Ever After:
CIVIL WAR CAPÍTULO 3
La procesión de los Rebel avanzó decididamente a través de los jardines del castillo dispuestos a ir a través del bosque encantado. Normalmente el muro de espinas de Grimm se alzaba durante la noche para mantener seguros a los estudiantes mientras los caballeros de la escuela (en realidad armaduras vivientes) recorrían el lugar. Sin embargo esta vez Grimm usó el conjuro a modo de emergencia para cortar el escape de los Rebel y hacerlos pagar las consecuencias de sus actos.
—¡Rápido! ¡El Bosque Encantado es nuestra única esperanza! — Gritó Raven acelerando el paso, recordando el viaje que hizo en compañía de Apple. — Saldremos de los dominios de Grimm si lo logramos.
Hunter se volvió.
—¡Los Caballeros nos están alcanzando! — Gritó Hunter mirando hacia atrás.
Maddie rápidamente sacó su bastón y lo giró rápidamente dispuesta a derribar una armadura o dos en el camino; pero ellos blandieron sus espadas.
—No hay modo de ganarles más que salir de los límites de la esculea — murmuró Cerise entrando a su estado lobuno y acelerando. Era increíble, mucho más veloz que un lobo en condiciones normales.
Sin embargo el muro de espinas comenzaba a crecer cortando su huida. Raven probó atacar el muro lanzando un par de hechizos de destrucción destrozando unos ramales pero necesitaría algo más poderoso. Los caballeros los alcanzaban mientras que los Rebel llegaron a un punto muerto.
—Puedo intentar derribarlos con mi arco pero sólo tengo flechas de cupido, no tengo nada que pueda derribar estas cosas — dijo Cupid asustada.
Kittie miró a Carolloo, su oruga mascota que andaba en su hombro. La oruga hizo un saludo militar y desapareció entre el bolso de Kitty, sacando de ésta unas cuantas flechas convencionales, las cuales la gata le dio a Cupid.
—Son las únicas que tengo, no las desperdicies.
Cupid sólo las tomó, sabía de sobra que no había que buscar lógica en las cosas de los Maravillanos, así que disparó contra los tres que venían más cerca. Los logró derribar, y lanzó otra carga, pero no duraría mucho; sólo tenía para cuatro tandas y los caballeros eran demasiados.
—Por eso el director no se molestó en detenernos, porque sabíamos que caeríamos aquí — dijo Hunter cuando vio que el muro ya era lo suficientemente alto como para poder correr hacia ningún otro lado.
Raven miró hacia la torre del castillo. Efectivamente, Grimm los miraba con su sonrisa de satisfacción. Estaba perdiendo su serenidad cuando Maddie le apretó la mano. Le guiñó un ojo a su lirón Earl Gray, quien saltó alegremente entre las grandes espinas ayudado por su pequeñez. El pequeño le hizo señas a Pesky, la ardilla de Hunter, y ambos corrieron.
—¿Qué demonios? — Preguntó Grimm desde su observatorio.
Entonces una gigantesca sombra se posó sobre la escena. Miraron hacia arriba, en donde un gran dragón morado y negro rugió furiosamente mientras que las armaduras de Grimm retrocedían por la sorpresa.
—¡Nuncamás! — Gritó Raven al reconocer a su mascota.
La dragona rugió y todos notaron a pesar de la gran altura que los dos pequeños amigos de Hunter y Maddie estaban sobre su cabeza. Antes que los guardias reaccionaran, Nuncamás envió una poderosa llamarada hacia las espinas, reduciéndolas a cenizas. No había que perder el tiempo. Usando la ventaja que les dio Nuncamás, los Rebel salieron de los límites de la escuela. Desgraciadamente las armaduras los siguieron y estaban pisándoles los talones.
Un aullido en el horizonte volvió a sorprender a ambos grupos. Una cachorrita de lobo se mantenía al frente de una gran manada de enormes lobos quienes aullaron invitando al desafío y mostrando sus dientes. Cerise sonrió al reconocer a su pequeña Carmine al frente de aquella tropa que se lanzó ante las sorprendidas armaduras.
—Rápido, ¡a los límites del bosque encantado! — Comandó Raven. — El hechizo de Grimm no llegará hasta ahí.
Aceleraron el paso, mientras que las armaduras intentaban furiosamente de quitarse de encima a la manada. Pero cuando el último Rebel cruzó a salvo, Carmine dio otro comando y se alejó entre la espesura del bosque. La mayor parte de las armaduras se dispersaron al ver que habían llegado al límite, pero algunas siguieron a los lobos; y al tocar los límites del bosque, se desplomaron convirtiéndose de temibles guardianes de las puertas a simples armaduras. Armaduras que terminarían por oxidarse en el olvido. Raven miró lo que ocurría y sin saber muy bien por qué lo hacía, arrastró una armadura hacia ella ayudada de su magia.
—Vaya Raven — dijo sorprendida Cerise. — Creía que tus poderes no funcionaban del todo bien pero…
—No puedes mezclar magia negra con buenas intenciones, — dijo Raven metiendo la armadura en su maleta encantada. — Pero no tengo buenas intenciones, sólo quiero hacer pagar a Grimm. El tipo maldito no ha dejado de fastidiarme, queriendo obligarme a firmar y no poder elegir mi propia vida. Él y su libro… él y su grupo de fastidiosos Royals. Si supieran qué se siente no tener en tu futuro un final feliz no serían tan antipáticos. Ellos no sabrían qué hacer si su librito fuera hecho pedazos. Sí, eso es lo que debo hacer; enseñarles qué se siente que no hay nada absoluto y…
—Raven, no te enojes por favor — pidió Maddie posando su mano sobre el hombro de ella. — Estás molesta y lo entiendo, yo también estoy molesta; pero ya ganamos. Escapamos de ese horrible lugar, tendremos todos un final feliz en nuestro futuro y el director Grimm no puede hacer nada para evitarlo. No busques venganza, no vale la pena.
Raven miró sorprendida a su novia, pero luego asintió con una ligera sonrisa.
—Es verdad. Es verdad Maddie, yo…
Nuncamás se volvió pequeñita, pequeñita como un perro grande y lamió el rostro de su ama afectuosamente, como dando a entender que también quería que se calmara. Cerise también le dio un amistoso golpecito en el hombro.
—Tranquila Raven. Todo saldrá bien. Sólo debemos pensar qué hacer y listo. Las posibilidades son infinitas.
Cupid le guiñó un ojo.
—Así es. Recomiendo que todos vayamos a casa y pensemos un poco qué hacer a partir de ahora. Por mi parte creo que le explicaré la situación a mi papá y volveré a Monster High. Chicos, nos vemos luego.
—Tiene razón — dijo Cerise. — Volveré a casa, hablaré con mamá y ya veré que haré. Papá seguramente ya la habrá informado por EspejoNet.
Hunter se rio.
—Bueno, a mi viejo no le hará gracia que haya decidido darle la espalda a su legado pero es mi vida y no la de él. ¡Yo amo la naturaleza, no quiero ser un cazador!
Todos le dieron la razón, después de todo eso eran ellos, los Rebel. Pero entonces Hunter se puso algo melancólico.
—Sólo lamento el no poder estar junto a Ashlynn. Espero que se encuentre bien y que cuando haya pasado el tiempo y olvidado todo este asunto, podamos estar juntos.
—Seguro ella te esperará — le aseguró Cupid. — Pero ahora lo mejor será movernos, no quiero quedarme a averiguar qué más nos traerá Grimm.
Le hicieron caso, dejando solas a Raven y a Maddie. Maddie le tomó la mano y la haló alegre y despreocupadamente.
—Ven, vamos al pueblo. La mercería de mi familia queda ahí y quiero presentarte a mis padres. ¡No tenemos tiempo que perder!
Raven rio.
—Pero Maddie, ya conozco a tus padres. Incluso tu padre me dio asilo cuando nos quedamos afuera de la escuela una vez, ¿recuerdas?
Maddie se encogió de hombros con la mejor de su sonrisa.
—Sí, pero al principio te presenté como mi mejor amiga. Ahora eres mi novia y quiero que te conozcan como tal.
Raven se dejó guiar por su alegre compañera. Estaba de buen humor ahora que ya se había escapado. Sus compañeros Rebel tenían razón: era una tontería el seguir amargada por lo que había ocurrido y que buscara venganza. Ahora lo que le importaba era que tenía un brillante futuro por delante, un futuro en compañía de Maddie.
Además no se sentía nerviosa ante la reacción de los padres de Maddie; pues desde que era amiga de su hija, se dio cuenta que eran personas muy libres. Para ellos la vida consistía en saber sonreír cuando fuera necesario y tener siempre a la mano una buena taza de té. Y no le guardaban rencor a ella por lo que hizo su madre en su país. "Tú eres tú y tu madre es tu madre" le dijeron el primer día cuando Maddie la presentó como su mejor amiga. No tenía nada que temer.
O tal vez ese no fuera el caso. Cuando llegaron a la Mercería de las Maravillas y casa de té, se encontraron con el sombrero discutiendo airadamente con unos guardias de ls protectores especiales de Grimm, no armaduras vivientes; soldados verdaderos. Temibles soldados verdaderos quienes le mostraban al sombrerero la foto de su hija y de Raven en un cartel de "SE BUSCAN POR ALTERAR LA PAZ DE NUESTRO AMADO REINO"
—Señores, esto es una grave equivocación, mi hija jamás agrediría a nadie sólo porque sí. No señor, es muy raro que se enfurezca y si lo hiciera, es porque quien fuera que la molestó realmente se merecía ser tratado así. Así que les exijo que retiren sus cargos y…
—¿Y si le dijéramos que su hija Madeline Hatter está también acusada de rebelarse contra el gran Milton Grimm al rehusarse a firmar el Libro del Destino y unirse a un grupo de rebeldes que rechaza sus destinos?
—Señores, a mi hija le gusta su destino, me ha dicho innumerables veces que le emociona el heredar la Mercería. Pero si quisiera hacer algo más, no me molestaría tampoco. Ella es libre de elegir siempre y cuando no haga daño a otros.
—Al apoyar a Raven Queen está dañando a nuestra futura Reina Apple White, al interferir con su destino y el de otros estudiantes modelo que realmente desean mostrarle al mundo que son dignos hijos de sus padres.
—Insisto que Maddie es libre de elegir su camino — seguía defendiéndose el Sombrerero. — Y si eso incluye apoyar la causa de Raven, no me importa. He conocido a la chica, es muy dulce de carácter y me apena pensar que una chica tan buena se convertirá en el futuro horror de los horrores. De hecho, es un alivio que hiciera lo que hizo; no por el Mundo Mágico sino por ella.
Los guardias intercambiaron una mirada, dudando de decir la última acusación contra Maddie, pero el deber era el deber.
—Señor Hatter, la última acusación contra su hija es igualmente grave: deshonró a su destino y a Ever After Hight al comenzar una relación gay entre ella y la criminal Raven Queen. Incluso se pusieron a presumir de su anormalidad delante de todos, comenzando el conflicto que terminò en la hospitalización de Apple White y Daring Charming.
De todo lo que le dijeron, eso fue lo único que el Sombrero no estaba preparado para escuchar. ¿Su única hija era lesbiana? ¿Y su pareja era su mejor amiga? No entendía, simplemente no entendía. Comenzó a revisar sus recuerdos en busca de un indicador, de algo que le mostrara las inclinaciones de Maddie. Y entonces todo fue tan claro: cuánto hablaba de Raven, cómo sus ojos se iluminaban cuando hablaba de ella y cuando estaba con ella; de cómo reía mucho más (cosa que parecía imposible para un Maravillano y no se diga n Hatter) desde que eran amigas.
Simplemente porque estaba enamorada. Enamorada de su mejor amiga.
Muy serio, el Sombrerero miró a los guardias:
—Señores, les puedo asegurar que mi hija no se encuentra en casa, pero déjenme decirles que si estuviera, no la entregaría tampoco. Mi hija es libre de decidir su camino, y si ese camino es junto a Raven Queen no me interesa siempre y cuando ella haga feliz a Maddie; y lo hace. Al menos no me tengo que preocupar que un muchachón le robe su pureza a mi dulce Maddie.
Desde su escondite Maddie no pudo sino sentir un gran afecto por su padre. Cuando pudieran salir, le daría un gran abrazo y un beso como agradecimiento. Y Raven no sabía qué decir, sabía que el Sombrerero y su familia huyeron del País de las Maravillas porque su madre lo conquistó pero de todos modos él la defendía a ella y su relación con Maddie.
Entonces vieron que varios soldados salieron de la casa del Sombrerero.
—Despejado, señor.
El líder miró al Sombrerero.
—Muy bien, nos vamos. Pero tenga cuidado con lo que dice en un futuro y agradezca que el gran Milton Grimm está demasiado concentrado en atrapar a Raven Queen y a sus conspiradores, o de lo contrario usted tendría muchos problemas. ¡Buenas tardes!
Y dicho esto, el grupo de guardias se alejó.
—Perfecto — murmuró Raven. — ¿Y ahora qué?
Maddie soltó una risita boba y señaló hacia un charco.
—¿Olvidas que mi casa siempre está llena de Maravillas y Locura? Este es uno de los pasajes secretos que llevan a su interior. A mis padres les encanta el juego de las escondidas extremas.
Entonces se zambulló. Raven se rio y la siguió.
…
Dentro de la casa, el Sombrerero y su mujer la duquesa se mostraban bastante preocupados.
—¿Y bien? ¿Crees que estarán bien? — Preguntó la duquesa mordiéndose las uñas. — Si algo malo llega a pasarles.
El Sombrerero la tranquilizó.
—No importa, aquí estaremos para ellas si nos necesitan. Maddie es fuerte, sabrá qué hacer; además no olvidemos que Raven está con ella. Son una combinación ganadora — aseguró el Sombrerero con una gran sonrisa mientras sacaba de la nada una tetera. — Ahora, ¿sabes de casualidad por qué un cuervo es igual a un escritorio?
La duquesa iba a responder cuando el grifo comenzó a abrirse y de él emergieron las dos chicas. Raven estaba sorprendida, vaya que aquel fue un viaje intenso.
—¡Maddie! ¡Gracias al cielo! — Dijo la duquesa corriendo a abrazar a su hija.
Maddie le devolvió el abrazo con cariño.
—Ya, ya mamá. Estoy bien, no te preocupes.
—Te dije que no teníamos de qué preocuparnos — dijo el Sombrerero uniéndose al abrazo. — Nuestra pequeña es tan fuerte como un sombrero recién hecho. Nada le pasará.
Raven miró la tierna escena familiar sin atreverse a decir nada para interrumpir, pero el Sombrerero le tendió la mano amigablemente.
—¿Y qué esperas, Raven? Somos como familia… y por lo que hemos oído ahora lo seremos de verdad.
Raven sonrió y se unió. Así se quedaron un tiempo pero al final se decidió que era hora del té (era hora del almuerzo en realidad pero en esa casa a todas las comidas se le llamaba la hora del té) y que aprovecharan para contar lo ocurrido. Maddie admitió que Apple la sacó de sus casillas y que realmente la golpeó brutalmente, y todo lo que ocurrió al final. Todo era inquietante.
Al final el Sombrerero se encogió de hombros como si nada.
—Bueno, ya qué. Todo lo que tienen que hacer es lo mismo que el humilde sonriente: evaporarse hasta que los JubJub, Vandersnatchs y Jabberwockys que existen se calmen. ¿Por qué no van a casa de Raven? Con todo lo que sucedió en el pasado, los guardias no se atreverán a buscarlos ahí; y si lo hacen, tengo entendido que Raven ya ha heredado el comando de las fuerzas de la maldad. Ellos los protegerán.
Raven torció el gesto, era verdad. A pesar de todo lo que ocurrió, todos los seres de pesadilla, gnomos malignos, goblins y demás la veneraban todavía como su ama y señora; a pesar que les había ordenado dejarla tranquila. Pero…
—No quisiera tener que volver pero…
—Hasta que se calmen las aguas — le aseguró el Sombrerero. — Además será una gran oportunidad para que tu padre conozca a Maddie.
Las chicas se miraron un tiempo y luego asintieron.
—Creo que lo más prudente será ir en la espalda de Nuncamás — dijo Raven pensando en su dragona. — Le mostré el camino durante estas vacaciones, seguramente no le importará llevarnos.
—¡Será como viajar en Sombrero después de tomar Uppenkucher! — Gritó alegremente Maddie. — ¿Qué estamos esperando?
Raven de casualidad miró por la ventana, descubriendo un regimiento dirigiéndose hacia ellas.
—A nada, larguémonos de aquí — dijo asustada la joven al ver las fuerzas de Grimm aproximarse.
No eran torpes, sabían que era cuestión de tiempo a que las fugitivas se acercaran a la Mercería y tenían órdenes de hacer revisiones periódicas.
Fiel a su costumbre de las Maravillas, el Sombrerero limpió la mesa arrojando todo al suelo y luego se dirigió a una de las puertas en la pared de su hogar.
—¡Rápido! ¡Este es un acceso directo al bosque encantado!
Las chicas no se hicieron rogar, corrieron hacia donde les indicaba el Sombrerero y tras darle las gracias regresaron de donde habían partido. Se mostraban muy preocupadas, pero igualmente estaban bien.
Fue cuando algo tibio en su pantorrilla llamó la atención de Raven. Bajó la mirada, igual que siempre Nuncamás se había acercado al sentir la presencia de su ama. Y por lo visto mostraba preocupación por ella. Raven miró a su querido animalito.
—Nuncamás, hoy ya nos has hecho demasiados favores pero necesitamos que nos lleves a casa, ¿crees que puedas?
La dragona asintió enérgicamente y se cubrió de un brillo púrpura y negro que indicaba que estaba a punto de crecer pero Raven la paró con un gesto.
—Aquí no amiga, sino más profundo en el bosque. Tenemos que asegurarnos que nadie nos siga.
La dragona asintió y corrió hacia los matorrales, seguida por las chicas. Un ruido metálico atrajo la atención de ambas: un grupo de armaduras vivientes corría hacia ellas, por lo visto Grimm había ampliado el poder de sus guardias.
No había tiempo que perder, Raven trató de congelarlos con su magia pero no pudo. Necesitaba cargarse de malas intenciones para usar sus hechizos y ella sólo pensaba en salvarse a ella y a Maddie. Pensamientos buenos, su magia fallaba.
Maddie, comprendiendo la situación, sacó un bastón de su sombrero e igualmente en posición de defensa, atacó al armadura que respondió con una espada. Se mantuvieron luchando por un tiempo cuando finalmente una poderosa sombra tacleó a la armadura.
Se volvieron, el profesor Lobomalo había aparecido.
Raven retrocedió asustada pero el buen maestro la calmó.
—Calma, vengo a ayudar…
No se movieron, sólo permanecieron alertas. En su situación, toda precaución era poca.
—¿Se han convencido, no? Milton Grimm no las dejará hacer lo que quieren. Todo este tiempo ha estado actuando en las sombras pero está cansado, el que ustedes comenzaran a salir fue la gota que colmó su paciencia.
Raven torció el gesto.
—¿Entonces qué podemos hacer, profesor? Todo lo que pedimos es estar juntas, no queremos molestarlo. Él…
—Tú misma lo dijiste, Raven Queen — dijo Lobomalo mirando hacia atrás alerta a que aparecieran más armaduras. — Está obsesionado con el poder, quiere que todos hagamos su voluntad sin importar qué. Por eso le enseñé a Cerise a ocultar quién era, porque temía que su ira se volcara contra ella. En su retorcida forma de ver las cosas, ella jamás debió de existir.
La tristeza y la sinceridad de Lobomalo dejaron a las chicas sin palabras, pero luego se puso serio.
—Raven, igual que todo el profesorado temía por ti. Eres igual a ella en todos los sentidos.
—No, yo no soy malvada. Nada de lo que hagan me hará decidirme a…
—No entiendes — dijo Lobomalo. — Exactamente como tú, Darcy temía a su destino pero a diferencia tuya no tuvo el valor de no firmar. Ella comenzó a cambiar el día en que firmó, pues desató el poder del libro. Su verdadero poder.
—Pero el señor Giles dice que el libro no tiene un poder real — dijo Maddie.
—Claro que lo tiene, al firmarlo ata tu voluntad y te asegura que seas parte de este círculo sin fin en donde no tienes más opción que hacer lo que Milton te ordene — dijo el lobo. — Algunos podemos resistir el impulso y hacer nuestra voluntad en pequeñas cosas… como casarme con mi esposa y tener una linda familia; o ayudarlas a ustedes. Pero mientras más luches, más se nublará tu mente al momento de firmar.
Las dos chicas se quedaron de piedra. Todo esto sonaba horrible, ¿entonces el gran gobernante era en verdad un tirano? Y lo peor, nadie lo sabía; para todo el Mundo Mágico él sólo protegía a su gente, no los ataba.
—Si en verdad quieren estar juntas, tener su final feliz… deben huir. Huir de aquí hasta donde el Libro del Destino no tiene ningún poder.
Se escucharon más pasos metálicos.
—¿Qué esperan? ¡Váyanse ya! — Susurró él mientras corría hacia la izquierda y gritaba:
—¡EY! ¡LAS VI POR ACÁ! ¡A MÍ LA GUARDIA!
Las armaduras se dirigieron hacia donde escuchaban al maestro. Entonces las chicas corrieron en dirección opuesta.
—No temas Maddie, obtendremos nuestra libertad. Nuestro final feliz.
—No le temo a nada, simplemente tienes que reírte del miedo; búrlate si es feo. Si ese grandulón cree que te hará algo dile que está muy equivocado; que si algo saldrá de las sombras y te asusta, pues ¡la sola idea hace que sólo quiera, REÍÍÍÍÍÍÍR!
Y entonces corrieron más rápido.
Y bueno, he aquí el final de este cap. No sé, este está más basado en el libro y en serio que la impresión que da el director es esa. No he leído más que el primero, insisto en ello pero bueno; espero que cuando consiga los siguientes no me decepcionen. Por cierto, la última línea de maddie es un tributo a My Little Pony.
Chao; nos leemos!
