Los personajes son de Meyer.

PRETTY BABY

Capítulo 18


Jamás he sentido tanto miedo en toda mi vida.

El pánico se apodera de mí, Bella ha gritado por el celular y después, ha cortado la comunicación.

¿Estaría ebria? ¿Drogada?

No sé lo que voy a encontrar.

¿Estará con su novio, con sus amigos?

Gritaba que había mucha sangre.

¿Un accidente, un asalto? ¿Por qué su padre la mataría? ¿Por qué ella había sido tan mala?

Un estúpido orgullo me embarga cuando caigo en cuenta que recurrió a mí para salvarla… ¡Dios! ¿Y si ella está muerta?

Su voz sólo fue el susurro de una nena asustada… ¿Qué has hecho, niña mía? ¿Cómo te pusiste frente a algo que no sabes controlar?

Mi boca está seca y mi cuerpo húmedo por el sudor, sólo escucho el motor de mi auto que vuela, no me preocupa saber que un policía de tránsito esté tras de mi o que una cámara capte mis 180 kilómetros por hora.

Llego a las colinas de la ciudad, casi dos kilómetros más allá del enorme letrero de Hollywood, conozco este lugar, es prácticamente un lugar sagrado para todos los chicos de su edad, aquí compiten, fuman, beben y están lejos del control paternal, las luces de la ciudad se extienden por todo el horizontes como pequeñas gotitas de luz amarillas, el lugar tiene magia y es el territorio de la libertad, la rebeldía y la juventud.

Subo la empinada colina, a cien metros puedo ver uno de los autos volcado y destrozado, escucho los gritos de Rosalie que, arrodillada al borde de la carretera, grita el nombre de Alice y de su novio Emmett hacia el barranco. Temo lo peor, el escenario es una conjunción de hierro, las marcas de las llantas sobre el pavimento, gasolina que hiede y un intenso olor a mariguana.

Una sensación siniestra me invade.

Detengo el auto, no me doy tiempo para pensar y salgo corriendo hacia la chica rubia, la cual su voz poco a poco se va apagando, me paro por un segundo, la atmósfera de tragedia recubre el paisaje dantesco ¡Chicos estúpidos! creen que tienen su vida comprada.

¿Cuántos autos? Lo peor ¿Cuántos de estos chicos estaban en este lugar?

Rosalie me ve corriendo hacia ella y con la poca voz que le queda emite un chillido agudo y me indica hacia la oscuridad.

¿Dónde estás, Isabella Swan?

Busco desesperado a la niña que es mi sueño y mientras la busco entre toda esta locura, en mi mente la veo en todo su esplendor: en la piscina acomodándose su bikini, en la escuela con su uniforme y en mi oficina bebiendo Pepsi. Dulce niña mía que cree que el mundo es el lugar donde todo es posible y que romper corazones es tan natural y tan simple, que no sientes culpa ni responsabilidad por las repercusiones.

No veo nada.

Sin oxígeno y con mi corazón a medio explotar insisto con Rosalie.

— ¿Dónde está Isabella?

Pero ella grita sin voz, respira entrecortado y se tira los cabellos.

— ¡Rose!

— ¡Están muertos, Mr. EC.! ¡Todos mis amigos están muertos!

— ¡Isabella! ¿Dónde está Isabella Swan?

Es una pequeña de dieciséis años. Nada queda de la chica sexy que coqueteaba con todos y se devoraba el mundo.

Está desamparada, la abrazo con fuerza y con el abrazo, rompe en llanto, su delgado cuerpo tiembla y cuando se acostumbra a mí, me abraza.

— Era un juego, Mr. EC. ¡Un juego! pero el estúpido de Riley se volvió loco y todo se salió de control… todo se salió de control.

¡Dios mío!

— ¿Dónde está Isabella, Rose? —ella no contesta y yo la sacudo— ¡Rose, Bella me llamó y necesita ayuda!

Es un momento decisivo en mi vida, un accidente de chicos millonarios, con autos y muertes, una delicia para la prensa que hará de mí una fiesta de absurdos, la policía no me dejará tranquilo y mi vida de político se irá por el caño.

¿Me importa?

¡No!

Y tomo una decisión, un paso hacia la madurez total, mi primer acto ético y real… tomo el celular, respiro sabiendo que todo en mi vida dará un giro de ciento ochenta grados, pienso en mi padre, en mi carrera política, pienso en Edward Cullen y en las acciones que me han traído hasta acá.

— Un accidente —el 911, doy la dirección correcta, mi voz es fría, dura y sin emociones, estoy siendo el hombre correcto no el político tramposo en esta terrible situación— cuatro autos, parecen que estaban compitiendo… no, no sé cuántos heridos hay, pero creo que hay dos o tres chicos en muy mal estado —me abstengo de decir que quizás Alice ya no esté con vida— si… aquí estaré esperando.

Camino desesperado por todo el lugar, el accidente se abre, aparece en un espectro de casi 500 metros, veo autos humeantes, chicos ebrios o drogados, se escuchan sollozos y maldiciones.

¿Dónde estás? ¿Dónde estás?

De pronto la veo. Está hecha un ovillo, balanceándose hacia adelante y atrás, sus piernas desnudas, sangran y su cabello es una maraña viscosa.

— ¡Bella! —grito tan fuerte que mis pulmones y garganta arden, corro como un loco— ¡Isabella! —parece una pequeña muñeca rota a quien han sacado del aparador de un derruido almacén.

Ella levanta su rostro, su mano aprieta el celular como si éste estuvieses adherido a su mano.

— Mr. B —sus ojos están perdidos en la oscuridad, reconozco la señal de alguien en pleno vuelo, sólo quiero abrazarla, me arrodillo y la ausculto frenéticamente, son sólo raspones en sus piernas, más en su rostro hay una herida que la surca desde la orilla de su ojo izquierdo hasta la mitad de su mejilla, quiero besarla, besar aquella sangre que ya se ha detenido y quiero sacarla de aquí sin importarme nada más— el tonto de Riley —alza su brazo y señala hacia la semioscuridad, el bache evidencia lo que sé que hay al final del abismo— estaba celoso y quería sorprenderme, decía ¡yo te amo Bella! ¡Te amo Bella! Y no paraba de decirlo, y todos corrían tras él, estábamos jugando como en una vieja película y después nadie quiso jugar y los autos volaron por los aires —en un movimiento rápido se lanza sobre mí, al contrario de Rosalie está tranquila, casi sin emoción— ¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí! ¡Quiero irme!… quiero irme de aquí… quiero dormir, estoy muy cansada, muy cansada —pega su nariz a mi pecho, su pequeño cuerpo me parece más liviano de lo que es, se siente tan frágil.

¡No te engañes, Cullen! el frágil aquí eres tú

Mis defensas caen, no puedo sostener más mi maqueta. Esta niña me lleva a dimensiones desgarradas y de desesperanza, me ha lanzado a lugares de incertidumbre, que ni mi pasado glorioso ni mi futuro planificado lo han podido evitar… y estoy vivo.

Necesito esto.

Necesito tenerla, salvarla; por un momento, ser su héroe.

Necesito sentirla, estar cerca de ella… besarla.

Aunque el mundo se derrumbe, aunque la muerte me acompañe.

Tomo su barbilla. Levanto su cara manchada de sangre, transformada para siempre.

Me acerco, respiro sobre ella, sus ojos están dilatados y ven hacia otras dimensiones…

Ella huye de la realidad, inconsciente de este momento fatal en que ya no es una niña….

Es este mi momento… ya no habrá ningún otro.

Voy hacia su boca y rozo con mis labios su boca que aún ¡Gracias a Dios! mantiene su sabor a azúcar… en unas horas ese sabor y olor se habrá ido, para siempre.

La beso, lentamente en medio de este desastre, la beso con mi corazón y con mi sangre, la beso con desesperación y con culpa… la beso ahora, aquí, egoístamente y cuando niños heridos sangran, la beso en este escenario donde estoy fuera del mundo y donde ella, lejos de todo, no siente nada.

La beso.

En unas horas el sol saldrá en la ciudad y todo lo que yo fui habrá desaparecido, porque ahora, antes del amanecer, todo lo que Bella Swan era se habrá ido para siempre… y yo también.

Hoy, diez de marzo del 2007, Isabella Swan y yo hemos inaugurado una nueva etapa en nuestras vidas, yo me he estrellado con la vida y ella, con la muerte.


Editado por XBronte.