Los personajes son de Meyer.

Pretty Baby

Capítulo 3


Siete años antes…

Charlie Swan mira concentradamente la pelota de golf, ruedo los ojos divertido al ver como el parece rezarle a los ángeles para que llegue al hoyo indicado, respiró impaciente, la verdad en que el golf no es mi deporte favorito… es demasiado quieto y aburrido para alguien que ha amado el mar y que a los veintidós años de edad fue con un grupo de amigos para enfrentarse a las grandes olas del mar en Nueva Zelanda. El golf es el deporte de mi padre, entiendo que está hecho para hacer negocios, tener contactos y hacer, lo que yo llamo, la diplomacia de la mentira.

Me miro mis manos, están demasiado pulidas y limpias, ya han quedado atrás mis manos de deportista extremo y de sistemático fumador de hierba. A veces extraño un buen porro, extraño los días en que podía tomar una maleta y largarme donde yo quisiera. Pero, maduré… ahora conduzco un Porsche, vivo en un loft en pleno Beverly Hills y comiendo algo más que frijoles enlatados. Soy un traidor y puedo decir que no me importa… ser un hippie viviendo en un sucio departamento y leyendo a Jack Kerouac no es lo que quiero de mi vida, aprendí que el mundo no es de aquel que vive de sueños de ácido, pensando en que la igualdad es un derecho gratuito, comprendí que el mundo es para los ganadores que entienden como es el juego y ¿qué decir? Me gusta ganar, me gusta el poder y cambiar mi auto cada año. Preferí cambiar de bando que cambiar al mundo… «¡No! ¡eso es políticamente incorrecto!»… Elegí otra manera de cambiar el mundo… «¡ahí si!» Un buen apartamento, un decente seguro médico, auto lujoso y el más grande de los televisores para ver a los Dodger ganar.

Puedo vender el sueño a todos, invertí ocho años en Yale para llegar a ser un gran vendedor de quimeras... soy republicano… soy fundamentalista… defiendo la tradición… y el summun de la mentalidad capitalista. Mi familia está contenta, mi padre me mira desde sus lentes y sabe que al final ha triunfado sobre mis rebeldes gritos de forajido y que mi piel bronceada y cabello aclarado por el sol es una cosa del pasado. Lo único que no le di a mi padre fue mi estadía en el ejército, seguramente una herida de guerra y eso hubiera completado el cuadro completo de lo que él llamaría el legado Cullen.

Me faltaba una esposa y unos hijos, pero era en lo único que no podía darle gusto, si debía sacrificado mi amor al mar y a mi pequeño vicio, no lo haría con mi amor por las mujeres y por practicar mi deporte más extremo: Saltar de cama en cama.

¡Soy bueno! Demasiado bueno… Algún día me casaré, una esposa es fundamental para aquella fotografía perfecta que todos amarán.

— ¡Oye Charlie! —el hombre se adelanta con su cady que carga los palos de golf a pleno medio día, yo conduzco el pequeño carro tras ambos— ¡vas a ganarme!

Swan voltea y sonríe pícaro… odio el golf, pero eso no quiere decir que no sé jugarlo, pero hoy me interesa que él crea que puede hacerlo mejor que yo, necesito sus contactos con varios políticos en Washington… perder es mi manera de ganar.

Me bajo del carrito y tomo mi palo número seis, observo la pelota que quieta espera por el golpe, puedo ser preciso, puedo darle con tranquilidad y seguridad pero simplemente me dejo llevar, pienso en mi agenda, en mi visita al hospital de caridad, en la campaña para controlar el uso de cocaína en los malecones de las playas de Malibú… una leve nostalgia me invade, yo era uno de aquellos que tras la adrenalina del surf me daba un buen pase y buscaba una rubia que se dejara llevar hasta Santa Mónica y allí terminaba un buen día… debo pensar en la entrevista que daré mañana para una cadena local, en mi traje, en Tania —y sus bragas de encaje que compra para su novio pone cuernos, pero que al final yo desgarro en mi intento de consolarla cuando descubre que él otra vez la ha engañado— pienso en sus tetas grandes y firmes y en su coño lubricado por su rabia y deseos de venganza… ¡Qué zorra!

Pienso en todo y con el sol sobre mi cara le doy a la pelota y va directamente a otra parte que no es el hoyo nueve. Charlie Swan resuella, yo hago un gesto de hombros levantados fingiendo que me da pena perder.

— Eres un desastre, Edward Cullen —me da la mano con prepotencia, me gusta este hombre, me gusta que ame su dinero, me gusta su hedonismo de ricachón sin culpa, es un hombre que come, bebé y juega a ganar todo el tiempo. Me gusta que sea un inmoral y que no lo oculte… esos son los hombres que construyen el futuro… «¡oh! ¡oh! Otro no»me gusta que sea directo y sin dobleces, que no se oculte tras caretas, esos son los hombres que con verdad, construyen el futuro… «eso es políticamente correcto».

— Soy masoquista, Charlie, además me gusta tu compañía.

El hombre suelta una carcajada, da palmadas sobre mi hombro mientras toma una corona de lujo.

— No mientas, Cullen, yo te conozco muy bien, conozco tu juego, chico —me guiña el ojo y le contesto con un gesto de mueca torcida diciéndole que no me importa lo que piensa mientras hable de mi con sus amigos, los inversores.

— Mi familia está en el restaurante Edward, mi esposa, mi hija y una amiga de ésta, acompáñame a almorzar.

¡Demonios no! podía estar con Swan, pero… ¿con su familia? ¿qué interesante podía tener almorzar con la esposa y la hija? Tenía un trabajo que cumplir: romperle el trasero a Tania y darle su cuota de rencor del día.

— Me encanta la idea, pero tengo un compromiso previo

Swan se acercó, era intimidante, del hombre bonachón que celebró su triunfo en el golf al que yo veía —con ojos de lince y cara de pocos amigos—no quedaba nada.

— Mañana me voy a Nueva York, Cullen, voy a conversar con mis amigos inversores, compartamos el almuerzo familiar… es una buena manera de despedida, debemos tener suerte en el viaje, tu carrera política necesita auspiciadores.

Hijo de puta… mi padre lo odiaría…

— Sera un placer acompañarte, Charlie.

Llegamos hasta el lugar que era descubierto, mi nariz percibió el olor clorado de las piscinas, a pesar que estaba vestido de blanco, el sol pegaba duro… me acomodé el sombrero que cubría mi cabello recién cortado y me puse mis nuevas gafas Cartier y me encaminé hacia el comedor del club.

El ambiente familia acomodaba de Los Ángeles era muy elitista, yo crecí viviendo entre ellos, mi padre se sienta en los grandes sillones del poder representando, como senador, al estado. Mi madre provenía de una antigua familia de origen hispano, vivía obsesionada con su peso, tratando de no engordar tras cada botella de vino. Era el matrimonio perfecto, mi madre lo mira sin ver y mi padre, cuando ella le habla, finge escucharla. Sin hermanos y viviendo en una casona tradicional, mi vida transcurrió internado en un colegio privado, mis amigos eran los compañeros —en ese tiempo, ya era el campeón de las maratones de masturbación—, a los quince, descubrí el surf, y rogué a mi padre que me sacara del internado… y así fue que entretuve mis tardes californianas practicando con mi tabla y pude tener vida de familia, al menos, veinte minutos al día... la escuela y el surf ocupaban mi vida.

Renée, la mujer de Swan, una mujer muy rubia y alta, de voz tranquila y pausada, se escondía en el silencio para no evidenciar que nunca pasó por una universidad. Eso era cuando estaba sobria —lo comprobé en un cena en que estuvo sentada a mi lado— pero, ahora me abrazó con fuerza y percibí su olor a alcohol… me sorprendió con el agarre que duró más de lo que yo deseaba y que finalizó, restregando su cuerpo contra el mío… ¡simplemente, repugnante!

— Eres demasiado hermoso, Cullen—ella me señaló con uno de sus dedos de uñas largas pintadas de rojo— ¡demasiado! con esa cara serás el mejor presidente de Estados Unidos.

Me quito el sombrero, hago una mueca como sonrisa, Charlie golpea su vientre, se hace el desentendido con el coqueteo de su esposa, sirvió vino blanco helado y me invitó a que me sentara. Con la copa en la mano me instalé a la mesa que estaba al aire libre, miraba a la gente pasar por mi lado e intentaba tener una conversación de política con Swan quien, al juzgar como bebía, pronto estaría como su mujer.

— Tienes que conocer a mi niñita, Cullen, mi chica es especial, la mejor estudiante del Colegio de Señoritas de la Inmaculada Concepción.

¡Dios! odiaba la palabra colegio de señoritas y odiaba que con ella viniera unido tácitamente colegio católico. Son la una de la tarde y quiero largarme ya, Charlie se tambalea en su silla y se levanta y grita por una ventana.

— ¡Isabella! ¡Bella! —insiste con fuerza— ¡Allí está!

Volteó mi cabeza con indiferencia hacia la piscina.

Veo una niña que sonríe con gracia —mi corazón salta—, veo una niña blanca y lirio que sacude su cabello largo, húmedo y oscuro de un lado a otro —contengo la respiración—, veo a una niña con unos pequeños bikinis repletos de pepitas amarillas —la vena de mi frente, salta— una diosa rapaza que se lleva su mano a la parte trasera de su tanga y se la acomoda lascivamente en sus nalgas…

La veo a ella…

Y todo mi mundo se viene abajo… controlo mi respiración cuando ella corre hacia su padre haciendo que sus senos pequeños revoten frente a mis pupilas.

Y todo es vértigo y delirio. El mundo es un caleidoscopio de luces furiosas. Todo se mueve en torno a ella y su influjo me arrastra… estoy hipnotizado, oculto tras mis gafas, no puedo dejar de ver su ombligo y sus brotecitos mamarios que me llaman.

Mi boca se seca...

Mi corazón late como loco.

Mi razón se paraliza.

Y lo que me rodea deja de existir cuando ella se para delante de mí y dice, inocente.

— Hola.


Editado por XBronte.

Gracias nenas por sus comentarios y lecturas, vamos hacia este Edward y su tragedia, esta historia es más amor que se esconde y se reprime que algo sexual, lo erótico vendrá en el deseo de tocar….y no poder. Muajajajaja….