Ruta de Sangre
Un paso adelante… Y retrocede dos… dos pasos a atrás y seguía retrocediendo… Esta vida iba de mal en peor, perdió la casa que había pertenecido a su familia durante generaciones, el anillo que su padre con ahínco, le había echo jurar en su lecho de muerte, que solo lo portaría en su mano, aquella doncella que mereciera su corazón. Y para colmo, lo habían sentenciado a muerte, por un asesinato que no cometió.
Luego de emborracharse, tras la huida de su "amada", se había tendido en la calle a llorar sus penas, quedándose dormido en instantes por su estado. A la mañana siguiente se despertó por los gritos de una mujer histérica, odiaba cuando gritaban así - ¡La mató!, ¡La mató!- se dio vuelta y se acomodó para seguir durmiendo – ¡señora, cállese y deje dormir, es lo único que me queda! – en un dos por tres, unos guardias que se acercaron por los gritos, lo pararon en vilos, sólo ahí vio sus manos con sangre seca y el cadáver de la meretriz que se posaba a su lado, con las faldas hasta arriba, el pecho descubierto y unas extrañas heridas en el cuello, de donde brotaba la sangre aun a borbotones. Sin juicio, sin testigos, sin pruebas que comprobaran lo contrario, fue llevado a la cárcel y sentenciado a muerte, para el alba.
Después de todo al menos moriría con dignidad, no como un pobre mendigo, que se arrastrara por un poco de licor y pan en la calle.
La luna estaba hermosa, esa sería la última imagen de racionalidad que guardaría en su cabeza, hasta el momento de morir en la ahorca… Sus sentidos se aguzaron y entre la oscuridad una silueta delgada que se encaminaba hasta el - Quieres recuperar todo aquello que haz perdido…
