Luna: jajaja si en algún momento hay torturas carcelarias no dudaré en preguntarte. Espero que te guste lo que viene y no te decepcione, porque tus mensajes son de lo más alentadores :) ¡Muchas gracias por comentar y seguir ahí!

Monoceros: tienes toda la razón, los temas emocionales pueden convertir al más valiente en el más cobarde. O crearte tal confusión que no sabes qué hacer, como Sei. Muchísimas gracias por todo lo que dices, el gusto es mío ^^

Mircoral: ¡bienvenida a estos mundos otra vez! ;)

Continúa la historia, no va a acabar tan fácilmente jajaja, pero sí, algún día acabará. ¡Vaaamos, a leer todos! :D

19. Te odio con locura.

SEI

Al fin vio emerger de entre las montañas la pequeña y acogedora cabaña en la que había vivido desde pequeña. Había perdido la cuenta de cuántos días había estado caminando entre bosques y colinas desde que saliera de Arendelle, perdiendo el rumbo varias veces. Le pesaban las piernas, pero le pesaba más todavía su corazón doliente. Había intentado entretenerse con cualquier cosa durante el viaje para no pensar, una ardilla, una rama seca, un hormiguero…pero el recuerdo de Elsa siempre acababa ganando la batalla muy a su pesar. Veía sus ojos azules por todas partes, cada vez que se acercaba a un río recordaba la sensación de tenerla entre sus brazos con la piel mojada, y cada vez que intentaba dormir, sentía su cálido aliento sobre su cuello, y su cuerpo desnudo enredado entre las sábanas.

Pero quería pensar que una vez llegase a su querido hogar todo eso iría desapareciendo poco a poco. Así que cuando vio la cabaña a lo lejos echó a correr hacia allí. Llamó a la puerta y esperó.

- ¡Enseguida voy! – La cálida voz de Kandy al otro lado de la puerta le sacó una sonrisa.

La mujer mayor abrió la puerta y la examinó de arriba abajo.

- ¿No vas a decirme ni un "hola", al menos? – Sei amplió su sonrisa y abrió los brazos.

- Llevas toda la mugre de la comarca encima. - La mujer cambió su expresión seria por una amplia sonrisa y se abalanzó sobre ella. - ¡Has vuelto por fin! Notaba la casa muy vacía sin ti.

La cubrió de besos por todas partes, sin dejarla cruzar ni la puerta de entrada.

- Mmm…auch…sí, he tardado un poco en volver. – Sei hizo una mueca mientras intentaba librarse de los efusivos besos de su cuidadora.

- Eso es que has estado muy bien por allí. Venga, pasa, voy a darte un repaso ahora mismo. – La empujó dentro y cerró la puerta. – Veamos, ¡oh, Dioses, pero cómo te has puesto la ropa!

- Es la única que he tenido durante el trayecto de vuelta, ¿cómo quieres que esté? Pero ha hecho su función muy bien.

Kandy le agarró la cara con las dos manos y se la manoseó y la analizó de todos los puntos de vista posibles.

- Estás delgada, ¿no te han alimentado bien en Arendelle? Voy a hacerte una buena cena, pero ahora, ¡ve a lavarte o te perseguiré toda la noche!

Sei fue en busca de ropa limpia, riéndose, y luego se dirigió al río a lavarse. Permaneció allí un rato, tumbada en las piedras de la orilla con las manos en la cabeza, contemplando cómo el cielo del atardecer cambiaba de color encima de ella.

"¿Dónde estarán ahora todos? Anna, Kristoff, Olaf, Rásgar, Elsa… las cosas cambian de forma demasiado rápido" Suspiró.

Al anochecer volvió a la cabaña, que ya expulsaba humo por la chimenea. Nada más entrar notó cómo dos bultos le rodeaban las piernas. Eran los nietos de Kandy.

- ¡Seeei, ya estás aquí!

- ¡Te hemos esperado muchos días!

- Pensábamos que nos traerías un muñeco de nieve…

- Pero no has traído nada…

Niño y niña casi se quitaban la palabra, pero no le soltaban las piernas a pesar de su pequeña decepción por no traerles un muñeco de nieve de Arendelle.

- ¡Hey, pequeñajos! Sois muy exigentes, un muñeco de nieve no puede venir tan lejos, tiene que quedarse allí donde fue creado. – Les revolvió el pelo a ambos.

Los niños se soltaron y la miraron.

- Entonces, ¿es verdad que allí hay muñecos de nieve que hablan? – Preguntó el niño castaño con la boca abierta.

- Hay un muñeco de nieve que habla, sólo uno, pero habla tanto que cualquiera podría decir que hay más. – Respondió la chica riéndose. Recordó al risueño Olaf y la nostalgia volvió a invadirla de nuevo. – Era una criatura admirable.

- Y-y-y la reina, ¿es bella? – Preguntó la niña, muy concentrada, tirándole del pantalón.

Sei tragó saliva.

- …sí…es bella…es muy bella. Es la persona más bella que he conocido nunca. – Acabó la frase rotundamente.

En ese momento entró Kandy y la miró en silencio.

- Parece que esa reina te ha deslumbrado. – La mujer alzó las cejas. - ¿Qué tal si os sentáis los tres a la mesa y cenamos? Así, Sei podrá seguir contándonos más cosas sobre esa reina tan bella.

La mujer sonrió a la morena, esta asintió y le devolvió media sonrisa. Miró su plato de verduras y carne con anhelo. "Mis penas no me van a impedir comerme esto, si no como en condiciones de una vez, ¡me moriré de hambre!". Empezó a devorar lo que tenía en el plato.

- Y bien, cuéntanos más cosas sobre esa reina. Yo la vi una vez, ¿sabes? A ella y a su hermana, cuando eran pequeñas, antes de que pasaran cosas…extrañas en Arendelle. Eran una ricura, siempre pensé que se convertirían en dos grandes mujeres. Seguro que ahora están preciosas.

Sei prefirió seguir mirando a su cuenco mientras se metía un bocado en la boca.

- Lo están. Son dos grandes mujeres, tú lo has dicho.

- ¿Y cómo se le da la política a la joven reina?

- De maravilla. A Elsa se le da casi todo de maravilla. Bueno, igual tirar con el arco no tanto…- Sei soltó una carcajada solitaria, recordando la tarde que había pasado tratando de enseñar a Elsa a lanzar flechas.

Kandy advirtió la cara enigmática de la joven y la estudió detenidamente.

- Así que…"Elsa". Al ser una de sus protectoras te habrás llevado muy bien con ella, supongo. Incluso te refieres a ella por su nombre.

- Sí, puede que nos hayamos entendido…mmm…a medias. O puede que al principio nos entendiésemos y al final dejáramos de entendernos…o puede que no nos entendamos y jamás nos hayamos entendido…¡no lo sé!

Sei se hizo un lío y frunció el entrecejo, mirando frustrada a la mesa.

- Entiendo, tranquila muchacha. La juventud y sus absurdos enredos…– Dijo Kandy poniéndole una mano en el hombro. Soltó un ligero suspiro. –Elsa de Arendelle te ha roto el corazón, ¿no es cierto?

Sei escupió de golpe el trago de agua que estaba a punto de pasar por su garganta. Los niños, perplejos, miraron a la mujer y a la chica una y otra vez, buscando una explicación a todo eso.

- ¿A qué te refieres? – Preguntó Sei frotándose la boca con el brazo. – Vale, ya sé a lo que te refieres. Pero no, no ha sido exactamente así. Nos lo hemos roto mutuamente. ¡Bah, no tiene sentido hablar de esto!

- ¿Qué pasa con Elsa de Arendelle? – Preguntó el niño ingenuamente.

- Que Sei se ha hecho muy amiga suya, tan amigas que han acabado algo distanciadas. – Explicó la mujer mirando sonriente a la morena.

Sei alzó una ceja.

Durante el resto de la cena le contó todo lo que había pasado con la Compañía, la traición, la pelea con Elsa y la batalla en el castillo contra Hans, Gorrot y los demás. Kandy se llevó las manos a la boca, horrorizada ante la idea de que Gorrot y los demás hubiesen sido capaces de hacer todo eso. Sei se quedó mucho más tranquila después de haber escupido todos los malos ratos que había pasado.

- ¡Ay, mi pequeña Sei! Tienes que estar muy dolida y exhausta con tantas emociones y artimañas. – La mujer puso su mano en el antebrazo de Sei y lo apretó levemente. – No te preocupes, con el tiempo todo se pone en su lugar. Ahora lo que tienes que hacer es descansar y aliviar tu corazón de pesadumbre.

Kandy sonrió cariñosamente, y Sei dejó que sus palabras y su sonrisa atenuaran sus tortuosos pensamientos.

- ¡Vamos, niños, a dormir todos! Ya habéis escuchado suficientes historias por hoy. – Gritó la mujer dando una palmada.

Cuando estaban los nietos de Kandy, ellos se apoderaban de la cama de Sei y a ella le tocaba dormir en un montón de paja en el suelo junto a ellos, tapada con una gruesa manta. No le molestaba, después de todo la paja no era tan incómoda.

- Sei, ¿podrías contarnos un cuento? – Preguntó la niña con entusiasmo.

- ¡Claro! ¿De qué queréis que trate?

- Pues de un reino lejano. Un reino con magia.

- Sí. Con príncipes y… - el niño bostezó – princesas.

- Con una reina poderosa. – A la niña se le empezaban a caer los párpados.

- Y un fuerte príncipe que jura protegerla… - el niño cerró los ojos.

- Y que luego se… (bostezo) casan. Y son felices…para siempre. – la pequeña también cerró los ojos.

"Ya os lo habéis contado vosotros solitos" Sei sonrió. Decidió empezar a contar su cuento con voz muy suave.

- Érase una vez, un reino muy lejano. Hacía mucho frío allí, la nieve cubría las altas montañas de alrededor, era un paraíso invernal. Lo llamaban "El Reino del Hielo"…

ELSA

Pasó dos días sin apenas salir de la cama, el cansancio y los nervios se habían adueñado de ella. Anna, por el contrario, no paraba de pasearse de un lado a otro murmurando cosas para sí misma y haciendo aspavientos con los brazos. Elsa la miraba deambular por su habitación mientras se suponía que le hacía compañía, aunque en realidad lo que hacía era poner todavía más nerviosa a la reina.

- Anna, ¿te importaría descansar un momento? Debes de estar teniendo una conversación de lo más interesante contigo misma porque llevas ignorándome un buen rato. – Dijo Elsa desde su cama.

- ¡Oh! Estás despierta. ¿Cómo te encuentras? – Contestó la pelirroja deteniéndose repentinamente.

- Llevo despierta una hora…y estaba bastante bien, hasta que has empezado a caminar sin rumbo de un lado a otro de la habitación, me estabas empezando a marear.

- Vaya, lo siento. Pero tengo que pensar cosas, ¡y lo tengo que hacer ya!

- ¿Qué tipo de cosas? No estarás pensando en…¡No, Anna te lo prohíbo!

Anna torció el gesto.

- No puedes prohibirme nada. Lo que intento hacer es ayudarte a rehacer tu vida, eso no es nada malo. Deberías agradecérmelo.

- No voy a agradecerte nada porque no vas a hacer nada. – Respondió Elsa con terquedad.

Anna pareció pensar en algo de repente, se llevó un dedo a la barbilla y miró al techo.

- Lo tengo. ¡Enseguida vuelvo!

"¿Qué es lo que tienes?" Elsa sabía que Anna estaba tratando de buscar una solución para encontrar a Sei y traerla de vuelta. La idea despertaba su debilidad y su ira a la vez, quería encontrarla tanto para abrazarla como para estrangularla, por escapar tan bruscamente. Aunque Elsa sabía perfectamente que ella tampoco había sido excesivamente cariñosa ni comprensiva y que esa solución tan radical de escapar de Arendelle había sido impulsada en parte por ella misma.

Pasó un largo rato hasta que volvió a entrar Anna por la puerta, resoplando, y Kristoff tras ella.

- Bueno, ha sido difícil pero hemos conseguido sacárselo, buen trabajo. – Anna dio una palmadita a Kristoff en el hombro. – Ahora tenemos que ponernos en marcha.

- ¿De qué hablas? ¿En marcha adónde? - Elsa se incorporó en la cama con semblante serio.

Anna miró a Kristoff y juntó las manos en su espalda.

- Hemos conseguido que Gorrot nos diga dónde vive Sei, suponemos que estará allí... nos vamos a poner en marcha ahora mismo. ¡Que descanses, Elsa!

Anna agarró el brazo de Kristoff y tiró de él para salir de la habitación. Elsa hizo acopio de las escasas fuerzas que tenía y se puso en pie.

- Yo también voy.

- De eso nada, tienes que quedarte a descansar. Deja que nos ocupemos nosotros.

Pero Elsa pasó entre ellos y salió de la habitación con su caminar más elegante y airoso, tomándoles tranquilamente la delantera. Anna y Kristoff se miraron y la siguieron. En la salida del castillo les esperaban Olaf y Sven con bolsas de comida para los días de viaje.

- ¿Lo ves, Elsa? No puedes venir, sólo cabemos dos encima de Sven.

- Tonterías, iré en caballo. Voy a ir a buscar a esa persona y le voy a…

- Hey, tranquila. – Dijo Kristoff con una sonrisa. – Ya tendrás tiempo de congelarla cuando la traigamos de vuelta.

- ¡Guardias, traedme mi caballo!

Anna puso los ojos en blanco. Pero de repente se le ocurrió algo.

- Emmm, ¿queréis esperarme aquí? Me he dejado algo en mi habitación…enseguida vuelvo.

- ¡Te acompaño! – Olaf la siguió.

Elsa y Kristoff esperaron, y esperaron y esperaron. Y Anna no volvía. Llegó un momento que apareció Kai por allí.

- Kai, ¿has visto a mi hermana? Llevamos un buen rato esperándole.

- Oh, Majestad, su hermana partió hace rato con su caballo y Olaf, dijo que ya os lo había comunicado…vaya.

- Anna…te vas a perder. - Kristoff se golpeó la frente con los nudillos, mirando al suelo.

Elsa no dijo nada, pero el suelo que pisaba empezó a congelarse hasta formar un círculo cada vez más grande a su alrededor.

- Kristoff, tú también sabes dónde es. Vámonos.

- Pero…Elsa, estás débil todavía, tú no puedes ir. – Dijo el chico intentando mantener el equilibrio sobre el hielo.

- Puedo ir e iré. Kai, aplazamos todas las reuniones con el Consejo hasta que vuelva, ¿de acuerdo?

Poco a poco se fue descongelando el suelo. Elsa todavía se sentía algo inestable por el golpe en la cabeza que había recibido dos días atrás, pero eso no le iba a impedir viajar hasta donde se encontraba la persona que más quería y odiaba al mismo tiempo. Montó en su caballo y Kristoff en Sven. Se pusieron en marcha.

SEI

Había muchos arbustos, pero se aventuró a mirar entre las ramas y la vio. Vio a esa musa perdida entre los bosques, una imagen idílica, perfecta, que le resultaba vagamente familiar. La Diosa de los Dioses emergía de entre la espuma del río como un espejismo, una visión demasiado dulce y suculenta como para ser real. Se acercó sigilosamente al principio y con prisa después. No quería que se fuese, no, tenía que acercarse a ella ya antes de que escapase de allí o… o se evaporase junto con su sueño. "No, Elsa, no te vayas, te necesito" Corrió hacia ella pero el camino era interminable, no avanzaba. La rubia se giró y la miró con una sonrisa. "Tienes que ir a buscar lo que realmente quieres encontrar, Sei, y este no es el camino. Busca, busca en tu corazón" Todo empezó a girar a su alrededor, distorsionado, pero Sei quería seguir corriendo hasta tocarla…todo se desvaneció y gritó.

- ¡Nooooooooo!Se despertó de golpe.

El sudor recorría su frente. "Elsa otra vez… no me puedo deshacer de ti". Miró a los nietos de Kandy incorporarse sobresaltados en la cama de al lado.

- ¿Qué pasa, Sei?

- Nada, nada, una pesadilla…volved a dormir. - Se levantó y los arropó bien con la manta.

Salió a beber un poco de agua. Llevaba ya varios días en la cabaña y sus esfuerzos por dejar todo atrás eran en vano, Arendelle y el tiempo feliz que había pasado allí la perseguían, sobre todo por las noches, cuando no podía retenerlos en el olvido y eran libres de campar a sus anchas por su cabeza. "Tienes que buscar lo que realmente quieres encontrar, ¿por qué se le habrá ocurrido eso a mi sueño?" Se encogió de hombros. "Lo único que quiero es que estemos bien las dos, y juntas es muy difícil…¿pero desde cuándo soy yo tan cobarde?"

De pronto, le pareció oír algo, un cuchicheo fuera de la casa. Se asomó a la ventana y escrutó el oscuro exterior, algo se había movido ahí fuera. Se preparó para salir.

Toc, toc, toc.

Llamaron a la puerta. Cogió su espada, por si acaso, y abrió. "¿Ahora sueño hasta despierta o qué?" Si no era Elsa, era una persona muy parecida a ella, pero con el mismo semblante imperante y orgulloso que la propia reina.

- Me parece que sigo soñando. – Logró decir en un murmullo.

¡PLAS! Sin previo aviso recibió una potente bofetada en la cara.

- Me parece que no. – Contestó Elsa con su voz más soberbia.

Kristoff, que aguardaba detrás de Elsa, abrió los ojos de par en par.

- Ya veo que no… - dijo la joven morena con una socarrona sonrisa mientras volvía a girar la cara hacia los nuevos invitados.

- ¡¿Cómo se te ocurre desaparecer de Arendelle sin avisar, sin dejar una nota o una mísera explicación!? ¡¿Y encima eres capaz de reírte?! – Los ojos de Elsa refulgían como llamas azules.

Parecía incluso más alta y esbelta de lo normal. Sei miró a Kristoff en busca de un mínimo apoyo ante ese momento tan bochornoso. El rubio se encogió de hombros y torció la boca en señal de resignación.

- E-Elsa, tranquilízate. Simplemente pensé que era lo mejor para las dos…

- ¡Por supuesto que no, no pensaste, nunca piensas!

- Entonces debo de parecerme un poco a ti, porque me echaste de tu reino sin siquiera permitirme una miserable explicación. – Sei mantenía la calma fácilmente, pero le costaba mantenerse firme frente a la imponente figura de Elsa.

Elsa avanzó, Sei retrocedió un par de pasos.

- ¡Fue un impacto demasiado grande pensar que tú podías haber estado tramando semejante plan! Además, tampoco te conozco tanto, podías haber sido tú perfectamente. – Elsa alzó la barbilla con dignidad.

- ¿Y arriesgarme a enamorarme de ti haciendo todo lo que hice contigo? – Sei alzó una ceja. – Eso hubiese puesto en peligro el supuesto plan.

Elsa guardó silencio unos segundos.

- Cuando parecía que todo podía ir bien…¡huiste!

- No confiaste en mí, y eso estuvo muy feo.

- ¿No puedes tomarte nada en serio?

- Hay momentos que es mejor tomárselos en broma.

- Eres una insolente. – Espetó Elsa bajando la voz.

- Y tú una orgullosa. – Sei esbozó una ligera sonrisa sugerente.

Y sin más, Elsa agarró a Sei por la camiseta, la atrajo hacia sí y le dio un profundo y apasionado beso. Kristoff permanecía en el umbral de la entrada atónito, mientras, hicieron su aparición silenciosa Kandy y sus nietos, los cuales contemplaban la escena boquiabiertos, sin decir una palabra. Sei sintió cómo su tortura y tristeza interior eran fulminadas de un plumazo, un tiro directo a su pecho, dispuesto a disipar las tinieblas que en ella habitaban. Los labios de Elsa eran tan agradables que hubiese podido quedarse ahí el resto de su vida, sin comer ni beber, alimentándose sólo de ese bienestar. Pero Elsa se separó unos centímetros y habló en un susurro.

- Me partiste el corazón.

- Estoy a tiempo de repararlo.

Sin dejar de mirarla a los ojos, Elsa le dio un pequeño empujón y la apartó drásticamente. Sei suspiró. "Wow". En ese momento se percataron ambas del público que las rodeaba y se quedaron pasmadas. Sei fue la primera en reaccionar.

- Bu-bueno, pues aquí tenéis a Kristoff, el mejor vendedor de hielo del país, y a Elsa de Arendelle…Kristoff, Elsa, esta es Kandy y esos enanos de ahí sus nietos. No os traje ningún regalo de Arendelle pero os he traído al mejor artífice del hielo y a la mismísima reina, ¿os parece bien?

Los niños asintieron silenciosamente y miraron a Elsa con una mezcla de temor y admiración.

- Mucho gusto, señora, he oído hablar maravillas de usted y de estos pequeños diablillos. – Elsa sonrió amablemente a Kandy, ya estaba recuperando su habitual compostura después del arrebato de frenesí que acababa de protagonizar.

- Oh, reina Elsa, por favor, no tiene por qué tratarme de usted. Parece que cuanto antes nos tratemos como personas cercanas mucho mejor. – La adorable mujer hizo un leve movimiento de cabeza en dirección a Sei y sonrió pícaramente.

Sei se rascó nerviosamente la nuca y miró al suelo.

- Lo mismo digo entonces, no hay necesidad de usar la cortesía conmigo. – Elsa se acercó a los pequeños y se agachó. - ¿Os hemos despertado, verdad?

Los niños asintieron, mirando con ojos desorbitados a la reina que tenían delante.

- Es que cuando a Elsa le da por subir el tono de voz, ¡lo sube considerablemente! – Apuntó Sei, burlona.

Elsa la miró con los ojos entrecerrados.

- Reina Elsa, ¿es verdad que eres mágica? – Preguntó la niña reuniendo toda su valentía para lanzar esa pregunta.

- En parte sí. Sólo puedo controlar una pequeña parte de la magia: el hielo. Mirad.

Elsa giró una mano en el aire, delante de las asombradas miradas de los niños, e hizo aparecer una perfecta bola de nieve. Los niños se taparon la boca con las manos, completamente fascinados.

- ¡Más, más!

Elsa se giró ligeramente y, sin mucho esfuerzo, le lanzó esa bola a Sei en la cara.

- Estás jugando con fuego… - le advirtió la morena quitándose la nieve de la nariz.

Luego, sin inmutarse ante ese comentario, Elsa usó ambas manos para crear una gran bola de nieve que dejó frente a los niños. Se pusieron a jugar llenos de júbilo.

- Es cierto todo lo que cuentan por ahí, tus poderes son maravillosos. – Elogió Kandy.

- Siempre que los pueda controlar sí.

- Sé que estamos en plena noche, pero ¿qué os parece si os preparo algo de sopa? Habréis recorrido un largo camino hasta aquí. – Propuso la mujer mirando al fornido rubio.

- Es una maravillosa idea. – Contestó Kristoff tomando asiento en la mesa. – A todo esto, ¿Anna no tendría que estar aquí ya?

- ¿Anna? ¿También venía? – Preguntó Sei extrañada.

- Ella fue la que tomó la iniciativa de venir a por ti, se nos adelantó junto a Olaf, pero sabiendo cómo es…posiblemente se haya perdido.

Se sentaron todos en la mesa y hablaron un poco de Arendelle y de las labores de la regente. Kandy escuchaba admirada, y los niños seguían absortos con la nieve que los rodeaba. Sei, por su parte, miraba a Elsa como si siguiese siendo un espejismo, como si todavía no hubiese despertado de ese sueño. Tal vez fuese eso lo que tenía que encontrar, no a Elsa en sí misma, sino la felicidad que crecía en su interior al estar junto a ella.

Alguien llamó varias veces a la puerta, rápida y débilmente.

- ¿Será Anna? – Preguntó Kristoff.

Sei fue a abrir. Olaf entró torpemente moviendo los brazos a toda velocidad, parecía intranquilo.

- ¡La tienen, la tienen ellos! – Gritó el muñeco de nieve dirigiéndose a todos en general. – ¡Nos han asaltado y han raptado a Anna!

- ¿Cómo que han raptado a Anna, quién ha sido? – El rostro de Kristoff se endureció.

- Ellos otra vez, los de siempre, el príncipe Hans…venían a buscar a Sei, pero al encontrarse con nosotros por el camino dijeron que Anna les era igual de útil.

Elsa y Sei se miraron.

- Tenemos que ir a buscarla sin perder tiempo. – Elsa se levantó sin demora. – Ha sido un verdadero placer estar aquí, pero tenemos que ir a buscar a mi hermana y resolver este asunto de una vez por todas.

- Por supuesto, hija, pero tened cuidado. Me encantaría volver a veros por aquí, ¿verdad que sí, niños?

- ¡Siii! – Gritaron ambos.

- ¡Nos vemos pronto! – Se despidió Sei.

Salió detrás de Kristoff, Elsa, y Olaf.

- ¿Sabes por dónde han ido, Olaf? – Preguntó Elsa, su voz temblorosa denotaba preocupación.

- Creo que sí, no está muy lejos de aquí.

- Podemos seguir el rastro, si eran unos cuantos no será difícil. – Sugirió Sei acercándose al caballo de Elsa.

La rubia subió sin dilación pero con finura. Sei se disponía a subir tras ella cuando Elsa invitó a Olaf a acompañarla, haciendo caso omiso del intento de la morena de montar con ella. Sei miró a Kristoff y a Sven con resignación. Montó detrás de Kristoff.

Se pusieron en marcha, empezaron a bajar la colina con precaución. A partir de ahora tendrían que ir con cuidado. A pesar de que el verano estaba cerca, era una noche fría, y tener a la Reina del Hielo nerviosa junto a ellos no ayudaba en absoluto.

Para mí ha sido muy divertido escribir este capítulo, cuando Elsa se pone dura…wow. Cuidadito con ella. Espero que os haya gustado :)