Los personajes son de Meyer.
PRETTY BABY
Capítulo 13
¡Dos días! Y no he podido respirar correctamente.
Voy por la vida actuando como el más perfecto de los hombres, pero en mi mente, soy un animal salvaje acorralado.
¿Dormir? Ni siquiera puedo decir que está sobrevalorado, yo duermo aunque mi dormir sea un tormento que me martiriza con una sucesión de sueños, fiebres y agonías donde la protagonista es una niña lollipop y viento.
Intento amarrar cada deseo, tener en mi cerebro la voz de mi padre para que actúe como un muro de contención para no ir y arrojarme contra su mundo, sin embargo la voz de aquella niña en mi cabeza agrieta cada propósito y al final, me encuentro con una sola idea: Quiero estrellarme.
Camino en la cuerda floja. Me cuido de cada palabra y de cada gesto, cualquier fisura en mi máscara y tendré a todos sobre mí, quiero al menos tener control sobre mi tragedia.
Mi gente ha hecho lo que le he pedido: Una campana.
La monja rectora, una viejilla con cara de pasa, me observa desde sus antiparras de marco negro. Le doy mi mejor sonrisa y me acomodo en la silla mientras dejo que me ausculte con su aire severo.
— Es una sorpresa, señor Cullen y me alegro que haya podido venir. Su generosidad compromete nuestra gratitud por siempre.
— El mérito es de mi madre, ella jamás permitiría que su querido colegio se quedara sin el histórico repicar del carrillón de la capilla.
En uno de sus nostálgicos tés de la tarde, ella me contó de lo que ocurría con la dos veces centenaria campana de la institución que la formó educacionalmente y fue la excusa perfecta.
Y siento que estoy a la merced de todo, es increíble como el universo conspira para que todo lo que evito termine inapelablemente llevándome a la destrucción.
— Era muy antigua señor Cullen, de la época en que México aún poseía estas tierras, una pena en verdad.
— Aja—contesté distraídamente, afuera se escuchaba el gritar de las estudiantes del Colegio de Señoritas de la Inmaculada Concepción, un ejército de pequeñas niñas de bocas rosas y cabellos sueltos, arrogantes en su juventud, pequeñas faldas escocesas y sin miedo a vivir… ¿estarás entre ellas, amada mía?
— ¿Cree usted en Dios, señor Cullen?
¿Dios? jamás me pregunté sobre él, un niño rico con todo el mundo a su favor no se pregunta si Dios existe o no, era una pérdida de tiempo. La religión, en mi familia, es una cuestión social.
— ¿Es importante saberlo? —levanté la ceja de manera inescrutable, frente a esta mujer no tenía que ser un hipócrita, gastar más de diez mil dólares en reparar la campana era suficiente.
Una sonrisa misteriosa se perfiló en su cara.
— En realidad, no. La familia de su madre era muy cristiana y los gentiles siempre fueron acogidos por Dios, nuestro padre.
La mujer abrió la puerta que daba al gran patio y el aire se renovó, se llenó del espíritu joven que circulaba por aquellos corredores, de risas cantarinas, de olor de juventud y del voraz incendio que tenían todas en su afán de vivir.
El sudor formaba gotitas en mi frente y nada de lo que la monja me decía, me importaba… ¿habrá venido a clase?... ¿dónde estará?
Un imán me arrastra, mi pecho es jalonado por una fuerza poderosa… ¡dos días sin respirar!... dos días en que mi corazón había latido sin fuerza y ahora salta eufórico. El oxígeno inunda mis pulmones provocándome un dolor sordo que casi me hace caer de rodillas.
Isabella Swan.
Y una retahíla de sonidos y cánticos.
Niñas vestidas con pequeños short rojos y camisetas blancas que levantaban pompones al aire haciendo piruetas suicidas retando la gravedad y su mortalidad.
Bella…
Bella…
Bella Swan volaba en el viento, sus coletas amarradas con múltiples cintas de colores la hacían parecer un ave exótica y una sonrisa apareció en mi cara.
Mi instinto de amor y muerte se despierta, quiero volar hasta el sol con la niña que me hace reír, soy feliz hasta el dolor y maravillado como un niño que ve el mar por primera vez.
Bella… mi sol antes del anochecer.
Mi dulce pájaro de juventud.
Vete de aquí…
Vete de aquí…
Mi razón me increpa, pero la mando a callar.
He perdido de nuevo la batalla al ver como Isabella ha levantado su mano con los pompones y me hace señas.
— ¡Edward!
Adiós todo… respiro y estoy vivo.
Sus dos amigas voltean, se acercan a ella, Alice cuchichea algo en su oído, Rosalie me observa fijamente, frunce su boca y me dice con ojos de gata que entiende que estoy a fuego vivo, debo ser ridículo y divertido frente a sus ojos.
Quiere ver hasta qué punto voy a llegar.
Niña… niña…
Levanto mi mano, todo mi cuerpo responde a mis deseos más íntimos, el campanario, una pregunta sobre Dios, una monja escéptica y todos estos años de vida planeada no pueden detener esto.
La llamo tímidamente, la insto a que venga hacia mí.
Ella brinca, sus coletas se mueven en diferentes direcciones, corre y los pompones que lleva en sus manos van al ritmo de su cuerpo, quiero protegerme, sólo veo sus senos que se mueven bajo la camiseta, pequeños, divertidos, firmes a su cuerpo que aún no sabe que va a envejecer.
Como si mis manos fuesen garras me agarró a las mallas y apretó con dureza para así sostenerme.
— Mr. Cullen, pensé que me había olvidado —hace un puchero caprichoso y por un segundo voltea a mirar a sus amigas mientras suelta un carcajada, su cuerpo es movimiento continuo y me acuno a su ritmo.
— ¿Cómo crees, Isabella?
Sus largas pestañas hacen sombra en su rostro, tuerce su boca y ladea su cabeza hacia el lado derecho.
— Eres muy malo, quiero estar enojada contigo pero no me dejas.
— Discúlpame por no poder cumplirte con la tarea.
Pone uno de sus pompones en su cadera.
— No te preocupes, Mr. Cullen, es para dentro de dos semanas, aún tenemos todo el tiempo del mundo.
Dos semanas… dos semanas en que puedo vivir y aspirar cada átomo de su cuerpo.
— ¿Mr. Cullen?... sigue su promesa de ayudarme ¿no es así?
— Por supuesto.
— ¡Cool! —arruga su naricilla— porque le he prometido a papa que seré la mejor del curso y le dije que tú me ayudarías… está feliz.
— ¿Le contaste a tu padre? —el sólo hecho de que Charlie Swan crea que al ayudar a su hija es una pase directo a sus intenciones corruptas me incomoda— pensé que sería un secreto.
Sus ojos chispean.
— Tendremos otros secretos —levanta sus cejas una y otra vez, muerde sus labios— ¿Tienes Facebook, Edward?
¡Dios!
Así es la adolescencia, un ir y venir entre palabras y temas, yo estoy estancado en la posibilidad de un secreto y ella me pregunta si tengo facebook.
— No, no tengo— la niña me mira como si yo hubiese cometido un crimen de lesa humanidad, soy un extraterrestre antes sus ojo— ¿es tan malo?
— ¡Horrible! ¿Cómo no tienes facebook? Señor Cullen es algo que debemos resolver, así podré enviarle preguntas, fotos —de nuevo su sonrisa que no llega a sus ojos— ¿Cómo vamos a ser los mejores amigos sino tienes face? Imperdonable.
Y me siento como si hubiese matado una camada de cachorritos.
— ¿Somos amigos, Bella? —la pregunta es estúpida mi adolescente olvidado y hormonal sale a flote con aquella pregunta hecha desde mi obsesión por esta pequeña.
—Por supuesto que sí —voltea de nuevo hacia sus amigas, pero fija su mirada en otra chica rubia, casi tan hermosa como Rosalie, se miran con odio y recelo— no mires, Mr. Beauty, Lauren me envidia todo y cree que va a ganarme, quiere ser la líder las porristas… ¡reza para que me fracture el cuello!... se muere por entrevistar a alguien como tú ¡pero no lo va a lograr!... ¡Eres mío! —y aplaude con sus pompones como niña pequeña— es un perra resentida… créate un perfil de Facebook con el nombre de Mr. Beauty y me agregas… ¡pero a mí no más! —parpadeo perdido, ella se impacienta y levanta sus manos— ¿qué haremos contigo? un hombre que será el próximo Presidente de los Estados Unidos debe saberlo todo…—pega su cuerpo a las mallas— ¿lo sabes todo, Mr. Cullen?
Y presiento que su pregunta va dirigida al centro mismo de mi locura.
— No todo, Bella, no todo.
— ¡Mientes! un hombre como tú debe saber cada una de las cosas, incluso aquellas que harían que niñas como yo peligraran.
El único que peligra aquí soy yo…
La enorme campana suena por el colegio y me despierta del delirio de opio que provoca Isabella, los ojos de la madre superiora están sobre mí, me compongo y me alejo un metro del lado de aquella nena… un metro y la desazón comienza.
Todas las chicas gritan.
Miran todas hacia el campanario y me ofrecen una visión única y perfecta, rostros jóvenes mirando hacia el sol y una entre ellas, resplandece más que la estrella.
La monja me llama, de reojo veo como mi chica se pierde con sus amigas ¿de qué se reirán?
El colegio hace una ceremonia privada de agradecimiento, mi cinismo profesional hace que parezca atento pero no dejo de pensar en mi propia experiencia religiosa: he vuelto a ver a Isabella Swan y tendré dos semanas más para beberme todo el veneno que ella me quiera dar.
Prendo mi auto, algo revolotea fuera… ella, vestida con su ropa de colegiala, recién bañada, me saluda frenéticamente.
Abro la puerta.
Isabella entra en el auto divertida, prende la radio y me insta a conducir.
— No te preocupes, Mr. Cullen, llamé a papi y le dije que llegaría tarde —me da un pequeño puño en mi hombro— le dije que iría a la biblioteca, pero no, haremos el facebook ¡va a ser muy divertido! ¡vas a ver! —saca sus cuadernos— ¿eres bueno en química? ¡odio la química! ¿me ayudas a hacer mis tareas?
Trago miedo, trago deseo, trago las espinas que me dicen que no debo.
— Te ayudaré.
— ¿Ves? seguimos teniendo secretos tú y yo —saca una pequeña barra de labial, acomoda el espejo retrovisor y se pinta su boca, me guiña un ojo y empieza a cantar de nuevo.
Dos horas con ella.
Miles de preguntas sobre mi carrera política.
Inteligente y vivas.
Tengo Facebook.
Un litro de Pepsi.
Una hamburguesa increíblemente grande que devora en dos minutos.
Mi oficina es la tierra de Oz y Bella es una Dorothy que me lleva de su mano por el sendero amarillo de los sueños.
Es tarde, conduzco con ella en el auto, está medio dormida y toma todo de mí no tocarla, solo me autorizo a pasar mis dedos de forma fantasma por sus pequeñas curvas que respiran y se acomodan a mi lado.
Su boca pintada de rosa se mueve, sueña… me veo a mí mismo escuchando sus sueños, me veo robándoselos.
Una calle antes de Beverly Hill, me acercó y le susurro, ha sido un día peligroso para mí… y sigo con mi mantra.
No me importa.
— Ha sido un día divertido, Mr. Cullen —habla entre los sueños, se lleva los puños a sus ojos— he aprendido mucho hoy, esta noche haré la introducción al artículo ¡se lo mandaré por su facebook! Muchas gracias por mis tareas ¿no entiendo para que nos enseñan esas estupideces? —abre la puerta— cuando sea presidente haga que ningún maestro enseñe química ¡es asqueroso! —fija su mirada fugazmente en el espejo— ¡Dios, no!
Miro hacia los lados, su miedo se traduce en mi como el hecho de que alguien nos ha visto.
— ¿Tienes un pañuelo? —se mira frenéticamente— mi madre odia que me maquille, dice que soy muy pequeña, mamá no entiende, una chica sin labial está prácticamente desnuda… pero no quiero provocarla.
Toma mi pañuelo, lo posa sobre su boca y me lo da de nuevo ¿cómo decirle que el color rosa roja de sus labios es perfecto, una imagen descalza y lasciva de otra suculenta parte de su anatomía? Una que no puedo ver pero que me obsesiona.
— Adiós, Bella.
—Hasta mañana, Mister Beauty, en la noche te pongo una foto en mi muro… privada.
Su risa resuena mientras se aleja corriendo con su mochila en el hombro.
La veo alejarse.
Todo vuelve a ser oscuro y apático.
Veo el pañuelo.
Labial rosa y su boca perfectamente delineada en el.
Loco acerco la tela a mis labios, tiemblo y beso aquella pequeña pinta de color rosa.
Es un beso.
Mi primer beso de amor, mi único beso de amor.
Labios alados de una niña que será prestada por dos semanas.
Un beso…
¡Sí!
Hoy ha sido un día peligroso…
Hoy ha sido el mejor día de mi vida.
Editado por XBronte.
Un capitulo medio largo por la no actualización el fin de semana. Vuelvo a decir chicas, esta historia es sólo contada desde Edward, no habrá una interacción desde Bella, no es la historia que quiero contar, creo que cambiaré la categoría a tragedia, porqué así será contada. Sachita Simón no es alguien que se sonroja o tiene resquemores para escribir cierto tipo de historias, ya lo saben, no creo en la moralidad en el acto de escribir, sin embargo Pretty Baby fue pensada como una historia de un amor inconcluso, es lo que deseo contar y así llegaré hasta el final, agradezco infinitamente el acompañamiento, los rr y las lectoras fantasmas, son realmente maravillosas y cada vez que veo un rr o un nuevo agregado soy muy feliz y digo: wow, que lindas son, pero mis chicas esta historia seguirá su curso agridulce, muchas gracias por el acompañamiento que me prodigan y si es su decisión seguir aquí con mi chico que se siente viejo frente a esta niña, estaré muy agradecida. Besitos mordelones…muack…muack.
