Ruta de Sangre XIX
La Venganza
Era el momento adecuado, los niños no estaban ya bajo el alcance de la vil y estúpida de su rival – ¿Me podrías decir de donde conoces a ese intento de vampiro? – En verdad, Terrence estaba mal, sus ojos demostraban rabia… furia, un deseo incontrolable de sangre – Se parece a mi ex – esposo, por no decir que además se llama igual – la rubia no sacaba nada con negar lo obvio, de todas maneras el haría de las suyas y terminaría averiguando la verdad - ¿Y esto cambia algo? – Candice dio la vuelta para encararlo – Hace años escuché a un viejo sabio que dijo "Si amara a lo primero, no hubiera querido lo segundo" – de alguna forma u otra vio que su rostro se relajó – Eso espero, porque de lo contrario, será la primera vez que sacrifique una buena arma – tomándola por la cintura y robando un beso de los labios de la rubia – Me aseguraré que para la noche sin luna, esté todo listo, será nuestro ataque – La mujer se apresuró a seguir al hombre por el pasillo, pero ya no estaba, podía sentir a quema ropa los celos de castaño… Porque estaba vivo Anthony, por primera y última vez tendría que desobedecer a aquel que consideraba su dueño – Maldición – y golpeó contra el suelo su taco – Yo me haré cargo, mi señora – La rubia afirmo con la cabeza, Karen ayudaría a distraer a Terrence mientras solucionaba la situación.
Pasaron un par de días y los ojos del castaño, estaban al pendiente de ella, de su aroma que quedaba impregnado en las oscuras paredes, la únicas vez que tuvo oportunidad el rubio, pasó por su lado y depositó un beso en la comisura de su labio, haciéndole saber y por fin confirmando que era su marido, aquel que había visto morir, en su lecho – Mi sospecha era cierta – y el rubio, sonrió de medio lado – La noche sin luna… En el bosque – Se daba fecha de cierre al conflicto – será el fin.
Susana estaba sentada en el respaldo de su cama con la vista fija en el fondo de la pieza, sus planes se habían derrumbado uno a uno, lo único que le quedaba de dinero era ese anillo que le quito a Terrence, hace solo unos días supo que su actual marido/muerto y su hermana la estúpida Eliza, eran miserables pobres con apellido y sin el poder económico, el poder de la inmortalidad no servía mucho, era un mundo que lo movía el capital, cada uno de los mercenarios que tenía a su disposición por alguna razón, se habían ido de su lado, lo único que le quedaba era él, solo se niño rubio que alguna vez amó con todo su corazón, era la llave de triunfo – Estoy desprotegida y no me queda más que esperar la muerte.
Llegaba la tan demandada noche, aquella que tras la oscuridad pura, dejaba a la luna fuera de escena, esta vez sólo una quedaría con vida, se vengaría por robar la ternura de su matrimonio, destruirle las entrañas al matar a su hijo y el daño a Terrence, era momento de hablar con el rubio - Pensé que el niño de pecho nos había prohibido el contacto – Candy dibujó una sonrisa en su rostro – Que tenga casi 100 años menos, no lo hace menos hombre Tony… Es más, lo hace más fornido y viril – se dibujó una mueca en el rostro del rubio, la mujer sabía que el comentario sobre la virilidad no le había gustado para nada – Es un niño – se lanzó de la rama del árbol en el cual se encontraba sentado – Es ahora, cuando no recuerdas, como gritabas mi nombre por las noches, Querida – La mujer se estremeció al sentir el contacto de su piel fría, cuando en un impulso, él sujeto su hombro – Lo recuerdo bien Tony… Pero tu sentiste el mismo placer, todas las veces que metiste a Susana en la cama – Anthony mordió su labio, sabía perfectamente a lo que se refería la rubia y recordó de una u otra forma todas las veces que a hurtadillas, infiltraba en su casa o tomaba donde fuera a esa mujer, dentro de su mente sabía que no era lo mejor, pero era hombre al final y si le daban carne, no se negaría… Pero jamás aceptaría que lo había hecho, no frente a ella… Al final la mujer que idolatró – Te equivocas querida, yo solo tenía ojos para ti – Candy quitó su mano sutilmente de su hombro y buscó sus ojos vacíos – Si y cuando te mordió el cuello, solo estaban jugando al canibalismo… A otro vampiro con ese cadáver – Satirizó de alguna forma su condición – Bueno, ya no sacamos nada con hablar del pasado… ¿Quiero saber qué haces aquí? – el joven por fin triunfaba en algo, sabía que ella iba a preguntar eso en cualquier momento – simple… Vengarme de Candy – dijo el rubio con el mejor ánimo que pudo y la sonrisa más sincera – Y crees que lo vas a lograr, así de fácil – el hombre la abrazó por la espada y susurró por su cuello – Ya tengo la mitad avanzado, querida – Sus fuerzas eran similares, lo había visto pelear contra Alberth, fue cuando vio sus labios casi frente a frente con los del rubio – Ni lo intentes, preferiría besar a Annie nuevamente que ensuciar el templo de Terrence – esa frase fue la última provocación para Anthony, aprisionó la delgada cintura contra él, mientras que ella buscaba zafarse del enganche y esté en un arrebato rompió el frente del vestido, dejando expuesto a simple vista su corsé, el hombre se preparó a clavar sus colmillos en el pecho de la joven, por unos segundos, sintió el placer de beber unas gotas de esa sangre espesa y de especial dulzor metálico… Uno pasos se escucharon entre la soledad de los árboles y unos ojos rojos, acompañados de dientes brillantes se acercaron – Pero que maravillosa escena – una voz irónica, junto a un par de aplausos hicieron aparición – Terrence… - Una sonrisa ladeada, que para Candice vaticinaba la muerte se fijó en el rostro del castaño – Amor… Señor… - Candy de súbito, evitó comentar – Tranquila, esclava mía – en un pestañar la mujer se encontraba arrodillada al costado del Duque, el rubio tembló… Conocía a vampiros rápidos y de habilidades buena, pero jamás uno con tal rapidez, sabía que si se descuidaba por solo un segundo, sería su perdición, el plan que había trazado, comentando durante los días anteriores, antiguos pasajes de la vida de rubia junto a él, habían enardecido al dueño de casa, pero no se imaginaba que eso sería en su contra – Terrence, no te imaginarás lo placentero que ha sido degustar su piel nuevamente – El castaño no se hizo esperar y lanzó un golpe en su rostro, desencajando la mandíbula y abriendo una pequeña herida en el costado del labio – Podrás haber sido el primero… Pero no el dueño – Anthony, frente a la amenaza saltó y se perdió en el medio de la noche – Terry – el castaño, pasó por el lado de la rubia sin siquiera mirarla – Partiremos a terminar con esto en media hora… - no hubo juegos, no hubo risas, sólo un ambiente lúgubre y penoso, en el cuadro de la creadora con su traje roto y la criatura que la dominaba en el fondo caminando lento.
Terrence – Se había atrevido a mencionar su nombre, cuando llegaron a la gran casona – Ahora no hables… Mi furia es incontrolable – La mujer lo sabía, pero para ella era necesario hablar – Perdóname - el oji-azul sin voltear dijo en palabras sardónicas – No crees que es palabra está gastada, querida… No te imaginas las ganas que tengo de… - no lo podía decir, si de su boca salían esas palabras, sería capaz de realizar la acción - Hazlo, si es la única forma de expiar mis maldiciones – era el pase justo y necesario para arrastrarla por la casa, de la mano, llevando aun aquél vestido roto – Así será – que mejor castigo, para una vampira orgullosa y altanera, que mejor que no cumplir con aquella anhelada venganza, terminó de rasgar el vestido, rompió la falda y la dejó expuesta – ¡Alberth! – Mientras llegaba el rubio, la dejó al final de la habitación – Te quedarás aquí, si alguien cobrará la cabeza de esa mujer seré yo – Sobre los pasos del pasillo, el castaño replicó en voz alta – Que uno de tus mejores hombres, se quede en la puerta y por el demonio mismo, que si ella sale o ese maldito rubio entra, lo descuartizaré – Alberth tragó en seco – Como digas – El joven rubio salió de la habitación y el castaño replicó – Cuando traiga la cabeza de esa mujer, llegará tu turno querida.
Un grupo de 30 vampiros encabezados por Terrence, Alberth, Karen, Annie y Archivald se dirigían a la casa de los Leagan, lugar de mora de la oji-azul, algo presagiaba que esa noche seria triunfal, pero también se rebelaría una gran verdad.
Hace años, poco podía entender porque tú y ella lo miraban tanto, porque te atreviste a ser su prometida… Claro las dos tenían planes para el niño de pecho – era el rubio que se paseaba frente a Susana – Aunque lo intentes jamás podrás saber que tiene él, para que sea tan deseado – el rubio volvió a reír a carcajadas - ¿Y por eso lo dejaste el día de la boda? – Susana no respondió a provocación, muy en el fondo ella sabía que no podía desposar al castaño, por más que lo deseara… Su familia era devota y muchas veces tuvo que huir rápidamente antes de ser descubierta por las malditas cruces que llevaban consigo – Mi intención siempre fue herir a Candice – Eso el rubio lo recordaba bien, el día en que ella los descubrió en la cama y donde la oji-azul, había hecho todo por morder su cuello y luego quebrarlo, sólo había sido para ver el sufrimiento en el rostro de la crespa y luego… y luego Susana le dijo que Candy en un arranque luego que ella la convirtiera en Vampiro, había bebido la sangre de su propio hijo para calmar su sed, por eso la odiaba, por eso quería ver a Candice sufriendo, solo ella había roto, el único lazo que los unía, su hijo Richard – Serás mi creadora Susan… Pero puedes arreglártela sola, con Terry y con Candy – dijo esas últimas palabras y desapareció, tras el comienzo de lo que sería el anuncio de su muerte.
Escuchó a lo dejos por los pasillos de la casa, los gritos de los pocos que habían seguido con ella hasta el final, el crujir de sus cuellos, los gritos de agonía y las suplicas eran en otros tiempos una música deliciosa para ella, pero bajo esas circunstancias, sólo se le ocurrió invocar a lo que ella consideraba su mayor enemigo – Dios, ten piedad de mí… Y haz una muerte rápida, para llegar a los brazos del Diablo de una buena vez – La puerta fue abierta por el castaño, que entre las penumbras y la insípida luz de la vela, rebeló aquello que él, como hombre orgulloso no quería ver – Susan… - Annie, quien deseaba más que nadie que esto acaba pronto para ver la risa dibujada en Candice, fue la primera en llegar hasta la rubia, que estaba sobre la cama y deslizar sus afiladas uñas por la garganta de la rubia – Elige tu muerte… Desmembramiento y fuego o hierro y luz del sol – Terrence aun estupefacto, no sacaba palabras – La respuesta es si – Susana le dijo al castaño que ahora miraba con el doble de rabia que anteriormente – Maldita – fue la escuálida palabra que salió de la boca del hombre y luego comenzó a reir, ahora se explicaba porque ella nunca quiso verlo durante el día, porque se escabullía de las fiestas antes del amanecer, porque en más de alguna ocasión vio pequeñas marcas rojas en su ropa y sus labios tenían un sabor metálico tan exótico – Annie, revisen la casa, yo me encargaré de esto – Los acompañantes salieron – Alberth… Quédate – el castaño se acercó a la mujer en la cama – Se suponía que esta noche sería la triunfal de Candy… Pero veo que será la más dulce venganza – en un movimiento definitivo e imperceptible rodó el dedo de la rubia junto al anillo que había pertenecido a su madre, el grito ensordecedor se sintió hasta los pisos inferiores de la casa, donde los acompañantes de Terrence rieron.
Maldito desgraciado, ahora olvidas como adorabas mis labios – El castaño dio la orden a Alberth que recogiera el dedo y retrocediera, ahora él sin el recuerdo de su familia en manos de la rubia, consumaría la promesa a Candy – Elige Susan, quieres morir lento o lento – La mujer por primera vez se sintió verdaderamente asustada de la mirada profunda que alguna vez la amó – Terrence – el hombre tapó su boca con el dedo índice – Shuss, recuerda que el silencio será tu única compañía – rosó sus labios con los de la rubia y clavó una estaca en su abdomen – Aunque estoy muy molesto con Candice, le dije que llevaría tu cabeza – acto seguido y de un tirón ayudado por una pequeña daga, cortó la cabeza para llevarla en su mano derecha.
Al salir el cuerpo sangrante que aún se convulsionaba con la estaca atravesada en el vientre, comenzó a arder en llamas, mientras el grupo de vampiros reían y bromeaban con lo fácil que había sido la misión y que desde ahora podían tener la libertad que habían ansiado – Vamos, tenemos que celebrar que el mundo se ha quedado sin una madita desgraciada que lo empeore… Ya basta con los Grandchester Andry.
No se imaginan cuanto me gustó escribir este capítulo… Ya casi el culmine de nuestra historia, agradezco los rew y los comentarios.
Querida Liz, tranquila… Yo adoro a Terrence… No dejaría nunca a Candy con Anthony, pero es parte importante del desarrollo de la historia, sino, el final planeo, no se podría dar.
Gracias por leer.
By Anngel
