Una vez más, ¡mil gracias por comentar! Lo que es una maravilla es leeros a vosotros :)
¡Los reviews cuanto más largos mejor! Nada de lamentar que sean largos… jajaja
Seguiré tu sabio consejo, "Guest" ;)
15. Tormenta.
ELSA
La tarde era fría y lluviosa, las gotas repiqueteaban en las ventanas y el viento soplaba con fuerza. Elsa estaba asomada a la ventana de su despacho contemplando el lóbrego panorama que se cernía sobre Arendelle. No había nadie ni por el pueblo ni por los jardines del castillo, a excepción de Olaf, que paseaba serenamente por el patio hasta que vio a Elsa asomada, la saludó con un movimiento enérgico de su rama-brazo y se metió corriendo al castillo. Elsa supuso que subiría a verla. Al muñeco de nieve parecía no importarle la lluvia, al fin y al cabo él tenía su propia nevada.
Allí, en la lejanía, estaría su solitario castillo de hielo, pensaba Elsa. Le traía recuerdos agridulces: dulces porque era un símbolo de su liberación interior y agrios porque allí había herido a Anna. Aun así, pensó que estaría bien enseñárselo a Sei. "Algún día la llevaré para que lo vea". Enseguidaapareció Olaf por la puerta con su sonrisa habitual.
- ¡Hola, Elsa! – Se acercó con rapidez para quedar justo debajo de la reina.
- Hola, Olaf. – Elsa se agachó para poder darle un abrazo. - ¿Qué hacías por ahí abajo tú solo?
- Estaba paseando bajo la lluvia, ¿no es un clima estupendo?
- Todo lo que no sea nieve te parece estupendo, desde luego no estás en el país adecuado. – Le dio un golpecito cariñoso en la punta de la zanahoria y se puso de pie.
- ¿No estás con Sei? Últimamente pasáis mucho tiempo juntas. ¿Sois mejores amigas? – Preguntó el muñeco de nieve inocentemente mirando a ambos lados de la habitación.
A Elsa le sorprendió la pregunta. Se giró levemente para tratar de disimular su sonrisa y su ligero sonrojo. La combinación de ambos la delataría, aunque no estaba segura de si Olaf hubiese captado esas señales físicas de haberlas visto.
- No, no está aquí. Somos muy…amigas, sí. Puedo decir abiertamente que me alegro de su llegada a Arendelle, nos entendemos muy bien. – No pensaba confesar todavía a Olaf lo que verdaderamente pasaba entre ellas, pero no iba a negar que estaba muy a gusto con ella.
- Hace días que no la veo, ya no vamos a robar comida a las cocinas…- dijo algo apenado.
- Tienes razón, está algo esquiva últimamente. – Elsa frunció el ceño, pensando en ese detalle. – Siempre puedes sugerirle a Anna lo de meteros en la cocina, estoy segura de que ella no va a decir que no, siempre ha sido la peor pesadilla de Gerda.
Ambos rieron.
- ¡Casi lo olvido! Cuando he pasado por el pueblo, un hombre me ha dado esto para ti. – Olaf le entregó un pergamino pulcramente enrollado.
- ¿Qué es esto? ¿Quién era ese hombre? – Elsa se extrañó mucho ¿Quién podía usar a Olaf como medio para llegar a ella? No podía ser nada bueno.
- No le he visto la cara, llevaba una capucha para protegerse de la lluvia, pero ha insistido en que es algo que deberías saber sea quien sea el que te proporcione la información.
Elsa la desenrolló y leyó:
"Estimada reina Elsa, lamento esta forma tan poco ortodoxa de comunicarle mis impresiones, pero me siento obligado, como ciudadano de Arendelle, a explicarle mis graves sospechas de traición de personas que entiendo son muy cercanas a vos. Gente de su entorno muy próximo ha sido vista en una reunión clandestina, conspirando en su contra. Mi recomendación es que no se fíe de nadie. Confío en que sepa discriminar bien. Espero ser de ayuda. Entienda que no haya querido dar la cara, dar chivatazos es mejor mantenerlo en secreto."
Elsa tuvo que releer el pergamino tres veces antes de decidirse a intentar plantearse la remota posibilidad de que alguien muy cercano a ella estaba tramando algo en su contra. "¿Quién? ¿Alguien del servicio? ¿Algunos guardias? Pero ellos no son personas demasiado cercanas a mí. ¿Y si…y si es Sei?" La idea voló fugazmente de sus pensamientos. "No, imposible. Seguramente esta nota será una artimaña de alguien que quiere tomarme el pelo".
- ¿Qué pone, Elsa?
- Nada importante. – Elsa sonrió, pero esa sonrisa denotaba un atisbo de preocupación. No las tenía todas consigo. – Olaf, ¿te importaría ir a buscar a Sei y al resto de la Compañía? Me gustaría hablar con ellos.
- ¡Por supuesto! Enseguida vuelvo. – Olaf ya se disponía a salir corriendo por la puerta.
- ¡Espera, Olaf! ¿Cuándo te ha dado ese hombre esta nota?
- Hace un rato, no mucho rato, ¿por qué?
- Por nada, sólo por curiosidad. Venga, ve.
Elsa meditó un segundo. Confiaba con todo su corazón en que Sei estuviese entre las paredes del castillo.
SEI
Caminaba junto con la Compañía hacia algún lugar recóndito del bosque. Todos llevaban capucha para protegerse de los azotes del viento cargado de gotas de agua. Sei no tenía ni idea de a donde iban, sólo sabía que iba a conocer al resto de conspiradores. Rásgar caminaba cabizbajo a su lado. Desde que se había enterado de su "relación" con Elsa ya no le dirigía la palabra. Se sentía traicionado, y Sei lo entendía, pero ella no había buscado enamorarse de la reina, había surgido como una fuerza implacable que no había logrado controlar. Los dos seguían a Gorrot y Riuna como niños que siguen a sus padres. Uno porque no tenía a donde ir, y la otra porque todavía no era consciente de lo que aquello implicaba. Simplemente caminaba como una autómata. Todavía no había encontrado el modo de llegar hasta Elsa y avisarle de lo que estaba pasando, estaba constantemente vigilada.
- Ya casi hemos llegado. – Anunció Gorrot. – Estáis a punto de conocer a vuestros nuevos camaradas.
- Qué honor…- murmuró Sei irónicamente.
Gorrot y Riuna la miraron con desprecio.
- Deberías estar agradecida de que no hayamos decidido castigarte por ahogar todos los planes que hemos llevado a cabo hasta ahora. – Le recriminó la chica con hastío. – Mirad, ahí están.
Un nutrido grupo de encapuchados emergió de entre los árboles. No se quitaron las capuchas hasta que no se aseguraron de que los nuevos inquilinos eran conocidos. Un hombre mayor, de baja estatura, con el pelo grisáceo y un bigote del mismo color dio un paso al frente y se acercó a ellos. Le siguió un joven pelirrojo bastante atractivo y con una figura esbelta y elegante. A Sei le recordó mucho a alguien… a Jack de las Islas del Sur. "No me digas que hay más de esos por aquí…¡agg, lo que faltaba!" Pensó Sei con desagrado.
- Bienvenidos, queridos miembros de la Compañía, os estábamos esperando. – Dijo el hombre de pelo canoso con una voz que a Sei le pareció de lo más exasperante. – Soy el Duque de Weselton, para los que no me conozcáis. Gorrot, Riuna, a vosotros ya os conozco, pero veo que traéis con vosotros a vuestros dos polluelos, y oh, esta es vuestra arma secreta…ya veo.
El hombre se acercó a inspeccionar de cerca el rostro de Sei, pero manteniendo una distancia prudencial.
- Tú eres la famosa joven que controla el fuego y que ha estado entorpeciendo nuestros planes contra la reina…
-… y entorpeciendo también los planes amorosos de mi hermano Jack, según he oído. – Habló por primera vez el chico pelirrojo con mucha seguridad. Se acercó tanto como el Duque. – Soy Hans de las Islas del Sur, un placer conoceros.
El chico hizo una especie de reverencia. "Maldita familia de aduladores". Él era el que había intentado matar a Anna y a Elsa. Le hubiese encantado freírlo ahí mismo. Pero no debía. Decidió darle la oportunidad de hablar antes de condenarle con sus prejuicios.
- Se supone que debería responder lo mismo. – Contestó la morena sin ningún tipo de complejo.
Todos la miraron con desprecio, menos Hans, que se mantuvo cortés.
- Así que eres tú la chica que le está arrebatando el objetivo a mi patético hermano Jack y que ha estado a punto de arrebatarnos el objetivo a todos nosotros. Supongo que ahora ya lo has pensado mejor y has visto que tiene muchas más ventajas estar de nuestro lado. Si no lo has visto, te lo haremos ver.
"Ni lo sueñes."
- Hablando de escoger un lado, ¿has hecho llegar el mensaje que te dije, príncipe Hans? – Preguntó Gorrot con una mirada oscura y penetrante.
- Así es. Ha sido muy sencillo, esa criatura se deja engañar con demasiada facilidad. El plan marcha a la perfección.
"¿A qué se refieren? Espero que Elsa esté bien. En cuanto acabe esta dichosa reunión voy a ir a buscarla y a contarle toda esta estupidez. Ella sabrá poner orden aquí."
- Ahora que estamos todos aquí vamos a narrar los hechos que nos han llevado a planificar este…atentado contra Arendelle. – Empezó a hablar el Duque de Weselton. – En primer lugar, la idea surgió en un encuentro que tuve hace escasos meses con el príncipe Hans después de que fuera arrojado como un perro a su país, lo sé, horrible, ¡qué falta de consideración, con lo que hiciste por Arendelle mientras su reina se dedicaba a congelarlo todo!
- Cierto. – Confirmó Hans altivamente. – Mi intención siempre ha sido escoger un buen reino y ensalzarlo todo lo posible. ¿Qué mejor reino que este? Arendelle no puede tener una reina que en un ataque de nervios puede congelar a sus ciudadanos y que, peor aún, se niega rotundamente a dar herederos, ¡no cumple con su deber! Cuando el pueblo vea ese bache superado nos lo agradecerán. Además, apartar a las hermanas del trono sería una maravillosa forma de cobrarme la venganza al desprecio que me hicieron.
Si Sei sentía algo de aversión hacia Jack, no era nada comparada con la que sentía hacia su hermano menor, Hans. Pero antes de expresar su oposición al plan, tenía que conocer las razones de Gorrot y Riuna.
- ¿Y qué os llevó a vosotros a meteros en ese plan? – Preguntó Sei intrigada.
- Bueno, yo he de confesar mi aprecio desde siempre por un buen puesto en alguna corte real, ya estaba harto de ir dando tumbos por el mundo "sin ser nadie". – Explicó Gorrot. - Cuando descubrí tus poderes cuando eras pequeña y quedaste a mi cargo y al de Kandy, vi el potencial que tenías, y pensé en las grandes posibilidades que podías llegar a ofrecerme. Por supuesto, te acabé cogiendo cariño. Pero siempre he pensado que llegaría una oportunidad. Hace un tiempo conocí a Hans y al Duque y me contaron sus planes de hacerse con Arendelle. Creo que esta es la oportunidad. Estas son nuestras razones, ¿verdad, Riuna?
- Esas son, Gorrot. – Afirmó la mujer.
"Soy su maldita marioneta, siempre lo he sido, siempre ha habido un motivo para que decidiese ayudar a ocultarme y a entrenarme". Sei estaba profundamente desilusionada y dolida. Empezaba a preferir no saber nada más sobre el tema, sólo quería correr y soltárselo todo a Elsa, ya lo tenía claro: Elsa era el bando que escogería. Aguantó como pudo un rato más de charla con esa gente detestable.
ELSA
Olaf no tardó en volver.
- Elsa, no están. Los han visto salir hace rato con sus capas, no se sabe hacia dónde iban. – Dijo el muñeco ingenuamente. - ¿Eso es malo?
Elsa se temió lo peor. Se recostó en el marco de la ventana.
- No lo sé, Olaf…
Miró hacia el exterior. A lo lejos vio a la Compañía acercarse. Parecía que venían del bosque. El miedo inicial que sintió Elsa se fue transformando en desconcierto, y paulatinamente, en ira. "¿Por eso has estado tan distante estos últimos días, Sei? ¿Estabas tramando algo? Espero que vengas a darme explicaciones."
Y su presencia no se hizo esperar.
SEI
Emprendieron el camino de vuelta al castillo. El resto de los aliados se dispersó y tomó caminos diferentes.
- Pronto encontraremos a una Elsa en su momento más vulnerable… - Le susurró Gorrot a Riuna.
Sei carraspeó. No iba a dejar que hablaran de la supuesta debilidad de Elsa en sus narices.
- No tenéis nada que hacer contra ella. – Aseveró Sei con vehemencia. – Es muy fuerte, y es muy mágica.
El hombre y la mujer prorrumpieron en carcajadas.
- Veremos de qué le sirve su magia cuando esté tan frágil que no pueda controlarla. Además, sabemos cuál es su punto débil: tú.
"Elsa, mantente firme pase lo que pase, por favor" Sei empezaba a tener miedo de lo que pudiese pasar.
- Supongo que lo primero que vas a hacer al llegar es ir a buscar a tu amada. – Dijo Riuna girándose para mirarla con fingida voz dramática.
La morena no contestó. Ya estaban llegando al castillo. Vio a Elsa asomada a la ventana de su despacho. Parecía…¿preocupada? ¿Asustada? ¿Enfadada? Tenía que ir a verla.
- Sé que me vais a seguir, así que ya os anuncio que voy a ir a verla, sí.
- No lo dudábamos. – Riuna sonrió malévolamente.
Sei echó a correr hacia el despacho de Elsa, seguida de cerca por los otros tres, que no pensaban dejarla respirar. Tenía que llegar antes que ellos para poder soltarle toda la verdad.
Llegó a la puerta, y justo cuando tenía la mano en el pomo recibió un brutal empujón que la derribó lanzándola unos metros más allá. En ese instante fue Gorrot el que se apoderó del pomo y entró primero.
- Aquí estás, reina Elsa. – Oyó decir Sei a Gorrot con astucia.
"No…"
ELSA
- Aquí estás, reina Elsa. – Fue lo primero que dijo Gorrot al irrumpir en su despacho abruptamente. Lo siguieron Rásgar y Riuna. – ¡Sorpresa! Sí, es lo que imaginas. Somos nosotros, hemos sido nosotros todo el tiempo, los cuatro. Solo que…bueno, tal vez uno de nosotros haya estado pasándolo bien contigo de vez en cuando…
Una sonrisa retorcida se formó en su cara. Elsa quedó en shock, sus peores temores se estaban haciendo realidad sin ningún tipo de reparo, sin tiempo para pensar en la idea. En ese preciso momento apareció Sei por la puerta, tras la cara maliciosa de Gorrot. De pronto le pareció una escena macabra, de mal gusto. Toda una mentira tejida a sus espaldas se mostraba ante ella, como si alguien acabase de abrir el telón justo al final de una obra de teatro.
- Elsa, ¡no los escuches! – Gritó Sei desde la puerta. – Yo no he tenido nada que ver con esto, ¡lo sabes! Por favor, tienes que confiar en mí…
La chica empezó a acercarse a Elsa despacio, pero Elsa estaba concentrada en demasiadas cosas. La idea de que las personas a las que había confiado su seguridad, la de su hermana y la del reino en general eran los verdaderos traidores, rebotaba en su cabeza de lado a lado hasta casi marearla. Pero la idea de que uno de esos traidores era la persona de la que estaba irremediablemente enamorada la revolvía mucho más adentro, ahí donde sólo muy pocos pueden llegar. El dolor de la traición le había rasgado el corazón. Era incapaz hasta de escuchar las palabras de Sei, porque…seguramente eran mentira. Todo era mentira.
Sus ojos amenazaron con inundarse de lágrimas, pero no lo permitiría, había aprendido a tragarse el llanto muchos años atrás.
- Elsa, créeme. Yo no…- Sei seguía acercándose.
Ver a Sei acercarse a ella no hizo sino empeorar la situación. El amor que sentía por ella y la aflicción de sentirse traicionada despertaron un debate desgarrador en su interior. Notó el hielo rugir dentro de su cuerpo, luchando por salir violentamente al exterior. Alzó una mano con firmeza que hizo a la morena detenerse.
- Fuera de aquí. – Logró decir Elsa conteniendo toda la rabia que guardaban sus palabras. – No quiero volver a veros por Arendelle nunca más. A ninguno de vosotros.
- No lo hagas, no hagas esto, ¡no puedes hacer esto! – Vio el cuerpo de Sei encenderse como nunca antes lo había hecho.
Elsa no pudo contener por más tiempo sus poderes. Varias espirales afiladas de hielo salieron disparadas de su cuerpo, seguidas por una ventisca creciente que cada vez giraba con más fuerza. Esta vez no le importó, no le importó que sus poderes pudiesen hacer daño a alguno de ellos. Permaneció imperturbable en el centro de la sala, con su propia tormenta girando a su alrededor, haciendo que todo cuanto había en el despacho girase y chocase con otras cosas. Se estaba formando un caos del que sólo ella se salvaba. Olaf, agarrado a la pierna de Elsa, lograba mantener sus partes en su sitio a duras penas.
Vio cómo Sei se esforzaba por ir contra la ventisca y llegar hasta ella, pero varios brazos la agarraron por detrás y tiraron de ella hasta sacarla de la sala. Elsa pudo ver su mirada una última vez antes de que desapareciese por la puerta.
Poco a poco la ventisca se fue apaciguando. Unos guardias aparecieron en la puerta, alarmados.
- ¡Majestad! ¿Qué ha ocurrido? – Preguntaron con preocupación, echando un vistazo al desorden de la sala. - ¿Se encuentra bien?
- Sí, estoy bien. Pero tenéis trabajo. Reunid a todos los guardias que podáis y aseguraos de que la Compañía abandona Arendelle. Aseguraos también de que no vuelvan a entrar bajo ningún concepto. Ninguno de ellos. – Elsa habló con decisión.
- Pero Majestad, ¿ninguno de ellos?
- Haced lo que os digo.
- Sí, Majestad.
Los guardias abandonaron el despacho. Olaf miró a Elsa con confusión e inquietud.
- ¿Qué ha pasado, Elsa? Entonces, ¿no son buenos?
- A veces la gente no es lo que aparenta ser. Es difícil saberlo. – Elsa hizo todo el esfuerzo del mundo por cambiar su expresión fría por una más cálida. – Anda, Olaf, ¿qué te parece si vas a buscar a Anna y le dices que necesito que venga un momento?
- ¡Ahora mismo! – Olaf se marchó corriendo.
Elsa no pudo sostenerse más en pie, toda la tensión que había acumulado en los últimos minutos de repente le pesaba muchísimo. Se dejó caer de rodillas en el suelo.
Anna llegó rápidamente. Vio a Elsa en el suelo y se aproximó a toda velocidad.
- ¡Elsa! ¿Qué ha pasado? – Se arrodilló a su lado y le acarició la espalda, esperando a que su hermana fuese capaz de incorporarse. - ¿Has…has perdido el control de los poderes?
- Son ellos, Anna, son ellos los traidores. – Elsa seguía sin levantar la cabeza. – Ella también…ella también.
- Con ellos te refieres a…te refieres a la Compañía…¿no es cierto?
Elsa asintió. Anna permaneció un rato en silencio, acariciando todavía la espalda de su hermana. Al fin, se decidió a sostenerle la cara con las manos y obligarla a que la mirase. Descubrió en la rubia una mirada llena de coraje y desolación, y le recordó a los tiempos en los que trataba de acercarse a ella y no se lo permitía.
- Anna, lo mejor es que me dejes sola un rato. No estoy segura de poder controlar mis poderes, tengo la sensación de que van a volver a explotar.
- Entiendo. Si quieres hablamos más tarde con más calma. Te estaré esperando. – Anna le dedicó una sonrisa cargada de comprensión, y se fue, muy a su pesar.
Elsa permaneció un rato más sentada en el suelo, luchando por no llorar, luchando por tratar de entender, luchando por tratar de no sentir.
