Ruta de Sangre

Epilogo

Con el pasar de los siglos las cosas habían cambiado un poco en el mundo, entrando al siglo XVII la Revolución industrial había llenado las vitrinas de hermosos artículos fabricados en masa, las pequeñas ciudades, que habían sido reservadas para la aristocracia y la creciente burguesía gente con poder y dinero, se habían vuelto grandes y lujosas urbes con contrastes de pobreza.

Londres ya no era la ciudad de estructuras monumentales y de elegancia innata, se había vuelto una ciudad gris y siempre con una densa neblina, por un lado era mejor, ayudaba a la caza nocturna para ella y su clan.

Cuando ya no vi lugar para mí en Inglaterra, dejé a mis descendientes seguir su camino, Paty y Stear habían sido únicos, los amé como a mis hijos y los cuidé de la crueldad a su alrededor, lograron multiplicar la fortuna familiar y aseguraron por muchas generaciones más la vida acomodada que llevamos Terry y yo, supe que mi hija adoptiva había enfermado gravemente luego de tener su primer hijo, Stear me ubicó, suplicándome en un carta que la salvase, la convirtiera en una de los nuestros, pero no podía volver, no la condenaría a vivir en muerte, la amaba demasiado, así que solo quemé la carta y desaparecí de su vida de una buena vez.

25 de octubre de 1929 – New York, EEUU.

¿Qué estás haciendo Candy? – Era Annie que venía entrando por la puerta de su recamara, con un vestido ajustado hasta el tobillo, un decorado de plumas en su cabellera, con un cintillo que rodeaba su cabello negro, que ahora era corto, sus labios en color rojo intenso, un collar de perlas y unos tacones altos – Leía el catástrofe económico que vive el país, imagínate que los magnates se han tirado de las cornisas de los edificios, han perdidos sus fortunas, cosas pocas e irrelevantes – Respondió la rubia, quien se encontraba sentada a la orilla de la ventana, con un hermoso traje blanco, unos guantes largos y tacones dorados, un collar de perlas que daba dos vueltas a su cuello y un hermoso tocado que cubría su cabellera – Estoy contenta que hayas vuelto a ser tu querida – dijo Annie – Saldremos con Archi a cenar, vendrán Karen y Albeth ¿te sumas? – que más daba, debía alimentase bien, ya que tendrían gran trabajo en las próximas semanas, las crisis en el mundo sacaban lo peor del ser humano, sería un excelente momento para degustar sangre fresca y malvada – Yo escojo el menú – Dijo la rubia pasando la lengua por sus labios.

Para ser exactos la rubia se había dedicado a conocer el mundo, viajaba y aunque no podía ver la luz del día, su vida en muerte estaba bien. El abandono de Terrence, se había llevado su esperanza en el amor y Anthony era una sombra en su pasado - Vamos Candy cambia la cara - Annie se había mantenido cerca de ella, como su eterna enamorada y junto a ella Archi, ahora vivían como jóvenes "Normales" empresarios, que tenían un rentable y popular tugurio en el medio de la ciudad de Chicago en EEUU - ¿Que habrá sido del?... Casi medio siglo... Pensé que de verdad había algo especial, pero el amor no existe - Sonrió de medio lado - El amor si existe Candy... - Dijo el joven Archi, mientras se acomodaba en la cama a mirar a las dos jóvenes que estaban en la ventana - Antes de irse, me exigió que cuidara de ti, no sé qué lo habrá retenido por tanto tiempo - Candy sintió clavar en su corazón una estaca - Si me hubiera amado estaría aquí... Saldré a comer... Se me apetece un castaño de ojos azules - tomó una abrigo de color negro que estaba sobre el sofá y se lanzó por la ventana... Caminó por las calles, la verdad es que no tenía ni un poco de hambre, sólo que las palabras de Elegante la asfixiaban, que más daba visitaría a Alberth, ahora vivía en una casa pequeña en las afueras, tal vez se quedaría por ahí un par de noches junto a Karen, no sería malo sentirse en casa una vez más, pero primero pasaría a buscar un presente.

Durante el siglo XX, habían sucedido dos grandes guerras y yo había presenciado o más bien sobrevivido a una de las catástrofes del siglo, el hundimiento del Lusitania, fue la última vez que vi con vida a Terrence, luego me abandoné a vagar por el mundo, sin rumbo fijo. Aún recuerdo como escapé por gracia del dominio de aquel barco, antes de subir a el llegué a un acuerdo con un par de personas, ellos tenían que llevarme la sesta noche cerca de una isla por donde el barco pasaría, debían sacarme al alba, junto a mis fieles perros guardianes como Annie solía decir. Había sido un gran golpe enterarme que aquel barco se hundió, fue la última vez que mi a mi endemonia amor, paseamos por la cubierta de noche y bebíamos del mismo cuerpo la sangre tibia, para ver como caían los cuerpos por la borda, sabía que aquella noche sería la última vez que lo vería antes de aquello que me convocaba en la isla, pero el escogió su camino y aun no era tiempo que volviéramos a vivir nuestras muertes. Con su partida de este mundo, se llevó con él, el último rastro de mi humanidad, volvía a ser aquella leyenda el indomable y cruel vampiro. Recorrí el mundo buscando aquello que llenara mí existencia, pensado y viendo como este cambiaba, comencé a hacer justicia por mi puño, asesiné a unos cuantos hombres, que comprobados sus crímenes seguían libres, era deliciosa su sangre… Dulce y agraz, no hubo nunca una que se comprara a la de Terrence.

22 de noviembre de 1963

Aquella mañana había muerto un político del país, la verdad es que poco me importaba, hasta que vi el periódico que entre las páginas sociales, se encontraban fotos de la boda de un tipo un duque… Duque de Grandchester, en aquellas fotos se encontraba una silueta… Era él, estaba vivo y aunque se demorara, sabía que cumpliría con su promesa – Es mejor que me encuentres pronto…

18 de diciembre del 2014

En la entrada de un bar vio una silueta que le parecía conocida, la siguió hasta el interior y lo observó sentarse en la barra - Un Martini por favor... Hola te conozco - Le preguntó al joven mientras que se sentaba, el joven respondía con una sonrisa de medio lado - es probable que si... Puede que no nos hayamos visto hace un par de siglos - La rubia abrió los ojos como esferas – Estas cambiado… - el joven la abrazó fuertemente, le robó un beso y fue como la primera vez con deseo... Desesperación y ¿amor? - Acabo de llegar a la ciudad... No iba a ser capaz de vivir mi muerte plenamente mientras que Anthony rondara - La oji-verde levantó la cabeza para observar sus ojos - El... - el hombre negó - ya no es un impedimento - y ella vio una sonrisa ladeada como la de antaño - Vamos... - La tomó de la mano - la luna nos espera Querida.

Lo más probable es que haya, un segundo epilogo… La verdad es que mi pareja favorita de Candy Candy, a parte de este par de, es Patty y Stear… Así que tendrá un extra.

Gracias por leer.

By Anngel