¡Hola otra vez! Ya siento haber tardado tanto en actualizar, para el próximo no tardaré tanto :D Muchísimas gracias por los comentarios, ¡me encantan! Y se agradecen infinitamente. Bueno, venga, siguiente capítulo. Que lo disfrutéis :)

13. La cruda realidad.

ELSA

Cuanto más trataba de concentrarse en las cartas que tenía delante más se despistaba y pensaba en otra cosa. Estaba en la mesa de su despacho, tratando de abordar el trabajo que tenía previsto para ese día. Pero no podía evitar acordarse de los momentos vividos con Sei. Sin lugar a dudas, había sido el rato más íntimo que había vivido en su vida de forma consciente (la noche de la fiesta no era del todo consciente…), y a su cabeza le costaba rechazarlo, y todavía más a su corazón. Recordaba cada segundo de la tarde anterior y notaba sus latidos rebotar contra su pecho, alterados por la novedad de esas emociones. Ahora bien, Elsa se encontraba tan contenta como aterrada. Había llevado una vida de clausura y aislamiento, y empezaba a sentir que todas las emociones y sensaciones que no había vivido hasta ahora se concentraron en aquel momento, en la cascada, y estaban pujando por desbordarla. Lo notaba en sus poderes, que parecían tener vida propia de repente. Había aprendido a controlarlos con el amor que conocía hasta ese momento, pero ahora estaba despertando en ella algo nuevo, algo diferente, algo que no lograba dominar. Eso la hacía sentirse vulnerable. Tendría que empezar de cero y volver a aprender a dominarlos. ¿Qué le estaba pasando? Intuía lo que significaban sus sentimientos emergentes, pero le costaba reconocerlo.

"Me estoy enamorando…" Suspiró.

Había llegado a pensar que ella, la Reina de Hielo, nunca podría sentir tales cosas, nunca podría amar. Ahora, todos sus principios, todo lo que había creído hasta el momento empezaba a tambalearse. Su parte responsable trataba de retenerla y frenar sus emociones, pero otra parte de ella la instaba a dejarse llevar…a soltar todo lo que tuviese que soltar y dejarlo ir.

Toc, toc.

- Adelante. – Dijo Elsa retornando al mundo presente del que se había fugado hacía rato.

- Buenos días, Majestad. – Sei asomó la cabeza y saludó con cara de pilla.

A Elsa le dio un brinco el corazón. Todas sus dudas parecieron desvanecerse en cuestión de segundos.

- Buenos días, guardiana. Pasa. – Respondió con toda su seriedad.

Parecía que la joven morena no tenía muy claro cómo actuar ante la reina, se acercó vacilante.

- ¿Estás trabajando en algo importante? – Preguntó mirando al escritorio. – Qué cosas pregunto, pues claro que estás trabajando en algo importante, ¡eres una reina!

- Son cosas muy rutinarias: tratados con otros reinos, alianzas, relaciones comerciales, peticiones de… - Elsa cortó la frase repentinamente, tapándose tímidamente la boca con la mano.

Sei la miró extrañada y luego se acercó al escritorio a mirar lo que había encima de la mesa.

- ¿¡Peticiones de mano!? – Cogió unas cuantas cartas de la mesa con efusividad. - ¿Recibes esto todos los días?

- En realidad…de vez en cuando. – Contestó algo avergonzada. – Evidentemente, las deniego todas, sin embargo, ahora que ya he aprendido a controlar mis poderes, hay varios príncipes que insisten en venir a verme en persona para dialogar y…

- … y enamorarte. – Concluyó Sei con una mirada despectiva. – Y supongo que los recibirás, por supuesto.

"¿Está celosa?" Pensó Elsa algo divertida. Decidió jugar un poco con ella.

- Los recibiré. De hecho, ya tengo preparados los vestidos que me voy a poner con cada uno de ellos. – Se levantó de la silla y se acercó un poco a la otra chica.

- Qué previsora. – Dijo Sei con ironía, y se cruzó de brazos. Cada vez estaba más molesta.

- Por lo que cuentan por ahí, son apuestos galanes, dispuestos a cruzar el mar por venir a verme. – Elsa estaba disfrutando de ver la expresión de furia que se empezaba a formar en el rostro de la morena. Se acercó un poco más.

- Qué valerosos. ¿Y también te van a llenar de flores como hace Jack?

- Sería un bonito detalle. – Elsa se puso frente a Sei. – Pero me haría muchísima más ilusión que me enseñasen a tirar con el arco y me llevasen a beber aguardiente a una taberna.

Sei se decidió a mirarla. Sonrió, algo más calmada.

- Cómo te gusta burlarte de mí, dichosa reina…

- Sabes de sobra que no estoy interesada en nadie, no sé por qué te crees todo lo que te digo.

Elsa se acercó para abrazarla y le dio un pequeño beso en el cuello. Sei le devolvió el abrazo, pasando los brazos por su fino cuello.

- Eres cruel.

- Y tú inocente.

Se acercaron lentamente y se dieron un tierno beso. Elsa sintió los suaves y tibios labios de Sei sobre los suyos. ¿Por qué había llegado a pensar que ella no se merecía ese tipo de cosas, ese tipo de contacto? Era un ser humano como otro cualquiera, ahora se daba cuenta. Era tan vulnerable como el resto a sentir…sentir. Esa extraña sensación que se estaba despertando en su interior y se removía al son de los labios de Sei. Era algo nuevo, demasiado nuevo, y demasiado potente…notó los pequeños latigazos de sus poderes recorrerle los brazos hasta llegar a sus manos, y antes de que pudiese separarse del todo de Sei, un pequeño haz helado salió de su mano y fue a parar a la pierna de la morena.

- ¡Aaaauu! ¿¡Se puede saber qué haces!? – Gritó Sei llevándose la mano a la pierna medio congelada.

- Lo siento, lo siento mucho, de verdad. – Respondió Elsa llevándose las manos a la boca y separándose unos metros.

- A ver, no pasa nada, supongo que esto se descongelará en un rato, o en unos días. – Dijo para tranquilizar a la reina. – Le diré a la gente que te has emocionado demasiado al verme, jajaja.

Elsa se tranquilizó un poco al ver que no se lo tomaba mal del todo, pero estaba muy asustada. "No puedo perder el control así. Hoy ha sido la pierna, pero otro día puede ser el corazón, y no quiero hacerle daño por nada del mundo."

- Necesito tomarme mi tiempo para aprender a controlar esto. Hasta entonces, creo que vamos a tener que ir con algo de cuidado.

- Tómate el tiempo que te haga falta. – Dijo Sei sonriendo mientras se aplicaba un poco de su propio calor corporal a la pierna. – Me voy ya, espero no haberte robado mucho tiempo, ahora podrás seguir contestando a tus pretendientes.

Elsa entrecerró los ojos en señal de reproche.

-Te buscaré más tarde, a ver cómo llevas la pierna.

- Vale, estaré por el castillo. – Le dio un rápido beso a Elsa en la mejilla y antes de que esta pudiese rechazarlo para evitar peligros salió corriendo por la puerta.

"Me voy a esforzar por aprender a controlar el hielo otra vez, por ti, Sei"

SEI

Empezó a cojear cuando cerró la puerta del despacho de la reina tras de sí. Ese disparo congelado le había dolido, pero no quería decírselo a Elsa para que no se preocupase. Lo mejor que podía hacer era irse a la habitación para seguir aplicándose calor.

Aun así estaba muy contenta. No podía parar de recordar los momentos vividos junto a Elsa en la cascada, no parecía real, pero lo era. A ratos se detenía a pensar un momento y se planteaba que tal vez no estuviese haciendo lo correcto, porque ella tenía un deber que cumplir en Arendelle y encariñarse con la reina posiblemente no fuese lo más adecuado. Pero en el fondo no le importaba. Quería ver a Elsa y estar con ella. Llegó al pasillo de su habitación y vio a Riuna.

- ¿De dónde vienes que vas cojeando? – Le preguntó esta.

- Estaba dando una vuelta por el castillo, me he dado un golpe. – Mintió con indiferencia, pero no estaba segura de que hubiese sonado muy creíble.

Aunque confiaba en sus compañeros, estaba casi segura de que se opondrían a los crecientes sentimientos que tenía por Elsa, porque podrían distraerla de su trabajo allí. Así que lo mantendría en secreto todo el tiempo posible.

- Un golpe…claro. – Riuna la escrutó con la mirada, pensativa. – Pasa a la habitación de Gorrot, tenemos reunión.

Entró y vio a Rásgar con su cara risueña habitual y su pelo rubio desordenado. Gorrot, en cambio, tenía la expresión sombría, la más sombría que le había visto en mucho tiempo.

- ¿Dónde has estado? Llevo un rato buscándote. – Preguntó el hombre de pelo canoso con especial dureza en la voz. Se acercó hasta quedar en frente de Sei.

- Pues estaba…- no pudo terminar.

Sin previo aviso y con una agilidad descomunal, Gorrot la cogió del cuello y la estampó contra la pared, reteniéndola ahí y obligándola a mantener la mirada en sus ojos.

- ¿Vas a mentirme, eh? No te molestes, sé de sobra dónde has estado. No puedes ocultarlo: tienes la pierna congelada.

Sei no supo qué decir. Estaba en shock, eso era lo último que se esperaba del mundo, esa reacción era muy inusual en su maestro.

Rásgar parecía extremadamente sorprendido, pero el respeto que le tenía a Gorrot era tan grande que no se atrevía a contradecirle en sus actos. Riuna, en cambio, parecía que ya se esperaba lo que estaba pasando, y permanecía de brazos cruzados mientras los miraba.

- Se acabó, Sei. Ya has jugado bastante. Vas a dejar de "tontear" con la reina.

- ¿"To…tontear" con la reina? – Preguntó Rásgar nervioso. No quería interrumpir, pero esa pregunta parecía que necesitaba hacerla.

- Ooh, Rásgar, ¿es que no te has dado cuenta todavía? – Dijo Gorrot con parsimonia, todavía sujetando el cuello de la joven contra la pared. – Nuestra querida Sei…se está enamorando de la reina Elsa.

El silencio inundó la habitación. "¿Cómo demonios lo sabe? Agg, no, ¿cómo demonios he podido dudar en algún momento de que no fuese a darse cuenta?" Pensó Sei angustiada. Estaba incómoda, quería salir de ahí, pero tenía la impresión de que todavía faltaban cosas por aclarar. Todo era muy raro.

- ¿Es verdad eso? Confiésalo. – Pidió el joven rubio.

Sei titubeó un poco. Luego sacó la voz como pudo para hablar, de entre los dedos que le estaban apretando con fuerza la garganta.

- Sí. – Lo dijo con seguridad, pero temía las reacciones de esas palabras. – Pero os aseguro que no me va a distraer de mi trabajo aquí, voy a…

No pudo acabar, Gorrot la interrumpió otra vez agarrándole todavía más fuerte el cuello. Apenas podía respirar.

- ¡No tienes ni idea de lo que estás haciendo! – Gritó Gorrot. – No pensaba contártelo todavía, pero me veo obligado a hacerlo para que dejes de interrumpir el verdadero plan, lo que realmente estamos haciendo aquí.

"¿El verdadero plan? ¿De qué habla?"

- No hemos venido a Arendelle para proteger a su reina, sino para apartarla del trono…como sea. – Prosiguió Gorrot. – Os lo he ocultado hasta ahora a Rásgar y a ti porque sois jóvenes e impetuosos todavía. Pero tú estás empezando a interrumpir todos los planes, más bien llevas interrumpiéndolos bastante tiempo. ¿Quién crees que intentó trepar hasta los aposentos de la reina y luego se lanzó al fiordo? ¿Quiénes crees que salieron corriendo de la taberna? ¿Quién crees que trató de drogar a la reina Elsa la noche de la fiesta?

A Sei se le agolpaban las palabras como rocas en su mente, no podía procesarlas, se estaba colapsando. ¿Habían sido ellos todo el tiempo? ¿Sus propios compañeros? ¿Sus propios…amigos? Tenía demasiadas preguntas y no conseguía organizarlas, y mucho menos articularlas.

- Vo…vosotros…Riuna…tú…

- Sí. Y no sólo nosotros. No estamos solos. Pronto conocerás al resto de aliados. Espero que disfrutaras la noche de la fiesta, Sei, porque no vas a volver a acercarte tanto a la reina.

Sei lo miró estupefacta.

- ¿Crees que no sé lo que pasó en esa habitación esa noche? Te aseguro que me lo puedo imaginar a la perfección. También espero que disfrutases del baño en la cascada…

Lo sabían todo. Lo sabían todo desde el principio. Riuna y Gorrot. Ella había estado fingiendo y ocultándolo todo para nada. Incluso ellos se habían dado cuenta antes que ella misma de lo que estaba empezando a sentir…

- No puede ser. – Murmuró la joven, temblando.

- Es. Pero tranquila, no sólo has interrumpido planes, en parte también estás contribuyendo a nuestra causa inconscientemente. La reina también siente algo por ti, y eso es realmente nuevo para ella, ese nuevo amor la debilita. Ahora es más vulnerable. Pero a partir de ahora te quedarás en nuestro bando y dejarás de coquetear con ella. Porque para eso te he enseñado desde pequeña a aprender a controlar tus poderes. Este día tenía que llegar, y usarás tus poderes contra ella cuando lo tengamos todo planeado.

"¿Apartarme de Elsa? ¿Usar mis poderes contra ella? No…no entiendo nada. Necesito pensar…"

- ¿Y el príncipe Jack? – Preguntó desconcertada.

- ¿El príncipe Jack? Tiene años pero no madurez. Está embobado con la reina y no tiene más ambición que esa. Por lo menos, su llegada casual a Arendelle ha servido para mantenerte un poco distraída.

Todas sus conjeturas hasta ahora se estaban desmoronando. Jack simplemente estaba loco por Elsa. La Compañía que había venido a proteger el reino en realidad quería destruirlo. Ella, que creía estar en el lado de los buenos, en realidad estaba en el de los traidores.

- Bueno, chicos, confío en que sepáis decidir qué es lo mejor para vosotros, lo que más os conviene. Sabéis dónde están vuestras raíces. – Gorrot soltó a Sei por fin, y cambió su cara iracunda por una más agradable. – Debéis actuar con normalidad, que nadie sospeche nada. Y tú, Sei, ten cuidado, voy a estar vigilándote.

El hombre se dio la vuelta y salió de la habitación con Riuna, dejando a los dos jóvenes anonadados. Rásgar todavía era incapaz de articular palabra. Ella, por su parte, era incapaz hasta de pensar. Todo su mundo, todo lo que había conocido hasta ahora, acababa de dar un giro de 180º. El "buen" hombre que la había cuidado y aleccionado desde la infancia, llegando a convertirse en una especie de padre para ella, se había convertido en el villano. No podía concebirlo. Riuna, su amiga desde que era pequeña, estaba con él. Todo había sido una especie de farsa. Y lo peor de todo era que el objetivo de todo aquel plan malévolo que estaban tramando, era su objeto de deseo: Elsa.

¿Qué debía hacer ahora? Necesitaba tiempo para pensar. Sin embargo, sus pensamientos no dejaban de viajar hasta la chica rubia que se encontraba unos pasillos más allá, esperando para preguntarle cómo se encontraba su pierna. El estómago se le revolvía, le entraron ganas de vomitar, de vomitarlo todo, sus recuerdos, sus emociones…todo. Estaba muy aturdida y desorientada. Se sentó y se acurrucó en el suelo, ajena a su compañero que permanecía impasible. La cabeza le daba vueltas, todos sus pensamientos se revolvían sin sentido, pero sobre todos ellos reinaba uno:

"Elsa…"