y Elsa la descongeló, se encaminaron al castillo, esperando que nadie las hubiese visto allí.
Pero alguien las vio.
Espero que os haya llegado un poquito la sensualidad de la situación :D
Tengo que deciros que todo va a empezar a resolverse dentro de nada, aunque aún tienen que pasar muchas cosas.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
