He tardado un poquitín más de lo que me hubiese gustado en subir el siguiente capítulo, peeero ¡aquí lo tenemos! Espero que lo disfrutéis.
Gracias a todos por comentar, me encantan tooodos los comentarios, son una alegría muy grande para mí :D
Luna: No había escrito antes, ¡es la primera vez! Pero está siendo muy gratificante, así que es posible que repita en algún momento de mi vida jaja. Gracias por todos tus comentarios, de verdad que son impresionantes, suben el ánimo a cualquiera. Eres una crack animando a la gente! ;) Me gusta tu forma de analizarlo todo.
Allá vamos…
16. Corazón de fuego.
SEI
Tras ser expulsados por la reina Elsa, pasaron la noche a la intemperie, ocultos en los bosques que rodeaban Arendelle. Estaban los cuatro sentados alrededor de la hoguera, tratando de protegerse del frío que asolaba la zona aquella noche. El sentimiento general del grupo era de ánimo y expectación. Los sentimientos particulares de cada uno eran muy diversos. Gorrot y Riuna, por supuesto, celebraban constantemente en voz alta lo bien que marchaba todo, lo grandiosamente que habían conseguido desequilibrar a la reina y la gran labor que habían hecho "ayudando" a Sei a decantarse por su bando. Rásgar, por su parte, seguía algo taciturno, aunque de vez en cuando trataba de unirse forzadamente al jolgorio de sus dos compañeros. Y ahí, sin pronunciar prácticamente ni media palabra, se encontrabaSei, arrebujada en su capa y tratando de permanecer todo lo ajena posible a las palabras ácidas que de vez en cuando surcaban el ambiente.
- Venga, Sei, vuelve al mundo de los humanos por un momento y olvídate de lo que sea en lo que estás pensando. Aunque ya me imagino lo que es… - Dijo Riuna dándole un codazo en el costado. – Escucha, la reina ni siquiera te permitió darle explicaciones, y eso dice mucho. Si se fiase un poquito de ti te habría escuchado.
Sus palabras sonaban como las de una amiga que le da consejos sinceros a otra amiga, pero Sei sabía que en el fondo emanaba de ellas veneno para hacerle cambiar de parecer respecto a su opinión de Elsa. Llegados a ese punto, cuanto más la distanciasen emocionalmente de ella, mejor.
Sei simplemente resopló ante esas palabras.
- Además - intervino Gorrot - ¿crees que se va a quedar de brazos cruzados ahora? Si alguna vez llegó a sentir algo por ti, va a tratar por todos los medios de borrarlo de su ser. Va a recapacitar. Va a sopesar otras posibilidades. Y con eso me refiero a…otras personas, personas que le convengan más. Acabará prefiriendo a Jack, es un príncipe.
- Elsa no es así. – Respondió Sei con firmeza. Alzó la cabeza para mirar al hombre. – Terminará recapacitando, se dará cuenta de quiénes han sido los verdaderos culpables y actuará como la buena reina que es.
Eso era lo que Sei quería pensar, pero la duda empezaba a emerger en su interior. ¿Y si ahora Elsa se planteaba otro futuro? ¿Y si no recapacitaba y la borraba de su vida?
- No estáis hechas para estar juntas, y lo sabes. – Le recriminó Riuna. - Si cada una de vosotras por separado es peligrosa, juntas sois destructivas. El hielo y el fuego nunca se han llevado bien, eso lo sabemos todos. Pero si el hielo está descontrolado, ¡se llevarán todavía peor! No tiene sentido que luches por algo que es mejor que no llegue a suceder.
No contestó. "Reconozco que tienes algo de razón, Riuna, nuestros poderes son un gran impedimento. Pero confío en que Elsa aprenda a controlarlos…" Las dudas crecían y revoloteaban por su cabeza. Tenía que volver al castillo a hablar con ella. Seguramente seguiría poco receptiva, así que esperaría al día siguiente, cuando sus poderes y su temperamento estuviesen más controlados.
ELSA
Pasó la noche casi en vela, dando vueltas por la habitación y metiéndose en la cama de vez en cuando tratando de conciliar el sueño sin éxito. Anna se había quedado a hacerle compañía, pero se había quedado dormida en su cama y roncaba suavemente. Elsa la miró con ternura.
"Espero que tú tengas mucha suerte con Kristoff, él no te traicionará, es muy buen chico." Pensó.
El amanecer llegó enseguida, o eso le pareció a Elsa. Gerda llamó temprano a la puerta y les trajo dos tazas de chocolate caliente, con la intención de que ambas hermanas empezasen bien el día. Anna se incorporó rápidamente en la cama y atacó con entusiasmo a su taza, mientras que Elsa, que ya se había vestido, miraba la suya con pocas ganas.
- Vamos, Elsa. Si no te la bebes tú lo haré yo, te aseguro que podré con las dos. – Anna sonrió angelicalmente. – En serio, te sentará bien algo dulce y caliente.
La rubia sabía que su hermana tenía razón, y se obligó a darle un sorbo al humeante líquido.
- Ha pasado todo demasiado rápido, necesitas un tiempo para pensar, o para esperar una respuesta de Sei, tal vez… - sugirió Anna esperanzada, pero agachó la cabeza y desvió la mirada de su hermana.
- Sé que tienes la esperanza de que cambien las cosas, pero las cosas están como están y no podemos esperar nada de ella.- Elsa miró primero a su taza y luego a su hermana. - Me equivoqué, fui demasiado deprisa con ella, seguía siendo prácticamente una desconocida y yo me dejé llevar.
- No puedes culparte por eso, quiero decir, esas cosas pasan sin darte cuenta y no se puede elegir.
- Lo sé, pero… ¿por qué no he podido fijarme en una persona más…adecuada?
Anna la miró incrédula.
- Quiero pensar que todo esto te ha trastornado la cabeza y que no es mi hermana la que habla realmente. – Dejó su taza y se puso de pie para poder gesticular y hacer aspavientos con soltura. - ¿Insinúas que deberías haberte fijado en algo así como un príncipe? O algo peor, ¿un rey?
- Todo sería mucho más fácil, no lo puedes negar, Anna. – Afirmó Elsa con contundencia.
Anna apoyó bruscamente sus manos en su cintura, y dirigió a su hermana una genuina mirada de indignación.
- ¡¿Ahora te preocupa todo eso?! No puedo creerlo. ¡Por supuesto que no te importa! No has dormido bien esta noche. Serás testaruda…- Anna siguió rumiando la regañina a su hermana durante un rato.
- Vale, Anna, vale, ya he oído suficiente. – Elsa respiró profundamente. Estaba decidida a pasar página como fuera. - Pero, a pesar de todo, creo que debería mirar más allá y olvidarme de todo.
Alguien llamó a la puerta. Era Kai.
- Majestad, tiene una visita, le espera en su despacho.
- Gracias, Kai, enseguida acudiré. ¿De quién se trata?
- El príncipe Jack.
El nombre quedó suspendido en el aire.
Elsa miró complacida a su hermana, haciéndole entender que eso era lo que necesitaba, era como una especie de señal. Anna respondió cruzándose de brazos y sacándole la lengua con fastidio.
- Ten cuidado, Elsa, no juegues con fuego. Nunca mejor dicho. – Añadió casi inaudiblemente.
- Tendré cuidado. – Elsa asintió y salió de la habitación.
SEI
No esperó ni a que el resto de sus compañeros se despertasen. Emprendió el camino a Arendelle al alba con la idea de hacer cambiar de opinión a Elsa, pero tendría que tener cuidado, ahora tenía el rango de traidora y si alguien la veía estaba perdida, por lo que tendría que hacer uso de todas sus artes de sigilo para burlar a los guardias. Vio el castillo desde lejos y se preguntó dónde estaría Elsa en ese momento. Supuso que en su despacho trabajando, nada la apartaría de sus obligaciones, de eso estaba segura, y allí se dirigió. Se coló en el patio del castillo con discreción, esperó a que los guardias que hacían la ronda pasasen de largo y trepó con agilidad hasta el primer piso, cruzó un par de ventanas y llegó hasta la ventana del despacho de la reina. Tuvo que empujar con fuerza la ventana para que el pestillo cediese, pero no le resultó complicado, siempre había tenido destreza para ese tipo de tareas que requerían mucha maña y maestría.
"Pan comido, ahora esperaré a que llegue Elsa y lo solucionaremos. No voy a permitir que le hagan nada, ¡y mucho menos que se niegue a creerme!". Pero sus cavilaciones llegaron a su fin cuando descubrió que había alguien sentado en el sillón de las visitas. Vio una cabeza pellirroja y por un momento pensó en el príncipe Hans, pero no, no era él, era su hermano mayor, Jack. De pronto, sintió una mezcla de sentimientos contradictorios respecto al chico: por un lado sintió lástima por él, porque era el hazmerreír de su hermano menor; y por otro, sintió deseos de agarrarlo del cuello y lanzarlo por la ventana para que dejase ya de intentar conquistar a Elsa.
Se aproximó a él con cautela.
- Veo que te me has adelantado, Jack. Debería haber pedido cita con la reina. Aunque creo que hubiese dado igual, porque no hay manera de que te despegues de ella. – Empezó hablando con cordialidad, pero acabó la frase con acentuado desprecio.
El chico se giró algo sobresaltado, pero pareció no sorprenderle demasiado que precisamente a esa chica obstinada y con ideas descabelladas se le ocurriese entrar por la ventana.
- No te he visto últimamente por aquí…mmm, no recuerdo tu nombre…oh, sí, Sei. Sei a secas, ¿no es cierto? Debo recordarte que soy príncipe, por lo que me agradaría que te dirigieses a mí como "príncipe Jack".
"Detestable fanfarrón y arrogante…deberías andar con más cuidado". Aunque todos los adjetivos que se le pasaban por la cabeza eran negativos, prefirió seguir con el juego del príncipe, aunque sólo fuese por mera diversión.
- Mis disculpas, príncipe Jack. – Respondió en tono sarcástico. – Creía que ya nos estábamos convirtiendo en amigos.
- ¿Tú y yo? Nunca. No tenemos absolutamente nada en común.
- Yo diría que sí. Estamos esperando a la misma persona, eso ya es algo, ¿no?
A Sei le hacía gracia jugar con Jack. Pero aunque era cierto que estaban esperando a la misma persona, tenía que echarlo de allí.
- En realidad esa persona va a venir a verme a mí. No creo que tenga el menor interés en hablar contigo…traidora. – Sus palabras desprendieron veneno.
A Sei le cambió inmediatamente el rostro de divertido a sombrío.
- De hecho vengo a demostrarle que eso no es así. Me conoce.
- Te equivocas, apenas te conoce, por eso duda de ti. No tengo la menor idea de cómo va a reaccionar cuando te vea, pero creo que nada bien. – Jack se levantó y se paseó por la sala con las manos cruzadas en la espalda. – Mira, vas a tener suerte, voy a darte un consejo que deberías valorar: lárgate de aquí y olvídate de ella.
La ira crecía en Sei por momentos.
- Y de paso te dejo el camino libre, ¿verdad? Ni lo sueñes. Elsa nunca te corresponderá, es demasiada mujer para ti. – Soltó Sei con insolencia.
Jack la miró directamente a los ojos, una sonrisa perversa apareció en su cara.
- Y tú eres muy poco príncipe para ella. – Sus palabras sonaron pausadas y contundentes, como si las hubiese cocinado y saboreado lentamente.
Un dardo invisible atravesó el pecho de Sei y la dejó sin oxígeno y sin argumentos. No supo responder, no podía responder porque…Jack tenía razón. Dejó que el veneno de sus palabras se extendiese poco a poco por su cuerpo, hasta que la dominó por completo. De pronto, ese veneno dentro de su pecho propagó una onda de rabia y cólera que se apoderó de ella sin remedio. Se acercó a paso veloz a Jack, lo agarró del cuello y lo estampó contra la pared, sujetándolo duramente con su mano ardiendo. Sus poderes de fuego refulgían dentro de su cuerpo, peleando por no salirse de los límites de su piel resplandeciente. Jack intentaba soltarse, gimiendo por el escozor de la mano ardiente en su garganta.
- Deberías saber "príncipe Jack", – Enfatizó su nombre y apretó con más fuerza su cuello. – que hay personas que ven más allá de los títulos, y Elsa es una de ellas.
En ese preciso momento se abrieron las puertas de golpe. Elsa entró con decisión en la sala, seguida por su majestuosa capa azul, y se quedó contemplando atónita la escena. No tardó en reaccionar.
- ¡Suéltalo! – Gritó. Inmediatamente y sin pensarlo, lanzó una potente bola de nieve a la cara de Sei.
La morena recibió el golpe por sorpresa, y tuvo que soltar al príncipe para quitarse la nieve de los ojos. "¿Qué demonios hace? ¿Defender a este tío?". Miró a Elsa, la bola de nieve no había hecho sino incrementar su furia. De pronto, todo lo que había pensado decirle a Elsa para que la creyese le importaba un rábano, estaba cegada por la rabia. Sin pensar, lanzó una bola de fuego hacia la rubia. Elsa la congeló en el aire.
- Detente, Sei. Estás yendo demasiado lejos, ni siquiera deberías estar aquí. – Espetó Elsa, manteniendo su figura erguida.
- Venía con idea de convencerte de que yo no tengo nada que ver con la traición, pero ya veo que no estás dispuesta a perder el tiempo. – Hizo un movimiento de cabeza en dirección a Jack. – Y encima, ¡te atreves a atacarme!
- ¡No te he atacado! Sólo intentaba frenarte, estabas fuera de ti.
- ¡Lo parecía! – Sei levantó un dedo en dirección a Elsa para remarcar sus palabras, pero, sin querer, salió de él una llamarada que por poco hace arder a Elsa.
Por suerte, la rubia pudo esquivarla, pero respondió con un grupo de picos afilados de hielo en dirección a Sei. Había empezado la batalla. Sei se la devolvió con otra bola de fuego que fue a parar a la estantería que había detrás de Elsa, incendiándola.
- Cada vez tengo más claro – dijo Elsa mientras formaba en el aire un considerable bloque de hielo – que tú y yo somos incompatibles.
- ¿Ah, sí? – Sei se agachó rápidamente para evitar el bloque que le acababa de lanzar su contrincante. – Pues no pensabas lo mismo la noche que me arrastraste hasta tu cama.
- Esa noche no era yo misma.
- Claro que eras tú misma, solo que era esa parte de ti que no dejas salir habitualmente…eres una salvaje. – Sei se detuvo para exponer media sonrisa curvada y deleitarse con la expresión molesta de Elsa.
Sabía que recibiría su merecido en forma de hielo, y no tardó en llegar. Sin moverse si quiera, Elsa desprendió de su cuerpo una especie de flechas de hielo que volaron en diversas direcciones, materializando su fastidio. Sei fundió todas las que pudo en el aire.
- Tal vez hubiese sido mejor evitar aquella noche. – Sentenció Elsa levantando una pared de hielo delante de ella para rechazar las llamas que lanzaba su oponente.
- O tal vez deberías reconocer de una vez, aprovechando que estamos al límite, que te gustó.
Sei no sabía por qué le estaba diciendo esas cosas a Elsa, pero sabía que le molestaban, y estaba decidida a fastidiarle por ser tan fría y por no dignarse a escucharle nunca. Elsa, por su parte, cesó sus ataques un momento. Se erigió imponente frente a ella, con toda su elegancia y autoridad. Parecía estar reuniendo toda la energía posible para pronunciar la siguiente frase.
- Sí, me gustó. – Su voz clara e imperante inundó el despacho. – Pero eso no significa que ahora deba creerte.
La rabia volvía a renacer de sus cenizas en el interior de Sei. Su piel volvía a cobrar cada vez más brillo.
- Elsa, yo no tuve nada que ver, créeme. ¡Traté de avisarte en cuanto lo supe!
- Confiaba en ti. Si de verdad no tenías nada que ver y pretendías contármelo, estoy segura de que te las habrías ingeniado para conseguirlo.
La dolorosa verdad de las palabras de Elsa reavivó el fuego que se movía dentro de ella. Tenía razón, sabía que tenía razón. Sei había dudado de qué decisión tomar, había dudado de bando, había esperado para contárselo, había dudado si traicionarla o no. En ese momento empezó a odiarse a sí misma, al resto del mundo y a la Compañía. Y odiaba a Elsa, la odiaba por permanecer allí, impasible, recriminándole sus errores sin demostrar ni un mínimo de comprensión ni de compasión, sin mostrar ni una pizca de afecto.
Esta vez fue su corazón de fuego el que estalló en una lluvia de chispas y de llamas incontrolables. Varios objetos de la habitación quedaron incendiados, incluida la chaqueta de Jack, que seguía arrinconado en el suelo, atento a la lucha que se había desatado frente a él. Elsa tuvo que emplearse a fondo para controlar sus poderes y conseguir apagar todos los objetos con nieve. Cuando se acercó a Jack para apagar su chaqueta, Sei les lanzó una última mirada, una mirada que guardaba muchas emociones, y aprovechó para marcharse por la ventana. Descendió todo lo rápido que pudo hasta que aterrizó en el patio. Levantó la vista y no vio ningún guardia, podría escapar con facilidad.
- ¡Hola! – Estaba a punto de saltar el muro para abandonar el patio cuando Olaf apareció detrás de ella.
- ¡Olaf, hola! Me temo que no puedo quedarme a hablar contigo… - Miró a su alrededor y vio a varios guardias que seguramente habían sido alertados de lo ocurrido y se dirigían hacia ella. – Es peligroso que te acerques a mí, vamos, ¡vete!
- ¡Tenía ganas de verte! – La alegría y la sinceridad del muñeco de nieve eran adorables. - Ahora que te encuentro…¿te vas?
Pareció que Olaf se ponía triste. Sei no pudo evitar sentir un intenso cariño hacia él. Era el ser más puro que había visto en su vida y no tenía entrañas ni corazón para dejarlo allí sin darle una respuesta. Sabía que si esperaba un segundo más no tendría escapatoria, los guardias la atraparían, pero simplemente no pudo. Sonrió a Olaf con cariño, esperando a que en cualquier momento alguien le echase las manos encima. No tardaron en llegar. Varios guardias la rodearon y le pusieron unas cadenas. Se esforzó por controlar sus poderes para no herir a nadie. Olaf miraba la escena boquiabierto.
"Creo que esta vez no me voy a librar de la celda".
De camino a las profundidades del castillo se cruzaron con Kristoff, que miró al grupo de guardias y a la encadenada con total desconcierto.
- Pero qué… - Empezó a decir, arrugando la frente.
- Órdenes de la reina. – Dijo uno de los guardias.
Sei miró a Kristoff con resignación y este le devolvió la mirada.
Llegaron al pasillo de celdas. Los guardias parecían tratarla con más cuidado que a otros presos, tal vez fuesen órdenes de la reina, también. La metieron entre rejas sin quitarle las cadenas. Ahora sólo le quedaba esperar y ver qué sucedía. Mientras tanto, tenía tiempo de pensar.
Elsa y Sei están sufriendo mucho, pero ya les queda menos, lo prometo. Nadie dijo que fuera a ser fáciljaja. ¡Nos vemos en el siguiente! :)
