Los personajes le pertenecen a Meyer.
Pretty Baby
Capítulo 10
Samantha… ahora la recuerdo, mi primera chica, dulce, rubia, de ojos azules y de hermosos y pecaminosos labios, no veía la hora de escabullirme hacia el jardín de su casa que quedaba cerca a la mía y besarla hasta que me dolía los labios.
Ella era todo lo que yo no era: tímida —con miedo a que sus padres nos descubrieran besándonos de manera sucia y pecaminosa—, sin malicia, tratando de ganar el corazón del hijo mimado del gran senador.
Fue tan fácil quitarle su virginidad que al día siguiente dejó de ser un desafío y pasé de largo por su vida. Y la dejé rota y sola. A la semana ya estaba harto de ella, ya no quería su cuerpo y ni su inexperiencia. Ella fue mi despertar, mi inicio pero no el fin… dejé de ir a su jardín y nunca más volví a hablar con ella.
Mujer y sexo, esa fue mi consigna. Fui el chico liberal que, con mente anquilosada, clasificaba a las mujeres en dos tipos: para follar y la madre de tus hijos. Mi plan era follarme a todas las bellezas que se me cruzaran y a los treinta, casarme con una mujer como mi madre: hermosa, heredera y virgen.
Fui un pequeño bastardo mimado que, a partir de los dieciséis, saltó de cama en cama sin dejar nada de él en esa travesía.
Samantha… cuando la volví a verla estaba en la puerta de mi casa con un pastel casero, me saludó con aquella sonrisa de chica buena, que olía a lavanda y se pintaba las uñas de un rosa pálido, casi no pude reconocerla pues, la delgada y atlética chica de mi adolescencia era una madre de familia, con algunas libras de más y ropa tranquila de flores, solo de ella quedaba aquel reluciente cabello rubio atado en una muy conservadora moña.
Hablamos, su voz era mansa… hijos, esposo, y una casa en Malibú Beach ¿por qué nunca supe de ella en todo este tiempo? mi lado cínico dio gracias por no haber permitido que aquella falsa idea de la mujer perfecta de mi iniciación me arrastrara hasta las orillas del hogar bueno americano.
Venía a tomar el té con mamá, me ofreció un poco de pastel, el delicioso sabor se deslizo en mi boca, fue sólo un momento, algo a lo que no le di importancia, sus ojos azules me observaron comer con deleite aquella rebanada, una satisfacción prepotente bullía en mi interior, no señor, yo no caería en la trampa de la felicidad prefabricada y tonta de sitcom de los años cincuenta, estaba hambriento de todo y no vendía mi libertad por una rebanada de pastel de vainilla.
Al despedirse, con su boca pegada a mi piel y respirando sobre mi mejilla, tomé razón de lo que yo fui para ella.
— Ojala, Edward, entiendas algún día que el corazón es una máquina delicada. Durante años fui una niña que vivió para esperarte en el jardín… cariño, que cuando sientas algo como lo que yo sentí por ti, descubrirás que no se sobrevive olvidando en otro lo que nunca se te dio.
Se apartó rápidamente, su sonrisa fue como entender el porqué Mona Lisa sonreía, de alguna manera ella, pacientemente, tenía fe que alguien vendría por mi máquina sin usar y que arrasaría con cada uno de mis días, mis noches y mis sueños.
Ella quería venganza y sus ruegos han sido escuchados.
Isabella Swan, colegiala e impenitente bebedora de Pepsi, canta a voz en cuello y de manera desenfadada Lucy in the sky diamonds mientras conduzco mi auto.
Todo reluce en ella, su voz es terrible pero hay algo mágico en este momento cuando ella trata de seguir la voz de John Lennon que canta una canción sobre el dibujo de su hijo Julian, el amor y lo sub real.
Yo soy real a su lado y ella simplemente, canta.
Mi máquina bombea con fuerza, está dando sus primeros pasos y todas mis células son irrigadas por el elixir de la vida de una niña pequeña que en disonancia y desinencia da el ritmo a esta obsesión que germina y que va hacia niveles estelares.
— ¿Te gusta la música de los sesenta? —la observo desde mis espejuelos oscuros, me protejo de que ellos sean los que me acusen y me delaten.
— ¿Bromea, Mr. Cullen? —pone la música más alta— ¡amoooo a los Beatles! mi papi me enseñó a que esta si era música de verdad.
Lucy in the sky with diamonds…
Lucy in the sky with diamonds...
Yo tarareo la tonadilla pegajosa, Bella voltea hacia mí y levanta sus cejas y me incita a que cante con ella, lo hago ¡Dios lo hago! Siento esto, esto… y duele.
Ella es la chica con el sol en los ojos, viendo cielos de mermelada en ríos mandarinas.
Sé que se irá…
Sé que no la tendré, pero en este momento… ahora, cuando parece que todo es posible, mi corazón late con pasión y se desborda como un mar tormentoso. Soy eterno y soy joven, puedo tenerla cerca, puedo respirar a su lado, puedo ser ese hombre que canta sin miedo una canción extraña y no ve su futuro en un espejo contando las arrugas en sus ojos.
Lucy in the sky with diamonds…
Lucy in the sky with diamonds...
Bella canta, se remueve en el asiento delantero, salta de repente y se quita el cinturón de seguridad, ella es así… todo viento e inmortalidad.
— ¡Bella! —la increpo.
Pero no me escucha, se apoya en mí, activa el sunroof y se para en el asiento. Su glorioso trasero se muestra bajo su faldita de cuadros, sus bragas de algodón con pequeños boleros son mi perdición, soy suicida en medio de esta carretera de sol y en mi retina está sus braguitas de niña dulce y caramelos.
La pequeña ventana le da espacio para su cuerpo y con su cabello al viento, flota en el aire y canta la canción para el cielo azul.
Lucy in the sky with diamonds…
Lucy in the sky with diamonds...
Y Bella Swan vive en su mundo de caballos de madera que comen malvaviscos y de sus manos salen flores que crecen tan altas que pueden llegar al sol, ella y sus ojos de caleidoscopio observan el mundo donde es la reina, y donde todo su futuro está dado para que sea feliz y perfecta.
Corro por las calles con ella y voy haciendo sueños en un universo paralelo donde ella puede ser mía, donde sus canciones y su mundo de chicle y algodón sean algo que yo pueda devorar sin culpa ni recelos.
Mi celular suena.
Una y otra vez.
Pero sigo corriendo por la costanera mientras ella grita:
— ¡De nuevo, Mr. Cullen! ¡Esa es mi canción! —y vuelvo al principio… y el éter es color amarillo, verde y azul.
Estoy lleno de vida.
Lleno de vida…
Lleno de ella….
Y la retengo… un poco… un segundo más… un.
Pero el celular repica, quiero apagarlo y huir de mí mismo, pero es el nombre de mi padre que allí aparece.
Entiendo.
La música se pierde.
El sol es el mismo.
Y la carretera es una conjunción de autos que se deshacen al calor.
Vuelvo al mundo real.
Ella está aquí… pero sé que se irá con su juventud y vivirá la vida mientras que yo sólo retengo esta canción.
Tomo el teléfono.
— Padre.
— Viaja a Washington ahora.
La canción está por terminar.
— No, ahora no puedo.
— El senador Carrington te necesita en la comisión.
— No puedo.
Mi dedo aprieta la tecla para colgar pero, alcanzo a escuchar.
— Es tu futuro político, Edward.
Pero no me importa.
Ya nada me importa, tengo estos días, estos días mínimos con este ángel demoniaco.
Ya tengo mi alma empeñada y un camino de hiel bajo mis pies.
Estoy dispuesto, Samantha.
No voy a sobrevivir… pero, es lo más emocionante que he hecho.
Editado por XBronte.
