Los personajes son de Meyer.
PRETTY BABY
Capítulo 8
¿Quiere ayudarme?
Yo, Edward Cullen —Rey del Infierno y Sátiro mayor de Dionisio— salivo como perro de Pávlov ante esa pregunta.
Cuento mis propias respiraciones, quiero agarrarme de algo que me de control, de algo que me haga sentir que puedo estar al lado de la madurez y de la razón, pero simplemente no puedo.
Respiro y todo es bruma y calor… respiro y quiero encontrar el ritmo… quiero que el aire que llena de vida mis pulmones sea el que ella desecha en cada exhalación…
Quiero estar cerca y absorberla.
No puedo controlarme, no puedo… mi mente y mis deseos han adelantado el camino y mi razón y mi lógica han perdido el rumbo.
Estoy en la orilla de los locos saludando a la cordura y riéndome de ese hombre que todo lo tenía planeado.
¡Dios! que aburrida y predecible vida he tenido.
¿Y si Isabella ha venido a mi vida respondiendo a un llamado inconsciente que hice al cosmos para que pudiese respirar libertad?
¡Maldición, Cullen! Eres un manipulador de mierda… ella es una bebé ¡nunca dará libertad a tu vida!
Suelto el nudo de mi corbata… ¿Está el aire acondicionado prendido?
Tengo terror que me vea sudando como un caballo. Todo, menos darle a ella la impresión de ser un viejo libidinoso que suda como un idiota.
Tengo miedo de ser patético ante sus ojos.
— Bueno, niña —mi voz sale fuerte, para algo debe servir la experiencia que he tenido con toda las mujeres que he conquistado. Quiero verme seductor… misterioso… experimentado.
Quiero que ella vea lo que todas han visto… un Casanova oscuro. Un animal fascinante. Alguien capaz de enseñarle todo lo que mujer sueña y necesita.
¡Demonios! ¿De qué estoy hablando? ¡nunca antes me interesó una niña!
Me veo enseñándole como hacer una felación, me veo con ella nombrándole todas las partes que hacen que una mujer se encienda… haciendo que sus manitas presionen mi polla…
¡San Quintín me espera!... ¡todo el mundo me odiaría!... y Charlie Swan mandaría a sus amigos mafiosos a degollarme lentamente. Pero, aquí estoy y mi imaginación no tiene miedo… es más, es aventurera y creativa
— ¿Cuál es tu problema?
Alargo mi brazo y lo pongo cuidadosamente en su espalda. Ardo y el monstruo de mi hambre me muestra a esta niña bajo el aspecto de una mano hirviente y sudorosa.
Ella se mueve. Tira su maletín al lado y de un salto, se sienta en el borde de mi escritorio, apoya sus manos a cada lado de su cuerpo y balancea sus hermosas piernas frente a mí.
— ¿Tiene una Pepsi?
Camino en trompicones y le grito a mi secretaria que consiga la puta gaseosa donde sea. Bella se ríe, hace bombas de chicle y toma uno de mis papeles y lee con suma atención, mientras se mueve en una danza sin música, cantando una canción que no se escucha.
— ¡Wow! que interesante esto ¿realmente va a hacer un refugio para gente inmigrante?
Afirmo con mi cabeza, bailo con ella y sigo el trayecto de su chicle que juguetea en su boca.
— ¡Cool! En casa mi papi contrata siempre inmigrantes Mr. Cullen, ya estoy aprendiendo a hablar español.
Me quito mis gafas, levantó mis cejas y entrecierro mis ojos…
Táctica aprendida en mis años de universidad y que me servía para soltar todas las bragas. Y mi apariencia… y mi apellido… y mi gorda billetera… y todo mi discurso sobre el mundo que recorrí eran mi ¡ábrete sésamo! con las mujeres ¿se impresionará Bella Swan con eso?
No puedo hacerlo con ella…
No puedo decirle que conozco el mundo y que en cada lugar que visitaba las mujeres con quien me acostaba me enseñaban su muy nacional modo de follar y que al final siempre era yo el maestro. Todas caían redondas y me adoraban porque sin sacarlas de sus camas, hacía un viaje por el universo.
— ¿En serio? A ver, dime una frase en español.
Muerde un poco de su labio, pone su chicle a un lado y dice respirando profundamente.
—Linda señorita, tiene usted las tetas más lindas de todo el mundo ¿quiere mostrármelas?
Agarro mi corbata como si ella fuese una cuerda para ahorcarme, la pequeña me mira divertida y suelta la carcajada.
— La verdad es que no entiendo nada, pero suena lindo… ¿suena lindo, Mr. Cullen? —su sonrisa no llega a sus ojos y me mira sin parpadear, siento un escalofrío que me recorre por todas partes.
¡Mierda!
¡Soy una mujercita que tiembla! estoy segura que llamaré a Tania y la joderé sin piedad sobre la pared… sí, estoy loco… solo espero que siga peleada con su novio si no, me costará sostener mi virilidad un poco más.
— Suena interesante.
— Estoy segura que sí.
Su celular suena ruidosamente, ella salta hacia su maletín, no lo encuentra por ninguna parte e impaciente tira sus libros, cuadernos y lápices sobre el piso. Cuadernos rosa con dibujos de caricaturas, lápices divertidos con borradores de goma. Toda la niñez allí.
Mi escritorio es sobrio, está lleno de papeles blancos, y grapadoras grises.
Encuentra su teléfono, de rodillas en el piso lo toma con desparpajo y gracia… me mira y me dice con gestos… Es mi papá… shiiss y pasa su dedo índice por la boca rosa.
Y me pierdo en el deseo… tengo celos del dedito y estoy a punto de la pataleta porque soy yo quien quiere estar rozando su regordete labio.
— Si, papi —su voz es infantil mucho más de lo que sonaba hace minutos ante mí— yo no te mentiría jamás, señor abogado —es maliciosa— estoy en casa de Rosalie papi ¿no crees en mí? ¡eres muy malo! muy malo en no creer en tu niña, Charles Swan —así entiendo que ella tiene al tiburón de su padre comiendo en su mano— ¡sí, estoy enojada contigo! ¿no me crees? —hace pucheros suaves mientras me mira— no, hoy no voy a hablar contigo, desconfías de mi… si, si lo sé, odio tus guardaespaldas ¡son feos! además ya puedo manejar ¿para qué me diste entonces un auto sino puedo manejar, Charlie? ¡No! —frunce su boca caprichosa— ¡hoy no te quiero! —ella lo escucha por unos segundos, mi vista no deja de beberla, extiende sus labios en una sonrisa misteriosa, presiento que su padre le está pidiendo disculpas… de rodilla, frente al teléfono— Ok, si de chocolate está bien, extra grande, doble queso y carne —lo tiene— lo estoy pensando papi, hoy no te mereces un beso de tu bebé —ella vuelve a reírse, media hora y su sonrisa no deja su rostro— está bien… si te perdono, pero no lo vuelvas a hacer… te quiero… hasta la tarde papi —ya no es Charlie barracuda— kisses —hace un gesto de beso pequeño y juguetón— muack muack.
Tira su celular a un lado, entre la geografía de lápices y cuadernos multicolores, se levanta del suelo con movimientos sensuales, muy sinuosos.
Cuento los latidos de mi corazón.
Aprieto mis manos en los bolsillos.
— Le mentiste a tu padre, Isabella —quiero sonar maduro, impasible y reprensible.
Sube sus hombros en señal de no me importa.
— Él no lo sabrá Mr. Cullen —y hace el puchero que le vi hace un momento— no se lo diremos —levanta sus cejas repetidas veces— será nuestro secreto.
Secreto.
Nuestro secreto.
De ella y mío.
Y estoy emocionado como un niño con un juguete nuevo.
¡Por Dios, Cullen! ¡estás entrampándote!
Aquí, tú no eres el niño… quizás, el juguete… pero, jamás un niño.
Editado por XBronte.
