Los personajes son de Meyer.
Pretty Baby
Capítulo 9
No soy niño. No soy juguete.
Soy un hombre privilegiado que nació con el futuro hecho.
Hay momentos definitivos en la vida de un hombre —siempre escuché decirlo— pero, yo nunca tuve momentos definitivos, siempre estaba haciendo transiciones que nunca me exigieron mayor esfuerzo, toda mi vida —hasta ahora— fue tan fácil, que jamás tuve que luchar por nada ni por nadie.
Dinero… montones.
Amor… amaba a mis padres: a mi madre a pesar de ser una mujer tradicional y sometida, a mi padre que a pesar de ser una roca dura e intransigente, era mi espejo y lo admiraba.
Mujeres… todas, ninguna en especial, a mi edad podía decir que jamás había amado a una. Yo no había tenido una gran historia de amor. ¿Qué tan triste puede ser eso? Ahora que lo pienso, toda una tragedia.
Viendo a Isabella frente a mí —tomando su Pepsi sin apenas respirar— tuve una epifanía y entendí que mi momento había llegado ¿sería que todos estos años negándome la posibilidad de amar serían cobrados con creces por Isabella Swan?
¡Dios Bendito! ¿Qué se hace cuando se ama a alguien?
Amaba a esa niña… yo lo sabía… no era solo deseo carnal ¡yo nunca había sentido eso! Esa pequeña niña, con su bikini pequeño y su paleta de dulce, en un par de días, se adentró en mi corazón sin siquiera pedir permiso.
¡Maldición! ¿Cómo hago para que el amor por esta niña no me lleve al infierno? ¿y si se asusta de mi amor y se escapa de este infierno?
La amaría y no la tendría… amaría en silencio y tomaré cada cosa que ella me dé sin ahogarla con mi deseo.
Sus palabras infantiles y sus infantiles momentos, su perversidad sin razón, su loco deseo de beberse el mundo —como se bebía su cola— sus latidos, su respiración… amaría su vida lejana a la mía.
Me senté en mi escritorio y permití que ella se bebiera toda su gaseosa, hasta eso me parecía maravilloso. Vivir en una ciudad donde todos le temían a subir de peso, es extenuante, pero viendo a Bella comer caramelos y tomar Pepsi era, simplemente, grandioso.
Esa es la juventud.
La inmortalidad.
Cuando terminó emitió un suspiro de satisfacción, narrar que hizo ese suspiro a mi cuerpo sería una reiteración de mi combustión interna.
— ¿Quieres otra?
— Ah ah —niega con su cabeza y su melena se mueve de un lado a otro dejando una estela de perfume natural.
— ¿Te gusta mucho la Pepsi?
— ¡Me encanta! es mil veces mejor que la Coca-Cola —se pone sus manitos en el pecho— me siento especial, es como si dentro de mi hubiese burbujitas chistosas.
¡Oh! burbujitas.
¿Qué tan tonto estoy que si ella dice burbujitas yo me siento conmovido?
Sonrío y sé que mi sonrisa es agotada y llena de cosas precavidas. No soy un hombre amargado, solo que la diferencia de edad hace que cada uno de mis gestos esté precedido de la extraña amargura de envejecer y, frente a esta sílfide sin alas, me siento amargado y triste.
Voy a alargar el día con ella aquí y me voy a beber cada uno de sus gestos como ella bebió su Pepsi.
Yo también puedo sentir burbujitas.
—Dime, Isabella, finalmente cuál es el favor que deseas.
Sus ojos de mirada oscura con destellos rojos se fijan en mí, frunce su boca y ladea su cabeza.
—Todos dicen que en unos años usted será presidente, Mr. Cullen.
— Es demasiado pronto.
Bella se acomoda en la silla que está frente a mí y de manera coqueta, cruza sus piernas. Toda la locura está en ese simple movimiento, toda mi lujuria enloquecida, todo lo que yo deseo y he deseado en mi vida —y que hoy reconozco— está en ese inocente movimiento.
Sexo entrañable y perfecto, sexo de olor primavera, calor y suavidad bajo las sabanas, pequeños arrullos, gemidos de gatita, Bella… Bella… bellísima Bella, te miro y el deseo de reaprender el mundo contigo me inunda, quiero ser tu maestro.
Bella, flor… contigo volvería ser el niño tímido y tartamudo que no entendía como era penetrar a una mujer… contigo Bella, suave riachuelo, yo sería tan inocente y a la vez tan corrupto y sádico como nunca pensé serlo.
Bella…
Bella…
Bebé de burbujas, lápices de colores y faldita escocesa.
— Pero lo será, es un hecho, mi papi dice que usted puede ser la respuesta a todos los problemas que tenemos los verdaderos americanos —mueve su cabecita de un lado a otro mientras abre un empaque de su nuevo chicle.
Y no sé porque escuchar ese discurso manido de Charlie Swan en la boca de su pequeña me hizo sentir nauseas. El viejo era un corrupto y veía en mi rostro y en mis gestos de político aristocrático, eso que él deseaba. Necesitaba urgentemente lavar su imagen y su pasado de abogado de mafiosos.
¡Infeliz!
— ¿Tú qué crees, Isabella? —mi corbata es mi salvación, tengo mi mandíbula tan tensa que me duele todo mi rostro.
— ¿Yo? —parpadea.
— Si, tú.
Ella baja su cabeza, parece que se mira la punta de sus mocasines y escuchó un tan tan que hace con ellos.
— Eres guapo, Mr. Cullen, todo mundo votará por alguien tan guapo como tú.
¡Dios!
Su confesión no es inocente, levanta su cara y espero ver un rubor virginal, pero no lo tiene, es descarada y provocadora.
— Soy guapo… y viejo.
— Sip, pero guapo, es lo que importa, nadie vota por hombres feos, leí un artículos en el Times de Nueva York que decía que en América todos vivían obsesionados por la belleza física y que si un político poseía eso, el camino a la Casa Blanca sería, fácil, y te ponían como ejemplo.
No sé si asustarme porque ella, a su edad, lee el Times o, porque la afirmación eran tan superficial como real.
— ¿Y estás de acuerdo con eso?
— Yo pienso que un presidente debe ser inteligente.
— ¿Eres inteligente, Isabella Swan?
Ella levanta la ceja y mastica su chicle delicadamente.
— Mmm —mira hacia arriba—soy muy inteligente, sé muchas cosas, muchas —y me mira por lo bajo— coosas—y acentúa la o misteriosamente.
Ella no es inocente.
Vive en un mundo donde la inocencia real se ha perdido.
Mi monstruo se alegra de su picardía, mi razón se conduele por ella.
Bella Swan no es un serafín es una niña viviendo en un mundo perverso, aquí, a las dos de la tarde se enfrenta a esta hiena que soy yo y, sin embargo, sé que no tiene miedo.
Es ella la que me devora… No, me dejo devorar por ella.
— ¿Qué quieres estudiar cuando seas mayor?
Quiero saber todo sobre ella, cada cosa… al menos, puedo tener eso.
Aplaude, se adelanta en su silla, agarra un lápiz, se mueve todo el tiempo, tiene un tornado en su interior.
— Quiero ser doctora, abogada, súper modelo y actriz de cine.
Suelto la carcajada, mi caja torácica me arde pero no puedo evitarlo, cuando yo tenía su edad, quería ser astronauta, corredor de motos, escritor y pianista.
Y heme aquí.
¡Político!
Vuelvo a su rostro y ella me mira de manera seria.
— No estoy bromeando, Mr. Cullen.
La he ofendido, me mira frunciendo su precioso ceño.
— Puedes ser lo que quieras —lo digo con seriedad, me avergüenza saber que mi cinismo la han lastimado— puedes tener lo que quieras.
Existes y ya me tienes a tu merced.
— Eso me dice mi papi —se levanta de la silla, y hace algo que me deja en el precipicio, se levanta su falda— todos dicen que tengo las piernas más lindas del mundo —su cabello cae a un lado, se quita su chaqueta roja y estoy con taquicardia— ¿no crees que tengo bonitas piernas?
Carraspeo con dureza.
Respiro y cuento hasta mil a la velocidad de la luz, mis ojos ven luces fosforescentes y mi sexo duro aprieta en mis pantalones, estoy listo, listo para todo, para amar, para morder, para follar y para morir.
— ¿A qué has venido?
Tengo rabia, rabia contra el puto calendario, rabia por haber nacido en los años sesenta, rabia por los miles de días que de ella me separan.
Ella se sienta… ¡Maldición, su falda!
Ahora es tímida… y más adorable.
Pone su mano sobre la mesa y tamborilea sus dedos con nerviosismo.
— Es que… es que… pertenezco al periódico escolar, mi maestra de ciencias políticas, la señorita Cope lo dirige y puso una tarea súper importante, hacer unos artículos relacionados con los senadores, con las campañas, con todo, quiero hacer el mejor trabajo de todos, quiero ganarme una A + + +, ganarle a la idiota de Jessica y hacer algo impresionante —todo lo dijo sin respirar—cuando lo conocí ayer, Alice y yo pensamos que quizás podría —se muerde su labio con furia—quizás podrías ayudarme, Mr. Cullen —se detiene, su huracán interno no está sosegado, pero me mira detenidamente— yo podría hacer un reportaje sobre ti. No, varios. Sería wow, próximo presidente de los Estados Unidos —me pica un ojo, no sé si lo hace con conciencia de lo que ella me provoca o lo hace con juvenil desenfado.
Pero me tiene.
Me tiene.
— ¿Cuántos días?
— Los que sean necesarios.
Pido piedad al cielo ¿estoy siendo castigado? Si es así no se odiar el karma, el destino o las cosas que trajeron a esta niña a mi vida o dar las gracias por el suplicio que tendré con ella en mi vida.
— Todavía estamos en las primerias pero, cuenta conmigo, Bella.
Firmado y sellado.
Oficialmente envenenado y secuestrado por este ángel demoniaco.
La veo saltar, sus senos se mueven de arriba abajo, hace sonidos de alegría, su cabello largo se despeina un poco y algunos mechones caen sobre su frente.
— ¡Sí!
Corre, quiero escapar, me levanto para salvarme, pero es demasiado tarde.
Ella me abraza con fuerza, me derrito como cera, siento su cuerpo pegado al mío, y me siento enfermo de sucio placer.
— ¡Gracias! ¡gracias! ¡gracias! ¡gracias, Mr. Cullen! no se arrepentirá, se lo juro, no se arrepentirá.
¿Acaso es posible arrepentirse cuando ya es demasiado tarde?
¿Sirve de algo?
Soy un hombre que en pocos segundos morirá por una inyección letal y miro a los ojos de quien me condena… y sí, mi amor.
Lo volvería a hacer.
Editado por XBronte.
