Los personajes le pertenecen a Meyer.
PRETTY BABY
Capítulo 4
Me quito las gafas rápidamente, mi maldito corazón se sale del pecho, el sol cae sobre mi cara y me obliga a fruncir mi ceño, entrecierro los ojos y la veo frente a mí… una niña de piel caramelo.
Dejo de respirar.
Mi piel arde.
El sol no quema como este deseo imprevisto que hormiguea por mi piel.
— Hola —digo entre dientes.
Ella alarga su brazo derecho en señal de saludo, otra chica —una más pequeña— salta tras de ella. la ignoro, no la veo, mis ojos solo abarcan a Isabella Swan que espera, entre ansiosa y divertida, que yo le conteste el gesto.
Tengo miedo.
Temo arrodillarme y comenzar a besar sus pies y seguir y seguir… eternamente.
— Él es Mr. Cullen, bebé —su padre interrumpe mis desgarradoras cavilaciones de deseo, su padre y su bigote que se toma con la mano, toca el hombro de su hija y quiero agarrar un cuchillo y cortar su mano ¿cómo un sucio cerdo fue capaz de engendrar a un colibrí?
Ella hace un puchero, sus ojos marrones me investigan descaradamente, levanta su rostro hacia su padre y aletea sus pestañas con infantil inocencia.
— No le caigo bien, papi… no quiere saludarme.
Oh no.
¡No! ¡No! ¿Cómo decirle que no puedo respirar?
¿Cómo decirle que si tomo uno de sus deditos solo querré morderla?
Respiro y cada bocanada de aire me quema, carraspeo con dureza y tiendo mi mano hacia el pequeño pajarito multicolor de bikinis de pepitas amarillas… tarareo la estúpida canción en mi cabeza y puedo hasta sentir el pueril deseo de cantarle esa idiotez al oído.
— Mi nombre es Edward —aprieto su mano que no quiero soltar, ella sacude mi brazo de forma divertida… y mi mano lucha por atenazar sus dedos, parece que a ella no le importa.
Chispas y electrochoques arden en cada una de mis células y quiero llorar ante el hecho irremediable que tendré que soltarla.
Lo hago.
Su padre sonríe bonachonamente… quiero de nuevo atrapar su mano y hacer que ella se funda con mi piel.
Siento nostalgia de un toque.
Mareado ante la ausencia.
Salta alegremente, se coloca un mechón de su cabello tras su oreja.
— Eso suena súper serio.
¡Dios!
Treinta y ocho años y estoy peor que un perro baboso, muero por beber con mi lengua la pequeña gotita de sudor que corre por el valle de sus senos.
— Él es un gran político, nena, llegará al senado.
Se impresiona con lo que dice el padre, abre los ojos desmesuradamente y de ellos salen destellos rojizos… es un demonio, el diablo, el veneno… es la sensación de ser llevado a la velocidad de la luz a un espacio de vértigo y peligro.
— ¡Cool! —voltea a ver a su amiga, creo que ha dicho Alice o algo así, no me importa ¡nada! todo lo demás desaparece.
Estoy frente a esta adolescente, una lolita con ojos de fuego y viene a mí la memoria de mi primera vez fumando hierba… colores diferentes, retumbes de todo… sonido de gotas en la piscina, el chamuscar del sol sobre el pavimento, el rumor del prado cuando las personas zigzaguean caminando.
Estoy drogado y excitado.
La cosilla de pelo negro y muy largo, con braques — ¿su mejor amiga?— salta como si no pudiera cansarse jamás y en cada salto grita su nombre… ¡Bella! ¡Bella!
Bella….
Bella..
Bella…
Hasta su nombre se enreda en mis pensamientos ¿respiro? Quiero tocarme el pecho para saber si aún existo… su presencia es un golpe demoledor que me hace consiente de cada una de mis terminaciones nerviosa, del recorrido de mi sangre… ¡hasta mis huesos!
Algo se dicen ambas a los ojos, de pronto las dos gritan como si hubiesen visto algo maravilloso, me calzo de nuevo mis lentes, quiero mirarla… mirarla a ella sin temer a que mis ojos delaten que la devoro.
— ¡Siii! —la niña voltea hacia su padre que ordena con su mano que sirvan la comida— ¡sería perfecto! ¡perfecto!
Bella da un pasito hacia mí, atrasa sus hombros y saca el pecho… mi polla está dura y latiendo… respiro profundo y dejo que pasen los seis segundo… ¿quieres que todos te vean? Vendrán a ti como una bandada de cuervos ¿desde cuando eres un pervertido? ¡sí, un pervertido!...
En este momento me veo, con esta niña azucarada, lamiendo su cuerpo como si en ella estuviesen todas las fuentes de dulzura del mundo.
Me siento depravado.
Me siento sucio.
¡Yo me siento en un éxtasis religioso!
Abre su boca… quiere decirme algo, la punta de su lengua asoma entre sus dientes y sus labios… una imagen no santa se dibuja en mi cabeza ¡pervertido! tomo la copa de vino de la mesa y la bebo de una sola exhalación.
La niña intenta decir algo… ángel… ¡ángel!… muéstrame tu lengua una sola vez más… quiero enredar la mía en ella y beber tu saliva…
— Me da vergüenza —se lleva sus manos a su cara, una leve carcajada sale de ella y es una campana que, aunque suena leve, alborota mi sentidos.
— Bella —la chica amiga de ella camina en la punta de los pies, miro hacia abajo y veo las uñitas de Isabella que están maquilladas de varios colores— ¡no seas tonta! ¡es nuestra oportunidad!
— ¡Dile tú!—el diablo de bellos ojos solferinos empuja a su amiga hacia mí, es un polilla fea, de pecas por todas partes y ojos azules profundos… me fastidia, me choca… ella impide que siga en mi momento de enajenación.
— Mr. Cullen… yo… este… nosotras…
Pero la madre de Isabella las llama con voz ebria, Isabella bufa y sale corriendo hacia su madre, Alice la sigue con los hombros caídos, discuten y me muero por saber por qué, quiero estar allí y escuchar su parloteo de adolescente, daría mi sangre tan solo por poner mi mano en el hombro de Isabella Swan y mirar embelesado el lunar coqueto que ¡Dios! ¡sálvame! Está en el borde mismo entre su espalda y su delicioso culo.
Toma Pepsi…
Mucha gaseosa…
Come desaforadamente una tonelada de papas a la francesa, a la vez mastica chicle y mira impaciente la piscina.
Ella se mueve…
Yo respiro alfileres.
Ella habla…
Y yo, Edward Cullen, soy torturado por cuchillos…
Ella vive….
Y yo entiendo que veintitrés años me separan de tocarla.
Son las dos de la tarde, tengo miles de cosas por hacer, el sol se ha adentrado en mi piel y. la pira en que me convirtió Isabella Swan… arde… arde…
No quiero irme.
Quiero quedarme y escucharla.
Quiero mirarla jugar con las burbujas de la piscina.
Quiero ser el puto flotador donde ella posa sus nalgas y la sostiene en el agua.
Quiero ser su amiga que la escucha, su padre que la abraza, su madre que juega con su cabello, su amigo que va con ella a clase.
He enloquecido en una hora.
He vuelto a mi edad de joven ardiente que no tiene hora ni tiempo cuando deseaba a una chica.
Soy este hombre aterrado porque en un microsegundo mi universo ha explotado y vago por el espacio sideral sin razón y sin lógica.
Tengo treinta y ocho años y parece que he vivido dormido entre toneladas de hielo y ahora desde el centro de la tierra un volcán me ha levantado hasta llevarme a la superficie.
Hoy he visto el sol por primera vez en mi vida, mis años anteriores a este no son nada… nada valen, no he vivido.
El viejo Swan con aliento de whisky susurra en mi oído.
— ¿No es una cosita dulce mi hija, Cullen? Yo mataría por ella.
Quiero vomitar lo que he comido, aprieto mis dedos a los codos de la mesa y rastrillo mis uñas en el material.
— Creo que debo irme, Charlie.
El viejo me mira desde sus ojos ebrios, su bigote porno y pasado de moda me enferma.
— ¿Te ha gustado mi familia?
Me levanto y meto mis manos en los bolsillos, me duelen los músculos por la tensión, por el deseo de voltear hacia donde ella nada y dejar que todos vean como de mi boca sale saliva de animal en celo.
— Es una hermosa familia, Charlie.
Camino hasta Renée que se desparrama en la silla de sol, es una mujer que sigue los designios de todas: es un lagarto de piscina, está medio dormida y ronca levemente.
— Señora Swan —digo con voz ronca y gruesa, ella salta y una línea de baba se desliza por las comisuras de su boca, está abochornada e intenta componer su salida de baño que deja ver sus senos operados —como siempre, es un placer.
Beso su mejilla, ella emite una risita.
— La próxima semana habrá una cena en mi casa, está cordialmente invitado.
Antes diría que primero muerto, ahora solo quiero que los días pasen y entrar en el territorio de mi precioso y delicado veneno.
— Allí estaré.
Me despido y Charlie me dice que mañana hablará con su gente sobre mí.
Salgo corriendo.
La salida más rápida es el camino contrario que lleva a la piscina, pero no me importa, pasos largos hacia el charco de agua donde cientos de chicos disfrutan.
Alice se zambulle en el agua, Bella intenta hundirla, juegos de niños en una piscina.
La niña voltea hacia mí, no sé qué ha visto pero levanta su ceja y Alice le da un fuerte codazo, ambas se carcajean.
Alzo mi mano y digo adiós, y salgo corriendo de ese lugar.
Fuera de la vista de todos, mi rostro sé que cambia, tiro mis gafas lejos, no me importa, me llevo mis manos a los bolsillos y saco las llaves.
Mi auto resuena con un rugido seco, y las llantas chirrean en el asfalto.
Tomo la carretera hacia Santa Mónica, mi porche descapotable está a 150 kilómetros por hora…
Tengo la idea de estrellarme contra algo…
Tengo la imagen de un lunar oscuro…
La gotita de sudor deslizándose en su piel me atormenta.
Sus ojos mirándome divertida….
El olor azúcar que ella emana…
Si….
Rugido de motor…
Sol de California…
Y entiendo:
Me hundo…
Me hundo…
Y caigo… irremediablemente.
Editado por XBronte.
