Los personajes le pertenecen a Meyer.
Pretty Baby
Capítulo 16
El infinito egoísmo de la adolescencia… recuerdo aquel poema de Rimbaud ¡ja! Aún puedo recordar esas cosas bellas que hicieron que mi juventud fuese algo real, la poesía por ejemplo, libros que jamás volví a leer; un universo aparte de toda la estupidez de mi presente… mi pasado, ese país donde fui feliz, donde todo era perfecto, donde Bella Swan no existía.
Egoísmo, eso era en ese momento Isabella Swan, egoísta conmigo, ella se alejaba de mi visión de halcón, de hombre enfebrecido y enamorado, ella —que jugaba con sus amigos frente a todos sin importarle nada, alrededor de la piscina— era egoísta con su vestido negro muy corto y sus convers rojos. Viéndola así, hermosa, desprolija, sin importarle nada, la comparaba con cada mujer que allí se encontraba y en todo ganaba, de nada valía todo el esfuerzo que las otras hacían para lucir hermosas. A Isabella le bastaban sus quince años y ser ella.
Música, risas, adolescentes que se divertían… nada les importaba, solo el placer y su perfecto egoísmo.
Mientras tanto yo, al interior de la casa, me concentraba en mantener mi mascara, mi cordura y en esforzarme por hacerle olvidar mi segundo de debilidad a Charlie. Caminaba por el salón, participaba en todos los grupos de conversación y me reí de todos los malos chistes que contaban, Tania permanecía a mi lado como mi pareja perfecta.
¿Cómo pude ser tan idiota?
¿Cómo permití que mi sentimiento hacia aquella niña fuese tan traslucido y fluyera a través de mí como una luz fluorescente hacia Isabella Swan?
Dos semanas de mí vida a su lado y poco a poco todo mi mundo se desmoronó como si nada importase, no podía pensar qué pasaría cuando las garras del amor por esta niña me destrozaran tan profundamente.
— ¿Se divierte, Edward?
Charlie medio ebrio se acercó, tomo mi brazo y lo apretó con fuerza, era diez centímetros más bajo que yo, y su ebriedad vulgar lo hacían inclinarse y verse un poco gacho, se había desamarrado su corbata y su mostacho tenía algo de vino rojizo en el, era un hombre desagradable. Lo observé desde mi estatura e hice lo que mi padre hubiese hecho en esta situación, mirarlo como una cucaracha a punto de ser destripada, así Carlisle Cullen decía la diferencia entre él y el mundo ¡cómo odié aquella actitud! Ahora podría salvarme.
— Ha sido una maravillosa reunión, Charlie, te agradezco por ello.
Levantó una ceja, mientras se llevaba la copa de vino y cernía sobre mí, su mirada astuta.
— Yo también debo agradecerte, Edward.
Tania conversaba con una de las actrices que estaban en aquella reunión, me fije en su postura y entendí que estaba incomoda en aquella casa, a su lado estaba Renée quien la retenía con su posición a la defensiva, ella me dio una mirada y algo en sus ojos brilló, no se iba a enamorar de mí, lo sabía, pero agradecía que la hubiese sacado del ostracismo de cita para el sexo y que al menos le diera una visión de mujer que se merecía algo más.
— ¿Qué tienes que agradecerme, Charlie?
Le di mi sonrisa patentada de político profesional y mi amabilidad hipócrita.
— Mi bebé.
Casi me trago la lengua, el maldito era un tiburón y podía oler la sangre a kilómetros, y la mía estaba a la vista de quien intuyera mi pesadilla de cabello castaño y boca tulipán.
— No entiendo, Swan.
— ¿No? —una carcajada resonó fuertemente por todo el salón, el maldito me ponía a prueba, tenía que recurrir a mis propias estrategias ¿no era hijo de quien era? Entonces yo también podía mostrar mis colmillos.
— No soy hombre de acertijos, Charlie —lo enfrenté poniendo mis manos en mi cintura y tirando mi costosa chaqueta hacia atrás— ¿quieres decirme algo? —resople con arrogancia frente al hombre, de alguna manera aquella actitud siempre hizo de mi alguien que podía controlar el mundo a su alrededor, haciéndole saber a todos que me sentía mejor que cualquiera.
El abogado en él y en mi resurgió, yo estaba a la defensiva y Charlie entendió que no era momento de hacer una jugada estúpida conmigo, durante mis años de abogado en Nueva York fui conocido como alguien sin piedad, cualquier movimiento en falso y las ambiciones de Swan se irían a la mierda.
Suavizó su posición y puso sus manos sobre mis hombros.
—Bella me ha dicho que le estas colaborando con su tarea, ella está muy agradecida contigo Edward… yo también.
Respiré, no tranquilamente, pero sabiendo que al menos el maldito entendió que debía medirse, sin embargo presentí que él era como el caballo del ajedrez, retrocedía, media movimiento y luego atacaría, estaba en peligro, Charlie Swan deseaba sus dientes sobre mi carne, cada paso que yo daba sería vigilado por él.
Debía largarme de allí, debía cortar lazos, debías salir de aquella casa y no mirar atrás, no tener la melancolía de saber que en ella vivía lo más real que yo había sentido.
— Es simplemente una tarea, Charlie, la chica es inteligente y quiere hacer algo muy bueno para su escuela.
— Es muy inteligente mi nenita, ella siempre ha sabido lo que quiere y no sé detiene ante nada, yo le he enseñado todo.
Mi interior rujió ante semejante declaración de poca moral, Bella Swan sería con los años el producto de una educación que trataba a los demás como despojos y que pasaba por encima de quien fuera para conseguir lo que quisiera.
Por un momento quise correr hasta ella y arrancarla de ese mundo, llevármela lejos y salvarla de lo que yo sabía sería su futuro: un desastre, una soledad, días de piscina, bronceada como una zanahoria, repleta quizás de botox, esnifando cocaína y viendo como la vida es una sucesión de fracasos que no entendería… una vida como la de su madre.
— Debes sentirte muy orgulloso de ella, Charlie —el tono de mi voz fue irónico y a él no le pasó desapercibido.
— Lo estoy —se acercó y su aliento apestaba a vino y a ajo— ¿no es ella lo más hermoso de este lugar de mierda? Un dulce pajarillo que quiere volar y yo solo quiero que vuele muy lejos, Edward.
Algo siniestro apareció en su mirada.
Tuve miedo.
Miedo de ese hombre que no solo olía mi sangre, sino que parecía querer que la sangre de su niña fuese puesta en sacrificio.
— Pero, bueno —su voz se torno de nuevo risueña— no hablemos de nada de esto ahora, mi amigo —observó a Tania— es una hermosa mujer ¿su novia?
— Una amiga —tragaba cobre, por un segundo aquella mansión se tornó ante mí como una trampa de millones de dólares.
— Una preciosura ¿tiene la imagen para Washington? Las rubias no son buenas para ser esposas de políticos, lo sabes Edward.
Como un rayo volteé hacia él, pero se alejó rápidamente al ver como su mujer parecía caerse de borracha, el momento fue adecuado, me dejó con la incertidumbre, con la sensación de estar preparando grilletes para ser su presa.
Un grito divertido resonó en el segundo piso, era Bella, todos los vellos de mi nuca se erizaron, ella reía y todo mi cuerpo era un tambor que resonaba al escucharla.
Todas las miradas se alzaron, ella corría escaleras abajo mientras que aquel chico que frente a mis ojos era un idiota simio trataba de agarrarla de su cintura.
— ¡Riley! —lo regañó con aquel tono que decía que le divierte que él sea su esclavo y que muere por tocarla.
Maldito, lo comprendo.
Todos están en silencio, ella baja su mirada y se desprende de los brazos de su novio, brinca por las escaleras y corre hacia mí.
— ¿Te diviertes Mr. B?
No, no lo hago.
— Ha sido una reunión placentera, Isabella.
— Oh —muerde su boca y su gesto es desconfiado— que mentirosillo eres —quiero alejarme pero Isabella me toma de mi brazo, prácticamente se cuelga de él, y ¡el diablo me condene! Quiero su toque el resto de mi vida— yo odio esto, odio todo lo que esta gente representa, son unos idiotas —por un segundo me concentro en su rostro, es sería, mayor, fría, desprovista de bondad, así, de esa manera me lo dice, está en ese momento aterrador en donde ya la niñez se ha ido para siempre y escuchas como los ídolos que te han sustentado se derrumban.
Odia lo que sus padres representan.
Temo por ella, es el momento más peligroso para un ser humano, es el momento en que por destruir su mundo puede arruinarse ella.
— Bella —las dos sílabas salen de mi boca, y en cada letra y en los dos golpes de voz le hago saber que entiendo lo que siente.
El mundo rosa cae y ya no queda nada, solo el olor a alcohol, la madre borracha, el padre vulgar y los millones.
— No se preocupe, Mr. B, sobreviviré.
Se aleja, quiero besarla, quiero tocarla, pasar mis dedos por su cabello, desenredarlo lentamente, quiero arrullarla, sentirme hombre con esta niña, quiero que dilate ser inocente….
Pero no puedo.
Ella ya no lo es.
Ya ha sido corrompida, y es quizás esa fina línea que ella camina con sus pies pequeños entre el candor y la sexualidad ardiente lo que me hace desearla.
Quiero su ingenuidad y deseo su perversión.
Cada minuto que paso en este lugar es una tortura, la pobre Tania no sabe como decirme que desea irse, como una señal de que entiendo lo que siente, beso su frente, ella entierra su rostro en mi pecho.
— Esto debe ser muy duro para ti, Edward.
— No volveré a traerte a esto, Tania, te lo prometo.
Ella levanta su cara hacia mí, sus ojos son vidriosos, presiento que está asombrada con la muestra de que ese maldito que la ha follado por cada uno de los orificios de su cuerpo sea un ser humano, para ella era más fácil reducirme a ser simplemente un hijo de puta que verme como un hombre que puede tener con ella simples gestos de amabilidad.
— Es un placer conocerte —me dijo.
La llevo a una silla, le digo que me espere unos minutos, necesito descargar mi vejiga y así mismo escapar de la mirada asquerosa de Charlie Swan que mide cada uno de mis pasos y los de mi compañera, me siento como una rata vigilada por un enorme gato que espera pacientemente a que dé un paso hacia la trampa.
Han sido dos horas donde he recurrido al espíritu espartano de mi padre para así controlar cada emoción, sentimiento y deseo, cada minuto he rogado para que Isabella no se acerque, no me hable, no me mire, cualquier mínimo movimiento y estoy perdido.
Me duele cada parte de mi cuerpo por ella.
Voy hasta el baño de la planta baja, me quedo allí unos minutos, mi corbata vuela fuera de mi, y abro los botones de mi camisa, respiro con fuerza, dilato mis fosas nasales y así trato de que el oxígeno llegue a mis pulmones, estoy tan consciente de la trampa de mi vida que estos momentos en que no tengo los ojos de todos mirándome, me liberan.
Pongo algo de agua sobre mi cabello, me vuelvo a enredar la corbata y salgo del baño, frente a mí el pasillo que me dirige hacia el salón principal, pero el pasillo se bifurca, tengo curiosidad de este monstruo de mansión chabacana, me excita pensar que en ella camina mi hermosa pesadilla.
Me siento como un intruso, un perro oliendo cada cosa, me siento perverso y fuera de la ley.
Los niños afuera siguen en su alboroto.
La música es cada vez más alta.
Y la atmosfera es pesada y enervantemente sexual.
¿Dónde estás, niña?
Algo escucho, estoy alerta, mis sentidos al máximo, mi corazón late aprisa.
« ¿Quieres hacerlo aquí?»
Es la voz de un niño que habla ronco y en susurros.
« ¿No me digas que tienes miedo, Riley?»
¡Dios! es ella.
«Es la casa de tus padres»
«Eso lo hace más excitante»
Quiero irme, no escuchar, no entender que es lo que pasa en aquella biblioteca.
Pero sigo, soy masoquista y pego mis oídos a la puerta.
«Yo te amo, nena»
Una risa que es música para mí se escucha.
«Entonces si me amas Riley… hazlo»
Espadas me destazan.
« ¿Serás mi novia, Bella?»
« ¿No eres el novio de Lauren?»
«Ella es una perra, tú eres especial ¿serás mi novia?»
Y no sé porqué el niño, me conmueve, el pequeño bastardo siente este mismo dolor, al menos él puede expresarlo libremente.
«Si, Riley, seré tu novia cariño»
« ¿Para siempre?»
Y en un segundo todo es silencio.
Un ruido de algo que cae me estremece, algo pasa allí en ese cuarto… me arriesgo y empujo la puerta, y frente a mis ojos una escena que me asesina observo.
El niño la besa, está desnudo de la cintura hacia abajo, veo sus nalgas blancas y duras, y en ellas los convers rojos de Isabella que se enredan, ella gime entre risas, veo su cara y hay un gesto que no se definir si es placer o cierta maldad al saber que está rompiendo leyes y yendo contra todo, el niño la embiste con dureza, y golpea su pequeño cuerpo contra los libros, la imagen es dura, hermosa y siento morirme, soy yo el que debería estar allí… ¡Yo! pero una barrera invisible me lo impide.
« ¿Te gusta, Bella?»
« ¡Más rápido!»
« ¿Me amas Bella? Yo te amo demasiado»
« ¡Oh Riley! No hables, y muévete más rápido»
Todo es turbulento, ella no contesta y estoy siendo testigo de aquel acto hermoso, lascivo y joven, es Isabella Swan, es hermosa, es sexy… no es inocente… no es virgen y tiene el mundo en su poder.
Quiero romper las leyes, quiero hacer algo sacrílego, tocar mi verga y correrme allí junto a ella, al mismo tiempo, la toco, la penetro y la respiro… quiero hacer la pregunta ¿me amas Bella?
Pego mi frente a la puerta, mi corazón es despedazado… soy el niño que sabe que ama a quien nunca podrá tener, en este momento entiendo el concepto de un corazón roto.
Mi corazón despedazado arde dentro de mi pecho, miles de pedazos se entierran en mi alma y sangro por la herida.
Y allí ella sigue, sigue… él se mueve frenéticamente, conozco ese movimiento, la mano de ella agarra su cabello, un chillido de placer sale de su garganta, una canción es puesta en su volumen más alto, y en ese momento Isabella abre sus ojos directamente hacía mí, la puerta entre abierta y yo cesando como un perro hambriento, me paralizo, no sé si ella me ha visto, no sé si el pequeño recodo me ha delatado, pero no puedo moverme, un sonrisa se dibuja, Riley embiste, embiste con la fuerza de un niño que tiene diecisiete años y el poder para follar todo la noche, Isabella abre la boca, quiero besarla, quiero tocarla, quiero sentir como ella me aprieta en el momento de su orgasmo….
Pero duele…
Duele…
Y debo alejarme porque sé que un segundo más y caeré de rodillas en aquella puerta.
Choco mi espalda contra la pared, y escuchó el sonido sus gritos, me alientan a correr, a huir….
Desesperado me prendo de lo que encuentro para no caer.
Veo la luz del salón principal, las voces de todos, me paralizo un segundo, me doy un golpe en la mejilla ¡despierta Cullen! ¡Despierta!
Inhalo aire y se siente fuego en mis vías respiratorias.
Doy un paso hacia la luz y me doy la orden de volver a mi rostro de palo y sin emoción, camino hacia Tania, Charlie me intercepta:
— ¿Encontró lo que estaba buscando, Edward?
— Debo irme, Charlie —no tengo tiempo para reflexionar la doble intención de sus palabras.
En dos minutos arrastro a Tania fuera de la casa, conduzco como loco por la carretera, pongo alto la radio y busco aquella música vulgar de la gente joven, paro mi auto en la autopista que me saca de Beverly Hill, le doy un beso a aquella mujer y al segundo le desgarro su ropa interior y le hago el amor como nunca lo había hecho a nadie.
Me la como viva.
La desolló desde su interior.
La hago gritar y llorar.
La obligo a amarme, la obligo a que intente por un segundo el milagro de borrar el gesto de Isabella Swan gozando de placer.
Pero no, ya todo está perdido…
Todo.
Su gesto se ha tatuado en mi memoria para siempre…
Es un gesto dado por aquella niña perversa, el placer de ser ella… egoísta y libre.
Al día siguiente, Isabella Swan aparece en mi oficina y así simplemente con la inocencia de un niño que tira una pelota a pared afirma.
— ¡Qué noche tan divertida! ¿Le gustó lo que vio Mr. B?
Y me toma todo mi dolor responder a su provocación.
— Debes invitar a tu novio, Bella, parece un buen chico, me gustaría conocerlo.
Un brillo oscuro relampaguea por su cara.
— ¿Novio? Yo no tengo novio Mr. B, solo tengo quince años, algún día me casaré con alguien ¿se casaría conmigo, Edward? —suelta una carcajada mientras juega con su cabello y frunce su boca malvada y rosa.
Este es su juego y si no me defiendo me destroza.
— Me voy a casar con Tania, nena, no me gustan las niñas.
El rostro de ella cambia, se levanta de su silla furiosa y tira su mochila a su espalda.
Se va…
La dejo ir…
La veo correr hacia la puerta, yo me quedo aquí, físicamente en este lugar, pero mi alma vuela, corre tras ella.
Isabella Swan.
Sé muy bien que siempre estaré atrapado por tu fantasma.
Bella Swan.
Bella…
Editado por XBronte.
