Los personajes son de Meyer….yo los corrompo.

PRETTY BABY

Capítulo 5


Un remolino de emociones me toma por completo, vuelo hasta mi loft, corro hasta la licorera y no me detengo hasta que un trago de whisky traspasa mi garganta… no arde… no duele… mi cuerpo está poseído por una fuerza y un fuego más poderoso, que va más allá de mi control.

Consumido es la palabra que me describe… no puedo respirar y si lo hago, cada exhalación punza.

Mis ojos están llenos de ella… la niña, con gotitas de agua, baila en mis pupilas… y me enciendo, y la imagino frágil y desnuda bajo mi cuerpo.

La palabra degenerado sobrepasa los límites de la moral, sin embargo, el volcán de este deseo que explotó hace unas horas ha hecho mella en mí, no me importa.

Soy un degenerado y estoy más allá de reflexiones morales.

Necesito verla de nuevo.

Soy un degenerado… nunca lo fui pero, con ella ¡me gusta!

Quiero ser él que la toque y la encienda.

Soy un desgraciado depredador de ovejitas… ¡ni siquiera de ovejas!

Quiero comérmela, hasta que de ella no quede nada, quiero sus gritos, sus gemidos, sus suplicas.

Degenerado… ¡sí!

Inmoral… ¡sí!

Quiero dormir entre sus pequeños senos y sentir que puedo dormir arrullado por su respiración como canción de cuna.

Me masturbo y no es suficiente.

Son las cuatro de la tarde y aun, con mi semen corriendo entre mis manos, tengo la imperiosa necesidad de volver al club y sentarme estático frente a la piscina y verla, arrobarme, jadear, ponerme duro y esperar a que ella me sonría para morirme.

Tengo la necesidad de dejarme ir hasta el infinito.

— ¿Tania?

La llamo, ella llega a la media hora y sin mediar un saludo, la tiro contra la cama, desgarro su ropa interior, la pongo boca abajo, la hago húmeda y me meto dentro de ella repleto de Isabella Swan.

Tania grita… y yo lo hago, también.

Las obligo a que chupe mi polla encendida con el recuerdo de unos bikinis y de una boca rosa que se frunce maliciosamente.

Tomo su cabello y la halo con violencia, la obligo a que escuche mis palabras sucias que contienen mi rabia por no ser un adolescente, me odio por no tener diecisiete años, por no llegar a su escuela con mi cabello rebelde y hacerle lo que hacía con las niñas tontas de mi época: joderla, joderla y joderla.

Si estuviera de humor, pensaría que Bella Swan es la venganza de cada una de esas chicas a las que tome en las aulas de clase, en los baños o en las grandes canchas de baloncesto, todas ellas se reirían de mí ahora.

Al final, cuando Tania gime entre el dolor y el placer, la beso, voy a su boca y la muerdo, cierro los ojos y simplemente me imagino besando aquellos labios de bebé pompas de jabón y fresa. Por primera vez, en los meses que esta mujer me permite utilizar su desamor y tristeza, beso con ternura.

Su respuesta es asustadora y es el reflejo de lo que pasa en mi corazón.

Llora.

Y quiero llorar con ella, ambos estamos atravesados por sentimientos que nos hacen ser basura.

Yo, Edward Cullen, dentro de ella, quiere arrancar del mundo la inocencia de una niña.

Ella, quiere simplemente dejar de amar un hombre que no la ama.

Somos, ambos niños mimados y ricos que se enfrentan con lo que no pueden tener.

Nos miramos y nos reconocemos, estamos destinados al fracaso y a llevar hasta el máximo esta decepción. Se despide, no hay palabras, no hay gestos, sabemos que seguiremos en este rozar, en este morder, en este arañar los muros intentando escalar algo que perdimos el mismo día en que nuestras fatalidades se presentaron en nuestros caminos.

La desesperanza.

Prendo la computadora, googleo Charlie Swan+abogado+Beverly Hill y el viejo, con su barriga de millonario del siglo XIX y su bigote adefesio, sonríe en la pantalla. Poco o nada de información… «barracuda favorita de las estrellas de Hollywood», sale el listado de sus clientes y una dirección.

Tomo mi auto, soy ahora un depredador, corro por las grandes carreteras que se extienden ante mí enormes caminos que me llevan al purgatorio. No puedo esperar para llegar. Me estaciono cerca de la mansión, escondido de todo, unos autos ruidosos se estacionan en plena luz… autos de niños adolescentes, sin miedo a nada, con el derecho de la juventud en sus venas.

Los claxon suenas ruidosamente, mi corazón está al borde, mi boca seca me dice que lo que me atormenta saldrá hacia ellos y que yo me quedaré viendo como mi demonio personal saldrá a la luz y comenzará mi tortura.

— ¡Ya vamos, chicos!

Ella sale desde la ventana, su cabello oscuro se confunde con la noche, su voz es inocente… y en una actitud infantil, muestra un braguita en su mano y se carcajea.

Abro mis ojos, intento saciarme, pero su visión me hace más sediento.

Muerdo mis labios, quiero sangrar… me ahogo… algo desconocido irrumpe dentro de mí…

Celos.

Posesión.

Deseo incontrolable que ella sea solo mía.

Este no soy yo… ¿o, si? Una niña en la ventana y he visto mi vida pasar.

Y no siento remordimiento.

Parece que acabo de comprar el tiquete de no regreso.

Treinta y ocho años… esa es mi estación.

Las enormes puertas de la casa Swan se abren y ella sale entre los vítores de los chicos que la esperan. Quiero salir de mi auto, correr hacia ella y decirle que, por un momento de juventud, de besos, de limpiar mi cinismo soy capaz de darle el mundo.

Parece un pajarito de luz, corre de la mano de la polilla de Alice, la luz de la noche parece concentrarse en ella… melena atada, pequeño short y una camiseta blanca.

¡Dios!

¡Niñas malditas que andan por el mundo sin sujetador!

Me pongo duro.

Tres horas de sexo descorazonado no han sido suficientes.

Estoy lleno, repleto de semen y conmovido hacia esta verdad que se me presenta como una luz cegadora.

Voy a amar esa niña.

Y ella romperá mi corazón, ese corazón que siempre creí que no tenía.


Editado por XBronte.