Ruta de Sangre III

Antes de tu existencia

Puedo decir que desde hace muchos años que no encontraba la paz que la noche de hoy me dio, al compartir el lecho con él, sé que mientras Satán me cobijaba en sus llamas, él me observaba, tan puro y endemoniado que se volvía.

Sumergida entre mis tinieblas, poco a poco fui recordando que me había llevado a esto. Corría el año 1756, era marzo, recuerdo el fulgor en las calles, por la Celebración de San Patricio, la algarabía por las calles, era insoportable. Por mi parte, sólo tenía ganas de cambiar mi vida, por la de cualquier otro, mi vida era fiasgo, repudiada por mi familia y odiada por la sociedad. Mi destino estaba marcado, antes de la próxima primavera, debía por lo menos estar comprometida, con un alto magnate o con algún ingles de la corte, pronto debía tener hijos y si mi suerte era mucha, mi "futuro marido" me iba a engañar de tal forma, que yo jamás me diera cuenta, sería una vida de ensueño. Al diablo, yo quería viajar, sentir por mi rostro el viento gentil, levantarme por la mañana y agradecer la aventura que pronto vendría, pero no, eso para mí estaba vetado.

Llegué a la mansión, en la puerta me esperaba mi padre, Sir Williams Andry – Candice, creo que ya te había advertido – Lo miré de reojos mientras sacaba mis guantes y se los daba a mi doncella – Lo sé padre, a la primavera, estaré casada y con un hijo en mi vientre, así será. Pero mientras que no escoja a ese "Príncipe azul", no dejaré de ser yo – Me dio una mirada fulminante y resoplo – Está bien, haz lo que quieres, pero de aquí a la primavera, te casarás, lo hayas escogido tu o yo te haya llevado a la iglesia próxima y te desposaré con el primer idiota que quiera una fortuna.

Y así fue, llegó la primavera y yo no había escogido a nadie, para hacerme infeliz, mi padre como ultimatun, me llevó a la gran fiesta de año. La familia Grandchester, había adquirido una bella casona frente a la casa de los Andry y habían sido tan hermosamente gentiles, de invitarme, para que conociera a hijo menor del duque de Grandcherter.

Tengo que reconocer que su altura, de caballero, me dejó estúpida, Anthony Grandchester, era el sueño de cualquier mujer de la época. Me recibió con un beso en el dorso de la mano, y no me dejó descansar hasta el término de la velada, reí como nunca, así supe que él, era el amor de mi vida.

Días después recibí la confirmación de aquello que más temía, pero en esta ocasión, no me molestaba – Hija, hace un par de días hablé con el Duque de Grandchester y hemos decidido, que Anthony y tú, están comprometidos – Abracé a mi padre, como hace mucho que no lo hacía – Padre, no me has podido dar mejor noticia – él correspondió a mi abrazo – Me alegra que sientes cabeza Candy, ahora ve a arreglarte, en una hora cenamos con los duques.

Aquella tarde fue fenomenal, Anthony y yo nos enamoramos como idiotas, nuestra boda no espero nada y en menos de un mes, ya era su mujer. Nuestra luna de miel fue un viaje por Europa y especialmente en Escocia. Un año después nació Richard, mi adorado hijo. Fue aquí que comenzó el drama de mi vida, llegué a casa emocionada, había estado de viaje con, visitando a mi familia, pedí a los criados que no le digieran nada a Anthony, deseaba darle una sorpresa, entré a su habitación en silencio, llevando en mis brazos un obsequio, fue cuando los gemidos de una pareja en plena acción llegaron a mis oídos, no daba crédito lo que veía, el amor de vida estaba en la cama con otra, pude reconocer a esa por su espalda, ahogue el llanto – ¿Susana, Anthony? – Sus ojos penetraron en mí, la mirada de culpa y frustración la pude leer en Anthony, en Susana sólo vi una risa irónica – Bien, no te preocupes mi amor, yo tomaré mis cosas y me iré a la casa de mi padre, me llevaré a Richard, si algún día te arrepientes de esto… - No alcancé a terminar con frase, cuando sentí el crujir de un cuello roto, me di vuelta y Susana se paró de la cama, desnuda y sin pudor, entre las sombras pude ver los ojos abiertos de Anthony, sin vida – ¿Que has hecho? – Ella continuó con su camino hasta mi – Sabes mi querida Candice, te contaré una historia, esto pasó la última vez que nos vimos, en New York, corrí por las calles como idiota, cuando me enteré que mi amado Tony, se casaría con una mujer que no me llegaba ni a los talones, llegué a un oscuro barrio, donde unos hombres ebrios me ultrajaron y dejaron que muriera lentamente. Antes de mi fatídico deceso, un hombre alto de capa negra, muy elegante, me ofreció la vida eterna… El problema de aquella vida fue que nunca volvería a ver el sol… Un precio mínimo, para todo lo he ganado, fuerza, energía, eterna juventud y por sobre todo venganza… Te cuento querida, él no te engaño, fui yo la que introduje en su cama y me hice pasar por ti – Ironizó frente a mí, mi cuerpo no reaccionaba, tenía las lágrimas atoradas en el corazón y ella siguió con su tortura – Pero te cuento algo más… Tu hijo Richard… - Se acercó a mi oído – tenía un deliciosa sangre – Al escuchar sus palabras corrí a la habitación de mi hijo, su cuna estaba vacía y su cuerpo yasia inerte en el suelo, estaba seco, no caía ni una gota de sus heridas – Mi hijo, mi marido, mi hijo, mi marido – Escuché sus pasos por la escalera y su voz profunda recorriendo la casa – Mi adorada Candice, no te preocupes, que tu sufrimiento también será eterno…

Interesante lo que está pasando con Candy o mejor dicho lo que paso… Próximo capítulo, la segunda parte de la historia de Candy.

Gracias por leer. ^.^

By Anngel