Aunque llevo para hacerlo todos los capítulos, le ha tocado al último: Los personajes que reconozcáis, por si no lo habíais notado, pertenecen a Disney y sólo a Disney, los que no reconozcáis son producto de mi imaginación.

Dicho eso que debería haber sido el principio, muchísimas gracias a todos por leer y comentar de nuevo :D

Monoceros: gracias a ti, ¡a ver si este capítulo también te parece lleno de emociones y sentimientos! :)

¡Que disfrutéis de este último capítulo!

22. Un final para el cuento.

6 MESES DESPUÉS

- Enseguida baja su Majestad. – Anunció Kai educadamente.

- Gracias, Kai, mientras baja voy a ir al puerto un momento, tengo que despedirme de alguien.

Kai asintió con una sonrisa comprensiva y volvió a entrar por la puerta principal del castillo. Sei se dio la vuelta, aireando su poderosa capa verde oscura de miembro de la Guardia Real y se puso rumbo al puerto. Hacía un frío día de otoño, las gruesas nubes apenas dejaban pasar de vez en cuando unos finos rayos de sol. Soplaba el viento sobre las voluminosas velas de los barcos que iban y venían, pero había uno especialmente familiar, preparándose para zarpar, que atrajo toda la atención de la chica. Caminó pacíficamente por las tablas de madera del muelle y saludó al guardia que custodiaba la rampa de subida.

- ¿Todo en orden por aquí? – Preguntó la joven.

- Ya está todo preparado para zarpar, la mayor parte de los guardias ya han subido y están en sus puestos, ahora sólo falta que lleguen los presos. – Respondió el joven castaño. – Cuando lleguen a su tierra serán recibidos como verdaderos traidores y allí harán lo que tengan que hacer con ellos.

- Estupendo.

Vio pasar al príncipe Hans hacia otro barco, encadenado y arrastrado por su hermano Jack. El hermano mayor le dirigió una mirada cargada de palabras a la chica cuando se fijó en que se encontraba ahí. Sei trató de interpretarla. Leyó en ella la envidia, una envidia que estaba disminuyendo lenta y dolorosamente por haberse ganado el amor de la reina, leyó también la admiración y el respeto, e incluso le pareció intuir un "gracias". Todo eso era su propia interpretación, pero estaba segura de que no iba tan mal encaminada. El hombre hizo un leve asentimiento de cabeza que acompañó con una fugaz ¿sonrisa? Una fantasmagórica sonrisa había surgido en su cara, de eso sí que estaba segura. Sei le devolvió el gesto, pero su sonrisa duró algo más en su rostro. El príncipe Hans volvía a partir de Arendelle como un indeseable, esperaba que esta vez el castigo fuese más efectivo.

Llegaron los presos. Un grupo de guardias los arrastraban como podían pues se negaban a avanzar, sobre todo Riuna. Gorrot mostraba una arrogante indiferencia y Rásgar permanecía cabizbajo.

- Vaya, si has venido a despedirnos, qué detalle. – Dijo Riuna en todo desdeñoso.

- Por supuesto. Tenía que preguntaros antes de iros si os ha parecido gratificante vuestra estancia en los calabozos de Arendelle, son de los mejores… – Ironizó.

- Veo que te ha sentado muy bien eso de meterte en los aposentos de la reina. – Miró a Sei de arriba abajo con desprecio. – Ah, espera, que no puedes tocarla demasiado, es una pena…

Sei sonrió pacientemente.

- No imaginas lo agradables que son sus aposentos, lo que es una pena es que nunca vayáis a probarlos.

- Deberías estar aquí con nosotros, Sei, deberías estar encadenada. Tú echaste todo a perder por un maldito capricho. – Espetó Gorrot haciendo tintinear las cadenas de sus muñecas con profundo rencor.

- Simplemente tomé un camino diferente del que habíais planeado para mí. ¿Sabéis? Creo que todavía no habéis logrado entender el sentido de la vida. Estáis buscando a contracorriente algo que nunca os va a llegar a satisfacer. ¿Creéis que un trono os va a dar la felicidad? – Sei chascó la lengua y meneó la cabeza. – Claro que no.

- Es fácil decirlo desde tu posición, tú has conseguido un trono y estás de lo más feliz.

- No es el trono lo que me da la felicidad, ni es sólo el amor. Es que he cogido el camino adecuado, mi corazón sabía que iba bien tomando esta dirección y ahora no se arrepiente.

- No te va a ir tan bien siempre, la Reina de Hielo no es un ser fácil, aprovecha ahora que eres su antojo. - Sugirió Gorrot con amargura.

- No os preocupéis, estoy preparada para lo que pueda pasar. – Se echó el pelo hacia atrás. – Pero de momento…merece la pena luchar por esto, estoy segura.

- Algún día te matará. – Advirtió Riuna con voz intimidante.

- Estoy encantada de correr ese riesgo. – Sei curvó los labios en una carismática sonrisa.

Los guardias empujaron sutilmente a los tres presos para que dejaran de hablar y subieran al barco. Pero cuando Rásgar, el último de la fila, pasó por delante de Sei, esta lo frenó con la mano.

- Desencadenad a este. – Ordenó la joven.

Tanto los guardias como Rásgar se quedaron perplejos.

- Sei… - Masculló el chico mirándola sin comprender mientras los guardias obedecían.

- No quiero que vuelvas a casa como un traidor, sé que en el fondo no es lo que deseabas, y ya estás pagando bastante por unirte a ellos sin realmente haberlo querido. – Le sonrió con amabilidad. – Disfruta de tu vuelta a casa como un hombre libre.

- Gracias. – El chico le devolvió una melancólica sonrisa. – Apenas recuerdo el día que desembarcamos aquí mismo, eras una incrédula que subestimaba este reino, y ahora mírate, al lado de la reina. Te has ganado tu lugar aquí.

El rubio suspiró y Sei le puso una mano en el hombro con cariño.

- Volveremos a vernos, amigo.

Subió al barco como un hombre más, lejos de Gorrot y Riuna, y mientras zarpaban, saludó con todas sus fuerzas a Sei, que le devolvió el saludo con nostalgia.

Volvió pensativa a la puerta principal del castillo. "La vida cambia radicalmente sin darte cuenta". Mientras se acercaba vio salir a una esplendorosa Elsa, relumbrante con su vestido azul de hielo, el que más le gustaba a Sei. "¿Se lo habrá puesto especialmente para esta ocasión?" Se preguntó, ilusionada. Elsa esperó sin bajar los pocos escalones que la separaban del suelo del patio, y dejó que fuese Sei la que se acercase a ella. Sei se detuvo ante los escalones, dirigiendo una penetrante mirada a la rubia.

- Estás perfecta, mi reina. - Halagó, con total seriedad.

Elsa arqueó las cejas.

- Puedo decir lo mismo de ti, mi guardiana. – Bajó los escalones con parsimonia y le dio un beso en los labios. - ¿Estás preparada?

- Muy preparada. – Sonrió.

Montaron en los caballos y salieron de Arendelle, cabalgando tierra adentro. La nieve empezaba a dominar todo el paisaje en esa época del año, por lo que pronto se empezaron a hundir las herraduras de los caballos en espesas capas de nieve que empezaban a dificultar el trayecto. Elsa, ante la admiración de Sei, puso fin a sus problemas derritiendo el camino que habían tomado a medida que avanzaban, lo que hizo de su ascenso un trayecto mucho más cómodo y rápido.

- Estoy impaciente por verlo, he oído hablar mucho de él. – Comentó Sei desmontando del caballo.

- Pues ya casi lo tienes delante. – Elsa hizo lo mismo.

Recorrieron el último tramo de su viaje andando, luchando contra los grados de inclinación de la montaña. Giraron una última pared rocosa y al fin apareció ante ellas el castillo de hielo, imponente, imperecedero, destinado a permanecer ahí perpetuamente velando desde las alturas las tierras de Arendelle, sus aguas y sus valles. Sei se quedó sin respiración contemplando esa portentosa construcción de hielo. No podía creer de ninguna de las maneras que hubiese sido creada por la impecable chica que tenía al lado. No es que no confiase en sus habilidades, sino que…era demasiado sobrecogedor para haberlo creado una sola persona.

- No…no sé qué decir, Elsa. Esto es maravilloso, es…es una obra maestra. Me muero de ganas de entrar ahí dentro. – Dijo la joven alzando la cabeza para abarcar con la mirada el espectáculo que tenía delante.

- Gracias. – Aceptó la rubia entrelazando humildemente sus manos en su regazo. – Vamos, te lo enseñaré por dentro.

Sei estaba a punto de poner un pie en la escalera de subida hasta la puerta cuando una inmensa masa de nieve empezó a alzarse y a tomar forma a su lado. Por instinto preparó el arco en cuestión de segundos, pero Elsa la frenó al instante.

- No te preocupes, ¡es Marshmallow! – Explicó, saludando a la criatura. – Lo creé cuando Anna vino para tratar de convencerme de que volviese a Arendelle. Desde entonces vigila la entrada del castillo.

Sei parpadeó varias veces seguidas y arrugó la frente.

- Qué manera más sutil de invitar a tu hermana a que abandone tu nueva casa, creando una bestia de nieve…

Elsa entrecerró los ojos y subió la escalera por delante de Sei con dignidad. Si por fuera era fantástico, por dentro era tanto o más. Recorrieron todos los pisos y habitaciones, hasta que llegaron al amplio balcón con vistas a todas las sierras y hondonadas que rodeaban Arendelle. Sei se apoyó en la barandilla, explorando el poético paisaje con la mirada.

- Es demasiado bonito, Elsa, tienes cosas maravillosas dentro de ti, y cuando las sacas puedes crear cosas tan extraordinarias como esta. – Dijo con profunda sinceridad.

Elsa se apoyó junto a ella.

- Gracias otra vez. Hoy te estás deshaciendo en halagos, ¿te pasa algo? – Inquirió burlona la reina.

- No preguntes, tú preocúpate de disfrutarlos.

Se miraron y se rieron. Se pusieron frente a frente y entrelazaron una mano, jugando con sus dedos.

- La última vez que estuve aquí creía sentirme liberada. – Confesó Elsa, observando cómo los dedos de Sei rozaban los suyos. – Ahora veo que no. Sólo era una ilusión. Liberé mis poderes, pero me faltaba todo lo demás, me faltaba controlarlos, y sobre todo me faltaba alguien con quien disfrutarlos. Me faltaba abrir mi corazón a las personas, y aceptar que algún día alguien podría llamarme la atención, y que podía ser una chica. Hoy puedo decir que ya lo tengo todo. Me siento libre.

- Grítalo. – Soltó Sei repentinamente.

- ¿Cómo?

- Grítaselo a todas esas montañas.

- ¿Para qué quieres que lo grite?

- Vamos, hazme caso, que se entere todo Arendelle, que tu grito recorra el mundo.

Elsa la miró, escéptica, pero al disponerse a gritar para complacer a su acompañante se dio cuenta de la dificultad de la tarea que le había encomendado. Había una especie de barrera en su garganta que le impedía alzar la voz tanto como para gritarle al mundo lo liberada que se sentía. Vaciló.

- Dinos cómo te sientes, Elsa, queremos oírlo. – La animó Sei.

Elsa cogió aire y rebuscó dentro de su corazón. Encontró tantas cosas…que el grito le salió de lo más hondo de su ser.

- ¡ME SIENTO LIBRE!

La efímera limpieza interior que acababa de hacer fue tan devastadora que sólo pudo reír a carcajadas y lanzarse a los brazos de Sei con euforia.

- ¿Mejor? – Preguntó Sei sujetándola por la cintura.

- Mejor. – Afirmó con contundencia.

Unieron sus labios en el beso más intenso y sincero que seguramente se habían dado hasta el momento. Elsa sujetó con fuerza la cara de Sei, para luego bajar las manos hasta su cuello. A su vez, Sei se aferró a ella con más fuerza, sintiendo la necesidad de unirse a ella como fuera. No tardaron en hacer el beso más profundo y más feroz, y fue Elsa la que, poco a poco, arrastró a la morena al interior del palacio. Se separaron para respirar un segundo. Elsa se distanció un par de metros de Sei, y sin decir una palabra, utilizó sus poderes para crear una gruesa capa de nieve en el centro de la sala a modo de colchón improvisado. Sei se quedó desconcertada, aunque su interior sabía perfectamente lo que significaba aquello. Miró a Elsa, pero entonces esta hizo algo que captó toda la atención de la morena. Con un movimiento de brazo que abarcó de sus hombros a sus pies, hizo desaparecer progresivamente y con elegancia su vestido de hielo. Sei ya no podía estar más perpleja y llena de admiración. Ver el cuerpo de Elsa destapándose poco a poco provocó una hoguera en su cuerpo que hirvió su sangre y encendió sus mejillas acaloradamente.

Elsa también vivió el momento con vibrante timidez, nunca en su vida se hubiese imaginado a sí misma protagonizando semejante escena de un erotismo tan arrollador. Sin embargo, tras los primeros momentos inexorablemente expuesta ante los ojos profundos y turbados de Sei, empezó a sentirse más cómoda, y mejor todavía, más liberada.

- Elsa… - Murmuró la guardiana sin apenas mover los labios.

- Shhh… - Elsa se acercó a ella y le cogió la mano para atraerla sensualmente hasta la cama improvisada.

Sei extendió su capa de la Guardia Real sobre el "colchón" para evitar el contacto directo con la nieve. Era mullido y muy cómodo. Tiró de Elsa para que cayera junto a ella y volvió a atacar con fervor sus labios humedecidos. Notaba el palpitar de la reina muy cerca de ella, tenía el corazón acelerado y se adivinaba por su respiración trepidante. Paró un momento y la miró a los ojos.

- ¿Estás…preparada? – Preguntó la morena con prudencia.

Elsa esbozó una tierna sonrisa y le acarició la mejilla.

- Sí.

Esta vez fue Elsa la que se abalanzó sobre el cuerpo de Sei, embarcándose en un viaje en el que ya no había vuelta atrás. Las vivas manos de Sei recorrían la espalda y los brazos de la reina, buscando el contacto con esa piel blanca que se hacía de rogar. Como todavía temía que Elsa pudiese espantarse en algún momento por miedo a sus propios poderes, probó a empezar por donde había empezado unos meses atrás. Dirigió su boca al cuello de la reina y reptó por él hasta la oreja. Enseguida percibió el estremecimiento de un ligero escalofrío que atravesó el cuerpo de Elsa, pero no pasó nada más. Elsa sonrió interiormente al comprobar que había logrado absorber el escalofrío a la perfección y que podía continuar sin problemas. No quería soltarla, quería que permaneciese allí todo el día, adherida a ella. Hundió la mano entre los mechones oscuros de Sei y la sujetó con fuerza. Esta, por su parte, empezó a pasear sus manos por la cintura de la reina, subiéndolas hasta sus costillas y volviendo a bajarlas, abarcando así ambos costados.

Elsa se dejó acariciar, pero no podía permanecer quieta teniendo a Sei debajo de ella, así que arremetió contra la boca de la morena de nuevo, empezando a desvestirla. Se deshizo de los botones de la vestimenta blanca y verde de la Guardia y la despojó de cualquier impedimento que no le permitiese contemplar su piel. Fue un entrañable reencuentro de sus cuerpos desnudos, que se añoraban y se requerían como si fuesen dos viejos amigos que llevaban tiempo sin verse. Elsa cerró los ojos para concentrar todos sus sentidos en el tacto, en absorber cada caricia que resbalaba por su piel. Sei le ladeó la cabeza y comenzó a besar su mandíbula, su cuello, con más fervor todavía, pasando suavemente su lengua por él, bajando hasta su clavícula y mordiéndola ligeramente. Un calor que nunca antes había sentido empezó a recorrer su cuerpo y no pudo evitar que un leve gemido escapara entre sus labios. Sei, con la respiración cada vez más agitada volvió a besarla, mientras la sujetaba por la nuca, profundizando más el beso, besándola como si se le fuera la vida en ello. Elsa se separó para tomar aire y la miró a los ojos, viendo el amor y la pasión que desprendían, haciendo crecer en ella la necesidad de sentir a Sei, de fundirse con ella. Cogió la mano de la chica y la llevó hasta la parte más íntima de su ser, mostrándole el camino y confiándole la llave de su ser. Sei respondió hábilmente y divagó por esa zona, arrancando suspiros cada vez más fuertes a su reina.

- Sigue…sigue…Sei.

La joven obedeció y aumentó el ritmo, haciendo sonar la evidente excitación de Elsa. Esta, habiendo dejado atrás cualquier atisbo de vergüenza, encaminó su mano a la frágil superficie de la intimidad de Sei. Sus cuerpos navegaban en el vaivén de la lujuria, sin parar de moverse a un ritmo cada vez más ardoroso. Sei, consciente de la pasión y el ansia que invadían en ese momento a la chica que tenía encima, se aventuró a ahondar sutilmente en las resbaladizas profundidades de la rubia. Hundió un dedo con delicadeza, esperando una reacción. Elsa arqueó la espalda ligeramente, y tras unos segundos de adaptación, se movió lentamente, facilitando la tarea a su invasora. La nueva estimulación que sintió no hizo sino acrecentar su fogosidad y las sensaciones que la llevaban acompañando desde que habían empezado. Quería seguir así, sentía la necesidad de seguir ese ritmo la llevase a donde la llevase, siempre que fuese de la mano de su adorada guardiana. Las gotas de sudor cubrían sus cuerpos frenéticos y los jadeos empezaban a cobrar fuerza retumbando entre las columnas congeladas del palacio de hielo.

- No pares… ahora… Sei…no pares… - Gimió Elsa.

- No voy a parar…

Sei, ardiente de deseo, sólo pudo responder a eso dando un giro de 180º y posicionándose con destreza encima de la reina. Siguió con su tarea con mayor ardor, repartiendo besos provocadores por su cuerpo. Elsa se encaramó al cuello de Sei, susurrando con dificultad que algo se acercaba. Sei sonrió. Concentró sus fuerzas en satisfacer la excitación de la joven rubia que parecía estar a punto de escapar fuera de sí. Y en un momento que pareció durar una eternidad en el cuerpo de Elsa, toda la lujuria y la pasión que había ido acumulando estallaron en un sinfín de sensaciones. Pero no por ello olvidó a la morena, que no tardó en acompañarla en ese precipicio de inimaginables vibraciones. La fuerte sensación abatió sus tensos cuerpos, que quedaron inevitablemente extenuados.

- Espero que te queden fuerzas, Majestad… - Sei esbozó una sonrisa provocadora.

Elsa vio a Sei deslizarse por su cuerpo, recorriendo con la yema de los dedos su vientre y ocultando la cara entre sus blancos muslos. La miró temerosa, pero cuando la sintió humedeciendo más de lo que ya estaba su entrepierna, no pudo ocultar en su expresión y sus gestos esa deleitosa sensación que le estaba provocando.

- Oh, Dios mío…

Notaba a Sei demasiado lejos y a la vez la notaba con intensidad, sentía deseos de atraerla hacia ella, de sujetarle la melena y empujarla más todavía hacia sí misma. Esa sensación tan inmensamente placentera empezaba a abrumarla y la locura amenazaba con apoderarse de ella. Su cordura se alejaba de ese lugar a medida que la lengua de Sei palpaba con mayor brío sus aterciopelados secretos anegados de deseo. Sin apenas darse cuenta se abalanzó sobre ella una oleada de placer que la hizo delirar y nombrar a todos los dioses que conocía mientras hincaba las uñas en la capa de la Guardia Real sobre la que estaba tumbada.

Sei se separó lentamente de sus partes íntimas y volvió a trepar por el cuerpo de Elsa, apoyando los codos alrededor de la cara de la rubia para sujetarse y poder contemplar su expresión de placidez de cerca. La reina se afanaba en sosegar sus jadeos y serenar su agitada respiración mientras la chica que la cubría repasaba el perfil de su mandíbula con sus labios, ayudándola a calmarse.

- Ha sido…muy… - Empezó a decir Elsa entre suspiros que desembocaban en los labios de Sei.

- Lo sé. – Le dio un beso en los labios, absorbiendo su aliento templado.

Elsa acarició la cara de Sei, mirándola fijamente a los ojos. Se sentía en armonía en aquel lugar, en aquella situación. Parecía como si aquel palacio de hielo ejerciese un inmenso poder sobre ella y la llenase de fuerza y valentía y coraje, ella era el castillo de hielo, y podía notar cada porción de hielo que las rodeaba latir como si de su propio corazón se tratase, lo notaba palpitar junto a ella, acompañándola, como en una conexión. Esa misma sensación estaba acaparando a Sei, que notaba como el hielo la envolvía con cariño, y se dejó embriagar por su dulce y acogedora frialdad. Pero las gotas de sudor que perlaban su cuerpo empezaron a enfriarse con rapidez, aunque a ella no le importaba lo más mínimo. Elsa cogió la capa de la Guardia Real sobre la que estaba tumbada y la echó sobre la espalda de la morena, cubriéndola entera hasta los hombros. Le frotó los brazos y sonrió.

- Deberíamos movernos pronto de aquí, te vas a congelar.

- No me importa, me quedaría aquí el resto de mi vida si es contigo.

Unieron sus frentes con ternura, Elsa atrajo la boca de Sei hacia sí y se fundieron en el beso más puro que jamás probarían. Sei no pudo hacer frente a la ráfaga de sueño que le sobrevino y cayó rendida en los brazos de Elsa, que la arropó con devoción. Permaneció un rato así, contemplando a su amada guardiana y sintiendo su tibio aliento en el cuello mientras veía cómo caía la tarde por la puerta abierta que daba al balcón.

"Creo que ahora te puedo mirar con otros ojos, castillo de hielo." Y poco a poco y sin querer, ella también se dejó llevar por el poderoso sueño.

A la mañana siguiente, fue ella quién despertó primero también. Sei seguía inmersa en un sueño profundo, pero Elsa se vio obligada a despertarla porque tenían que volver a Arendelle.

- Vamos, despierta. Contigo encima no puedo levantarme, ¿sabes? – Susurró Elsa en su oído mientras le revolvía un poco el pelo. – Es de día, Sei, tenemos que irnos.

La joven murmuró unas palabras ininteligibles mientras se removía ligeramente. Elsa la echó a un lado para poder levantarse.

- Levanta, ¡no te hagas la remolona!

- Seeh…ya – bostezó – voy.

Elsa se levantó y volvió a crear su vestido de hielo. Cogió la ropa de Sei y se la lanzó.

- Nooo, quiero dormir. ¿Podrías dejar de ser por un día la reina mandona que eres? – Cuestionó Sei, burlona, sin abrir los ojos todavía.

Sin dignarse a responder, Elsa derritió el colchón de nieve que había mantenido durante toda la noche y dejó que el cuerpo de Sei cayese de golpe al suelo.

- ¡Auch! ¡Elsa! ¡Eres una persona cruel y malvada!

- Veo que empiezas a coger energía. – Elsa sonrió maliciosamente.

Recogieron todo y se despidieron del castillo de hielo y de Marshmallow con el mejor recuerdo que Elsa jamás hubiera soñado. Retrocedieron por sus pasos del día anterior y llegaron a la zona en la que habían dejado a los caballos. Tras cabalgar varias horas, Elsa se detuvo en una zona cercana a Arendelle.

- Quiero que veas algo, sígueme. – Bajó del caballo.

Sei hizo lo mismo y la siguió. Subieron un camino empinado, Sei no tenía ni idea de qué pretendía Elsa con aquel trayecto tan fatigante, pero cuando llegó a lo alto lo entendió. El valle del fiordo se extendía ante ellas a ambos lados de sus ojos, verde, fresco, rebosante de vida. Era una imagen que se juró recordar hasta el último día de su vida.

- Esto es impresionante, Elsa, impresionante…

- Lo mejor, aunque no lo creas, está ahí abajo. – Le guiñó un ojo.

Iniciaron el camino de descenso. El verde valle se hacía cada vez más inmenso con cada cuerva que tomaban, con cascadas apareciendo ante sus ojos, el agua deslizándose entre las rocas y los árboles de las laderas casi verticales de las montañas. Llegaron a lo más hondo del valle, y al alzar la vista el panorama que apareció ante sus ojos fue sobrecogedor. Se encontraban en mitad de la naturaleza en su estado más puro.

- Creo que tenías razón. – Murmuró Sei con un hilo de voz.

Vio a los pájaros planeando, dejándose llevar por las corrientes de aire. Cerró los ojos y sintió el viento soplándole en la cara, escuchando el ruido del agua del fiordo alrededor. Le pareció que la infinidad del momento se colaba en su interior como una bocanada de aire. Se sentía en paz, serena, sin ninguna preocupación. Todo lo que había vivido meses atrás quedó totalmente borrado en ese instante, todas las dudas, los problemas, los devaneos…no eran nada.

- Parece que se ha parado el tiempo.

- Tal vez lo haya hecho. – Respondió Elsa.

- Gracias por traerme aquí, nunca había sentido nada parecido. – Le pasó un brazo juguetonamente por el hombro. - Y pensar que una vez me largué para intentar olvidarte…no lo puedo entender ahora mismo.

- ¿Crees que lo hubieses conseguido? – Inquirió Elsa.

- No se puede olvidar voluntariamente a una persona, hace falta tiempo. En fin, hoy en día pienso que si la vida nos ha unido…bueno, no seré yo la que intente destruir esa unión de nuevo. Puedo decir que me fio del criterio de la vida. – Esbozó una sonrisa enigmática mirando al horizonte.

Elsa la observó con detenimiento. La morena siguió hablando.

- Parece que todo te lleva por un camino hacia un destino en concreto, pero cuando permites que la corriente fluya, que la vida misma te lleve, empiezas a ver nuevos caminos y nuevas oportunidades, y aunque no sepas adónde te llevan…te llevan a algún sitio. ¿Qué más da ahora mismo saber adónde? Si estás bien y a gusto…sigue esa corriente. – Miró a Elsa a los ojos. – Yo no me voy a escapar de esta corriente, a no ser que me obligues.

Elsa no podía dejar de mirarla mientras asimilaba sus palabras.

- Tu corriente y mi corriente no son la misma. – Dijo al fin con seriedad. Sei la miró sorprendida. - Lo único que sé es que van en paralelo, y desembocarán en el mismo sitio. – Elsa le sonrió con profunda sinceridad.

Se dieron la mano, y de la mano emprendieron su camino de regreso a Arendelle.

Ya estaba bien entrada la tarde cuando desmontaron de los caballos en el puente de entrada al castillo. A lo lejos vieron acercarse a Anna.

- ¡Por fin habéis vuelto! Ya pensaba que os habrías quedado encerradas allí o algo. – Gritó la pelirroja. - ¿Qué te ha parecido?

- Impresionante, espero volver pronto porque ese lugar es… - estornudó – maravilloso.

- Y veo que te ha sentado fatal tanto hielo alrededor. ¿Te has restregado por las paredes o por el suelo que ya te has ganado un resfriado o qué?

- Eh…¿qué? ¿Restregarme? No, qué cosas tienes, Anna. – Dijo Sei cruzándose de brazos.

Pero el rubor en la cara de Elsa debió ser muy evidente, porque Anna sólo tuvo que mirarla un segundo para descubrir lo que ocultaba.

- No, ¿Elsa? Te acabas de delatar, ¡lo siento! – Anna empezó a reír en grandes carcajadas mientras señalaba a su hermana. - ¡Lo habéis hecho!

- ¡Anna! ¡No te metas donde no te llaman! – Pero por mucho que Elsa trataba de ocultarlo, y de alzar su barbilla con orgullo, el rubor de sus mejillas se intensificaba por momentos.

- ¡Me alegro mucho por vosotras! – Se giró y buscó a Kristoff, que se acercaba en ese momento. - Kristoff, ¿sabes qué? Elsa y Sei han…¡Aaau!

Elsa disparó una gran bola de nieve directamente a la cabeza de su hermana.

- …han tenido un viaje muy agradable, sí. – Elsa rodó los ojos por el techo.

Sei volvió a estornudar. Anna empezó a reír otra vez. Y Elsa lamentó no poder cubrir de nieve a su hermana hasta las cejas.

Dos pequeñas figuras más se acercaban a toda velocidad, seguidas por una figura más grande y lenta. Eran Kandy y sus nietos.

- ¡Habéis llegado ya! Siento no haber estado para recibiros…nos hemos entretenido un poco. – Explicó Sei recibiendo en sus brazos a los dos niños, que gritaban eufóricos.

- ¡Hemos visto al muñeco de nieve que anda y habla!

- ¡Y nos ha pedido un abrazo!

No podían parar de hablar de Olaf y de todas las cosas que les habían sorprendido de Arendelle.

- Es una ciudad fantástica, te felicito, reina Elsa, por conservarla tan bien y por cuidar a sus gentes. Es un pueblo muy acogedor. – Dijo Kandy dulcemente a su llegada, y les dio un abrazo a cada una, sin importarle que Elsa fuera la reina, la trató como a una nieta más.

- Creo que es básico el bienestar de los ciudadanos, si no, Arendelle no sería lo mismo. – Explicó Elsa, agradecida por el cálido gesto.

- Y tú, Sei, pelo revuelto, ropas maltrechas… veo que estar con una reina no te ha hecho cambiar en absoluto. – Se quejó la mujer mientras le ponía bien la capa. – Aunque he de decir que esta vestimenta te sienta de maravilla.

- Gracias. Por cierto, ¿os conocéis? – Preguntó señalando a Anna y Kristoff.

- Oh, por supuesto, la princesa es realmente agradable. – Halagó la mujer con cariño.

- Sí, de hecho estaba en plena explicación de las tradiciones de Arendelle cuando os he visto llegar, pero enseguida lo continuamos. – Anna sonrió amigablemente a Kandy mientras juntaba sus manos en su espalda.

Sei notó un tirón de su capa, era la nieta de Kandy mirándola con ojitos suplicantes.

- ¿Nos contarás un cuento esta noche antes de dormir?

- ¡Por supuesto!

- Pero nos tienes que contar el de la reina bella y poderosa y el príncipe que jura protegerla, ¡no llegaste a contarnos el final!- Le recriminó el niño enfurruñado.

- ¿Ah, no? Eso es porque todavía no había final. – Miró de reojo a Elsa y sonrió. – Pero ahora sí. Aunque… creo que os lo debería contar la protagonista en persona, ¿qué opinas, Elsa?

Elsa abrió los ojos, sorprendida.

- Así que un cuento de una reina bella y poderosa y un príncipe, ¿eh? – Caviló la rubia, entrecerrando los ojos hacia Sei. Luego volvió a mirar a los niños. – Sí, creo que ya sé de qué cuento se trata, uno en el que el príncipe, que es muy terco y graciosillo, tiene miedo de su reina.

- Pero al final acaba bien…¿no? – Preguntó asustada la niña.

Elsa le sonrió y se agachó.

- Esta noche lo sabréis.

Y los niños quedaron felices con la promesa del final del cuento.

- Más vale que no les contéis muchos detalles sobre la reina y el príncipe, puede que tengan pesadillas esta noche… - Murmuró Anna en voz baja para que sólo la oyesen Sei, Elsa y Kristoff, pero la carcajada que soltó seguido la pudo oír todo el mundo que había alrededor.

Sei también rió, pero Elsa y Kristoff se miraron, comunicándose que no había remedio.

- Si os parece bien, podemos ir yendo al castillo… - Sugirió Elsa, seguido de un resoplido.

Todos asintieron. En la cabeza del grupo iban los niños saltando y entreteniéndose con las piedras, detrás iban Anna, Kristoff y Kandy, hablando sobre el panorama de la ciudad, su situación y las bellas costumbres. Elsa y Sei se quedaron algo rezagadas por detrás.

- Así que una reina bella y poderosa… - Dijo Elsa alzando una ceja, ahora que estaban solas. – Y un príncipe que cree que no se la merece, ¿no?

- Algo así. – Estornudó.

- Espero que al final del cuento el príncipe acabe con la certeza de que sí merece a esa reina tan poderosa.

- En mi cuento ese es el final, espero que en la versión que les cuentes a los niños también sea así. – Ambas empezaron a reír.

Al entrar al hall, Sei dejó pasar a Elsa primero, pero esta notó algo en su espalda, una especie de brisa suave. Se detuvo un segundo y se giró hacia Sei, analizó su cara inexpresiva en ese momento y no percibió nada extraño, volvió a girarse para entrar al hall, pero se detuvo de nuevo y la miró por encima del hombro.

- ¿Qué has hecho?

- ¿Yo? Nada… - Sei puso cara de inocencia absoluta.

Elsa cerró los ojos en una rendija, examinando el rostro de la joven.

- Algo has hecho.

- No…

Entró Olaf detrás de Sei y lo primero que hizo fue fijarse en la parte trasera de Elsa.

- ¡Oh, Elsa! ¡Vas destapada! ¿Por qué vas destapada?

- ¿Destapada? – Se extrañó.

Y entonces se percató de que llevaba toda la espalda descubierta y casi partes más bajas… Se giró hacia Sei, esta vez de frente y con los ojos bien abiertos, amenazante.

- Cómo te atreves, no puedes jugar así conmigo. Vas a perder, y lo sabes.

- Yo no estaría tan segura… - Le mostró la mano a Elsa y observó las pequeñas volutas de humo que salían de ella. Sonrió victoriosa.

Elsa se quedó perpleja. ¿Había vuelto a recuperar los poderes?

- Pero…eso… ¿Sei? Explícate.

- Sí, Elsa, eso eran vestigios de fuego. Ya he empezado a recordar que he tenido alguna vez poderes de fuego, y tranquila, podré vivir sin ellos. Aunque, por alguna razón, algo de ellos queda, aunque no me había dado cuenta hasta anoche, cuando noté un calor anormal recorrer mi cuerpo. Así que, bueno, evidentemente ganarías tú la batalla una y otra vez, no te preocupes, pero debes saber que el poco fuego que me queda puede hacer que tu vestido se derrita. – Le guiñó un ojo fanfarronamente.

En el fondo, Elsa estaba aliviada, aliviada porque ya no tenía que ocultarle lo de sus poderes y aliviada porque podría disfrutar una pequeñísima parte de ellos. Aunque eso tuviese sus consecuencias cuando a la guardiana le diese por burlarse de ella, cosa que pasaba bastante a menudo. Reparó el estropicio que había provocado Sei en su vestido y volvió a mirar al grupo que tenía delante, a su familia y la de Sei. Observó cómo reían y hablaban, encajaban a la perfección. Vio su verdadero mundo florecer ante ella, preparado para ser abrazado y disfrutado. Le cogió la mano a Sei y se la apretó con cariño. Se miraron. Sei le sonrió con esa cautivadora sonrisa que la caracterizaba. No hizo falta decir nada más, todo lo que necesitaban saber fluía en su interior con una certeza inquebrantable.

Y aquí acaba la historia si no tenéis nada en contra :P Creo que si piensas en esta historia se te queda un recuerdo agradable, con la sensación de que han pasado muchas cosas y que al final, como no podía ser de otra manera, acaba bien :D Si alguien tiene alguna duda que pregunte que responderé encantada. Finalmente Elsa termina de aceptarse a sí misma y de romper con sus dudas del pasado, comprende que ama a Sei con locura y sigue reinando maravillosamente en Arendelle rodeada por la gente que más quiere, ¿se puede pedir más? Y Sei, por fin, supera ese sentimiento de inferioridad que tenía cuando no estaba con Elsa, porque cuando está con ella se le olvida todo, la adora. Y por si fuera poco encuentra su lugar en el mundo, nada más y nada menos que Arendelle.

Ha sido fantástico escribir el primer fanfic. Si hay alguien por ahí con ganas pero con dudas para empezar uno, ni te lo pienses, hazlo. Una gran experiencia, incluso he conocido a gente que no esperaba conocer, esta página te da muchas sorpresas :)

Miles de gracias a Nira7, Monoceros, Mircoral, Luna, Neys, DarkieWolf, Sakuradakota, Yinnebra, HP Salinas, Hinata-Tsuki, Paradox Eter, Yurilove, Freya-chan…y al resto del mundo, gracias por leer! Abrazos para todos :) Espero que nos veamos pronto, en un tiempo no muy lejano ;)