Hola gente bonita que lee esto, muchas gracias a quien comentó, añadió a favoritos o a follows. Se agradece.
Kei Tsukishima: Bueno, lo más probable es que así sea. Digo, Kageyama todavía lo quiere aunque las cosas sean complicadas.
Sakuyachan18: A ti debería dedicarte el próximo capítulo, has sido la lectora fiel de este experimento y eso me hace feliz. Y ya deberías ver que tengo una obsesión con que los personajes se golpeen. Es decir, son chicos y a mí me parece adecuado. No sé, mis amigos me traumaron.
unhuachimingo: Estoy feliz de ver que hay más personas que amen el OiKage, es una cosa divina. Oh, a mí sí me cae bien Hinata, es que contrasta mucho con Kageyama y eso los hace chistosos. Que bueno que inclusive esas partes te agradaran.
Espero que el capítulo les guste, y estamos ya en la recta final.
Posible spoiler en el último fragmento, para que se vayan con cuidado.
Julio Cortazar
Fragmentos VI
Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. […] Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y te quiero, aunque estemos destinados a no ser.
Es el mismo camino, el mismo cielo, las mismas estrellas, el mismo perro que ladra tras la reja de una casa desde la que nunca se escucha nada. En teoría nada ha cambiado, el mundo sigue girando y el alborotado cabello dorado del sol se oculta dando paso paulatinamente al mortecino rostro de una luna que desde su perspectiva compone una mueca triste en un rostro demasiado oscuro.
Y él sigue siendo el mismo.
En teoría debería seguir siendo el mismo. Pero no es así. Y duele darse cuenta de que parte de quien es se ha esfumado junto a Kageyama. Siente que ha perdido más que la mitad, es algo difícil de explicar. Es un vacío inexplicable.
Pero Hinata supone que no es tan doloroso del todo, que pese a lo mucho que le ha llorado sus lágrimas son un pago justo por ver a quien más quiere – quizás a quien más ha querido nunca, a quien más va a querer como a nadie jamás – siendo feliz. Porque tiene que serlo, no es una opción, no es una esperanza tonta a que le irá bien en el futuro. No espera que Tobio se case con Oikawa, que milagrosamente alguno de ellos engendre un hijo (muy bizarro, sí), que el éxito le sonría al mejor armador que él conoce. Para nada. No es eso. Tiene que ser un hecho irrefutable. Porque no podría ser de otra forma, porque si sus lágrimas son en vano entonces él mismo se encargara de hacerle pagar a Oikawa.
No piensa que haya sacrificado su felicidad en un gesto mártir. Más bien que, como le dijo a Tooru, él es incapaz de ser egoísta. Y puede que sea un tanto estúpido, ¿quién en su sano juicio hace eso?, pero ver a Tobio infeliz a su lado… ¡No habría tenido las lágrimas suficientes para pagar algo tan atroz!
Aunque se intenta convencer el hecho es que está destrozado.
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Kageyama siente que la valentía de Hinata ha sido la causante de que sus caminos se bifurcaran totalmente. No es como si ya no le quisiera, porque lo hace con todo el alma. No es como si de pronto todo su amor se hubiese volcado al idiota e insufrible armador de Aobajousai (que le quiera no significa que vaya a tratarlo más tiernamente, eso no va con él.), no.
Honestamente le quiere, y hay algo más que con Hinata no llegó a sentir con tal magnitud abrasadora; le desea. Hay algo en sus labios al sonreírle, en sus ojos chocolate al mirarle con tal intensidad, y en lo posesivo de sus brazos cuando se ciernen sobre él. Esa fuerza magnética que lo une más a su superior. Como se derrite cual paleta de hielo en el desierto cuando se ve reflejado en sus orbes. Su traicionero cuerpo que le pide que ceda un poco más, que le insta a que se entregue como no lo hará jamás. Su mente que le pide revele lo más oscuro de sí, que se abra – de todas las formas posibles – al armador.
Probablemente esta perdidamente enamorado. Mas dentro de sí cree que eso es un eufemismo. Que siempre le ha querido.
Luego se siente como una mierda porque nunca mintió cuando le susurró a Hinata secretamente que le quería. Lo sigue haciendo. Y no es lo mismo que con Oikawa, pero el sentimiento es grande. Saber que Hinata se ha cerrado a él, y que sus auténticas sonrisas ya no iluminan su tierno rostro aniñado, que el dulce se ha esfumado del caramelo de sus ojos es como una bofetada con un maldito picahielos. Es una contradicción total. No puede con el dolor de Hinata y no sabe qué hacer con lo que siente por Oikawa.
Si hubiese una forma de solucionarlo… pero no existe. Y por ello lo único que puede hacer al ver a Hinata alejarse hacia su casa es seguirlo. Al menos si no puede estar en su vida como su novio, espera estarlo como su mejor amigo (por muy cliché que suene), o simplemente cuidarle y cumplir con su promesa: hacer que Hinata no deje de volar. Y si es lo único que le queda entonces él hará que Hinata surque el azul del cielo eternamente.
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Llevan una semana de la misma forma. Oikawa toma la mano de Kageyama y caminan lentamente tras el mejor señuelo que hay. Tooru se siente como un acosador profesional, y le molesta que Kageyama aún se aferre a su exnovio.
Cierto que no son novios aún. Seguro de que no piensa presionar. Y es cierto, totalmente, que esta celoso de Hinata.
Llegan a la parte más alejada de su pequeño pueblo, donde se empieza la carretera que sube la colina que Hinata sigue hasta su hogar. El último tramo en que va a pie y no montado en la bicicleta.
Entonces lo inimaginable sucede.
Ushijima está ahí. A diez metros – Oikawa se siente en un deja vú – parado con toda su estoica y seria figura. Plantado frente a Hinata. No pueden ver bien su rostro, y tampoco escuchan lo que se dicen.
Pero Kageyama se tensa como la cuerda de un arco – y no uno cualquiera, sino el arco del mismísimo Odiseo – al ver que una manaza se levanta frente al pequeño pelirrojo. Tooru imagina que si esa zarpa, ese martillo demoledor, se posa sobre la menuda figura de Shouyo podrá escuchar el sonido de sus huesos al romperse. Si hubiese un policía probablemente ya habría intervenido por lo amenazadora de la presencia del capitán de Shiratorizawa. Casi parecía un asalto, un secuestro o un mosntruo de un metro con ochenta y nueve centímetros acosando a un niño indefenso.
Kageyama da un paso al frente y parece a punto de estallar. Oikawa aferra su mano, lo jala hacia atrás y mientras ambos mantienen una pelea sin palabras, Ushijima ya se ha inclinado y ha depositado un brusco intento de caricia sobre los cabellos del menor. Se mira contrariado, un poco molesto, y dice algo antes de avanzar en dirección contraria a Shouyo.
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Hinata sigue alucinado, sin saber muy bien que es lo que acaba de suceder.
¿Qué hacía el as de Shiratorizawa ahí?
Y aunque su presencia es desconcertante, sus palabras están en otro nivel.
«Sigo esperando ver esas flores brotar del asfalto».
Gracias por leer.
Este capítulo es como en parte el cierre para Hinata en esta historia, lo más probable es que el próximo capítulo sea el último.
No podré actualizar el sábado que viene, será hasta dentro de quince días más o menos.
Y sí, también shipeo de forma crack a Hinata con Ushijima. Es que digo, cuando se conocieron el as no le quitó la vista de encima se sorprendió con él. Y ya conocen las leyes fujoshis. En fin, son tintes de esa aún más crack pareja que el OiKage. ¡Demos variedad al fandom! Hay de todo en la villa del Señor.
Lo último que dice Ushijima es porque él hace esa insinuación de Karasuno, que ellos son como cemento y quien se encarga de dar frutos y eso es el armador, en el caso de Aobajousai dice que sólo Oikawa vale la pena y que Seijou es como una tierra estéril. Hinata se enoja y dice que si ellos son cemento pues se prepare porque él va a brotar de ahí. Esto es por si alguien no ha leído el manga, no creo estar revelando algo muy grave, pero disculpen si ustedes lo ven así.
Cuídense y espero que comenten un poco más.
P.D. ¿Alguien ha escuchado las canciones de las cuales pongo un fragmento en cada capítulo?
