¡Ya llego! Muchas, muchísimas gracias por todos los comentarios, ¡os prometo que me han llenado de ilusión! Me alegro de que os haya sorprendido, esa era la cuestión. Ay, es que os lo seguiría agradeciendo todo el día, pero seguiré en el próximo capítulo jaja.

Por cierto, soy autora, chica :D

14. Futuro rey de Arendelle

ELSA

Elsa se encontraba en el balcón de su despacho, observando los terrenos de Arendelle. Todos se estaban preparando para recibir a los príncipes de varios reinos cercanos, obcecados con la idea de presentarle a Elsa sus respetos y sus intenciones amorosas. Ella ya les había dejado entrever que por mucha insistencia que mostrasen seguía sin estar interesada, pero ellos insistían, y no le quedó más remedio que recibirlos. Oyó que alguien entraba en el despacho. Era Gerda.

- Buenos días, Elsa, te traigo algo de comer. Sé que esta noche, cuando vengan los príncipes, habrá comida por todas partes pero no he podido resistirme a hacerte unas galletitas. – La mujer la miró con cara de bondad.

- Muchas gracias, Gerda. ¿Son las que nos hacías cuando éramos pequeñas? Están deliciosas. – A Elsa le vino un aroma dulce muy familiar. Le recordó a las tardes que se pasaban Anna y ella husmeando en las cocinas cuando eran pequeñas.

- Ay, mi pequeña Elsa, cuanto has crecido. Hace nada eras una niñita tímida y ahora mírate, la regente de un reino, tan joven… tus padres estarían orgullosos de ti. – Gerda se estaba poniendo nostálgica. – Es posible que hoy encuentres al hombre junto al que gobernarás y tendrás hijitos. Espero que sepas elegir bien.

A Elsa le entraron ganas de reír. Pobre Gerda, si en realidad supiese que antes de conocerlos ya pensaba rechazarlos a todos, porque su corazón se lo estaba robando una joven chica extranjera…

- Mi criterio es un poco complicado. No prometo que vaya a tener hijos, Gerda, ya sé que lo estás deseando, pero seguro que Anna sí que los tiene. – Dijo Elsa cogiendo una galleta.

- Ya veo, que testaruda e independiente nos has salido. En fin, ¡ah! Me ha dicho Sei hace un rato que te espera en los jardines para dar un paseo. Es posible que ya esté allí, ¡date prisa!

A Elsa la inundó una alegría repentina. El día anterior no había conseguido localizarla después de congelarle la pierna, tenía ganas de verla y ver cómo se encontraba. Cogió un puñado de galletas y las metió en una bolsita para dárselas a Sei. Bajó a los jardines y no vio a nadie, eran grandes, pero no tanto como para ocultar a una persona durante mucho rato.

- Elsa.

Se giró y vio a Sei algo agitada, una gota de sudor le recorría la sien. Su semblante era serio e inquieto. Llevaba un atuendo sin mangas que le dejaba al descubierto sus brazos finos y vigorosos. Y tenía la respiración alterada, como si hubiese llegado corriendo.

- ¿De dónde sales? Llevo un rato buscándote por aquí, ¿te encuentras bien? – Añadió Elsa al fijarse en la palidez del rostro de la chica. Le cogió la cara delicadamente con las manos. – Mírame, ¿estás bien?

Sin decir una palabra, Sei la abrazó. La abrazó como si llevase años sin dar un abrazo a nadie.

Al instante oyeron los arbustos de alrededor moverse.

- ¡Oh, hola! – Saludó Gorrot con voz jovial, apareciendo por sorpresa. – Le estaba buscando, Majestad, no sabía que estabas por aquí, Sei.

Sei se despegó bruscamente, Elsa, por el contrario, se lo tomó con más calma.

- Estaba revisando los jardines y me he topado con la reina. – Rio Sei cambiando su zozobra por falsa alegría. – Estaba a punto de irme.

"¿Qué te ocurre, Sei?". Pensó Elsa observando el nerviosismo de la chica.

- Ve a organizar a los guardias de la entrada, yo me quedaré con la reina para arreglar unos asuntos sobre el recibimiento de esta noche. – Ordenó Gorrot con firmeza.

Sei se alejó despacio, despidiéndose con un simple "nos vemos esta noche", sin girarse para mirar. Elsa estaba apenada, no había podido estar con ella ni un solo minuto. Se dispuso a escuchar una larga charla acerca de la organización de la seguridad de esa noche.

Las horas pasaron rápido. Todo el mundo estaba expectante porque pensaban que hoy sería el día en que la reina de Arendelle encontraría al futuro rey de Arendelle, pero sólo la propia Elsa y su hermana eran conscientes de que eso no iba a ocurrir. Estaban ya en el Gran Salón esperando a los invitados, Elsa en el trono y Anna a su lado, junto a Kristoff.

- ¿Y si hay algún príncipe demasiado guapo y no puedes resistirte y acabas enamorándote? – Preguntó Anna en voz baja para que ni Kristoff ni nadie pudiese oírla. – Esto no debería estar pasando, ¡ya tienes a alguien!

- ¡Anna, baja la voz!

- ¡No puedo bajarla más!

Kristoff las miraba de reojo, intentando permanecer ajeno a la conversación de las hermanas. Elsa resopló.

- No he podido evitar este encuentro, pero los conoceré, no elegiré a ninguno y volverán a sus reinos. No habrá ningún problema.

- Se nota que has tenido poco contacto con la raza humana en tu vida. – Comentó Anna poniendo los ojos en blanco. – Habrá un problema, y es que tu chica se va a poner muy, muy celosa.

- No es mi chica, bueno, ¡igual sí! Pero no tiene por qué ponerse celosa. Luego la compensaré por tener que pasar este mal rato.

- ¿La compensarás? ¿Cómo…si puede saberse? – Una sonrisa inquisitiva emergió lentamente en su cara.

- ¡Anna, otra vez no! – Elsa la miró con cara de reproche y volvió a dirigir la mirada a la concurrencia que aguardaba la llegada de los príncipes.

Pero en ese momento hizo su aparición la Compañía. Con su paso firme y seguro. Fueron a hacerle una reverencia a Elsa y luego se quedaron de pie a su alrededor, por si hubiese algún contratiempo. Sei, concretamente, estaba un par de metros a la derecha de Elsa, pero en ningún momento la miró, parecía muy concentrada en su trabajo.

Pronto empezaron a llegar los renombrados príncipes. Fueron tres los galanes que le ofrecieron su amor a la reina de Arendelle, y realmente eran muy guapos, toda la sala quedó embelesada con ellos. Ya nadie dudaba de que la reina escogería a uno, era imposible que no cayese ante los encantos de alguno de ellos. El primero era un chico rubio con unos enormes ojos azules, que le ofreció a Elsa una hermosa flor blanca.

"Muy típico." Pensó Elsa.

El segundo tenía el pelo un poco más oscuro y parecía algo mayor que Elsa. Le obsequió con un largo beso en la mano y un poema.

"Muy fingido."

El tercero era moreno y tenía las facciones muy dulces, parecía más agradable que los dos anteriores. Simplemente le dijo que, aunque no la conocía todavía, estaba dispuesto a entregar todo su tiempo para poder conocerla, y cuidarla y enamorarla. Así se ganó a la concurrencia.

"Muy astuto."

"Tengo una opinión de todos ellos, pero no me atraen lo más mínimo. Sí, son atractivos, pero les falta algo. Sí, son príncipes, pero no me importa. Sí, son perfectos, pero busco algo más allá de todo eso, algo que trasciende las barreras físicas y las normas sociales, incluso los gustos personales. Sé que hay algo eternamente incomprendido por los seres humanos que puede hacerte elegir a una persona por encima del resto sin saber por qué, es algo inexplicable. Sólo entiendo ese concepto cuando pienso en Sei, y es en ese momento cuando me doy cuenta de que quiero compartir cosas con ella."

SEI

La noche se le estaba haciendo interminable. Había empezado a ser interminable cuando se había enterado de que ese mismo día llegarían los condenados príncipes. Obviamente todos los intentos de la Compañía por "proteger" a la reina eran una auténtica farsa. Nadie la atacaría esa noche. Se sintió estúpida. Quería gritarle a Elsa que se alejase de ellos, que eran ellos, ella misma, los que querían arrebatarle el trono para poner a otro regente. A otro que Sei todavía desconocía, pero que pronto conocería. Había intentado alertar de alguna manera a Elsa esa misma mañana, convocándola en los jardines. Pero sólo tuvo unos segundos antes de que apareciese Gorrot.

Mientras tanto, su interior se debatía en una ferviente pelea entre sus recuerdos y sus nuevas emociones. Ese debate le quemaba por dentro, la consumía, era incapaz de decidir qué era más importante en su vida, era incapaz de decidirse por un lado o por otro: sus amigos de toda la vida, o Elsa. En algunos momentos pensaba que no merecía la pena echar a perder todo lo que había conocido hasta ahora por un amor posiblemente pasajero, y que debía seguir el camino que le había tocado vivir a pesar de no estar de acuerdo con el hecho de arrebatarle el trono porque sí. Pero otras veces, cuando veía a Elsa aunque fuese de lejos, su corazón se estremecía, y no hacían falta más pensamientos, era algo demasiado irracional y demasiado certero.

Veía cómo se acercaban los apuestos príncipes dispuestos a cualquier cosa por conseguir a Elsa y se le descomponían las entrañas. No sólo por el hecho de ver cómo se pavoneaban ante los invitados y ante la propia reina, sino por el hecho de que ellos sí eran dignos candidatos de pedir su mano, ella no. Eran príncipes, eran hombres, no eran traidores y no tenían poderes que pudiesen dañar a nadie. ¿Qué le podía ofrecer ella a Elsa? Nada en absoluto. Ahí estaba Gorrot, que parecía estar leyéndole el pensamiento, para remarcar su inferioridad.

- Son unos caballeros magníficos, Majestad, estará contenta. Le puedo asegurar que no encontrará príncipes más guapos y más completos en los alrededores de este país, a excepción del príncipe Jack, por supuesto, que también es un digno candidato. No se merece menos, mi reina. – Sus palabras sonaban melosas.

"Y tienes toda la razón…" Pensó Sei apenada.

- Desde luego parecen hombres interesantes. – Respondió Elsa con altivez. – Pero creo que no son el tipo de interesante que yo busco. Tal vez soy demasiado exigente, o es que busco cosas…diferentes de lo común.

Sei no supo si interpretar eso como una especie de guiño hacia ella, desde luego Elsa se encargó de decirlo lo bastante alto como para que las palabras pudiesen llegar a sus oídos. Sintió un arrebato de cariño hacia ella. En ese momento la balanza se inclinaba hacia el lado de la reina, así que se disculpó diciendo que iba al servicio y aprovechó para escribir en un pequeño trozo de papel unas palabras para Elsa.

"Elsa, seguramente esto te va a sorprender, pero no te fíes de la Compañía. Son ellos los que buscan destronarte. Tenemos que hacer algo, pero me tienen vigilada y no puedo actuar porque han amenazado con herirte y herirme a mí si trato de avisarte de esto. Por favor, sé cautelosa y ten cuidado."

Dobló la nota. Tenía que hacérsela llegar de alguna forma. Volvió junto al trono. Hubo baile y hubo algo de espectáculo, todo el mundo quería bailar con la reina, pero ella permaneció impasible y se negó educadamente a bailar. Anna, por el contrario, accedió a bailar unas cuántas veces bajo la atenta mirada de Kristoff, que tampoco quería bailar. Incluso Jack había aparecido para hacer acto de presencia y pedirle un baile a la reina. La noche transcurrió tranquila. Llegó el momento de cerrar la velada, todos esperaban que Elsa se decantase por alguno de los invitados, así que la reina se alzó imponente y habló.

- Ha sido un verdadero honor recibir a tan apuestos príncipes en las tierras de Arendelle, sin duda no han pasado desapercibidos por aquí. He disfrutado inmensamente de esta noche y de la compañía de todos vosotros, sin embargo, no tengo intención de elegir a ninguna persona como si de un juego se tratase. El matrimonio y el amor son cosas serias, y deben tratarse como tal. Estoy convencida de que encontraréis damas estupendas que puedan corresponderos, yo no puedo dar ese paso. No tengo claro qué nos depara el futuro a todos nosotros, lo que sí tengo claro es que tengo el corazón abierto, y si algún día encuentro a la persona idónea, os lo haré saber. Os deseo mucha suerte en vuestro viaje de regreso, aunque, por supuesto, estáis invitados a quedaros en Arendelle todo el tiempo que os plazca. – Elsa habló con honestidad, era una persona íntegra.

Sei la miró complacida, no podía evitar sentir una punzada de triunfo. Los príncipes se despidieron entre resignados y decepcionados. "Ya estabais avisados de que no estaba interesada, ¿de qué os sorprendéis?". La gente se fue disolviendo hasta quedar sólo la princesa, la reina, Kristoff, el servicio de limpieza y la Compañía.

- Es una pena que no escogiese a ningún candidato, Majestad. – Comentó Riuna.

- No necesito que vengan hasta mi reino para tratar de conseguirme como si fuese un trofeo. - Dijo Elsa.

- Cualquier doncella se sentiría halagada, pero tú no, claro que no. – Le reprochó Anna. – Tú prefieres hacer las cosas a tu estilo, como siempre.

- No es que no me sienta halagada, es que no me parece un método adecuado para buscar pareja para el resto de tu vida, es un tema delicado.

Las hermanas se fueron discutiendo hacia sus habitaciones. La Compañía y Kristoff las siguieron. Cuando llegaron hasta la puerta de la habitación de Elsa, esta miró a Sei, reclamando su atención, pero ella no le quiso devolver la mirada. La Compañía se fue hasta sus habitaciones. Sei tenía que pensar en algo ya. Decidió esperar un rato hasta que se durmiesen sus compañeros. Salió de su habitación. Todo estaba oscuro, no se oía nada. Avanzó hasta el pasillo de Elsa. Y su alegría acabó ahí. Ahí estaba Gorrot, custodiando los aposentos de la reina.

- Eres muy predecible, jovencita. Dame esa nota. – Su voz sonó muy autoritaria en la oscuridad, estaba claro que no le iban a dejar ni un mínimo margen de movimiento.

Sei maldijo en todos los idiomas que conocía y en algunos inventados.

- No. – Dijo rotundamente, aunque por dentro empezaba a turbarse.

- Dámela si no quieres mayores altercados.

- No te la voy a dar, aparta de la puerta. – Sujetó con fuerza la nota en sus manos.

El filo de una daga le rasgó el brazo con el que sujetaba la nota. Ahogó un grito, pero no soltó el papel, sin embargo, el susto hizo que sus poderes se descontrolasen momentáneamente y fue su propio fuego el que chamuscó la nota en su propia mano. Volvió a maldecir.

- Tú te lo has buscado, Sei. Escúchame: sé que vas a entrar ahí dentro te diga lo que te diga, pero ten claro que vamos a estar escuchando cada palabra que digas, si se te va la lengua atente a las consecuencias. Ahora, pasa y haz todas las cosas románticas que se te antojen. – Soltó el hombre con desprecio.

¿Cómo había podido la avaricia consumir tanto a un hombre?Pensó Sei afligida. Ese no era el hombre al que había conocido. La codicia había podido con él, como con tantos otros. ¿Con quién y para qué estaría persiguiendo el trono de Arendelle? No reconocía al hombre que tenía delante.

Sei no contestó y llamó a la puerta de Elsa. Entró a sus aposentos, no había vuelto a entrar desde aquella noche. Unos dulces recuerdos la embriagaron. Elsa estaba con su atuendo nocturno, también hecho de hielo, mirando por la ventana la luna resplandeciente.

- No sabía si se te ocurriría venir. – Dijo Elsa cándidamente.

Sei seguía confusa y turbada, su remolino interior había vuelto a resurgir, pero no podía resistirse a los encantos de su adorada Elsa, se acercó lentamente hasta la ventana. Sabía que las estaban escuchando, pero ya no le importaba, sólo quería estar junto a Elsa.

- Necesitaba verte. Hoy has estado expuesta a las miradas de demasiados ojos anhelantes…ya era hora de que fueses toda para mí. – Pasó una mano por la cintura de la reina.

- Ninguna de esas miradas anhelantes me interesaba, sólo la tuya, y no me has mirado ni un segundo. – Elsa también pasó un brazo por la espalda de la morena.

- Había demasiadas doncellas guapas a las que mirar… - Sei puso cara de inocencia y miró de reojo a la reina.

Elsa alzó una ceja.

- ¿Ah, sí? Pues creo que te has equivocado de habitación, entonces, a mí ya me tienes muy vista.

- Jajaja, claro que no.

- Te he visto un poco tensa, ¿está todo bien? – Los profundos ojos de la rubia la miraron con perspicacia.

Sei luchó por no expresar ni un ápice de nerviosismo. "No, está todo mal" Quería decírselo, pero algo no se lo permitía. Ya le habían amenazado con hacer daño a la reina si se lo confesaba.

- Todo está… - "Lo siento, Elsa" - …perfectamente.

Sonrió lo mejor que pudo. Elsa cogió su mano y la llevó hasta la ventana, se sentaron en la repisa. Elsa se acurrucó entre las piernas de la morena. El silencio de la noche las envolvía, las estrellas tintineaban en lo alto, parecían estar también vigilándolas. No se oía nada más que el sonido de alguna ráfaga de aire. Sei podía percibir el aroma fresco de la reina y su piel fría y tersa. "Eres demasiado perfecta para mí". Elsa le acarició el brazo. Estaba totalmente relajada. No era consciente de lo que la rodeaba, de que todo era un decorado de una película que acabaría mal, y ella era la protagonista. Sei se sintió fatal por dentro, pero no podía decirle nada a Elsa todavía, tendría que encontrar otro momento. Elsa cerró los ojos. Sei la miró como una madre que mira a su bebé. Le acarició el pelo suavemente y dejó que la reina se relajase.

"Ojalá supieses lo importante que eres para mí, Elsa, pero no tengo ni idea de cómo actuar ahora, no sé qué hacer. Espero que algún día me perdones. He intentado hacer las cosas bien, y de momento todo está saliendo mal. Ojalá pudiese parar el tiempo en este instante, o mejor, en la cascada, cuando podía tocarte sin miedo. O incluso antes, la primera vez que te miré a los ojos y me perdí en ellos sin remedio. ¿Y si nunca hubiese llegado a conocerte? Ahora no estaría aquí sufriendo por si te pasa algo, con miedo de haberte tenido y perderte. Tal vez esto, al fin y al cabo, es algo pasajero, y tú acabarás con un príncipe de verdad, como corresponde. Y yo seguiré perdiéndome por el mundo tratando de borrarte."

Le dio un tierno beso en la frente a la chica que tenía en sus brazos. Una lágrima silenciosa resbaló por su mejilla.

La cosa sigue avanzando ¿Adónde nos llevará esta historia? Hay que seguir leyendo ;)